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lunes, 6 de abril de 2020

Consuelo en tiempos difíciles: geología en el hospital La Fe (Valencia)

Ahora veo que llevo diez meses sin publicar ningún artículo en el blog. Naturalmente hay una razón. Han sido tiempos difíciles en lo personal, que se han juntado con la fase final de un trabajo que ha absorbido todo mi tiempo en los últimos meses. 

A la hora de volver a publicar, lo primero es decidir sobre qué. Y aquí he tenido una pequeña lucha interna, ya que hay algo sobre lo que quería escribir hace tiempo y que llevo posponiendo desde hace dos años. Y que por una de esas casualidades de la vida, resulta tener cierta relación con la situación que estamos viviendo.

Hace dos años, desgraciadamente, tuve que pasar bastante tiempo en el hospital La Fe, en Valencia. Durante aquellos meses, y como ocurre a tanta gente que ha de pasar tiempo en un hospital, una de las pocas alternativas de distracción al alcance son los paseos por los pasillos y vestíbulos del edificio. En este caso, es un edificio de enormes dimensiones, de construcción relativamente reciente (se ocupó en 2011). La totalidad de las áreas de paso están revestidas de piedra ornamental, de un tipo fácilmente reconocible: las calizas bioclásticas eocenas explotadas principalmente en las canteras de Alicante, de donde proceden el famosísimo Crema Marfil, la piedra Bateig y sus diversas variedades. Incluso si no os resulta familiar, seguro que su aspecto sí, ya que se trata de unas de las rocas comerciales más explotadas (y exportadas) del país. Para muestra, un botón:  

Aspecto típico de los revestimientos de piedra ornamental del hospital La Fe de Valencia.
No es raro encontrar fósiles en los revestimientos de edificios (siempre que se trate de rocas sedimentarias, claro, aunque en algún caso he encontrado también fósiles en mármol). Y así es el caso en las rocas que nos ocupan. En el caso de la Fe, se trata del Crema Marfil procedente de las canteras de El Coto (Pinoso, Alicante). Petrológicamente se trata de calizas bioclásticas, con predominancia de foraminíferos y algas rojas, aunque también se hallan, con menos frecuencia, fragmentos de moluscos, equinodermos y briozoos. Pero una cosa es eso, y otra lo que pude ir descubriendo poco a poco a lo largo de aquellos paseos. Me cuesta recordar ejemplos comparables. Sin duda, la gran superficie de revestimiento permite disponer de una visión mucho más completa que los pocos metros cuadrados expuestos en una fachada o un patio de viviendas. En este caso, podemos asomarnos a los ambientes de plataforma somera carbonatada del Tethys durante el Paleógeno, en el margen este de Iberia. 

El Crema marfil presenta texturas muy diferentes, con un contenido en bioclastos muy variable. El aspecto más común (en mi experiencia) de estas calizas, cuando son especialmente fosilíferas, es este (disculpad los reflejos que se ven en algunas fotos, era difícil encontrar una buena iluminación):

Aspecto típico de una sección del Blanco Marfil con una textura grainstone-packstone, con fragmentos bioclásticos y escasa matriz.
En la imagen anterior hay una gran predominancia de foraminíferos (básicamente nummulites), fragmentos de bivalvos y algas rojas. Algún detalle:

Detalle de un alga roja, calcárea, muy abundante en este tipo de roca.

Detalle de una sección con gran abundancia de nummulites. En el centro hay uno de gran tamaño, en el que son fácilmente visible las cámaras del esqueleto o testa.
Lo que llama especialmente la atención en la sección típica que presenté anteriormente es la gran acumulación de restos esqueléticos o fragmentos de organismos de esqueleto calcáreo. Ello nos indica que nos encontramos ante un medio marino con un nivel de energía suficiente para movilizar y acumular bioclastos y, en primer lugar, para fragmentarlos. Una de las cosas que más me llamó la atención de los revestimientos de este edificio es la diversidad de subambientes sedimentarios que encontramos, desde acumulaciones de fragmentos de conchas hasta zonas tranquilas en las que los restos de organismos aparecen todavía sin sufrir grandes daños e, incluso, sin desarticular. El macizo rocoso explotado en las canteras de Pinoso es, como hemos indicado, una antigua plataforma carbonatada en el margen de un océano cálido, en el que proliferaban las formas de vida de forma similar a como ocurre en los arrecifes de coral actuales. En este tipo de yacimientos encontramos una distribución de facies sedimentarias que se corresponden con los subambientes existentes en aquellos arrecifes: zonas de rompientes en el margen del arrecife, una bioconstrucción formada por organismos capaces de resistir estas condiciones energéticas, al pie de las cuales se depositan los restos procedentes de la erosión de esta bioconstrucción en episodios de mayor energía como tormentas. Por otra parte, en dirección a tierra y a la sombra energética del arrecife, existe una zona resguardada (el lagoon o laguna) en la que otro tipo de organismos, como los equinodermos, pueden proliferar. El nivel de energía, típicamente disminuye hacia la costa, donde se depositan materiales de grano más fino. Así pues, hay una relación entre profundidad, nivel de energía, organismos y la textura y estructuras que encontramos en las rocas. Aquí tenéis un esquema según Pomar et al. 1996 [1].

Modelo biofacies en un medio arrecifal según [1]
A lo largo de los pasillos de La Fe podemos encontrar representaciones de algunos de estos ambientes, en algunos casos con un espectacular grado de preservación de los fósiles, lo que representa un testimonio del lugar en el que vivieron y murieron. En los pasillos de La Fe, lo que más me llamó la atención son ejemplos de asociaciones de corales y equínidos (erizos de mar), que corresponden con los subambientes de arrecife y lagoon externo. Vamos a verlo. Para comenzar, un plano general:

Ejemplo de revestimiento en un pasillo en el que se observa un aspecto moteado general con algunas manchas subcirculares de color más oscuro.
Si nos acercamos, veremos mejor que el moteado de fondo está causado por la abundancia de secciones de corales ramosos, en posición de vida (es decir, sin fragmentar y en la misma posición en que se encontraban en vida), mientras que las manchas de mayor tamaño son tecas de erizos.

El joven ayudante de campo Óscar nos señala dos tecas de erizos. En los márgenes de la imagen, a izquierda y derecha, son bien visibles las secciones de corales ramosos.
Si aumentamos el detalle, podremos ver la exquisita preservación de los erizos. Casi podemos reconstruir las tecas pieza a pieza, como si de un puzzle se tratase. Es evidente que el medio no poseía la suficiente energía como para desarticular las placas de la teca y dispersarlas, algo corroborado por la no fragmentación de las ramas de los corales.

Maravilloso ejemplar de erizo mostrando algunas de las placas todavía semi-ensambladas. Evidentemente, el grado de energía del medio en el que vivió era reducido, ya que la teca está poco fragmentada y sus componentes no han sido desarticulados tras la muerte.
Detalle de secciones de corales ramosos en posición de vida

En este punto surge una pregunta interesante: ¿nadie devoró los restos de este erizo? Parece evidente que de haber sufrido predación, sería casi imposible este grado de conservación. Una alternativa que se me ocurre es que este erizo pueda haber estado enterrado total o parcialmente en el momento de su muerte, lo que hubiese protegido el cuerpo. Pues bien, pude localizar un ejemplar que parece corroborar esta explicación. En la siguiente fotografía puede observarse una teca con un grado de preservación equivalente a la anterior, con la diferencia que desde la misma parten de forma radial una serie de galerías que bien hubieran podido ser excavadas por los organismos que se hubiesen alimentado de los restos del animal. Un ejemplo fantástico de depredación postmortem.

Restos de la teca de un erizo con una serie de galerías que parten radialmente del mismo. Estas galerías están rellenas de masilla, ya posiblemente se preservaron huecas hasta el momento de su extracción de la cantera. En el interior de la teca pueden observarse algunas placas aún articuladas.
Vamos a seguir revisando algunos ejemplos de este paraíso de equínidos fósiles: 

Otro maravilloso ejemplo de preservación de una teca.
Por último, un ejemplo de teca colapsada en cuyo interior se han conservado las radiolas en forma de mazas típicas del grupo (sin valor taxonómico) Cidaris:

Ejemplar de teca colapsada en el que se aprecian las secciones de las radiolas en forma de mazas.
Esta forma de preservación de las tecas me resultó muy interesante, ya que nunca la había visto. En otras secciones puede observarse la forma de conservación más típica, una sección completa de una teca que no colapsó completamente sobre sí misma. Observad la acumulación de óxidos de hierro en la región oral, donde estuvo el aparato masticador (la linterna de Aristóteles):

Típica sección de teca de erizo sin colapsar. Observad el color rojizo de los óxidos de hierro en la región oral, y el distinto color del material de relleno del interior de la teca.
Otro ejemplar, con la sección típica del género Clypeaster.

Pero no todo son equínidos. También hay multitud de gasterópodos, más o menos recristalizados, algunos de ellos de buen tamaño, como este ejemplar (¿un turritellido, quizá?:



Por último, no todo son fósiles corporales. En algunas secciones, también encontramos icnofósiles, principalmente galerías. Aquí podéis ver algunos ejemplos especialmente llamativos. Para empezar, una red de conductos con una sección importante (correspondiente con el tamaño del animal que las construyó). Estas galerías, además, parecen converger en algunos nodos centrales, quizá cámaras de habitación. Recuerdan a los clásicos Thalassinoides, pero de un tamaño considerable. En primer lugar, una vista general:

Pared con una bioturbación bien visible compuesta por grandes ejemplares de galerías subterráneas
Y un detalle donde es bien visible uno de estos nodos:

Detalle de la bioturbación descrita. En el margen inferior puede observarse uno de los grandes nodos en los que se encuentran varias ramas. Fijaos en el diferente color y textura del relleno respecto al sedimento original.
Otro ejemplo que corresponde, a su vez, con otras condiciones del sustrato y de energía del medio. Se trata de galerías, posiblemente de orientación subvertical, excavadas en un medio energético poco cohesivo, de tal forma que los animales que los excavaron tuvieron que seleccionar el sedimento en busca de bioclastos o incluso conchas de nummulites o discociclinas con los que reforzar las paredes de sus viviendas. Se corresponden bastante bien con la descripción del ichogenero Nummipera isp.

Ejemplo de galería reforzada por bioclastos seleccionados por el organismo productor. Observad que la textura es distinta a la de las imágenes anteriores, con grano más fino, mejor selección y mayor contenido de matriz (posiblemente de tipo wackstone)
Como veis, hay un verdadero espectáculo geológico que puede contribuir, en parte, a hacer más llevadero el tiempo que se tenga que pasar en este hospital, del mismo modo que estas escenas me acompañaron en los últimos paseos que pude dar con mi madre, con quién tuve la oportunidad de compartirlos (y cuyo recuerdo dedico este artículo).

Os dejo, finalmente, con un pequeño rompecabezas gráfico procedente de este mismo hospital. A algunos ya nos provocó un rato de intriga. Podéis dejar vuestras hipótesis en los comentarios...

Hola, ¿qué soy?


Referencias:

[1] Pomar, L., Ward, W. C., & Green, D. G. (1996). Upper Miocene reef complex of the Llucmajor area, Mallorca, Spain.

Esta entrada participa en el XIII Carnaval de geología, alojado en esta ocasión por Rubén Aguayo en su blog www.larocafilosofal.com

Imagen

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martes, 15 de enero de 2019

Las lagunas de La Mata y Torrevieja: un paraíso sedimentológico

Las lagunas de La Mata y Torrevieja constituyen un lugar de indudable interés. No en vano, ambas constituyen un parque natural de gran valor ecológico, especialmente para las aves que habitan en ellas o las tienen como refugio temporal durante sus viajes migratorios o periodos de cría. Un factor diferencial respecto a otros humedales es la naturaleza de sus aguas, salobres (o mejor dicho, hipersalinas dada su utilización para la producción de sal). De hecho, se tiene constancia de la explotación de la sal obtenida de las mismas desde al menos el siglo XIII.

Torrevieja
Laguna de Torrevieja
El paisaje que observamos está completamente antropizado: ambas están interconectadas entre sí y con el mar de forma artificial, a través de un canal conocido como ‘el acequión’ y por medio de un sistema de bombeo que permite controlar el nivel de la lámina de agua. Por otra parte, la sal que se extrae actualmente no procede del mar, sino que se trae desde el diapiro de Pinoso (el Cabezo de la Sal) por medio de un salmueroducto de más de 50 km de longitud. No debe resultar fácil la gestión de un parque natural en un entorno fuertemente urbanizado y, podría decirse, degradado, teniendo además que compatibilizarlo con la actividad salinera a escala industrial. Hay que decir que, para el observador atento, ello no le resta en absoluto interés, como veremos a continuación. En cualquier caso, existen múltiples fuentes para conocer la historia y evolución de los usos de las lagunas, sin ir más lejos la página oficial del parque natural.

Lagunas aérea
Lagunas de la Mata (en primer término) y Torrevieja (en segundo término) desde el aire. Entre ambas el anticinal del Chaparral. Al fondo el Mar Menor y La Manga (la restinga que lo separa del Mediterráneo)

Como suele ocurrir en muchas ocasiones, tras un paisaje de gran belleza y atractivo natural está la geología. Y es también en el caso de estas lagunas, si bien la geología no resulta evidente a causa del escaso relieve de la zona. El caso es que ambas lagunas son el resultado de la dinámica distensiva registrada desde el Tortoniense hasta el Plioceno. Esta distensión generó una cuenca o sistema de cuencas litorales que incluye también el Mar Menor. En el caso de la laguna de Torrevieja la conexión natural con el mar en el pasado ha podido establecerse mediante el estudio de los materiales que forman el sustrato, pero no así en el caso de la laguna de la Mata (lo cual no quiere decir que no sea probable que haya existido). Posteriormente esta distensión fue seguida por una fase compresiva cuaternaria que dio lugar al sutil relieve actual: una estructura formada por dos sinclinales (zonas deprimidas ocupadas cada una de ellas por una de las lagunas) separados por un anticlinal (el paraje conocido como el Chaparral). Actualmente las lagunas son el campo de batalla entre dos agentes: por un lado, la subsidiencia del terreno, que genera espacio (acomodación) para la acumulación de sedimentos y, por otro, la colmatación a causa de los mismos.

Geológico
Mapa geológico del área de las lagunas. Fuente: Visor cartográfico del IGME.

Corte
Corte geológico siguiendo el eje indicado en el mapa anterior. Modificado del mapa geológico de España 1:50.000 (MAGNA) hoja 914 Guardamar del Segura.
He de reconocer que soy muy torpe identificando aves y sólo algo mejor en lo que se refiere a la vegetación. Por esta razón, mi percepción de este paisaje sea, probablemente, bastante distinta a la de otros visitantes. A mí lo que me fascina de estas lagunas es el extraordinario desarrollo de tapices bacterianos, favorecidos sin duda por la escasez de organismos que se  alimenten de ellos. Estos entornos evaporíticos, con alta concentración de sales, son bastante difíciles para la vida acuática, especialmente si la salinidad es variable, como parece ser el caso (aportes de agua dulce en periodos de fuertes lluvias y aportes de agua marina a través del acequión o de salmuera procedente del Cabezo de la Sal). Eso hace que estas lagunas nos muestren, en ocasiones, un paisaje propio de un mundo desaparecido, la Tierra del Precámbrico, cuando aún no habían aparecido las formas de vida macroscopica y este planeta era propiedad casi exclusiva de las bacterias. Esto se muestra de forma muy evidente en la laguna de Torrevieja, quizá por tener una concentración superior de sal.

Tapices bacterianos
Tapiz bacteriano en la orilla de la laguna de Torrevieja. En la esquina inferior izquierda se aprecian varias burbujas formadas por la acumulación de gases producto de la descomposición de materia orgánica bajo el tapiz.
La alta concentración de sal en la laguna de Torrevieja hace posible cosas tan curiosas como que los cristales de halita se comporten como un material detrítico en lugar de disolverse inmediatamente, como ocurriría en condiciones más alejadas de la saturación.

Sal
Acumulación de halita con huellas de pájaros. La conservación de este depósito es posible por la elevada concentración de sal en la laguna, en condiciones de saturación o próximas a ella.
Pero también hay rocas, naturalmente. En la zona que yo recorrí, entre la urbanización la Siesta y Los Montesinos, encontré unas calizas bioclásticas con multitud de fósiles de gasterópodos. Algunas de ellas son muy fotogénicas, como esta muestra de mano que muestra varios ejemplares muy bien conservados en sección.

Gasterópodos Torrevieja
Caliza bioclástica con restos de gasterópodos
Estas calizas bioclásticas alternan con otras, blancas y pulverulentas, que constituyen un caliche.

Caliche Torrevieja
Bloque de caliche con el típico aspecto pulverulento.
Estos materiales tienen una edad pliocuaternaria y subyacen a los materiales holocenos que constituyen el relleno reciente de las lagunas. Los gasterópodos molan, y el caliche tiene sus admiradores, lo reconozco, pero aparte de la observación de los fenómenos geológicos en curso en la actualidad podríamos pensar que no es el mejor lugar lugar para hacer geología… y nos equivocaríamos. Eso descubrí cuando pasé de la laguna de Torrevieja a la de la Mata y empecé a recorrer su orilla meridional, justo al norte del Chaparral.

La Mata desde Chaparral
Vista de la laguna de la Mata desde El Chaparral.
En un principio quizá os ocurra como a mí, y centréis vuestra atención en las vistas de la lámina de agua y las orillas, es lo natural. Pero quizá poco a poco comencéis a a prestar atención a las rocas del Chaparral, a pesar de que puedan parecer un poco anodinas. Allí están nuevamente los caliches, pero un análisis más detallado nos permite detectar algunas características bien curiosas en estas calizas. Lo más llamativo es la textura que presentan algunos bloques en su cara superior: una especie de rugosidad poco común (al menos en mi experiencia). Además, esta superficie está surcada por una serie de canales vermiformes. En ocasiones las zonas rugosas limitan con otras completamente lisas, y en otras ocasiones en esas superficies rugosas hay englobados, como si se tratase de un puding, cantos más o menos redondeados. También es frecuente que presenten un aspecto rubefactado a causa de una pátina de óxidos de hierro. En ocasiones esta superficie parece tener entidad propia, como si se tratase de un recubrimiento que tapizase la roca. Desde luego, es inevitable comenzar a examinar sistemáticamente estas rocas, lo que nos permite constatar que estas características son generalizadas. Y eso no hace sino aumentar nuestro interés…

Superficie caliza
Enigmática cara superior de un bloque de caliche. Llama la atención por esa red dendrítica de acanaladuras y su apariencia casi... orgánica.
Junto con estos enigmáticos materiales encontramos otras calizas con otras estructuras sedimentarias y fósiles. Aunque a causa de las disposición de las capas y el escaso relieve no es posible encontrar una sección que muestre la sucesión de capas, es evidente que unos materiales y otros se encuentran en una relación muy estrecha, quizá incluso de continuidad lateral. De hecho, la mayor parte de las estructuras que os voy a mostrar se encuentran en bloques procedentes del roturado de campos de cultivo ahora abandonados en el perímetro de la laguna. Estos bloques se encuentran, por lo general verticalizados, mostrando tanto su cara superior (que contiene las estructuras) como la inferior (que presenta los rasgos típicos del caliche). Veamos algunos de ellos antes de volver a las calizas misteriosas.

En primer lugar, tenemos estructuras de tipo tepee. Las estructuras tipo tepee se atribuyen al siguiente proceso: cuando el sedimento carbonatado queda expuesto a la atmósfera y el sol lo reseca, precipitan cementos que, a fuerza de repetirse en ciclos diarios, hacen que se cree una corteza sobre el terreno que se expande y agrieta. Puesto que la corteza trata de extenderse sobre una superficie mayor de la disponible se levanta, formando unos picos como de tiendas de campaña, de donde procede su nombre. Son propios de ambientes litorales poco energéticos, llanuras de marea, etc. En este caso, como veréis, aparecen acompañados de fósiles de bivalvos en posición de vida, con ambas valvas todavía articuladas, que aparentemente has excavado su vivienda en estos depósitos carbonatados cementados de forma temprana (más adelante profundizaremos en esto).

Tepee
Superficie carbonatada que muestra las clásicas crestas de tepees y, además, varias secciones de moluscos bivalvos incluidos en la misma (ver ampliación en recuadro)
Aquí tenéis otro ejemplo de espectacular preservación de tepees con estructuras poligonales. Fijaos como embebidos en el hardground hay fósiles de gasterópodos y fragmentos de corales. Los primeros podrían ser autóctonos, pero los segundos han debido ser traídos durante episodios energéticos tales como tormentas.

Tepees 2
Tepees poligonales con crestas estrechas y secciones de gasterópodos y fragmentos de corales ramosos
También encontramos grietas de desecación, como estas:

Grietas retracción 2
Red poligonal de grietas de desecación.
Pero no todo son aguas tranquilas. También encontramos depósitos de episodios más energéticos, como estas calizas bioclásticas con fragmentos de bivalvos y gasterópodos. Fijaos en como los fósiles se distribuyen sobre una capa única de aspecto caótico sobre el bloque de caliche, casi como si acabasen de ser depositados allí mismo.

Bioclástica 2
Capa que contiene multitud de fragmentos esqueletales de gasterópodos, moluscos lamelibranquios y clastos calcáreos en disposición caótica, posiblemente depositados durante un episodio de alta energía como una tormenta sobre una superficie costera en la que ya se había desarrollado un caliche

Y, además, también encontré algunas calcarenitas con estratificación cruzada de surco y planares que me sugirieron la posibilidad de que se tratase de dunas eólicas. El mejor ejemplo está justamente en el paso inferior de la carretera nacional N-332:

Dunas eólicas
Sección de un desmonte en un paso inferior de la N-332 en la que se observan estratificaciones cruzadas de posible origen eólico

Sin embargo, una de las estructuras más interesantes, y que están en relación con los materiales misteriosos que presenté al principio, consisten en retículas poligonales que podrían parecer en principio grietas de desecación pero que no me lo parecen. Al observarlas en detenimiento se aprecian una serie de elementos característicos que las diferencian de este tipo de grietas:
1. Las crestas poligonales son redondeadas.
2. Estas crestas poseen, a menudo, un surco en su parte superior.
3. Algunos polígonos parecen haber cabalgado en alguno de sus bordes sobre los polígonos adyacentes.
Aquí tenéis uno de los ejemplos más vistosos:

Petees 1
Red poligonal de crestas redondeadas. A diferencia de los tepees o grietas de desecación, las crestas son curvas y suaves y presentan en ocasiones grietas longitudinales, a la que vez que, en algunos casos, cabalgan sobre los polígonos adyacentes.
Y aquí otro ejemplo:

petees 2
Otro ejemplo 
Os diré cual es mi interpretación. Creo probable que se trate de un tipo de estructura conocido como “petee”. Tal y como parece, ese nombre es una evolución de la denominación “tepee” que refleja bien tanto las similitudes superficiales entre ellas como sus diferencias. Un petee es una estructura de crestas asociadas al crecimiento de microorganismos, básicamente tapices bacterianos. Por tanto, la diferencia principal con un tepee es su origen biogénico. Hemos de imaginar un petee como el resultado de parches bacterianos que crecen ocupando una superficie cada vez mayor hasta que acaban solapándose con los parches adyacentes. Algo curioso es que estos márgenes de crecimiento suelen alinearse con grietas de desecación, lo que explica su similitud inicial. Esto es así ya que el espacio entre las grietas suele retener mejor la humedad, haciendo posible el crecimiento de estos microorganismos a lo largo de las mismas. Lamentablemente, no encontré ejemplos de este tipo de estructuras en desarrollo en la laguna de La Mata, pero gracias a Stephen Lokier y su trabajo de divulgación en Twitter puedo mostraros ejemplos actuales de las sabkhas costeras del golfo pérsico (podéis encontrar grandes imágenes de este tipo de ambiente sedimentario siguiendo la etiqueta #SabkhaImageOfTheDay).

Polígonos

La identificación de estructuras de origen bacteriano o, más generalmente, microbiano, siempre es difícil sin recurrir a una combinación de métodos que incluyen análisis de la microestructura de las rocas. Sin embargo, creo que es una hipótesis de trabajo razonable en este caso teniendo en cuenta las evidencias existentes. Otras estructuras curiosas refuerzan esta interpretación. Por ejemplo, lo que en mi opinión es, probablemente, el colapso de una bolsa de gas: el gas procedente de la descomposición de la materia orgánica atrapada bajo la lámina del tapiz genera una bolsa que se proyecta hacia el exterior. Esta bolsa puede, eventualmente, colapsar, generando una lámina que cae sobre el hueco infrayacente. Aquí os pongo un ejemplo que encontré y que interpreto de esta manera.

Gas dome 2
Superficie con cavidades que, especialmente en el caso de mayor tamaño, están parcialmente recubiertas por lo que parece una lámina que en su momento debía ser lo suficientemente flexible y cohesiva como para deformarse y mantener su entidad. El origen probable de las cavidades puede estar en bolsas de gas generado durante la descomposición de la materia orgánica bajo un tapiz bacteriano. Este tipo de preservación requiere de una cementación muy temprana y condiciones de baja energía (y reducida bioturbación)
Otro detalle que casi hace que me explote la cabeza son estas marcas en forma de surco con un patrón dendrítico en algunas superficies. El parecido es tan evidente que tuve que rascar con el dedo para asegurarme de que nos eran estructuras recientes. La similitud con las marcas dejadas por los gasterópodos que se alimentan de los líquenes que tapizan en la actualidad estas rocas es inevitable. En mi opinión se trata de un buen ejemplar de Radulichnus isp., un icnofósil atribuido a marcas de alimentación dejadas por moluscos al ‘roer’ los tapices basterianos, lo que refuerza mi interpretación acerca del origen biogénico de estas estructuras (la raíz de Radulichnus es rádula, el nombre del aparato masticador de los gasterópodos). Fijaos, además, en las crestas de tipo petee, especialmente en la de la derecha, que posee un surco longitudinal a lo largo de su cresta superior.

Grazing 2
Superficie rubefactada en la que se aprecian trazas de Radulichnus isp., pistas de alimentación de moluscos que se alimentaban del tapiz bacteriano (en mi interpretación). El recuadro muestra una área ampliada para mostrar la textura que posee toda la roca. 
También es perceptible la textura superficial ‘en piel de elefante’, característica de este tipo de microbialitas:

Piel de elefante
Textura rugosa de tipo 'piel de elefante' junto con crestas de tipo petee

En otras ocasiones encontramos interesantes ejemplos de icnofósiles como trypanites: son perforaciones en un sustrato duro (en este caso un hardground carbonatado) por moluscos bivalvos. Os pongo un ejemplo espectacular en el que vemos dos niveles atravesados por los organismos perforadores: uno superior, rubefactado, con una textura formada por abundantes crestas y un nivel inferior, aparentemente el preferido por los bivalvos para fijar su residencia. Es interesante ver como se encuentran bivalvos anidados, unos dentro de otros como muñecas rusas, en lo que parece un ejemplo de sucesivas generaciones aprovechando el trabajo de las anteriores.

Trypanites 1
Superficie cubierta de perforaciones (área superior) realizadas por moluscos bivalvos en un sustrato ya endurecido (hardground). En la parte inferior de la fotografía la superficie original se ha perdido, mostrando la sección inferior con los bivalvos en posición de vida al final de sus pozos verticales. En la siguiente imagen se ofrece un detalle ampliado

Trypanites 2
Bivalvos en posición de vida, todavía articulados, al fondo de sus galerías. La superficie superior, atravesada por los organismos, ha desaparecido por la erosión (ver fotografía anterior). Fijaos en cómo varias generaciones de organismos han ocupado los huecos excavados por la generación anterior, algo parecido a una crisis de la vivienda pleistocena
La superficie superior recuerda a una textura de tapices bacterianos conocida como ‘pustular’, por razones obvias. Más material de Stephen:

Pustular
El sustrato de todas estas estructuras superficiales es, como ya hemos dicho, un caliche: un suelo formado por la precipitación de carbonato cálcico transportado por aguas meteóricas que se infiltran en el terreno (lo que se conoce como circulación vadosa). En sección es fácil distinguir la apariencia típica de estas rocas, especialmente las laminaciones y los pisolitos (cuerpos subesféricos formados por la precipitación de sucesivas envueltas de carbonato). Este proceso de calcretización a afectado a los materiales preexistentes, por lo que contienen en su interior abundantes fósiles como fragmentos de corales, gasterópodos y moluscos bivalvos. Fijaos en cómo los nódulos de carbonato se nuclean en torno a restos fósiles.

Pisolitos 2
Típica sección de un caliche en la que se aprecian varios nódulos con superficies ferruginosas. En la zona central, sobre la zona laminada, hay varios fósiles de gasterópodos y bivalvos en la matriz. Estos gasterópodos formaban parte del sustrato antes de la formación del caliche

Pisolitos 1
Varios ejemplares de pisolitos, algunos liberándose de la roca y otros visibles en sección en la zona derecha como envueltas concéntricas
A la vista de estos materiales y estructuras, es inevitable pensar en qué podemos deducir de ellas para interpretar cómo fue en un pasado verdaderamente reciente (en términos geológicos) esta zona. Y la respuesta es que las condiciones actuales parecen haber estado vigentes durante esta parte del Pleistoceno: los materiales que encontramos nos hablan de medios costeros someros con influencia marina restringida, en la que alternan periodos de calma con episodios de mayor energía, como tormentas en un contexto climático árido que ha permitido la formación de los caliches. Aparentemente el nivel del mar ha variado invadiendo la costa, cubriendo los suelos carbonatados desarrollados previamente, permitiendo la acción bioturbadora de los organismos que han perforado estos últimos y siendo cubiertos finalmente por depósitos detríticos. La retirada del mar posterior en durante un ciclo regresivo da lugar a un nuevo desarrollo de caliches que quedan cubiertos por depósitos eólicos. Esta visión es altamente especulativa (ya que es difícil ver cortes que permitan observar directamente la sucesión de materiales) pero razonables, especialmente cuando en la actualidad podemos observar en acción procesos como los descritos. Por ejemplo, sistemas de dunas eólicas costeras, barras de gravas representativas de condiciones energéticas sobre los limos y arcillas de las orillas de la laguna, y tapices bacterianos en desarrollo. Algunos ejemplos del entorno de la laguna de la Mata:

Barra de gravas
Barra de gravas actual avanzando sobre una zona deprimida rellena de material fino en la que se ha desarrollado una generación de grietas de desecación al evaporarse el agua retenida tras un episodio de subida del nivel de la laguna

Tapices actuales
Tapices bacterianos en expansión en la orilla de la laguna. Estos tapices recubren las calizas pleistocenas que forman la orla de la laguna, en un análogo de los tapices fosilizados como capas sobre el caliche que hemos descrito anteriormente

Dunas
Sistema de dunas costeras de Guardamar
A modo de resumen final: el en torno de la laguna de la Mata y el Chaparral he encontrado estructuras fósiles bastante poco comunes con un grado de preservación muy notable, especialmente lo que he interpretado como tapices bacterianos. De hecho, uno puede pasarse horas vagando de bloque en bloque, a la caza de nuevos detalles en la capa superior de los caliches. No he encontrado referencias en la literatura existente en esta línea, por lo que quizá sea la primera vez que se proponga y creo que es un tema digno de un estudio detallado).  

A pesar de que, como suele ocurrir con los parques naturales, el foco se pone en la biosfera, en este caso especialmente en la avifauna, se echa de menos en los materiales didácticos que se ofrecen al visitante algo de información sobre el contexto geológico. Esta es una reivindicación que no es exclusiva para el parque natural de las lagunas de Torrevieja y la Mata, pero no nos cansamos de hacerla.

Laguna La Mata
Vista de la laguna en la que se pueden apreciar en el fondo un sistema de grietas de desecación (formadas en un momento de nivel más bajo) sobre las que existen desarrollos bacterianos. Observad la barra de gravas que separa este cuerpo de agua de la masa principal de la laguna


Algunas referencias para saber más sobre estructuras asociadas a tapices bacterianos y su terminología asociada:



Microbial and physical sedimentary structures in modern evaporitic coastal environments of Saudi Arabia and Egypt. Mahmoud A. Aref, Mohammed H Basyoni, Gerhard Hein Bachmann.



Y especialmente recomendable la cuenta en twitter de Stephen Lokier y la etiqueta #SabkhaImageOfTheDay

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