martes, 28 de mayo de 2019

Crónica del Geolodía 19 en Cortes de Pallás: un gran día de geología

Este año el Geolodía19 se ha celebrado, en su edición de Valencia, en Cortes de Pallás. El paisaje de Cortes es espectacular y siempre impresiona al visitante, incluso si ya ha visitado la localidad con anterioridad. Ese paisaje es el resultado de una serie de procesos que siguen en acción hoy en día, condicionando la ocupación humana del territorio en el pasado y en el presente. Esa historia, escrita en las rocas, es la que hemos querido contar a los aproximadamente 160 asistentes al Geolodía que nos acompañaron el pasado domingo 12 de mayo en la gran fiesta de la geología. Tanto si viniste como si no, este es un repaso a una gran jornada de geología.

El recorrido partió de la plaza de Cortes, donde ubicamos la recepción y control de asistentes. Allí tuvimos también un lugar para que los más pequeños pudiesen aprender algo de geología jugando: una pequeña colección de fósiles y minerales típicos de Cortes, algunos dibujos para colorear con motivos geológicos e incluso unas cajas de arena para reproducir procesos de formación de estructuras de compresión y de distensión.

De derecha a izquierda: nuestras compañeras Vicenta, Marián y Ana listas para recibir a los asistentes.


Mayte jugando con una de las cajas de arena, 
mostrando a los niños cómo construir 
montañas bajo la atenta mirada de Paco. 
Dani, de Documalia, toma imágenes 
para el vídeo promocional del Geolodía 20. 
Armand explica a los niños cómo distinguir una caliza de una dolomía.

La primera parada estaba ubicada junto al polideportivo, en un desmonte bastante vertical de la carretera que sube a la Muela. En estas calizas tableadas del Cretácico superior (pertenecientes a la formación Calizas de la sierra de Utiel) observamos algo interesante: presentan evidentes señales de deformación: diaclasas, fallas de pequeño salto y brechas de falla, una deformación tanto más intensa cuanto más cerca al arroyo de Cortes. ¿Qué ocurre aquí?

Eli y Josemi en acción en la parada 1, mostrando a un grupo las evidencias de deformación en las calizas del Cretácico superior.

Lo que tenemos delante son las evidencias en una mesoescala de un proceso a una escala mucho mayor, a una escala tan grande como el propio cañón del Júcar: en la parada 1 nos encontramos justo en el borde de uno de los bloques cuyo hundimiento preconfigura el cañón del Júcar. Se trata del bloque de Zarooza, sobre el que se asienta el pueblo. El desplazamiento de este bloque a favor de una falla ha hecho que estas calizas se encuentren 400 m por debajo de su posición original. La hemifosa generada por este desplazamiento fue posteriormente rellenada por materiales detríticos prácticamente desmantelados en su totalidad por el arroyo de Cortes. De hecho, para ver estos materiales del relleno Mioceno de la fosa hay que ascender hacia Ruhaya y la Cruz del Collado, donde las brechas y conglomerados en matriz arcillosa destacan por su color rojizo.

Esquema fotocomentado que muestra la relación entre el bloque levantado de la falla (La Muela) y el bloque hundido (Zarooza o Las Peñas, en su denominación local) así como el relleno de la hemifosa, que constituye los conglomerados de la Cruz del Collado (al fondo). En este tramo, el arroyo de Cortes aprovecha la traza de la falla, aunque un poco más arriba se aparta de ella.

Josemi y Eli enseñaron a los asistentes unos curiosos microfósiles contenidos en estas calizas: se trata de lacazinas, unos foraminíferos que nos servirán para correlacionar estas rocas con las que encontramos en la parada 5, en lo alto de la Muela: una evidencia de que este increíble proceso de deformación de las rocas ha tenido lugar. Por cierto, esta técnica de correlacionar rocas en función de su contenido fósil es uno de los principios básicos de la estratigrafía. Como un comentario interesante, cabe señalar que estas rocas son las que se emplearon para esculpir la pila bautismal de la iglesia de Cortes.
Un asistente aprende a usar la lupa para identificar
las lacazinas.
Fotografía cortesía de Borrás, un asistente.


Pila bautismal de la Iglesia parroquial de Cortes, cuajada de lacazinas
Desde la parada 1 los asistentes continuaron su camino a lo largo del arroyo de Cortes para llegar, por el sendero de “las escalericas” hasta el icónico Corbinet. Gracias a las últimas lluvias pudimos disfrutar de un arroyo en plenitud, del estrépito del agua en las cascadas que puntean el cauce y del frescor de la vegetación. Y eso nos deparó, además, un punto de aventura adicional.

Camino del Corbinet toca vadear el arroyo. La aventura es la aventura.


Ya en el Corbinet Carlos y Tino explicaron cual es el origen del Corbinet y del resto de cascadas del arroyo de Cortes. Se trata de edificios travertínicos formados por la precipitación del carbonato cálcico disuelto en el agua. El carbonato se mantiene en equilibrio químico con el dióxido de carbono junto con el que está disuelto en el agua, de forma que la pérdida de dióxido de carbono produce a su vez la precipitación del carbonato. De esta forma la temperatura, la agitación y la acción de los seres vivos, principalmente cianobacterias, inducen la formación de travertinos y el desarrollo de estos espectaculares paisajes. Frecuentemente el carbonato recubre tallos de plantas, hojas, troncos y musgos, creando delicadísimas reproducciones minerales que nos permiten visualizar todo este proceso.
Estado inicial (a la izquierda) y final (a la derecha) de la calcificación de briofitas (musgo).


El siempre espectacular Corbinet.

Tino y Carlos mostrando las distintas subfacies de los medios fluviolacustres en la pared del edificio inactivo del Corbinet. Foto de Paco González.
Ver es creer. Carlos muestra tallos calcificados con el tallo original todavía en el interior del manguito de carbonato. Foto de Paco González.

En el Corbinet aprendimos que el clima ha controlado y sigue controlando la formación y destrucción de los travertinos del arroyo, de forma que en los materiales que forman el Corbinet podemos descubrir las múltiples vidas del arroyo de Cortes, que aquí ha creado toda una serie de edificios sucesivos separados por periodos de erosión en los cuales el arroyo se encajó en sus propios materiales: si prestamos atención podemos observar los restos de los 2 Corbinets que precedieron al actual durante el Holoceno, y algunos de los elementos geomorfológicos que nos recuerdan que en otro tiempo el agua fluía por otro cauce formando pozas que ahora forman parte del edificio inactivo.


Esquema fotocomentado que muestra las
 tres fases de desarrollo travertínico
 visibles en el Corbinet. El edificio activo (3)
 es donde se cae la cascada en la actualidad.
Antigua poza visible en sección.

Dejamos atrás el Corbinet atravesando un pasaje excavado en el propio edificio travertínico. Una vez en lo alto vemos que, tras el Corbinet, se extiende una zona plana por la que el arroyo fluye veloz hacia el punto en el que se precipita desde las alturas. Este patrón, cascadas que dividen el trazado del arroyo en una serie de llanuras dispuestas en escalones sucesivos, se debe al propio proceso de desarrollo de los edificios de barrera. Estas barreras represan el arroyo generando zonas en la que los materiales transportados por el agua se depositan, rellenando el espacio creado aguas arriba de la barrera al mismo ritmo que esta crece. Este es el mecanismo que ha permitido el aprovechamiento de las márgenes del arroyo para cultivos de regadío: por un lado proporciona terrazas llanas, por otro, la pendiente de estas terrazas permite distribuir el agua captada del arroyo para el regadío. De esta forma, la geología ha preconfigurado el terreno con las condiciones necesarias para el establecimiento de una población permanente: agua y terrenos de cultivo. José María y Bruno explicaron esto a los asistentes junto a la balsa de Chano, una infraestructura de regadío que recoge el agua de la fuente homónima y permite su uso para el riego. Este rincón es un lugar extraordinario para hablar de hidrología y responder a la primera de las preguntas: ¿de dónde sale el agua del arroyo de Cortes? Porque sin manantiales, no hubiera podido haber regadío…

José María y Bruno hablando de hidrogeología en la parada 3.

Qué mejor lugar para hablar de hidrogeología que al lado de una de las balsas del regadío tradicional de Cortes. Foto de José Miguel Fernández Portal.

La Muela de Cortes es como una tarta formada por una sucesión de capas de roca con distintas propiedades. Estas rocas se formaron a partir de los sedimentos depositados durante el Cretácico, cuando Iberia era un isla en el océano de Tethys. La mayor parte de esta sucesión está formada por rocas carbonatadas: calizas, dolomías y margas. Las primeras de ellas poseen cierto grado de porosidad, a causa de distintas razones, y por tanto son susceptibles de constituir acuíferos (capas de rocas capaces de almacenar agua). Por el contrario, las segundas, por su contenido en arcillas, forman niveles impermeables que dificultan o impiden la circulación del agua a su través. El agua de la lluvia cae sobre la muela y se infiltra a través de la roca hasta que alcanza un nivel impermeable. Y aquí es donde interviene un segundo factor: las fallas que forman el límite de la Muela por el norte, unido a la profunda incisión de la red fluvial (como la que vemos en el Júcar y en el propio arroyo), favorece que el contacto entre los niveles permeables y los niveles impermeables quede expuesto en las laderas, formándose de esta forma los manantiales que aparecen a lo largo del arroyo de Cortes y que permiten la existencia de su sistema de acequias, balsas y huertas.

Esquema básico del arroyo de Cortes mostrando la alternancia
de litologías y las ubicaciones de varios de los manantiales.
Esquema elaborado por Bruno Ballesteros.
Es hora de continuar hacia la siguiente parada. Para ello cruzamos el arroyo para ascender por la vertiente norte del mismo, hacia los restos del castillo de Ruhaya. Ello nos permite ganar perspectiva para ver el valle desde arriba a la vista de nuestros nuevos conocimientos: un valle sorprendente ya que, a pesar de la profunda incisión, no muestra la típica sección en V que nos enseñan los libros. El valle tiene un fondo plano a causa de la sucesión de terrazas formadas a favor de los edificios travertínicos de barrera.


Estructura del valle del arroyo de Cortes. Se aprecia la sucesión de terrazas colgadas a distintos niveles resultado de su historia geológica

En la parada 4 Mario y Abrahán nos mostraron los diversos procesos por los cuales la erosión consigue que el arroyo de Cortes y, por extensión, el propio Júcar, se encajen en su valle a la vez que lo van ensanchando. Se trata de un proceso controlado por las propiedades de las propias rocas, su diferente resistencia a la erosión y a la disolución, su mayor o menor resistencia mecánica y, como no, su propia historia previa, ya que la existencia de fracturas favorece el proceso de desmantelamiento. Los procesos de gravedad constituyen uno de los principales agentes en acción. Así, en las laderas del barranco vemos bloques caídos desde su posición original, viseras formadas por la erosión o disolución diferencial entre distintas capas de roca y ventanas formadas por la ampliación por disolución de fracturas preexistentes en los cuerpos rocosos. Tal es el caso de la espectacular Ventana del Águila, un rasgo del paisaje destacadísimo del paisaje de Cortes.

La ventana del águila es el resultado de la ampliación por disolución de la última de una serie de diaclasas que afectan a las Dolomías de la Ciudad Encantada, de edad Cretácico superior.

Mario y Abrahán en acción en la parada 4. Al fondo el cañón del Júcar. Desde este punto es evidente el buzamiento hacia el sur de las calizas del bloque de Zarooza, sobre las que se asienta el pueblo. Foto de Paco González.

En esta parada los asistentes también aprendieron acerca de riesgos geológicos y los factores que lo caracterizan: probabilidad, impacto y vulnerabilidad. Los riesgos geológicos se presentan en la intersección entre las actividades humanas y la geología, y en el cañón del Júcar se presentan de forma muy notoria en la forma de movimientos de ladera. En el entorno del cañón tenemos multitud de ejemplos, casi parece un catálogo, ya que se trata de un medio geológico muy dinámico. En este blog ya hemos hablado del suceso de 2015, que tuvo a Cortes aislado durante meses, y de otro ejemplo muy notable de deslizamiento rotacional, el que afecta al vial del PENVA de Chirel.


Estado de la ladera afectada por la caída de rocas de 2015.
Estado actual de la misma ladera tras la intervención realizada.


Desde esta altura sobre el barranco y con la perspectiva que aporta la distancia, los asistentes pudieron tener por primera vez una visión directa de la estructura del cañón del Júcar, flanqueado por bloques tectónicos hundidos a favor del sistema de fallas directas generados por la distensión de la corteza. En un proceso de zoom ‘hacia afuera’ desde lo más próximo (la deformación en la mesoscala vista en la parada 1) hasta la visión clara del bloque de Zarooza sobre el que se asienta el pueblo.


Izquierda: Abrahán explicando el proceso de
formación de un graben. Derecha, castillo de Ruhaya

Desde aquí el autobús que puso el ayuntamiento de Cortes a disposición de la organización trasladó a los grupos hasta la parada 5, la última, ubicada en la un mirador de fauna de la Muela de Cortes. Aquí mi compañera Mayte y yo mismo hicimos el cierre de la Geolodía, viendo dos ejemplos más de como la geología ha condicionado la vida de los seres humanos en este entorno tan dinámico. Nada más llegar a la parada era inevitable mostrar la gran vista del cañón del Júcar a nuestros pies: el último paso en nuestro zoom ‘hacia afuera’.

A nuestros pies tenemos una panorámica espectacular del valle y podemos apreciar el contraste entre la plataforma de la Muela y su relieve tabular y el cañón del Júcar. Señalamos a los asistentes varios de los bloques hundidos que tenemos ante nosotros: el de Zarooza, ya analizado en la parada 1 y ahora bien visible, y el de Chirel, con el castillo espectacularmente asentado sobre las calizas del Cretácico superior. También vemos la muela de Albéitar y tras ella la sierra de Martés, indicando cómo este relieve es producto de la colisión Iberia-Eurasia. También hicimos hincapié en la profunda incisión del Júcar, enmascarada en parte por el embalse, y cómo esta ha progresado hacia el interior.


El autobús saliendo de vuelta hacia Cortes desde la parada 5 con un grupo de participantes
Mayte y yo mismo en acción en la parada 5, con el espectacular paisaje del cañón del Júcar de fondo

Hacia el otro lado tenemos la visión de la llanura de la Muela, con la plataforma de La Mancha al fondo. Aprovechamos para introducir cómo condiciona la geología la distribución de la población: señalamos el gran desierto demográfico existente desde Cortes, al norte, hasta Navalón, al sur. En esta gran área de la provincia de Valencia no hay poblaciones permanentes ni carreteras. La razón probable está en la ausencia de fuentes de agua significativas. Todo el macizo de la Muela (y el Caroig) está karstificado, lo que junto con la gran incisión del Júcar hace que el agua se encuentre a grandes profundidades y no haya surgencias de consideración en superficie (los manantiales que hemos comentado en el recorrido existen porque la incisión fluvial o las fallas existentes han permitido la surgencia del agua en las laderas, se trata del concepto de río ganador que nuestros compañeros ya explicaron en la parada 3).

A la izquierda: yo mismo enseñando
 a los asistentes una muestra de calizas
 karstificadas, ante la atenta mirada de Geno.
Foto de Paco González.
A la derecha, Mayte busca en el horizonte el
 autobús que traerá al primer grupo la parada.
Del mismo modo que el modo de vida tradicional en estas tierras ha estado condicionado por la geología, la geología permite el aprovechamiento hidráulico del río Júcar. En particular, las pendientes vertiginosas del cañón del Júcar han permitido la construcción de la mayor central reversible de Europa, el complejo Cortes-La Muela, con casi 1.700 mW de generación hidráulica. Se trata de un elemento esencial del sistema eléctrico nacional gracias a la capacidad de almacenamiento del conjunto embalse de Cortes-depósito de la Muela, lo que aporta una gran capacidad de regulación de la demanda al sistema eléctrico nacional.

Al final acumulamos casi una hora de retraso y terminamos más tarde de lo previsto, lo que no impidió que celebrásemos una gran jornada de geología con la tradicional sidra que Mayte y Paco tienen el detalle de compartir con nosotros.


Fotografía final del día con los voluntarios del Geolodía 19.
Foto de José Miguel Fernández Portal
A la derecha, Paco en acción.

Por nuestra parte tan solo queda esperar que todos los que vinisteis pasaseis una gran día de geolodía en el campo, y que los que no pudisteis estar os animéis para venir con nosotros el año que viene, en un lugar aún por determinar. El equipo de organizadores y voluntarios del Geolodía 19 agradecemos a los compañeros de la Sociedad Geológica de España y la FECYT, a los patrocinadores, y especialmente al Ayuntamiento de Cortes, su colaboración para hacer este día posible. Por mi parte también quiero manifestar la alegría de tener la oportunidad de conocer personalmente a los aventureros geológicos habituales de este blog que os acercasteis a saludarme.

Por cierto, si estuvisteis y queréis dejar un comentario que nos ayude a mejorar el próximo geolodía de Valencia, os animo a dejar un comentario. También tenéis a vuestra disposición la encuesta abierta a los asistentes que ha preparado la SGE y que tenéis en este enlace:


EQUIPO ORGANIZADOR Y VOLUNTARIOS DEL GEOLODÍA 19 DE VALENCIA:

Bruno Ballesteros, Constantino Benedicto, Marian Cabo, Mario Cañabate, Ana Córdoba, Elisabeth Díaz, José Miguel Fernández, Abrahán González, Paco González, Mayte Martínez, Mayte Novillo, José María Montes, Óscar Navarro, Armand Paz, Genoveva Pozuelo, Carlos Santisteban, Vicenta Vidal, Elena Zalbe.
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