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domingo, 4 de noviembre de 2012

Vallat: ¿Un nuevo misterio en el Cuaternario?

Hace algunas semanas salimos a escalar a un lugar nuevo para nosotros. Se trata de la escuela de Vallat, situada en el término de esta población de Castellón, en las estribaciones de la Sierra de Espadán. Resultó ser un buen lugar para trepar: fresco (bueno si es verano), con variedad de grado y buen equilibrio entre placa y vías de desplome. Sin embargo, ya desde la aproximación, la geología del lugar llama poderosamente la atención y se revela, finalmente, como un pequeño misterio que nos recuerda cuán cambiante es la superficie de este nuestro planeta incluso en periodos relativamente breves (en términos geológicos, claro).

Nuestro grupo se aproxima a la pared. Un frente rocoso de varios cientos de metros de longitud  y una altura que ronda  los 25 - 30 m
Tan pronto llegamos al pie de las vías avanzamos buscando una zona adecuada para acampar. El recorrido no es sencillo y es necesarios trepar y descender en varios puntos. Al tener que prestar atención a donde ponemos las manos y pies pronto llama la atención el tipo de roca: se trata de tufa calcárea, un tipo de roca porosa que tiene su origen en surgencias de agua y entornos fluvio-lacustres. Aunque no los reconozcáis con esta descripción, estoy seguro de que todos, en alguna ocasión, habéis visto este tipo de roca. La siguiente imagen os ayudará a recordar.

Vista general de la pared, formada por depósitos de tufa. Click para ampliar
De forma general, los depósitos de tufa se producen por la modificación del equilibrio químico que mantiene el carbonato cálcico en disolución en el agua, principalmente por la pérdida de dióxido de carbono. La disminución de la cantidad de este gas en el agua provoca la precipitación de los carbonatos. Entre las causas que provocan la pérdida dióxido de carbono están las mecánicas (como la agitación en cascadas) y la actividad metabólica de las plantas, además de otros factores como la temperatura. La porosidad de la tufa se debe a que frecuentemente el carbonato precipita sobre cuerpos como los tallos de las plantas, hojas, etc. Al descomponerse la materia orgánica queda un molde hueco. Sin embargo, existe toda una variedad de facies carbonatadas asociadas a los depósitos de tufa en ambientes fluvio-lacustres y que han sido estudiados por varios autores: depósitos estromatolíticos, detríticos, espeleotemas, etc. e, incluso, una cierta variedad litológica: depósitos de gravas, arenas y limos. Al estudiar las asociaciones de facies es posible deducir el subambiente asociado: cascadas, zonas de flujo rápido, zonas remansadas, barreras vegetales, depósitos de flujos de alta energía (crecidas) y otros. A los interesados en este tema les recomiendo leer el capítulo 3 de la obra 'Carbonates in continental settings'. Este capítulo se denomina 'Fluvial and associated carbonate deposits' y está elaborado por C. Arenas-Abad, M. Vázquez-Urbez, G. Pardo-Tirapu y C- Sancho-Marcén.

Lo verdaderamente sorprendente en este caso es que nunca había escalado en este tipo de roca y la razón está en que se trata de una roca en general muy deleznable y que por tanto no soporta, en condiciones de seguridad, la instalación de anclajes. Esto es especialmente cierto cuanto más jóvenes son los materiales (por ejemplo, de miles o decenas de miles de años). En este caso la escalada es posible, aparentemente, por dos hechos: el primero es la ausencia de materiales siliciclásticos: es decir, no hay niveles de grava o arena. El segundo es que se ha producido una cierta recristalización, lo que en ciertos puntos ha reducido la porosidad de la roca y ha aumentado su cohesión. Pero veamos ya lo que nos cuentan las rocas.

Una vista más cercana del acantilado
¿Qué facies encontramos aquí? Repasemos una a una las evidencias. En la zona en que comenzamos a escalar hallamos evidencias de una cascada de gran desarrollo. En los ríos actuales en los que existe este tipo de procesos es fácil observar la relación entre la vegetación y la evolución física del medio. En un cierto punto restos vegetales forman represas que son cementadas por la precipitación de carbonato cálcico. Con el tiempo constituyen un pequeño salto o represa sobre la que crece nueva vegetación. Algunas de estas plantas cuelgan desde la parte superior y, al constituir núcleos para la precipitación de más carbonato, contribuyen al avance de la coronación de la estructura, a modo de visera. De esta forma aparecen cavidades en las que posteriormente se desarrollan estructuras como estalactitas y otros espeleotemas. Pues bien, esto es exactamente lo que vemos. Fijaos:

Vista de las facies de cascada
Detalle de la zona superior de la cascada. Se aprecian las grandes oquedades y los espeleotemas que se han desarrollado en torno a los tallos de vegetación colgante
Otro detalle de una caverna con espeleotemas. La cuerda a la izquierda sirve de escala
Estos sistemas tienen como característica una gran alternancia lateral de facies. En este caso, simplemente con desplazarnos a la derecha de esta zona encontramos una sección del acantilado más deleznable y que por eso mismo ha sido erosionada preferentemente dando lugar a un abrigo rocoso. La razón está en que en este punto se manifiestan facies de fitoclastos, es decir, un conjunto detrítico integrado por fragmentos de tubos de carbonato que en su momento recubrían los tallos de la vegetación en el propio canal. También hay abundancia de moldes de gran tamaño. Corresponde con zonas de flujo tranquilo o incluso palustres, previas al desarrollo de la cascada o integrantes del relleno del canal en la zona remansada posterior. Hay acumulaciones de impresiones de hojas e, incluso, el molde dejado por un pino con un detalle espectacular de la corteza. Veamos:

Vista de la facies con fitoclastos. En la zona central se distingue perfectamente un molde de un tronco de pino en posición vertical, lo que da una idea de la magnitud del relleno del canal fluvial
Detalle de un molde de tronco de pino. Fijaos en lo bien que se aprecian las irregularidades de la corteza. En la esquina superior izquierda varios fitoclastos

Detalle de una sección con fitoclastos
Nivel con acumulación de moldes de hojas (click para ampliar)
Detalle de impresión de hojas (me atrevería a decir que son hojas de adelfa,  especie típica de este tipo de ambiente)
Una inspección más detallada de la base del acantilado nos permite encontrar otros tipos de facies indicativas de otros subambientes. Por ejemplo, en las zonas de agua remansada se producen acumulaciones de charáceas, con frecuencia inclinadas en el sentido de la corriente.

Acumulación de tallos de charáceas inclinadas en la dirección de la corriente (de izquierda a derecha)
También encontramos facies de estromatolitos planos, asociados a zonas someras de flujo rápido.

Detalle de las facies estromatolíticas
Para terminar el repaso, un detalle correspondiente a la facies de tallos de plantas en posición vertical asociadas a subambientes palustres y de ribera.

Detalle de la facies de tallos en posición vertical, asociada a subambientes palustres y de ribera
Lamentablemente y como me suele pasar, no tuve tiempo para realizar un análisis en detalle del afloramiento.  Pero ya veis que, incluso en el escaso tiempo disponible, es posible encontrar evidencias de un sistema fluvial bastante bien desarrollado. Y la pregunta es, ¿dónde está el misterio? 

Pues la cuestión es que, al menos en mi experiencia, este tipo de depósitos siempre se encuentran muy próximos al cauce que los originó, incluso si se trata de un sistema abandonado. Sin embargo, en este caso, no hay ni rastro de ningún curso de agua próximo.

Ejemplo de un sistema carbonatado fluvio-lacustre actual bien desarrollado. El Corbinet (Cortes de Pallás)
No sólo no hay ningún curso fluvial próximo (activo o seco). Es que el acantilado forma un resalto topográfico, constituyendo una línea elevada con caída a un lado y otro. Esta imagen tomada de Google Earth explica el caso:

Vista satélite de Vallat y el afloramiento (flecha). Fuente: Google Earth
Y el caso es que en Vallat se produce la confluencia de dos ríos: el Mijares y el Villahermosa. Sin embargo, estos cauces están actualmente a una cota aproximadamente 139 m más baja. Por tanto, no hay rastro alguno no sólo de la corriente originaria de estos depósitos, sino que tampoco queda ninguna evidencia del antiguo valle fluvial, que actualmente encontramos convertido en piedra como un relieve invertido. Así pues, estas rocas son la única evidencia del paisaje tal y como era en otro tiempo.

Y así hemos llegado al final de nuestra historia. A modo de despedida, una vista de la localidad de Vallat y el río Mijares.

Vallat y el Mijares
Por cierto, a pesar de lo destacado del acantilado no aparece cartografiado en la hoja correspondiente del mapa geológico de España (MAGNA50) del IGME, apareciendo englobado en los materiales cretácicos subyacentes.

Reconocimientos: gran parte de las fotografías de este artículo fueron tomadas por Álex Duque Rodríguez, compañero de escalada, y su inseparable cámara.

ACTUALIZACIÓN

En una comunicación personal un lector del blog, José Antonio Albelda, señaló que quizá los materiales descritos fuesen más antiguos, sobre todo teniendo en cuenta que tienen la suficiente competencia para permitir la instalación segura de anclajes para escalada. En su opinión podría tratarse de un parche de materiales del Mioceno inferior demasiado pequeño para ser cartografiado a escala 1:50.000. A la vista de los nuevos datos que he encontrado de forma un poco casual, su hipótesis es correcta. Creo que efectivamente se trata de un parche aislado de materiales del Mioceno inferior-medio. Probablemente se trata de la formación Mijares descrita por Paricio en su tesis doctoral en 1986, correspondientes al relleno de la cuenca neógena de Mijares-Sarrión. De forma general se trata de conglomerados que dan paso hacia arriba y lateralmente a los carbonatos fluvio-lacustres  como los que encontré en Vallat. De modo que en realidad, probablemente no se trata de un misterio en el Cuaternario, y a la vista de estos datos, ni siquiera  de un misterio.


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lunes, 23 de julio de 2012

Vacaciones y geología en el Maestrat. Benassal y Culla (III)

Con este artículo acabamos la serie que hemos dedicado a explorar este interesantísimo rincón de nuestras montañas. Antes de continuar es conveniente (si no lo habéis hecho ya) repasar la primera y segunda parte.

En el artículo anterior nos entretuvimos en detalle en la Fm. Arenas del Maestrazgo. Estas rocas son testigo, como pudimos ver, de la tregua que el mar de Thetys concedió a Iberia en el tránsito entre el Aptiense y el Albiense (dos pisos del Cretácico), hace entre 125 y 112 millones de años. En aquel momento del tiempo geológico los materiales erosionados y transportados desde un sistema desértico de enormes dimensiones llegaban a un mar en cuyas orillas, como pudimos ver, está el origen de esta formación.

Sin embargo, todo lo que comienza tiene un final. Y finalmente el mar regresó sobre el continente con la mayor transgresión del registro geológico. Nos encontramos en una situación similar a la inicial, con el desarrollo de extensas plataformas carbonatadas en un clima cálido. Al avanzar la línea de costa sobre el continente la región que pisamos se encontró a mayor distancia de la orilla aunque, curiosamente, la profundidad seguía siendo pequeña (esta situación es muy rara hoy día, con pocas plataformas de este tipo: Bahamas, parte de la costa del Golfo Pérsico...). Además, la erosión en el continente era menor y por esta razón el aporte de materiales detríticos (arenas, arcillas,...) se redujo en relación a tiempos anteriores y encontramos rocas diferentes.

En esta época se depositan las facies calizas de la Fm. Mosqueruela (equivalente de la Fm. Aras de Alpuente, que ya conocemos) que, en general, representan el nivel más moderno del Mesozoico presente en la zona y suelen encontrarse coronando los relieves más destacados (ya los vimos en la base del Castillo de Culla). En este caso tuve ocasión de estudiarlos con algo de detalle en el Bobalar de Benassal y en el ascenso al Moncatil, montaña en cuya falda está el Balneario de Font d'En Segures y que corona la ermita de San Cristóbal (Sant Cristòfol).

Ermita de San Cristóbal, en Benassal. Ubicada en la cima del Moncatil es visible desde toda la comarca

Vista general desde la ermita de San Cristóbal. En el centro de la imagen el Peñagolosa, la montaña más alta de la Comunidad Valenciana. Un poco a su izquierda la población de Culla
Como hemos visto el aporte detrítico a la cuenca es menor y eso favorece el incremento de productividad orgánica en un mar somero, cálido y soleado. Éste es el origen de los materiales carbonatados de la Fm. Mosqueruela, que en el paisaje del Moncatil destacan como dos barras calizas con una intercalación margosa, más deleznable.

Vista de las barras calizas de la Fm. Mosqueruela que coronan el Moncatil
Los ambientes de deposición son costeros, en general submareales, con zonas de más energía donde las corrientes de marea generaban formas de fondo como ripples y megarripples (un tipo de duna submarina, sin precisar más) y zonas más resguardadas donde se depositaban calizas y margas algo arenosas y que presentan un aspecto noduloso característico a causa de la abundante bioturbación además de abundantes foraminíferos (orbitolinas). En las zonas de más energía la litología más común corresponde a calcarenitas y calizas bioclásticas. Repasemos de nuevo el mapa geológico.

Mapa geológico de los alrededores de Benassal. Los materiales considerados en este artículo están señalizados con el número 3. Fuente: MAGNA50 - IGME
Pero es hora de ir al campo y ver qué nos cuentan las rocas. Comencemos por el Bobalar. Hay un sendero que parte desde el aparcamiento del Hotel Novella, en Font d'En Segures, y se dirige hasta el promontorio donde están instaladas varias antenas de telefonía móvil. Una falla pone en contacto las arenas y areniscas de  la Fm. Maestrazgo con las calizas de la Fm. Mosqueruela. Aquí vemos dos paquetes de calizas margosas algo arenosas con texturas nodulosas separadas por un nivel de alta energía de calcarenitas con estratificación cruzada (una barra submareal) que pasa a techo a un paquete de calizas bioclásticas (packstone - grainstone) con estratificación paralela y ripples. En su momento debió haber una pequeña cantera que explotaba el nivel intermedio por su tendencia a fracturarse en lajas que podían emplearse en la construcción de edificios y cercados.

Vista general del afloramiento en el Bobalar. Fijaos en las calizas margosas nodulosas en la base  y el nivel calcarenítico intermedio
Frente de cantera donde vemos el tránsito neto a las calizas margosas nodulosas superiores
Detalle del tránsito a las margas arenosas a través de una superficie neta donde se aprecian restos de organismos incrustantes (bivalvo y tubo de serpúlido)  y alto contenido en óxidos de hierro, lo que me parece un hardground quizá asociado a un incremento del nivel del mar. En el centro de la imagen se aprecia una galería horizontal.

Detalle de la barra con estratificación cruzada (centro de la imagen)


Laminaciones cruzadas en calcarenitas sobre la capa con estratificación cruzada


Detalle de las calizas bioclásticas con espículas de erizos de mar y multitud de orbitolinas. Representa un medio  de alta energía. Estos niveles, además, contienen galerías verticales, otro indicio en la misma dirección

Galerías verticales en las calizas bioclásticas

En el sendero que desciende de San Cristóbal a la Font d'En Segures vemos otros detalles interesantes. Por ejemplo, también aquí afloran los niveles bioclásticos.

Calizas bioclásticas con estratificación paralela. Al  fondo la ermita
Si nos dejamos caer por la falla que limita la ladera sur del Moncatil encontramos lo que parece un interesante ejemplo de estratificación cruzada sigmoidal, asociada a sedimentación en flujos de marea.

Estratificación cruzada sigmoidal (debajo del martillo)
En la cumbre del Moncatil también encontramos evidencias de parches de rudistas. Una muestra de mano:

Caliza con rudistas
Y galerías de thalassinoides sp. propios (aunque no exclusivos) de un ambiente de shoreface.

Thalassinoides sp. en la cumbre del Moncatil

Otro detalle. En los niveles margosos entre las dos potentes barras calizas es posible descubrir depósitos  constituidos por acumulaciones muy importantes de orbitolinas.

En el centro de la imagen se intercala un nivel de acumulación de foraminíferos retrabajados por corrientes de mayor energía, posiblemente la cresta de una barra submareal. Escala: el martillo

Detalle del nivel de acumulación de orbitolinas con laminación interna cruzada. Lamentablemente olvidé la escala, pero la siguiente imagen ayudará
Dos orbitolinas
Éste es el final de nuestro recorrido por el Cretácico inferior en esta zona. Como habéis podido ver hay suficientes motivos como para dedicar más de las pocas horas que pude destinar durante el fin de semana, pero tengo la impresión de que, en cualquier caso, el tiempo invertido en el disfrute de la geología de un lugar siempre me parecerá poco.

Antes de terminar os diré que también visitamos las minas abandonadas del paraje La Mina, situado entre Culla y Torre d'En Besora, ahora destinadas a usos recreativos y culturales bajo la denominación Parque Minero del Maestrat. Estas minas se explotaron durante un breve periodo de tiempo a mediados del siglo XX, de un modo bastante artesanal. Se extraía mineral de hierro en tres menas principales: goethita, hematites y limonita existentes en las calizas del Gargasiense. La visita es entretenida y puede hacerse con niños (yo lo hice), estando orientada principalmente a cuestiones etnológicas y culturales. Sin embargo, se echa de menos algo de contenido geológico: el contexto, la historia geológica de la región, la formación de los depósitos y otras muchas otras cuestiones que enriquecerían mucho la experiencia de los visitantes. Se trata, en cualquier caso, de un atractivo adicional para recorrer la comarca.

Ejemplar de limonita. Conocido como ocre se destinaba en un principio a la elaboración de tintes. Parece que este uso sirvió como indicio de la existencia de mineral de hierro en la zona
Si no lo has hecho antes, quizá te interese repasar ahora la primera y segunda parte de esta serie.


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lunes, 9 de julio de 2012

Vacaciones y geología en el Maestrat. Benassal y Culla. (II)

Continuemos con el relato de nuestras aventuras geológicas por la comarca del Alt Maestrat. Antes de continuar es recomendable repasar la primera entrega de esta serie aquí. 
Tras recorrer las calizas urgonianas nos encontramos ahora con un conjunto de depósitos detríticos de arenas y limos más o menos litificados y con colores que varían desde el blanco al amarillento o incluso a tonos rojizos más o menos profundos. En ellos es frecuente encontrar estratificaciones cruzadas y, en ocasiones, costras ferruginosas. En esta zona de transición recuerdan bastante a las arenas de Utrillas, aunque aquéllas son propias de ambientes plenamente continentales. Nos encontramos a caballo entre la formación Utrillas y las arenas del Maestrazgo y, como ya os adelanté, las rocas nos hablarán de un ambiente costero donde el mar actuaba de nuevo sobre los materiales eólicos depositados previamente en el desierto que avanzó siguiendo a la retirada del mar Aptiense. Repasemos de nuevo el mapa geológico de la zona. Los sedimentos en cuestión se han sombreado con color verde claro con puntos marrones y, para más claridad, los he señalado con el número 2 (recordad que yacen sobre las calizas y margas con rudistas señalados con en número 1).

Mapa geológico de los alrededores de Benassal. Fuente: IGME-MAGNA50
Como siempre, veamos qué nos cuentan las propias rocas. En primer lugar un ejemplo de arenisca con estratificación cruzada de surco compleja, quizá asociada a barras submareales:

Arenisca con estratificación cruzada compleja. El Bobalar

En otros puntos observamos bancos de arenisca que cortan de forma neta a capas de arenas limolíticas blanquecinas. Ambas capas muestran estratificaciones cruzadas. Además, el nivel superior muestra laminación de ripples.

Contacto neto entre arenas limolíticas micáceas y areniscas rojizas. El Bobalar
Detalle de laminación de ripples de corriente en la capa superior. El Bobalar
En otros lugares las arenas y areniscas muestran un carácter claramente continental, evidenciado por la aparición de costras ferruginosas.

Areniscas con laminación ondulada paralela con una costra ferruginosa (encima de mi pie). En este caso apoyé el pie contra la pared, los estratos son subhorizontales. Camino del Mas de Verola
En algún punto incluso encontramos un ejemplo de lo que parecen materiales eólicos que han sido erosionados depositándose a posteriori areniscas con estructuras muy diferentes, en este caso, estratificación paralela. Podemos ver, además, multitud de galerías horizontales en el nivel superior, que siguen los planos de laminación. La flecha señala el contacto entre ambas facies.

Contacto horizontal muy definido entre las areniscas con estratificación cruzada de surco (abajo) y las areniscas arcillosas suprayacentes con abundante bioturbación. Camino del Mas de Verola
Otro detalle que muestra la complejidad de la interacción entre materiales y procesos. Sets de estratificación cruzada truncados y recubiertos por areniscas con laminación subparalela y bioturbación
Muy cerca encontramos lo que parece una barra o quizá un relleno de canal con areniscas algo más gruesas, estratificación cruzada, base erosiva curva y techo plano. Fijaos también el las galerías de excavación paralelas a las láminas.

Posible canal que excava en areniscas limoarcillosas. Camino del Mas de Verola

En el paraje del Rivet, al pie de nuestro hotel, encontré lo que parecen troncos ferruginizados depositados horizontalmente por alguna corriente que erosionó las arenas blancas, a su vez retrabajadas y con una laminación paralela algo nodulosa en la base. Observas también la inclinación de la capa superior hacia la izquierda.

Paraje del Rivet. Moldes de troncos ferruginizados (parte superior)
Detalle de uno de los moldes. El Rivet
En el nivel superior encontramos multitud de galerías verticales, atribuibles a la icnoespecie skolitos sp. Estas galerías son propias de ambientes con mucha energía.

Muro del nivel ferruginizado anterior con multitud de galerías verticales
Estas galerías también las encontramos en el camino del Mas de Verola, en unas areniscas muy similares.

Galerías verticales que se evidencian por su relleno más resistente, de granulometría más fina y color  rojizo
Como veis hemos encontrado facies propias de un ambiente de transición entre la costa y el mar, con areniscas muy retrabajadas, superficies erosivas y costras ferruginosas. Hemos visto muchas estructuras deposicionales variadas y con frecuentes cambios laterales y verticales, lo que parece confirmar la interpretación que se hace de estos materiales. Conforme el tiempo avance, el carácter marino de los sedimentos se acentuará y, eventualmente, nos encontraremos con las calizas propias de plataforma interna de la formación Alpuente. Esta transición se puede ver en la subida hasta el Castillo de Culla. Allí vemos integrados en los muros de algunas construcciones afloramientos de areniscas marinas con estratificación cruzada planar y ripples.

Afloramiento de areniscas en una calle de Culla
Detalle de laminación de ripples
Detalle de estratificación cruzada planar
Tan sólo unos metros más arriba encontramos el primer nivel calcáreo de la formación Alpuente.

El Castillo de Culla se asienta sobre las calizas de Alpuente
Como vemos el mar regresa después de la breve pausa concedida durante el Albiense inferior. Hemos recorrido un largo camino pero aún nos queda un capítulo. En la próxima entrega analizaremos la formación Alpuente y sus afloramientos en torno a La Font d'En Segures.

Continúa ahora leyendo el tercer artículo de la serie sobre la geología del Maestrat.


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