lunes, 6 de abril de 2020

Consuelo en tiempos difíciles: geología en el hospital La Fe (Valencia)

Ahora veo que llevo diez meses sin publicar ningún artículo en el blog. Naturalmente hay una razón. Han sido tiempos difíciles en lo personal, que se han juntado con la fase final de un trabajo que ha absorbido todo mi tiempo en los últimos meses. 

A la hora de volver a publicar, lo primero es decidir sobre qué. Y aquí he tenido una pequeña lucha interna, ya que hay algo sobre lo que quería escribir hace tiempo y que llevo posponiendo desde hace dos años. Y que por una de esas casualidades de la vida, resulta tener cierta relación con la situación que estamos viviendo.

Hace dos años, desgraciadamente, tuve que pasar bastante tiempo en el hospital La Fe, en Valencia. Durante aquellos meses, y como ocurre a tanta gente que ha de pasar tiempo en un hospital, una de las pocas alternativas de distracción al alcance son los paseos por los pasillos y vestíbulos del edificio. En este caso, es un edificio de enormes dimensiones, de construcción relativamente reciente (se ocupó en 2011). La totalidad de las áreas de paso están revestidas de piedra ornamental, de un tipo fácilmente reconocible: las calizas bioclásticas eocenas explotadas principalmente en las canteras de Alicante, de donde proceden el famosísimo Crema Marfil, la piedra Bateig y sus diversas variedades. Incluso si no os resulta familiar, seguro que su aspecto sí, ya que se trata de unas de las rocas comerciales más explotadas (y exportadas) del país. Para muestra, un botón:  

Aspecto típico de los revestimientos de piedra ornamental del hospital La Fe de Valencia.
No es raro encontrar fósiles en los revestimientos de edificios (siempre que se trate de rocas sedimentarias, claro, aunque en algún caso he encontrado también fósiles en mármol). Y así es el caso en las rocas que nos ocupan. En el caso de la Fe, se trata del Crema Marfil procedente de las canteras de El Coto (Pinoso, Alicante). Petrológicamente se trata de calizas bioclásticas, con predominancia de foraminíferos y algas rojas, aunque también se hallan, con menos frecuencia, fragmentos de moluscos, equinodermos y briozoos. Pero una cosa es eso, y otra lo que pude ir descubriendo poco a poco a lo largo de aquellos paseos. Me cuesta recordar ejemplos comparables. Sin duda, la gran superficie de revestimiento permite disponer de una visión mucho más completa que los pocos metros cuadrados expuestos en una fachada o un patio de viviendas. En este caso, podemos asomarnos a los ambientes de plataforma somera carbonatada del Tethys durante el Paleógeno, en el margen este de Iberia. 

El Crema marfil presenta texturas muy diferentes, con un contenido en bioclastos muy variable. El aspecto más común (en mi experiencia) de estas calizas, cuando son especialmente fosilíferas, es este (disculpad los reflejos que se ven en algunas fotos, era difícil encontrar una buena iluminación):

Aspecto típico de una sección del Blanco Marfil con una textura grainstone-packstone, con fragmentos bioclásticos y escasa matriz.
En la imagen anterior hay una gran predominancia de foraminíferos (básicamente nummulites), fragmentos de bivalvos y algas rojas. Algún detalle:

Detalle de un alga roja, calcárea, muy abundante en este tipo de roca.

Detalle de una sección con gran abundancia de nummulites. En el centro hay uno de gran tamaño, en el que son fácilmente visible las cámaras del esqueleto o testa.
Lo que llama especialmente la atención en la sección típica que presenté anteriormente es la gran acumulación de restos esqueléticos o fragmentos de organismos de esqueleto calcáreo. Ello nos indica que nos encontramos ante un medio marino con un nivel de energía suficiente para movilizar y acumular bioclastos y, en primer lugar, para fragmentarlos. Una de las cosas que más me llamó la atención de los revestimientos de este edificio es la diversidad de subambientes sedimentarios que encontramos, desde acumulaciones de fragmentos de conchas hasta zonas tranquilas en las que los restos de organismos aparecen todavía sin sufrir grandes daños e, incluso, sin desarticular. El macizo rocoso explotado en las canteras de Pinoso es, como hemos indicado, una antigua plataforma carbonatada en el margen de un océano cálido, en el que proliferaban las formas de vida de forma similar a como ocurre en los arrecifes de coral actuales. En este tipo de yacimientos encontramos una distribución de facies sedimentarias que se corresponden con los subambientes existentes en aquellos arrecifes: zonas de rompientes en el margen del arrecife, una bioconstrucción formada por organismos capaces de resistir estas condiciones energéticas, al pie de las cuales se depositan los restos procedentes de la erosión de esta bioconstrucción en episodios de mayor energía como tormentas. Por otra parte, en dirección a tierra y a la sombra energética del arrecife, existe una zona resguardada (el lagoon o laguna) en la que otro tipo de organismos, como los equinodermos, pueden proliferar. El nivel de energía, típicamente disminuye hacia la costa, donde se depositan materiales de grano más fino. Así pues, hay una relación entre profundidad, nivel de energía, organismos y la textura y estructuras que encontramos en las rocas. Aquí tenéis un esquema según Pomar et al. 1996 [1].

Modelo biofacies en un medio arrecifal según [1]
A lo largo de los pasillos de La Fe podemos encontrar representaciones de algunos de estos ambientes, en algunos casos con un espectacular grado de preservación de los fósiles, lo que representa un testimonio del lugar en el que vivieron y murieron. En los pasillos de La Fe, lo que más me llamó la atención son ejemplos de asociaciones de corales y equínidos (erizos de mar), que corresponden con los subambientes de arrecife y lagoon externo. Vamos a verlo. Para comenzar, un plano general:

Ejemplo de revestimiento en un pasillo en el que se observa un aspecto moteado general con algunas manchas subcirculares de color más oscuro.
Si nos acercamos, veremos mejor que el moteado de fondo está causado por la abundancia de secciones de corales ramosos, en posición de vida (es decir, sin fragmentar y en la misma posición en que se encontraban en vida), mientras que las manchas de mayor tamaño son tecas de erizos.

El joven ayudante de campo Óscar nos señala dos tecas de erizos. En los márgenes de la imagen, a izquierda y derecha, son bien visibles las secciones de corales ramosos.
Si aumentamos el detalle, podremos ver la exquisita preservación de los erizos. Casi podemos reconstruir las tecas pieza a pieza, como si de un puzzle se tratase. Es evidente que el medio no poseía la suficiente energía como para desarticular las placas de la teca y dispersarlas, algo corroborado por la no fragmentación de las ramas de los corales.

Maravilloso ejemplar de erizo mostrando algunas de las placas todavía semi-ensambladas. Evidentemente, el grado de energía del medio en el que vivió era reducido, ya que la teca está poco fragmentada y sus componentes no han sido desarticulados tras la muerte.
Detalle de secciones de corales ramosos en posición de vida

En este punto surge una pregunta interesante: ¿nadie devoró los restos de este erizo? Parece evidente que de haber sufrido predación, sería casi imposible este grado de conservación. Una alternativa que se me ocurre es que este erizo pueda haber estado enterrado total o parcialmente en el momento de su muerte, lo que hubiese protegido el cuerpo. Pues bien, pude localizar un ejemplar que parece corroborar esta explicación. En la siguiente fotografía puede observarse una teca con un grado de preservación equivalente a la anterior, con la diferencia que desde la misma parten de forma radial una serie de galerías que bien hubieran podido ser excavadas por los organismos que se hubiesen alimentado de los restos del animal. Un ejemplo fantástico de depredación postmortem.

Restos de la teca de un erizo con una serie de galerías que parten radialmente del mismo. Estas galerías están rellenas de masilla, ya posiblemente se preservaron huecas hasta el momento de su extracción de la cantera. En el interior de la teca pueden observarse algunas placas aún articuladas.
Vamos a seguir revisando algunos ejemplos de este paraíso de equínidos fósiles: 

Otro maravilloso ejemplo de preservación de una teca.
Por último, un ejemplo de teca colapsada en cuyo interior se han conservado las radiolas en forma de mazas típicas del grupo (sin valor taxonómico) Cidaris:

Ejemplar de teca colapsada en el que se aprecian las secciones de las radiolas en forma de mazas.
Esta forma de preservación de las tecas me resultó muy interesante, ya que nunca la había visto. En otras secciones puede observarse la forma de conservación más típica, una sección completa de una teca que no colapsó completamente sobre sí misma. Observad la acumulación de óxidos de hierro en la región oral, donde estuvo el aparato masticador (la linterna de Aristóteles):

Típica sección de teca de erizo sin colapsar. Observad el color rojizo de los óxidos de hierro en la región oral, y el distinto color del material de relleno del interior de la teca.
Otro ejemplar, con la sección típica del género Clypeaster.

Pero no todo son equínidos. También hay multitud de gasterópodos, más o menos recristalizados, algunos de ellos de buen tamaño, como este ejemplar (¿un turritellido, quizá?:



Por último, no todo son fósiles corporales. En algunas secciones, también encontramos icnofósiles, principalmente galerías. Aquí podéis ver algunos ejemplos especialmente llamativos. Para empezar, una red de conductos con una sección importante (correspondiente con el tamaño del animal que las construyó). Estas galerías, además, parecen converger en algunos nodos centrales, quizá cámaras de habitación. Recuerdan a los clásicos Thalassinoides, pero de un tamaño considerable. En primer lugar, una vista general:

Pared con una bioturbación bien visible compuesta por grandes ejemplares de galerías subterráneas
Y un detalle donde es bien visible uno de estos nodos:

Detalle de la bioturbación descrita. En el margen inferior puede observarse uno de los grandes nodos en los que se encuentran varias ramas. Fijaos en el diferente color y textura del relleno respecto al sedimento original.
Otro ejemplo que corresponde, a su vez, con otras condiciones del sustrato y de energía del medio. Se trata de galerías, posiblemente de orientación subvertical, excavadas en un medio energético poco cohesivo, de tal forma que los animales que los excavaron tuvieron que seleccionar el sedimento en busca de bioclastos o incluso conchas de nummulites o discociclinas con los que reforzar las paredes de sus viviendas. Se corresponden bastante bien con la descripción del ichogenero Nummipera isp.

Ejemplo de galería reforzada por bioclastos seleccionados por el organismo productor. Observad que la textura es distinta a la de las imágenes anteriores, con grano más fino, mejor selección y mayor contenido de matriz (posiblemente de tipo wackstone)
Como veis, hay un verdadero espectáculo geológico que puede contribuir, en parte, a hacer más llevadero el tiempo que se tenga que pasar en este hospital, del mismo modo que estas escenas me acompañaron en los últimos paseos que pude dar con mi madre, con quién tuve la oportunidad de compartirlos (y cuyo recuerdo dedico este artículo).

Os dejo, finalmente, con un pequeño rompecabezas gráfico procedente de este mismo hospital. A algunos ya nos provocó un rato de intriga. Podéis dejar vuestras hipótesis en los comentarios...

Hola, ¿qué soy?


Referencias:

[1] Pomar, L., Ward, W. C., & Green, D. G. (1996). Upper Miocene reef complex of the Llucmajor area, Mallorca, Spain.

Esta entrada participa en el XIII Carnaval de geología, alojado en esta ocasión por Rubén Aguayo en su blog www.larocafilosofal.com

Imagen

(Si este artículo te ha resultado interesante, considera la posibilidad de compartirlo)
Leer más...

martes, 28 de mayo de 2019

Crónica del Geolodía 19 en Cortes de Pallás: un gran día de geología

Este año el Geolodía19 se ha celebrado, en su edición de Valencia, en Cortes de Pallás. El paisaje de Cortes es espectacular y siempre impresiona al visitante, incluso si ya ha visitado la localidad con anterioridad. Ese paisaje es el resultado de una serie de procesos que siguen en acción hoy en día, condicionando la ocupación humana del territorio en el pasado y en el presente. Esa historia, escrita en las rocas, es la que hemos querido contar a los aproximadamente 160 asistentes al Geolodía que nos acompañaron el pasado domingo 12 de mayo en la gran fiesta de la geología. Tanto si viniste como si no, este es un repaso a una gran jornada de geología.

El recorrido partió de la plaza de Cortes, donde ubicamos la recepción y control de asistentes. Allí tuvimos también un lugar para que los más pequeños pudiesen aprender algo de geología jugando: una pequeña colección de fósiles y minerales típicos de Cortes, algunos dibujos para colorear con motivos geológicos e incluso unas cajas de arena para reproducir procesos de formación de estructuras de compresión y de distensión.

De derecha a izquierda: nuestras compañeras Vicenta, Marián y Ana listas para recibir a los asistentes.


Mayte jugando con una de las cajas de arena, 
mostrando a los niños cómo construir 
montañas bajo la atenta mirada de Paco. 
Dani, de Documalia, toma imágenes 
para el vídeo promocional del Geolodía 20. 
Armand explica a los niños cómo distinguir una caliza de una dolomía.

La primera parada estaba ubicada junto al polideportivo, en un desmonte bastante vertical de la carretera que sube a la Muela. En estas calizas tableadas del Cretácico superior (pertenecientes a la formación Calizas de la sierra de Utiel) observamos algo interesante: presentan evidentes señales de deformación: diaclasas, fallas de pequeño salto y brechas de falla, una deformación tanto más intensa cuanto más cerca al arroyo de Cortes. ¿Qué ocurre aquí?

Eli y Josemi en acción en la parada 1, mostrando a un grupo las evidencias de deformación en las calizas del Cretácico superior.

Lo que tenemos delante son las evidencias en una mesoescala de un proceso a una escala mucho mayor, a una escala tan grande como el propio cañón del Júcar: en la parada 1 nos encontramos justo en el borde de uno de los bloques cuyo hundimiento preconfigura el cañón del Júcar. Se trata del bloque de Zarooza, sobre el que se asienta el pueblo. El desplazamiento de este bloque a favor de una falla ha hecho que estas calizas se encuentren 400 m por debajo de su posición original. La hemifosa generada por este desplazamiento fue posteriormente rellenada por materiales detríticos prácticamente desmantelados en su totalidad por el arroyo de Cortes. De hecho, para ver estos materiales del relleno Mioceno de la fosa hay que ascender hacia Ruhaya y la Cruz del Collado, donde las brechas y conglomerados en matriz arcillosa destacan por su color rojizo.

Esquema fotocomentado que muestra la relación entre el bloque levantado de la falla (La Muela) y el bloque hundido (Zarooza o Las Peñas, en su denominación local) así como el relleno de la hemifosa, que constituye los conglomerados de la Cruz del Collado (al fondo). En este tramo, el arroyo de Cortes aprovecha la traza de la falla, aunque un poco más arriba se aparta de ella.

Josemi y Eli enseñaron a los asistentes unos curiosos microfósiles contenidos en estas calizas: se trata de lacazinas, unos foraminíferos que nos servirán para correlacionar estas rocas con las que encontramos en la parada 5, en lo alto de la Muela: una evidencia de que este increíble proceso de deformación de las rocas ha tenido lugar. Por cierto, esta técnica de correlacionar rocas en función de su contenido fósil es uno de los principios básicos de la estratigrafía. Como un comentario interesante, cabe señalar que estas rocas son las que se emplearon para esculpir la pila bautismal de la iglesia de Cortes.
Un asistente aprende a usar la lupa para identificar
las lacazinas.
Fotografía cortesía de Borrás, un asistente.


Pila bautismal de la Iglesia parroquial de Cortes, cuajada de lacazinas
Desde la parada 1 los asistentes continuaron su camino a lo largo del arroyo de Cortes para llegar, por el sendero de “las escalericas” hasta el icónico Corbinet. Gracias a las últimas lluvias pudimos disfrutar de un arroyo en plenitud, del estrépito del agua en las cascadas que puntean el cauce y del frescor de la vegetación. Y eso nos deparó, además, un punto de aventura adicional.

Camino del Corbinet toca vadear el arroyo. La aventura es la aventura.


Ya en el Corbinet Carlos y Tino explicaron cual es el origen del Corbinet y del resto de cascadas del arroyo de Cortes. Se trata de edificios travertínicos formados por la precipitación del carbonato cálcico disuelto en el agua. El carbonato se mantiene en equilibrio químico con el dióxido de carbono junto con el que está disuelto en el agua, de forma que la pérdida de dióxido de carbono produce a su vez la precipitación del carbonato. De esta forma la temperatura, la agitación y la acción de los seres vivos, principalmente cianobacterias, inducen la formación de travertinos y el desarrollo de estos espectaculares paisajes. Frecuentemente el carbonato recubre tallos de plantas, hojas, troncos y musgos, creando delicadísimas reproducciones minerales que nos permiten visualizar todo este proceso.
Estado inicial (a la izquierda) y final (a la derecha) de la calcificación de briofitas (musgo).


El siempre espectacular Corbinet.

Tino y Carlos mostrando las distintas subfacies de los medios fluviolacustres en la pared del edificio inactivo del Corbinet. Foto de Paco González.
Ver es creer. Carlos muestra tallos calcificados con el tallo original todavía en el interior del manguito de carbonato. Foto de Paco González.

En el Corbinet aprendimos que el clima ha controlado y sigue controlando la formación y destrucción de los travertinos del arroyo, de forma que en los materiales que forman el Corbinet podemos descubrir las múltiples vidas del arroyo de Cortes, que aquí ha creado toda una serie de edificios sucesivos separados por periodos de erosión en los cuales el arroyo se encajó en sus propios materiales: si prestamos atención podemos observar los restos de los 2 Corbinets que precedieron al actual durante el Holoceno, y algunos de los elementos geomorfológicos que nos recuerdan que en otro tiempo el agua fluía por otro cauce formando pozas que ahora forman parte del edificio inactivo.


Esquema fotocomentado que muestra las
 tres fases de desarrollo travertínico
 visibles en el Corbinet. El edificio activo (3)
 es donde se cae la cascada en la actualidad.
Antigua poza visible en sección.

Dejamos atrás el Corbinet atravesando un pasaje excavado en el propio edificio travertínico. Una vez en lo alto vemos que, tras el Corbinet, se extiende una zona plana por la que el arroyo fluye veloz hacia el punto en el que se precipita desde las alturas. Este patrón, cascadas que dividen el trazado del arroyo en una serie de llanuras dispuestas en escalones sucesivos, se debe al propio proceso de desarrollo de los edificios de barrera. Estas barreras represan el arroyo generando zonas en la que los materiales transportados por el agua se depositan, rellenando el espacio creado aguas arriba de la barrera al mismo ritmo que esta crece. Este es el mecanismo que ha permitido el aprovechamiento de las márgenes del arroyo para cultivos de regadío: por un lado proporciona terrazas llanas, por otro, la pendiente de estas terrazas permite distribuir el agua captada del arroyo para el regadío. De esta forma, la geología ha preconfigurado el terreno con las condiciones necesarias para el establecimiento de una población permanente: agua y terrenos de cultivo. José María y Bruno explicaron esto a los asistentes junto a la balsa de Chano, una infraestructura de regadío que recoge el agua de la fuente homónima y permite su uso para el riego. Este rincón es un lugar extraordinario para hablar de hidrología y responder a la primera de las preguntas: ¿de dónde sale el agua del arroyo de Cortes? Porque sin manantiales, no hubiera podido haber regadío…

José María y Bruno hablando de hidrogeología en la parada 3.

Qué mejor lugar para hablar de hidrogeología que al lado de una de las balsas del regadío tradicional de Cortes. Foto de José Miguel Fernández Portal.

La Muela de Cortes es como una tarta formada por una sucesión de capas de roca con distintas propiedades. Estas rocas se formaron a partir de los sedimentos depositados durante el Cretácico, cuando Iberia era un isla en el océano de Tethys. La mayor parte de esta sucesión está formada por rocas carbonatadas: calizas, dolomías y margas. Las primeras de ellas poseen cierto grado de porosidad, a causa de distintas razones, y por tanto son susceptibles de constituir acuíferos (capas de rocas capaces de almacenar agua). Por el contrario, las segundas, por su contenido en arcillas, forman niveles impermeables que dificultan o impiden la circulación del agua a su través. El agua de la lluvia cae sobre la muela y se infiltra a través de la roca hasta que alcanza un nivel impermeable. Y aquí es donde interviene un segundo factor: las fallas que forman el límite de la Muela por el norte, unido a la profunda incisión de la red fluvial (como la que vemos en el Júcar y en el propio arroyo), favorece que el contacto entre los niveles permeables y los niveles impermeables quede expuesto en las laderas, formándose de esta forma los manantiales que aparecen a lo largo del arroyo de Cortes y que permiten la existencia de su sistema de acequias, balsas y huertas.

Esquema básico del arroyo de Cortes mostrando la alternancia
de litologías y las ubicaciones de varios de los manantiales.
Esquema elaborado por Bruno Ballesteros.
Es hora de continuar hacia la siguiente parada. Para ello cruzamos el arroyo para ascender por la vertiente norte del mismo, hacia los restos del castillo de Ruhaya. Ello nos permite ganar perspectiva para ver el valle desde arriba a la vista de nuestros nuevos conocimientos: un valle sorprendente ya que, a pesar de la profunda incisión, no muestra la típica sección en V que nos enseñan los libros. El valle tiene un fondo plano a causa de la sucesión de terrazas formadas a favor de los edificios travertínicos de barrera.


Estructura del valle del arroyo de Cortes. Se aprecia la sucesión de terrazas colgadas a distintos niveles resultado de su historia geológica

En la parada 4 Mario y Abrahán nos mostraron los diversos procesos por los cuales la erosión consigue que el arroyo de Cortes y, por extensión, el propio Júcar, se encajen en su valle a la vez que lo van ensanchando. Se trata de un proceso controlado por las propiedades de las propias rocas, su diferente resistencia a la erosión y a la disolución, su mayor o menor resistencia mecánica y, como no, su propia historia previa, ya que la existencia de fracturas favorece el proceso de desmantelamiento. Los procesos de gravedad constituyen uno de los principales agentes en acción. Así, en las laderas del barranco vemos bloques caídos desde su posición original, viseras formadas por la erosión o disolución diferencial entre distintas capas de roca y ventanas formadas por la ampliación por disolución de fracturas preexistentes en los cuerpos rocosos. Tal es el caso de la espectacular Ventana del Águila, un rasgo del paisaje destacadísimo del paisaje de Cortes.

La ventana del águila es el resultado de la ampliación por disolución de la última de una serie de diaclasas que afectan a las Dolomías de la Ciudad Encantada, de edad Cretácico superior.

Mario y Abrahán en acción en la parada 4. Al fondo el cañón del Júcar. Desde este punto es evidente el buzamiento hacia el sur de las calizas del bloque de Zarooza, sobre las que se asienta el pueblo. Foto de Paco González.

En esta parada los asistentes también aprendieron acerca de riesgos geológicos y los factores que lo caracterizan: probabilidad, impacto y vulnerabilidad. Los riesgos geológicos se presentan en la intersección entre las actividades humanas y la geología, y en el cañón del Júcar se presentan de forma muy notoria en la forma de movimientos de ladera. En el entorno del cañón tenemos multitud de ejemplos, casi parece un catálogo, ya que se trata de un medio geológico muy dinámico. En este blog ya hemos hablado del suceso de 2015, que tuvo a Cortes aislado durante meses, y de otro ejemplo muy notable de deslizamiento rotacional, el que afecta al vial del PENVA de Chirel.


Estado de la ladera afectada por la caída de rocas de 2015.
Estado actual de la misma ladera tras la intervención realizada.


Desde esta altura sobre el barranco y con la perspectiva que aporta la distancia, los asistentes pudieron tener por primera vez una visión directa de la estructura del cañón del Júcar, flanqueado por bloques tectónicos hundidos a favor del sistema de fallas directas generados por la distensión de la corteza. En un proceso de zoom ‘hacia afuera’ desde lo más próximo (la deformación en la mesoscala vista en la parada 1) hasta la visión clara del bloque de Zarooza sobre el que se asienta el pueblo.


Izquierda: Abrahán explicando el proceso de
formación de un graben. Derecha, castillo de Ruhaya

Desde aquí el autobús que puso el ayuntamiento de Cortes a disposición de la organización trasladó a los grupos hasta la parada 5, la última, ubicada en la un mirador de fauna de la Muela de Cortes. Aquí mi compañera Mayte y yo mismo hicimos el cierre de la Geolodía, viendo dos ejemplos más de como la geología ha condicionado la vida de los seres humanos en este entorno tan dinámico. Nada más llegar a la parada era inevitable mostrar la gran vista del cañón del Júcar a nuestros pies: el último paso en nuestro zoom ‘hacia afuera’.

A nuestros pies tenemos una panorámica espectacular del valle y podemos apreciar el contraste entre la plataforma de la Muela y su relieve tabular y el cañón del Júcar. Señalamos a los asistentes varios de los bloques hundidos que tenemos ante nosotros: el de Zarooza, ya analizado en la parada 1 y ahora bien visible, y el de Chirel, con el castillo espectacularmente asentado sobre las calizas del Cretácico superior. También vemos la muela de Albéitar y tras ella la sierra de Martés, indicando cómo este relieve es producto de la colisión Iberia-Eurasia. También hicimos hincapié en la profunda incisión del Júcar, enmascarada en parte por el embalse, y cómo esta ha progresado hacia el interior.


El autobús saliendo de vuelta hacia Cortes desde la parada 5 con un grupo de participantes
Mayte y yo mismo en acción en la parada 5, con el espectacular paisaje del cañón del Júcar de fondo

Hacia el otro lado tenemos la visión de la llanura de la Muela, con la plataforma de La Mancha al fondo. Aprovechamos para introducir cómo condiciona la geología la distribución de la población: señalamos el gran desierto demográfico existente desde Cortes, al norte, hasta Navalón, al sur. En esta gran área de la provincia de Valencia no hay poblaciones permanentes ni carreteras. La razón probable está en la ausencia de fuentes de agua significativas. Todo el macizo de la Muela (y el Caroig) está karstificado, lo que junto con la gran incisión del Júcar hace que el agua se encuentre a grandes profundidades y no haya surgencias de consideración en superficie (los manantiales que hemos comentado en el recorrido existen porque la incisión fluvial o las fallas existentes han permitido la surgencia del agua en las laderas, se trata del concepto de río ganador que nuestros compañeros ya explicaron en la parada 3).

A la izquierda: yo mismo enseñando
 a los asistentes una muestra de calizas
 karstificadas, ante la atenta mirada de Geno.
Foto de Paco González.
A la derecha, Mayte busca en el horizonte el
 autobús que traerá al primer grupo la parada.
Del mismo modo que el modo de vida tradicional en estas tierras ha estado condicionado por la geología, la geología permite el aprovechamiento hidráulico del río Júcar. En particular, las pendientes vertiginosas del cañón del Júcar han permitido la construcción de la mayor central reversible de Europa, el complejo Cortes-La Muela, con casi 1.700 mW de generación hidráulica. Se trata de un elemento esencial del sistema eléctrico nacional gracias a la capacidad de almacenamiento del conjunto embalse de Cortes-depósito de la Muela, lo que aporta una gran capacidad de regulación de la demanda al sistema eléctrico nacional.

Al final acumulamos casi una hora de retraso y terminamos más tarde de lo previsto, lo que no impidió que celebrásemos una gran jornada de geología con la tradicional sidra que Mayte y Paco tienen el detalle de compartir con nosotros.


Fotografía final del día con los voluntarios del Geolodía 19.
Foto de José Miguel Fernández Portal
A la derecha, Paco en acción.

Por nuestra parte tan solo queda esperar que todos los que vinisteis pasaseis una gran día de geolodía en el campo, y que los que no pudisteis estar os animéis para venir con nosotros el año que viene, en un lugar aún por determinar. El equipo de organizadores y voluntarios del Geolodía 19 agradecemos a los compañeros de la Sociedad Geológica de España y la FECYT, a los patrocinadores, y especialmente al Ayuntamiento de Cortes, su colaboración para hacer este día posible. Por mi parte también quiero manifestar la alegría de tener la oportunidad de conocer personalmente a los aventureros geológicos habituales de este blog que os acercasteis a saludarme.

Por cierto, podéis ver un vídeo editado por la Sociedad Geológica de España con un resumen del Geolodía 19 en Cortes aquí:



EQUIPO ORGANIZADOR Y VOLUNTARIOS DEL GEOLODÍA 19 DE VALENCIA:

Bruno Ballesteros, Constantino Benedicto, Marian Cabo, Mario Cañabate, Ana Córdoba, Elisabeth Díaz, José Miguel Fernández, Abrahán González, Paco González, Mayte Martínez, Mayte Novillo, José María Montes, Óscar Navarro, Armand Paz, Genoveva Pozuelo, Carlos Santisteban, Vicenta Vidal, Elena Zalbe.
Leer más...