martes, 15 de enero de 2019

Las lagunas de La Mata y Torrevieja: un paraíso sedimentológico

Las lagunas de La Mata y Torrevieja constituyen un lugar de indudable interés. No en vano, ambas constituyen un parque natural de gran valor ecológico, especialmente para las aves que habitan en ellas o las tienen como refugio temporal durante sus viajes migratorios o periodos de cría. Un factor diferencial respecto a otros humedales es la naturaleza de sus aguas, salobres (o mejor dicho, hipersalinas dada su utilización para la producción de sal). De hecho, se tiene constancia de la explotación de la sal obtenida de las mismas desde al menos el siglo XIII.

Torrevieja
Laguna de Torrevieja
El paisaje que observamos está completamente antropizado: ambas están interconectadas entre sí y con el mar de forma artificial, a través de un canal conocido como ‘el acequión’ y por medio de un sistema de bombeo que permite controlar el nivel de la lámina de agua. Por otra parte, la sal que se extrae actualmente no procede del mar, sino que se trae desde el diapiro de Pinoso (el Cabezo de la Sal) por medio de un salmueroducto de más de 50 km de longitud. No debe resultar fácil la gestión de un parque natural en un entorno fuertemente urbanizado y, podría decirse, degradado, teniendo además que compatibilizarlo con la actividad salinera a escala industrial. Hay que decir que, para el observador atento, ello no le resta en absoluto interés, como veremos a continuación. En cualquier caso, existen múltiples fuentes para conocer la historia y evolución de los usos de las lagunas, sin ir más lejos la página oficial del parque natural.

Lagunas aérea
Lagunas de la Mata (en primer término) y Torrevieja (en segundo término) desde el aire. Entre ambas el anticinal del Chaparral. Al fondo el Mar Menor y La Manga (la restinga que lo separa del Mediterráneo)

Como suele ocurrir en muchas ocasiones, tras un paisaje de gran belleza y atractivo natural está la geología. Y es también en el caso de estas lagunas, si bien la geología no resulta evidente a causa del escaso relieve de la zona. El caso es que ambas lagunas son el resultado de la dinámica distensiva registrada desde el Tortoniense hasta el Plioceno. Esta distensión generó una cuenca o sistema de cuencas litorales que incluye también el Mar Menor. En el caso de la laguna de Torrevieja la conexión natural con el mar en el pasado ha podido establecerse mediante el estudio de los materiales que forman el sustrato, pero no así en el caso de la laguna de la Mata (lo cual no quiere decir que no sea probable que haya existido). Posteriormente esta distensión fue seguida por una fase compresiva cuaternaria que dio lugar al sutil relieve actual: una estructura formada por dos sinclinales (zonas deprimidas ocupadas cada una de ellas por una de las lagunas) separados por un anticlinal (el paraje conocido como el Chaparral). Actualmente las lagunas son el campo de batalla entre dos agentes: por un lado, la subsidiencia del terreno, que genera espacio (acomodación) para la acumulación de sedimentos y, por otro, la colmatación a causa de los mismos.

Geológico
Mapa geológico del área de las lagunas. Fuente: Visor cartográfico del IGME.

Corte
Corte geológico siguiendo el eje indicado en el mapa anterior. Modificado del mapa geológico de España 1:50.000 (MAGNA) hoja 914 Guardamar del Segura.
He de reconocer que soy muy torpe identificando aves y sólo algo mejor en lo que se refiere a la vegetación. Por esta razón, mi percepción de este paisaje sea, probablemente, bastante distinta a la de otros visitantes. A mí lo que me fascina de estas lagunas es el extraordinario desarrollo de tapices bacterianos, favorecidos sin duda por la escasez de organismos que se  alimenten de ellos. Estos entornos evaporíticos, con alta concentración de sales, son bastante difíciles para la vida acuática, especialmente si la salinidad es variable, como parece ser el caso (aportes de agua dulce en periodos de fuertes lluvias y aportes de agua marina a través del acequión o de salmuera procedente del Cabezo de la Sal). Eso hace que estas lagunas nos muestren, en ocasiones, un paisaje propio de un mundo desaparecido, la Tierra del Precámbrico, cuando aún no habían aparecido las formas de vida macroscopica y este planeta era propiedad casi exclusiva de las bacterias. Esto se muestra de forma muy evidente en la laguna de Torrevieja, quizá por tener una concentración superior de sal.

Tapices bacterianos
Tapiz bacteriano en la orilla de la laguna de Torrevieja. En la esquina inferior izquierda se aprecian varias burbujas formadas por la acumulación de gases producto de la descomposición de materia orgánica bajo el tapiz.
La alta concentración de sal en la laguna de Torrevieja hace posible cosas tan curiosas como que los cristales de halita se comporten como un material detrítico en lugar de disolverse inmediatamente, como ocurriría en condiciones más alejadas de la saturación.

Sal
Acumulación de halita con huellas de pájaros. La conservación de este depósito es posible por la elevada concentración de sal en la laguna, en condiciones de saturación o próximas a ella.
Pero también hay rocas, naturalmente. En la zona que yo recorrí, entre la urbanización la Siesta y Los Montesinos, encontré unas calizas bioclásticas con multitud de fósiles de gasterópodos. Algunas de ellas son muy fotogénicas, como esta muestra de mano que muestra varios ejemplares muy bien conservados en sección.

Gasterópodos Torrevieja
Caliza bioclástica con restos de gasterópodos
Estas calizas bioclásticas alternan con otras, blancas y pulverulentas, que constituyen un caliche.

Caliche Torrevieja
Bloque de caliche con el típico aspecto pulverulento.
Estos materiales tienen una edad pliocuaternaria y subyacen a los materiales holocenos que constituyen el relleno reciente de las lagunas. Los gasterópodos molan, y el caliche tiene sus admiradores, lo reconozco, pero aparte de la observación de los fenómenos geológicos en curso en la actualidad podríamos pensar que no es el mejor lugar lugar para hacer geología… y nos equivocaríamos. Eso descubrí cuando pasé de la laguna de Torrevieja a la de la Mata y empecé a recorrer su orilla meridional, justo al norte del Chaparral.

La Mata desde Chaparral
Vista de la laguna de la Mata desde El Chaparral.
En un principio quizá os ocurra como a mí, y centréis vuestra atención en las vistas de la lámina de agua y las orillas, es lo natural. Pero quizá poco a poco comencéis a a prestar atención a las rocas del Chaparral, a pesar de que puedan parecer un poco anodinas. Allí están nuevamente los caliches, pero un análisis más detallado nos permite detectar algunas características bien curiosas en estas calizas. Lo más llamativo es la textura que presentan algunos bloques en su cara superior: una especie de rugosidad poco común (al menos en mi experiencia). Además, esta superficie está surcada por una serie de canales vermiformes. En ocasiones las zonas rugosas limitan con otras completamente lisas, y en otras ocasiones en esas superficies rugosas hay englobados, como si se tratase de un puding, cantos más o menos redondeados. También es frecuente que presenten un aspecto rubefactado a causa de una pátina de óxidos de hierro. En ocasiones esta superficie parece tener entidad propia, como si se tratase de un recubrimiento que tapizase la roca. Desde luego, es inevitable comenzar a examinar sistemáticamente estas rocas, lo que nos permite constatar que estas características son generalizadas. Y eso no hace sino aumentar nuestro interés…

Superficie caliza
Enigmática cara superior de un bloque de caliche. Llama la atención por esa red dendrítica de acanaladuras y su apariencia casi... orgánica.
Junto con estos enigmáticos materiales encontramos otras calizas con otras estructuras sedimentarias y fósiles. Aunque a causa de las disposición de las capas y el escaso relieve no es posible encontrar una sección que muestre la sucesión de capas, es evidente que unos materiales y otros se encuentran en una relación muy estrecha, quizá incluso de continuidad lateral. De hecho, la mayor parte de las estructuras que os voy a mostrar se encuentran en bloques procedentes del roturado de campos de cultivo ahora abandonados en el perímetro de la laguna. Estos bloques se encuentran, por lo general verticalizados, mostrando tanto su cara superior (que contiene las estructuras) como la inferior (que presenta los rasgos típicos del caliche). Veamos algunos de ellos antes de volver a las calizas misteriosas.

En primer lugar, tenemos estructuras de tipo tepee. Las estructuras tipo tepee se atribuyen al siguiente proceso: cuando el sedimento carbonatado queda expuesto a la atmósfera y el sol lo reseca, precipitan cementos que, a fuerza de repetirse en ciclos diarios, hacen que se cree una corteza sobre el terreno que se expande y agrieta. Puesto que la corteza trata de extenderse sobre una superficie mayor de la disponible se levanta, formando unos picos como de tiendas de campaña, de donde procede su nombre. Son propios de ambientes litorales poco energéticos, llanuras de marea, etc. En este caso, como veréis, aparecen acompañados de fósiles de bivalvos en posición de vida, con ambas valvas todavía articuladas, que aparentemente has excavado su vivienda en estos depósitos carbonatados cementados de forma temprana (más adelante profundizaremos en esto).

Tepee
Superficie carbonatada que muestra las clásicas crestas de tepees y, además, varias secciones de moluscos bivalvos incluidos en la misma (ver ampliación en recuadro)
Aquí tenéis otro ejemplo de espectacular preservación de tepees con estructuras poligonales. Fijaos como embebidos en el hardground hay fósiles de gasterópodos y fragmentos de corales. Los primeros podrían ser autóctonos, pero los segundos han debido ser traídos durante episodios energéticos tales como tormentas.

Tepees 2
Tepees poligonales con crestas estrechas y secciones de gasterópodos y fragmentos de corales ramosos
También encontramos grietas de desecación, como estas:

Grietas retracción 2
Red poligonal de grietas de desecación.
Pero no todo son aguas tranquilas. También encontramos depósitos de episodios más energéticos, como estas calizas bioclásticas con fragmentos de bivalvos y gasterópodos. Fijaos en como los fósiles se distribuyen sobre una capa única de aspecto caótico sobre el bloque de caliche, casi como si acabasen de ser depositados allí mismo.

Bioclástica 2
Capa que contiene multitud de fragmentos esqueletales de gasterópodos, moluscos lamelibranquios y clastos calcáreos en disposición caótica, posiblemente depositados durante un episodio de alta energía como una tormenta sobre una superficie costera en la que ya se había desarrollado un caliche

Y, además, también encontré algunas calcarenitas con estratificación cruzada de surco y planares que me sugirieron la posibilidad de que se tratase de dunas eólicas. El mejor ejemplo está justamente en el paso inferior de la carretera nacional N-332:

Dunas eólicas
Sección de un desmonte en un paso inferior de la N-332 en la que se observan estratificaciones cruzadas de posible origen eólico

Sin embargo, una de las estructuras más interesantes, y que están en relación con los materiales misteriosos que presenté al principio, consisten en retículas poligonales que podrían parecer en principio grietas de desecación pero que no me lo parecen. Al observarlas en detenimiento se aprecian una serie de elementos característicos que las diferencian de este tipo de grietas:
1. Las crestas poligonales son redondeadas.
2. Estas crestas poseen, a menudo, un surco en su parte superior.
3. Algunos polígonos parecen haber cabalgado en alguno de sus bordes sobre los polígonos adyacentes.
Aquí tenéis uno de los ejemplos más vistosos:

Petees 1
Red poligonal de crestas redondeadas. A diferencia de los tepees o grietas de desecación, las crestas son curvas y suaves y presentan en ocasiones grietas longitudinales, a la que vez que, en algunos casos, cabalgan sobre los polígonos adyacentes.
Y aquí otro ejemplo:

petees 2
Otro ejemplo 
Os diré cual es mi interpretación. Creo probable que se trate de un tipo de estructura conocido como “petee”. Tal y como parece, ese nombre es una evolución de la denominación “tepee” que refleja bien tanto las similitudes superficiales entre ellas como sus diferencias. Un petee es una estructura de crestas asociadas al crecimiento de microorganismos, básicamente tapices bacterianos. Por tanto, la diferencia principal con un tepee es su origen biogénico. Hemos de imaginar un petee como el resultado de parches bacterianos que crecen ocupando una superficie cada vez mayor hasta que acaban solapándose con los parches adyacentes. Algo curioso es que estos márgenes de crecimiento suelen alinearse con grietas de desecación, lo que explica su similitud inicial. Esto es así ya que el espacio entre las grietas suele retener mejor la humedad, haciendo posible el crecimiento de estos microorganismos a lo largo de las mismas. Lamentablemente, no encontré ejemplos de este tipo de estructuras en desarrollo en la laguna de La Mata, pero gracias a Stephen Lokier y su trabajo de divulgación en Twitter puedo mostraros ejemplos actuales de las sabkhas costeras del golfo pérsico (podéis encontrar grandes imágenes de este tipo de ambiente sedimentario siguiendo la etiqueta #SabkhaImageOfTheDay).

Polígonos

La identificación de estructuras de origen bacteriano o, más generalmente, microbiano, siempre es difícil sin recurrir a una combinación de métodos que incluyen análisis de la microestructura de las rocas. Sin embargo, creo que es una hipótesis de trabajo razonable en este caso teniendo en cuenta las evidencias existentes. Otras estructuras curiosas refuerzan esta interpretación. Por ejemplo, lo que en mi opinión es, probablemente, el colapso de una bolsa de gas: el gas procedente de la descomposición de la materia orgánica atrapada bajo la lámina del tapiz genera una bolsa que se proyecta hacia el exterior. Esta bolsa puede, eventualmente, colapsar, generando una lámina que cae sobre el hueco infrayacente. Aquí os pongo un ejemplo que encontré y que interpreto de esta manera.

Gas dome 2
Superficie con cavidades que, especialmente en el caso de mayor tamaño, están parcialmente recubiertas por lo que parece una lámina que en su momento debía ser lo suficientemente flexible y cohesiva como para deformarse y mantener su entidad. El origen probable de las cavidades puede estar en bolsas de gas generado durante la descomposición de la materia orgánica bajo un tapiz bacteriano. Este tipo de preservación requiere de una cementación muy temprana y condiciones de baja energía (y reducida bioturbación)
Otro detalle que casi hace que me explote la cabeza son estas marcas en forma de surco con un patrón dendrítico en algunas superficies. El parecido es tan evidente que tuve que rascar con el dedo para asegurarme de que nos eran estructuras recientes. La similitud con las marcas dejadas por los gasterópodos que se alimentan de los líquenes que tapizan en la actualidad estas rocas es inevitable. En mi opinión se trata de un buen ejemplar de Radulichnus isp., un icnofósil atribuido a marcas de alimentación dejadas por moluscos al ‘roer’ los tapices basterianos, lo que refuerza mi interpretación acerca del origen biogénico de estas estructuras (la raíz de Radulichnus es rádula, el nombre del aparato masticador de los gasterópodos). Fijaos, además, en las crestas de tipo petee, especialmente en la de la derecha, que posee un surco longitudinal a lo largo de su cresta superior.

Grazing 2
Superficie rubefactada en la que se aprecian trazas de Radulichnus isp., pistas de alimentación de moluscos que se alimentaban del tapiz bacteriano (en mi interpretación). El recuadro muestra una área ampliada para mostrar la textura que posee toda la roca. 
También es perceptible la textura superficial ‘en piel de elefante’, característica de este tipo de microbialitas:

Piel de elefante
Textura rugosa de tipo 'piel de elefante' junto con crestas de tipo petee

En otras ocasiones encontramos interesantes ejemplos de icnofósiles como trypanites: son perforaciones en un sustrato duro (en este caso un hardground carbonatado) por moluscos bivalvos. Os pongo un ejemplo espectacular en el que vemos dos niveles atravesados por los organismos perforadores: uno superior, rubefactado, con una textura formada por abundantes crestas y un nivel inferior, aparentemente el preferido por los bivalvos para fijar su residencia. Es interesante ver como se encuentran bivalvos anidados, unos dentro de otros como muñecas rusas, en lo que parece un ejemplo de sucesivas generaciones aprovechando el trabajo de las anteriores.

Trypanites 1
Superficie cubierta de perforaciones (área superior) realizadas por moluscos bivalvos en un sustrato ya endurecido (hardground). En la parte inferior de la fotografía la superficie original se ha perdido, mostrando la sección inferior con los bivalvos en posición de vida al final de sus pozos verticales. En la siguiente imagen se ofrece un detalle ampliado

Trypanites 2
Bivalvos en posición de vida, todavía articulados, al fondo de sus galerías. La superficie superior, atravesada por los organismos, ha desaparecido por la erosión (ver fotografía anterior). Fijaos en cómo varias generaciones de organismos han ocupado los huecos excavados por la generación anterior, algo parecido a una crisis de la vivienda pleistocena
La superficie superior recuerda a una textura de tapices bacterianos conocida como ‘pustular’, por razones obvias. Más material de Stephen:

Pustular
El sustrato de todas estas estructuras superficiales es, como ya hemos dicho, un caliche: un suelo formado por la precipitación de carbonato cálcico transportado por aguas meteóricas que se infiltran en el terreno (lo que se conoce como circulación vadosa). En sección es fácil distinguir la apariencia típica de estas rocas, especialmente las laminaciones y los pisolitos (cuerpos subesféricos formados por la precipitación de sucesivas envueltas de carbonato). Este proceso de calcretización a afectado a los materiales preexistentes, por lo que contienen en su interior abundantes fósiles como fragmentos de corales, gasterópodos y moluscos bivalvos. Fijaos en cómo los nódulos de carbonato se nuclean en torno a restos fósiles.

Pisolitos 2
Típica sección de un caliche en la que se aprecian varios nódulos con superficies ferruginosas. En la zona central, sobre la zona laminada, hay varios fósiles de gasterópodos y bivalvos en la matriz. Estos gasterópodos formaban parte del sustrato antes de la formación del caliche

Pisolitos 1
Varios ejemplares de pisolitos, algunos liberándose de la roca y otros visibles en sección en la zona derecha como envueltas concéntricas
A la vista de estos materiales y estructuras, es inevitable pensar en qué podemos deducir de ellas para interpretar cómo fue en un pasado verdaderamente reciente (en términos geológicos) esta zona. Y la respuesta es que las condiciones actuales parecen haber estado vigentes durante esta parte del Pleistoceno: los materiales que encontramos nos hablan de medios costeros someros con influencia marina restringida, en la que alternan periodos de calma con episodios de mayor energía, como tormentas en un contexto climático árido que ha permitido la formación de los caliches. Aparentemente el nivel del mar ha variado invadiendo la costa, cubriendo los suelos carbonatados desarrollados previamente, permitiendo la acción bioturbadora de los organismos que han perforado estos últimos y siendo cubiertos finalmente por depósitos detríticos. La retirada del mar posterior en durante un ciclo regresivo da lugar a un nuevo desarrollo de caliches que quedan cubiertos por depósitos eólicos. Esta visión es altamente especulativa (ya que es difícil ver cortes que permitan observar directamente la sucesión de materiales) pero razonables, especialmente cuando en la actualidad podemos observar en acción procesos como los descritos. Por ejemplo, sistemas de dunas eólicas costeras, barras de gravas representativas de condiciones energéticas sobre los limos y arcillas de las orillas de la laguna, y tapices bacterianos en desarrollo. Algunos ejemplos del entorno de la laguna de la Mata:

Barra de gravas
Barra de gravas actual avanzando sobre una zona deprimida rellena de material fino en la que se ha desarrollado una generación de grietas de desecación al evaporarse el agua retenida tras un episodio de subida del nivel de la laguna

Tapices actuales
Tapices bacterianos en expansión en la orilla de la laguna. Estos tapices recubren las calizas pleistocenas que forman la orla de la laguna, en un análogo de los tapices fosilizados como capas sobre el caliche que hemos descrito anteriormente

Dunas
Sistema de dunas costeras de Guardamar
A modo de resumen final: el en torno de la laguna de la Mata y el Chaparral he encontrado estructuras fósiles bastante poco comunes con un grado de preservación muy notable, especialmente lo que he interpretado como tapices bacterianos. De hecho, uno puede pasarse horas vagando de bloque en bloque, a la caza de nuevos detalles en la capa superior de los caliches. No he encontrado referencias en la literatura existente en esta línea, por lo que quizá sea la primera vez que se proponga y creo que es un tema digno de un estudio detallado).  

A pesar de que, como suele ocurrir con los parques naturales, el foco se pone en la biosfera, en este caso especialmente en la avifauna, se echa de menos en los materiales didácticos que se ofrecen al visitante algo de información sobre el contexto geológico. Esta es una reivindicación que no es exclusiva para el parque natural de las lagunas de Torrevieja y la Mata, pero no nos cansamos de hacerla.

Laguna La Mata
Vista de la laguna en la que se pueden apreciar en el fondo un sistema de grietas de desecación (formadas en un momento de nivel más bajo) sobre las que existen desarrollos bacterianos. Observad la barra de gravas que separa este cuerpo de agua de la masa principal de la laguna


Algunas referencias para saber más sobre estructuras asociadas a tapices bacterianos y su terminología asociada:



Microbial and physical sedimentary structures in modern evaporitic coastal environments of Saudi Arabia and Egypt. Mahmoud A. Aref, Mohammed H Basyoni, Gerhard Hein Bachmann.



Y especialmente recomendable la cuenta en twitter de Stephen Lokier y la etiqueta #SabkhaImageOfTheDay

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jueves, 22 de noviembre de 2018

Historia de dos barrancos

El pasado siempre es presente

Recuerdo que cierto comentarista de noticias de famoseo, uno de los que escribían sus crónicas en las llamadas revistas del corazón durante los 90, solía decir, hablando de la ahora reina Letizia: “el pasado siempre es presente”. Se refería, naturalmente, a los condicionantes que su vida anterior imponían sobre alguien destinado a un puesto con unos requerimientos de intachabilidad que, en su opinión, la Leti no cumplía. Naturalmente, este comentarista no era consciente de que estaba dando la vuelta al que durante casi 200 años ha sido el principio rector de la geología: el actualismo geológico anticipado por Hutton y formulado por Lyell en la frase: “El presente es la clave del pasado”. Este principio permitió a la Geología establecerse como ciencia al liberarse del catastrofismo que negaba cualquier posibilidad de entender el funcionamiento del planeta, y sólo recientemente ha sido acotado al evidenciarse que:

1) En ciertos momentos en la historia de la Tierra hubo procesos geológicos que no se dan en la actualidad (por ejemplo, la Gran Oxidación, el proceso por el cual se generaron las formaciones de hierro bandeado durante el Proterozoico).

2) El registro geológico conserva evidencias de procesos que no pueden considerarse más que como catastróficos, con lo que ello implica (esto ha sido bastante duro de aceptar por la mayoría de los geólogos educados en el gradualismo). Un ejemplo clásico es del impacto meteórico del final del Cretácico que generó el cráter de Chixulub (Méjico).

Pero volviendo al origen de la cuestión. Este idea de" “el pasado siempre es presente” volvió a mi mente años después de escucharla por primera vez al reconsiderar un pequeño misterio geológico que ha atraído mi atención intermitentemente a lo largo de un buen número de años.

Las Peñas es el nombre común del macizo de calizas tableadas de edad Santoniense (Cretácico superior) sobre el que se asienta el núcleo principal de Cortes de Pallás (Valencia). Para cualquiera con un interés geológico son un foco de atracción irresistible a causa de la regularidad de los bancos de caliza, excelentemente expuestos debido a la prácticamente nula formación de suelos que sostengan una cubierta vegetal. Además, su accesibilidad es total. Cortes de Pallás se estructura en una serie de calles paralelas a las curvas de nivel que son cortadas por otras que conducen de abajo a arriba siguiendo la línea de máxima pendiente hasta acabar en las Peñas. (Hemos recorrido estas rocas en esta serie de artículos).

Peñas de Cortes 1
Las Peñas de Cortes de Pallas desde el sendero de La Cortada. En el centro de la imagen es claramente visible la incisión provocada por los dos barrancos descritos en el texto
Recuerdo perfectamente la cantidad de horas que pasábamos de pequeños recorriendo estos bancos calizos, expuestos a peligros que pondrían los pelos de punta a cualquier padre actual. El caso es que, durante aquellas exploraciones infantiles, di con algo que parecía estar completamente fuera de lugar: en medio de la monotonía geométrica y cromática de Las Peñas existe un rincón en el que es posible jugar con arena de río, fina, bien seleccionada y de un llamativo color rojizo. Lo anómalo de este hecho impresionó lo suficiente mi no-orientado-a-la-geología cerebro infantil que años después, mi ya-orientado-a-la-geología cerebro adulto me guio de vuelta a este rinconcito cuando me interesé de un modo más sistemático en la naturaleza de Las Peñas. La primera visita que realicé ya equipado con mi geovisión reveló que las arenas procedían de la erosión de unas areniscas y conglomerados con estratificación cruzada con un origen claramente fluvial. Materiales fluviales en la ladera de las Peñas. Un buen misterio en sí mismo. Aunque en aquel entonces me limité a dar cuenta de ello en uno de los primeros artículos de este blog. Es hora de volver sobre ello.

Los barrancos de las Peñas de Cortes

Las Peñas están atravesadas por dos barrancos que las cortan siguiendo prácticamente la línea de máxima pendiente. Uno de ellos (que llamaremos barranco de la calle alta) atraviesa el pueblo por la mitad, justamente a la altura de la iglesia, mientras que el  otro, situado al oeste, constituye prácticamente el límite del caserío y desemboca en el arroyo de Cortes a la altura del polideportivo y el colegio (por esto le llamaremos barranco del colegio). Ambos tienen un recorrido muy corto: en su tramo principal, donde atraviesan de forma rectilínea las Peñas y poseen un cauce bien definido poseen longitudes de 200 m en el primer caso y de 400 m en el segundo. Hay varias cosas que llaman la atención en cada uno de estos barrancos (al menos a mí). Son las siguientes:

Lo primero es la gran incisión que han realizado en rocas tan duras como las calizas del Santoniense. Es verdaderamente llamativo. Fijaos en la cabecera del barranco de la calle alta:

SAMSUNG
Incisión del barranco de la calle alta en las calizas santonienses al final del tronco principal  (explicación en el texto)
Y este es el ‘curso’ medio del barranco del colegio, junto a la carretera de la Muela. Hay que tener en cuenta que este cauce ha sido parcialmente rellenado por el vertido de materiales antrópicos:

Barranco colegio 1
Incisión del barranco del colegio en su tramo medio, junto a la carretera de la Muela.Son visibles a la derecha los rellenos antrópicos a causa de vertidos de residuos de construcción
Lo siguiente que llama la atención, especialmente en combinación con lo anterior, es que estos barrancos no llevan agua de forma permanente, tan sólo cuando se producen lluvias. Y no digo época de lluvias. Me refiero al momento mismo de la tormenta, en forma de escorrentía. Es decir, no hay fuentes, ni siquiera estacionales, asociados a ellos.

La última cuestión también está relacionada con la anterior y tiene que ver con la limitada extensión de la cuenca de la que procede el caudal que canalizan cuando llueve.

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Estimación muy grosera de la superficie de la cuenca de ambos barrancos. Medida realizada con el visor Iberpix del Instituto Geográfico Nacional
Todos los anteriores factores (pendiente, cuenca reducida, escasa longitud del cauce) se combinan para hacer que el llamado tiempo de concentración de la cuenca (el tiempo que transcurre desde que comienza a llover hasta que el caudal se estabiliza) sea muy pequeño. En efecto, especialmente en el caso del barranco de la calle alta, el tiempo que transcurre desde que comienza a llover con fuerza hasta que el agua llega al pueblo es de algunos minutos. Lo mismo que tarda en desaparecer una vez deja de llover.

De todo lo mencionado, lo verdaderamente llamativo es que a la vista de la incisión de los barrancos uno esperaría que el caudal que discurre por ellos, aunque sea en el momento de fuertes precipitaciones (estamos en el Mediterráneo), sea enorme, pero no es así. En el caso del barranco del colegio ni siquiera ha sido necesario canalizarlo al llegar al pueblo. Esta es su ‘desembocadura’:

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El barranco del colegio se desvanece al llegar al pueblo. Aparentemente no se ha habido necesidad de canalizarlo, posiblemente a causa del escaso caudal que transporta incluso en episodios de tormenta
Así pues, ¿cómo es posible que una cantidad tan limitada de agua de escorrentía haya sido capaz de excavar semejantes cauces? Esta es la pregunta fundamental y vamos a salir a la búsqueda de posibles respuestas.

Un poco de ayuda ‘caída del cielo’

Para poder analizar un poco más en detalle la geometría del curso de estos barrancos vamos a recurrir a la cartografía LiDAR. Se trata de un modelo digital del terreno construido por medio de un láser transportado por un avión mientras sobrevuela un territorio. El láser dispara un haz de luz contra el terreno y mide el tiempo de retorno, lo que permite a su vez estimar la distancia. Puesto que el haz es muy fino puede pasar a través de las hojas de la vegetación y gracias a ello se obtiene un modelo del terreno desnudo. Aquí tenemos el modelo digital de las cuencas de los barrancos de las Peñas de Cortes. He marcado en rojo el cauce principal del barranco del colegio y en azul el cauce principal del barranco de la calle alta.

Lidar 10
Modelo digital del terreno de las Peñas en el que se ha señalado el trazado del tronco principal del barranco del colegio (rojo) y de la calle alta (azul). Las letras A y B señalan puntos de interés descritos en el texto
El análisis del modelo anterior nos revela una diferencia fundamental entre ambos barrancos. En el caso del barranco del colegio (rojo) una vez atravesada la sección principal de las Peñas (punto A) se ramifica en una red de drenaje con geometría dendrítica. El caso del barranco de la calle alta (azul) es bien diferente. Aquí no se supera la sección principal de las Peñas. En su lugar, al llegar al punto B el cauce hace un giro brusco de casi 90º para continuar en una dirección aproximadamente perpendicular al tronco principal. ¿Qué explica este comportamiento tan distinto? Parece que en lugar de avanzar en la resolución del misterio no hacemos nada más que acumular nuevas cuestiones. Vamos a echar un vistazo más detallado a cada uno de los barrancos.

El caso del barranco del colegio

Con las pistas obtenidas gracias al LiDAR podemos volver al terreno para verlo con una mirada nueva. Lo que vemos es que el barranco se encaja mientras atraviesa las duras calizas de la Fm Utiel y que a partir de este punto, aproximadamente a la altura del cementerio, se ramifica de forma dendrítica. Desde el campo no somos capaces de percibir esto con claridad porque los árboles nos impiden ver el terreno. Y eso, en sí mismo, es una pista muy importante. La red dendrítica se desarrolla justamente donde hay árboles, es decir, donde el terreno posee un suelo capaz de permitir el desarrollo de vegetación de gran porte. Esto es, las rocas son diferentes.

[Area-Campaniense22.jpg]
Traza aproximada en planta de la Fm. Perenxisa. Las líneas corresponden con dos fallas paralelas que delimitan un bloque hundido donde se han preservado excepcionalmente bien estos materiales, a pesar de su carácter deleznable. La naturaleza del terreno y la presencia de un suelo bien desarrollado permite que la vegetación resalte aún más el contraste litológico. Elaborado sobre una imagen de Bing Maps

Ello se debe a que las Peñas están afectadas por un par de fallas que hunden la sección central, de forma que los materiales margosos más deleznables de la Formación Perenxisa, que se depositaron por encima de calizas de la Formación Utiel, se han preservado de la erosión. Son esas margas las que permiten el desarrollo de los árboles. Y también las que, por su menor resistencia a la erosión, son acarcavadas por la cabecera del barranco. Una vez que el barranco supera el umbral de las calizas más resistentes, se extiende en todas direcciones de forma dendrítica. Y ese umbral es, precisamente, la zona de la falla. Eso es lo que vemos en este caso. Más cerca con el LiDAR:

Lidar 2
Modelo digital de terreno en el que se ha señalizado la traza del sistema de fallas del cementerio, la más meridional de las cuales actúa como un umbral para el barranco del cementerio. Es evidente la relación de estas fallas con la red de drenaje dendrítica establecida en la cabecera del barranco
Algo hemos avanzado. Sabemos que la configuración de la red de drenaje del barranco del colegio está controlada por el contraste litológico a ambos lados de una falla. ¿Qué ocurre con el barranco de la calle alta?

[Falla-Cementerio23.jpg]
Traza aproximada de la falla del cementerio, en el límite meridional del bloque hundido mencionado en el texto
El caso del barranco de la calle alta

Ya hemos visto que el barranco de la calle alta no llega a atravesar el umbral de la zona de falla, sino que antes de alcanzarlo realiza un brusco giro hacia el noreste. ¿A qué se debe esto? Vamos al terreno para ver de cerca justamente el punto en el cambia de dirección. Lo que encontramos es que el barranco está desmantelando precisamente los conglomerados, areniscas y limos rojizos que comenté al inicio del artículo.
SAMSUNG
Vista en campo del codo realizado por el barranco de la calle alta. Se ha señalado el afloramiento de los materiales fluviales que están siendo desmantelados por la erosión del barranco. Las líneas paralelas resaltan la estratificación, evidenciando una aparente concordancia con las calizas santonienses con las que se relacionan lateralmente en la imagen

Estos materiales están inclinados, no son subhorizontales como esperaríamos en un medio fluvial. Además, parecen concordar con los materiales del cretácico con los que están en contacto. Esto parece indicar que fueron depositados antes de que las Peñas, que son un bloque fallado y hundido desde la Muela de Cortes (las calizas de Utiel coronan la Muela frente al pueblo), se desplazasen hasta alcanzar su posición actual. Lo que a su vez nos sugiere que se trata del relleno de un cauce excavado por un barranco o río anterior al actual. En este sentido, el barranco de la calle alta es la reencarnación de un sistema fluvial previo, que excavó un cauce y lo rellenó antes de que las Peñas existiesen como una entidad geológica independiente. El barranco de la calle alta está condicionado completamente por esta historia previa, de forma que, en este caso, efectivamente el pasado siempre es presente.

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Detalle de los limos, arenas y areniscas fluviales mostrados en la imagen anterior. Geno hace de escala sin saberlo, perpleja ante la incisión del barranco de la calle alta (la foto es de archivo)
Empleando el modelo digital podemos apreciar en detalle el giro y el encajamiento en el relleno previo.

Lidar 3
Modelo digital del terreno en el que se ha marcado el codo del barranco de la calle alta y su relación con el umbral de la falla del cementerio
Recapitulando. En algún momento, durante el final del Terciario, existió un sistema fluvial que excavó un barranco bastante profundo sobre el bloque de calizas del Cretácico superior que ahora son las Peñas. En aquel entonces, este bloque no se había separado del relieve tabular de la Muela. Eventualmente este cauce se rellenó con materiales transportados por la corriente, lo que dio origen a los conglomerados, areniscas y limos que vemos actualmente. Posteriormente se produjo el episodio de distensión que fracturó el borde la Muela, generando la fosa tectónica del Júcar. El bloque, ya individualizado, de las peñas se desplazó desde su posición original hasta la actual, unos 400 m por debajo. En algún momento de este proceso comenzó la incisión del barranco de la calle alta, que progresó aguas arriba hasta que alcanzó los materiales más fácilmente erosionables del sistema previo, momento en que cambió su dirección para incidir en los mismos. De esta forma nunca llegó a rebasar el umbral de la falla del cementerio (que por cierto, se generó durante el proceso distensivo que dio origen a las Peñas).

No se vayan todavía…

Hemos desvelado las razones que explican la configuración actual de estos dos barrancos, pero no obstante quedan todavía dos preguntas pendientes. La primera de ellas está relacionada con el paleocauce que está siendo exhumando actualmente por el barranco de la calle alta. En principio, este paleocauce podría haber seguido una dirección cualquiera. Pero resulta muy sospechoso que de entre todas las posibles parece que siga justamente una paralela a la falla del cementerio, evidenciando de esta manera un cierto control estructural. Si volvemos a emplear el criterio de la vegetación, así parece ser. Coincidiendo con la aparente traza del paleocauce hay una evidente alineación de la vegetación, paralela a la falla del cementerio. Fijaos:

Paleocauce
Ortofoto de la cabecera del barranco de la calle alta. En rojo se muestra la traza de la falla del cementerio y en azul se resalta la alineación de la vegetación que parece sugerir un contraste litológico. Ambas parecen ser subparalelas, sugiriendo un posible control estructural del paleocauce del barranco de la calle alta
Y no sólo eso. Como dijo Thomas Huxley, “la gran tragedia de la ciencia es la destrucción de una bella hipótesis por un hecho, pequeño y feo". Y en este caso hay un pequeño dato que he he ocultado todo el tiempo. Cuando dije que las capas de las areniscas del paleocauce eran aparentemente concordantes con las calizas sobre las que se depositan os mostré una imagen, pero no dije que, en realidad, las primeras tienen un buzamiento de 28º mientras que las segundas sólo lo tienen de 10º. Si bien no cabe esperar que el buzamiento sea idéntico, una diferencia de 18º merece una explicación. ¿Cómo justificar que el paleocauce sea previo a la formación de las fallas si sigue la misma dirección y además las areniscas y las calizas no parecen haber experimentado la misma deformación? La respuesta sólo podemos obtenerla sobre el terreno.

En primer lugar, no encontramos más materiales fluviales al oeste del codo del barranco de la calle alta. Es decir, que si bien la alineación de la vegetación existe y parece sugerir un contraste litológico, no parece poder atribuirse a la presencia de estos materiales. Lo que explica esa alineación es una nueva falla, una que presenta un pequeño salto, paralela a la falla del cementerio y perteneciente al mismo sistema de fracturas. Esta falla puede verse perfectamente desde la carretera de la Muela.

Falla normal
Falla normal de pequeño desplazamiento asociada al sistema de fallas del cementerio. 
Y mejor comentada:


Falla normal comentada
Esta falla no sólo explica la alineación que hemos visto en la vegetación, sino también el diferente buzamiento de los materiales, ya que las areniscas se encuentran sobre el bloque hundido y por ello presentan un buzamiento mayor. Y hay otra cosa. Entre el cementerio y el helipuerto hay un pequeño afloramiento de areniscas muy similares a los descritas. Cuando se mide la dirección y buzamiento de estos materiales este último resulta ser de… 28º. Es decir, que en realidad el paleocauce seguía una dirección oblicua respecto al sistema de fallas descrito y es cortado por el mismo, lo que nos permite mantener la hipótesis de que es preexistente. Además, en ambos casos se encuentran guijarros muy bien redondeados de cuarzo que no pueden tener su origen en las calizas cretácicas que cortan estos barrancos, por lo que su origen debe estar asociado al desmantelamiento de los materiales paleógenos que actualmente sólo se encuentran al pie de la sierra de Martés.

Areniscas cementerio
Afloramiento de limos, arenas y areniscas fluviales en las inmediaciones del cementerio (izquierda). Estos materiales son la continuación de los descritos en el barranco de la calle alta. La carretera sigue la traza de la falla del cementerio. A la derecha las margas de la Fm Perenxisa.
La cosa queda, pues, así.

Paleocauce 2
La línea morada une los dos afloramientos de materiales fluviales descritos en el texto. Esta línea es oblicua a  la traza de las fallas del sistema de fracturas del cementerio
La última cuestión que no hemos respondido (directamente) es la primera que nos planteamos. ¿Cómo es posible que estos barrancos hayan practicado semejantes incisiones, que se antojan totalmente desproporcionadas? Todo parece indicar que se trata de cauces cuyo origen es anterior al relieve actual, de forma que se encuentran ‘fuera de contexto’. Muy posiblemente las cuencas que drenaban en su origen eran mucho más extensas, pero fueron segmentadas por la fracturación del final del Mioceno-Plioceno hasta quedar en su configuración actual, totalmente irreconocibles. En los bordes de la Muela de Cortes hay multitud de barrancos colgados, testigos de aquella red de drenaje relicta, de la cual el mayor exponente es el propio arroyo de Cortes, colgado a más de 100 m sobre el cauce del Júcar.

Pero eso es otra historia.

Arroyo colgado de Cortes
El bloque de Zarooza (Las Peñas) visto desde la carretera de Otonel. En el centro de la imagen el arroyo de Cortes cae al embalse del Júcar. Este salto tenía originalmente en torno a 100 m, pero actualmente ha quedado reducido a unos 30 desde que se anegó el embalse.

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martes, 31 de julio de 2018

El nuevo yacimiento de icnitas triásicas de la Rambla de Los Gallegos (Cortes de Pallás, Valencia)

El sol está bajando en el horizonte. En la distancia, un grupo de animales se desplaza por el área ribereña que constituye la transición entre el mar y los brazos del río que desemboca en él, no muy lejos de aquí. Podrían ser aetosaurios o rauisuquios, o quizá otro grupo emparentado con ellos, desde la distancia es difícil precisarlo. A lo lejos, los relámpagos en el cielo anuncian la tormenta que se aproxima desde el oeste.

Los animales parecen intuirlo. Lentamente el grupo cambia el rumbo y acelera el paso. Se dirigen hacia el oeste, tierra adentro, buscando alguna zona de terreno más alta. Al llegar a un canal fluvial se detienen, como si decidiesen cuál es la mejor opción. Finalmente el líder del grupo se introduce en el agua, que tiene escasa profundidad. De hecho, apenas llega a cubrirles el lomo, aunque sí los obliga a nadar a ratos, tan sólo rozando el fondo con la punta de las patas. Algunos nadan oblicuamente mientras que otros remontan directamente el canal, aprovechando que apenas hay corriente en este momento entre la marea alta y la baja. Al llegar a la orilla más alejada salen del agua y, uno a uno, desaparecen entre vegetación. Comienza a llover suavemente.

Un par de horas después, la corriente en el canal aumenta al llegar la leve crecida producida por la lluvia tierra adentro. La noche ha caído y la tormenta se ha disipado. Todo es silencio, salvo por el lejano rumor del oleaje en la costa.

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Hoy he empezado pronto. Hay que aprovechar el día de trabajo en el campo. El sol sale sobre el horizonte justo cuando llego al área que pretendo cartografiar, la rambla de Los Gallegos al norte de la loma de Garzón, en Cortes de Pallás, Valencia. Comienzo a caminar atravesando materiales del Keuper. El terreno es difícil en esta zona de badlands o malpaís, ya que las arcillas y yesos de la formación Jarafuel están muy acarcavadas a causa de la erosión, que también tiene como resultado el profundo encajamiento de la rambla. Al cabo de un rato de difícil marcha llego al cauce. Ante mí hay unas capas muy verticalizadas de areniscas versicolores. El sol cae oblicuamente sobre la superficie de las areniscas y dibuja sombras que realzan unas curiosas protrusiones  que se proyectan hacia el exterior desde la superficie plana. Será mejor echar un vistazo. La mayoría parecen estar formadas a su vez por un número variable de crestas paralelas, entre 1 y 4. La primera hipótesis acude rápidamente: ¿podría ser que fuesen…? Tras un análisis breve para descartar hipótesis alternativas la conclusión parece clara: se trata de huellas dejadas por un animal o animales que aparentemente se desplazaron sobre la superficie que tengo delante de mí en el Triásico superior. Cada protrusión es el molde de la impresión dejada por una pata. Y hay muchas. Muchísimas.

Yacimiento general
Vista general del sector del yacimiento donde se conservan el mayor número de huellas. Como veis, las capas están verticalizadas y las huellas aparecen como un hiporrelieve en el muro de la capa que las contiene.

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Entre las dos escenas anteriores transcurrieron más de 230 millones de años. Muchas cosas ocurrieron en la historia de la Tierra desde que aquellos animales dejaron sus huellas en el fondo de un canal de agua estancada. Hay una extensión casi inimaginable de tiempo desde entonces hasta que yo las encontré en el cauce de una rambla, en un contexto tan diferente que bien podría tratarse de otro planeta. Esta es la historia del yacimiento de icnitas triásicas de la rambla de Los Gallegos, cuyo hallazgo es una de las experiencias más increíbles  que me han ocurrido nunca. Es difícil describir el vértigo que causa saber que eres la primera persona que ve esa escena capturada en roca en 236 millones de años…

Hace un par de meses Joaquín Moratalla y yo mismo publicamos en la revista Journal of Iberian Geology el descubrimiento y estudio de este yacimiento de icnitas (ver la referencia [5] al final de este artículo). El propósito de este artículo es dar a conocer este descubrimiento difundiéndolo más allá de los círculos científicos y de especialistas. Vamos a analizar el yacimiento, proporcionar las claves que explican su relevancia y explicar cómo hemos llegado a deducir el relato con el que se abre este artículo. Curiosamente,  hace tan solo unos meses escribí otro artículo desmenuzando una publicación que se solapó en el tiempo con la que nos ocupa, la de una serie de huellas de natación dejadas por tortugas que se encontraron, también, en Cortes de Pallás (y otros dos yacimientos en municipios de la provincia). Estas huellas son casi de la misma edad (Carniense) y están en la misma formación (las Areniscas de Manuel)  y fueron descubiertas a tan sólo un par de kilómetros del yacimiento de Los Gallegos. Después de 236 millones de años, ya es casualidad…

La icnología

La icnología es el estudio de los rastros dejados por los seres vivos y que guardan evidencias de su comportamiento. Estos rastros son tanto las huellas dejadas sobre el terreno como las marcas dejadas por los dientes de un depredador sobre los huesos de su presa o cualquier otra evidencia de la actividad de un ser vivo (como sus excrementos). Cuando estos rastros llegan hasta nosotros fosilizados su estudio forma parte del ámbito de la paleoicnología.

El yacimiento

El yacimiento se encuentra en el cauce de la rambla de Los Gallegos, en Cortes de Pallás (Valencia). Está incluido en la formación Areniscas de Manuel y tiene una edad Carniense (Triásico superior). El Carniense se extiende entre hace 237 y 227 millones de años, lo que es una barbaridad de tiempo. El yacimiento contiene unas 60 huellas mayores y muchas otras menores agrupadas en tres sectores, aunque uno de ellos, el A, es el que contiene la mayoría de ellas.

Las huellas aparecen como un hiporrelieve sobre una capa de areniscas. Esto quiere decir que, en realidad, lo que vemos no es la huella, sino el molde de la misma creado por la arena que rellenó la verdadera huella con posterioridad al paso del animal. Por eso, en lugar de una depresión en la capa de arenisca lo que vemos es ‘un bulto’ que sobresale de ella. Las huellas están formadas por entre 1 y 4 marcas digitales y tan sólo en un par de ejemplares se ha preservado la marca de un talón. La interpretación realizada es que se trata de huellas dejadas por vertebrados (luego veremos cuáles son los probables autores) que se desplazaban en un régimen de natación o semi-natación. En función de la profundidad y del tamaño del productor se producen un tipo de huellas u otro (desde no llegar a tocar el fondo a apoyar todo el pie, pasando por rozarlo con el dedo más largo, con dos, tres o cuatro).

Detalle zona central 1
Vista de detalle de al zona central del yacimiento. Observad el gran número de huellas y la dificultad de distinguir rastros. Fijaos también en la morfología más habitual: marcas subparalelas de un número variable de dedos.

Recordemos qué nos ocurre cuando nos metemos en el mar caminando por la suave pendiente: cada vez nos es más difícil caminar hasta que, especialmente si el agua está muy fría, dejamos de apoyar todo el pie y nos ponemos de puntillas y, eventualmente, tenemos que empezar a nadar. Cuando esto le ocurre a un animal que no domina la técnica de ‘crawl’, normalmente bate el agua con sus cuatro extremidades (estilo perro, vamos). Si el agua es profunda, no quedará ninguna marca, ya que no tocará el fondo. Pero cuando la profundidad sea adecuada, lo que ocurrirá es que rascará el fondo con sus patas, dejando marcas paralelas con sus dedos.

No ha sido posible identificar rastros (es decir, huellas dejadas consecutivamente por un mismo animal) lo que, junto con otros criterios, es un indicio más del tipo de desplazamiento propuesto. Curiosamente, el análisis de las huella sugiere que la mayor parte de los animales se dirigían contra la corriente, algunos directamente en contra y otros de forma oblicua. Por su parte, la paleocorriente se dirige, aproximadamente, hacia el NE.

Detalle huella con talón
Detalle de dos huellas. La de la izquierda ha preservado la impresión del talón y sugiere que por su tamaño el animal productor llegó a apoyar casi por completo el pie. A la izquierda la típica morfología con tres dedos (uno preservado parcialmente) y estrías longitudinales dejadas por las escamas de la base de los dedos al arrastrase durante el impulso. 

Por otra parte, no todas las huellas se han producido de forma subacuática. El yacimiento también contiene algunos ejemplares interpretados como huellas o subhuellas producidas subaéreamente.
Dentro del trabajo de documentación del yacimiento, hemos construido un modelo digital en 3D empleando técnicas de fotogrametría. Ello permite preservar para su estudio futuro la geometría general del yacimiento y, además, nos permite hacer cosas tan chulas como imprimir ejemplares de las huellas en una impresora 3D. Fijaos que chulada:

Modelo
Modelo digital del yacimiento de Los Gallegos obtenido mediante técnicas de fotogrametría. Compárese con la primera fotografía de este artículo.

Huella impresa
Dos huellas producidas con una impresora 3D a partir del modelo digital. La de arriba se corresponde con uno de los ejemplares mostrados más arriba. Autor de la impresión: Miguel Llin.

El paleoambiente

Llamamos paleoambiente al medio o entorno en el que se produjeron las huellas. Para deducir cómo era, probablemente, el medio en que se produjeron las huellas, hay que realizar un análisis detallado de los materiales que las contienen desde un punto de vista sedimentológico y estratigráfico. Eso lo hacemos recorriendo la secuencia de capas del yacimiento, anotando cosas como el espesor; el tipo de materiales; las estructuras sedimentarias que contienen; los fósiles que encontramos (y también si no los encontramos, como es el caso); los icnofósiles, de los cuales las huellas de vertebrado son sólo una pequeña parte, etc. Estudiados en conjunto nos aportan pruebas que nos facilitan realizar una interpretación. En este caso, sabemos que hay una alternancia de materiales depositados en condiciones de muy baja energía (agitación o corriente) como arcillas, y otros depositados por corrientes de agua (areniscas con laminación de rizaduras de corriente). En cualquier caso, se trata de materiales finos, lo que indica que incluso las corrientes eran poco energéticas. El análisis de las corrientes nos indican que estas se dirigían hacia el oeste, y que estaban puntuadas por momentos de remanso en los que se depositaban finas capas de material vegetal carbonizado, que a su vez eran cubiertas por la lámina de arena depositada por la siguiente corriente. Los materiales de colores oscuros, verdes o negros, nos hablan de condiciones de estancamiento, mientras que las areniscas rojizas lo hacen de condiciones más energéticas y oxidantes.

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Probable subhuella producida en un medio subaéreo en las capas de areniscas rojizas interpretadas como depósitos de derrame o de inundación.

Otro aspecto interesante nos lo aporta el análisis de los icnofósiles producidos por invertebrados, que en la naturaleza son infinitamente más abundantes que las huellas de vertebrados. Normalmente, los animalitos que viven en el sedimento, especialmente los que buscan alimento en él, lo remueven hasta el punto de que las delgadas láminas de arena y/o arcilla son destruidas, dando al material un aspecto masivo, no estructurado, especialmente en medios de baja energía. En el caso de Los Gallegos, llaman la atención dos hechos:
  • Hay muy pocos icnofósiles, pero entre ellos hay algunos típicamente marinos (en las capas que contienen las huellas subacuáticas) mientras que otros típicamente continentales aparecen en las capas de areniscas rojizas que, a su vez, contienen las huellas producidas subaéreamente.
  • Las capas han mantenido su laminación original, lo que entre otras cosas ha permitido conservar las huellas.
No vamos a hacer esto más largo. La evidencia sugiere que nos encontramos ante un contexto de transición entre medios fluviales y marinos. El mar no estaba lejos y eso hace que en el canal en que se produjeron las huellas el agua sea salobre, no dulce ni tan salada como el mar. Eso es un medio difícil para la vida, razón por la que no hay muchos animalitos viviendo y removiendo el sedimento del fondo. Este medio de agua semiestancada, en la que ocasionalmente (dependiendo de las mareas y de la descarga del sistema fluvial) se presentan condiciones de mayor energía que traen arenas muy finas y limos.

Toda esta evidencia es coherente con la interpretación que se hace de esta zona de Iberia durante el Carniense, lo que nos lleva al siguiente punto.

El Periodo Húmedo del Carniense

Para los no especialistas es difícil entender cómo, al mirar una secuencia de rocas, puede deducirse cuál era el clima de una región hace más de 200 millones de años. Estamos acostumbrados a simplificaciones del estilo de ‘esta zona era mar en el Cretácico’, lo que en ocasiones da a entender algo así como que en el pasado había tanta agua que llegaba a cubrir zonas ahora a centenares de metros sobre el nivel del mar (una especie de vestigio del Diluvio universal). En realidad las rocas registran gran cantidad de detalles tanto en la forma de estructuras sedimentarias como por los icnofósiles contenidos en ellas (las huellas de vertebrados son poco comunes en comparación con otros icnofósiles, como galerías excavadas por invertebrados), como por los fósiles corporales que contienen, los propios materiales de que están hechas (areniscas, calizas, etc.) u otras pistas más sutiles como las composiciones isotópicas de los elementos químicos que las forman. Por todo ello sabemos que el mundo del Triásico superior (el primer periodo de la era Mesozoica) fue un lugar árido. Ya dediqué un artículo a analizar el Keuper (Triásico superior) en Cortes de Pallás, así que hoy simplemente vamos a recordar cómo era aquel mundo árido y qué evidencias tenemos en las rocas de Cortes. Viajemos al Triásico superior.

En aquel entonces la zona se encontraba en la costa del mar de Thetys, en la orilla del supercontinente Pangea, que ya estaba en proceso de fragmentación. Durante la mayor parte del Keuper, lo que tenemos es una llanura costera en la que se desarrollaban extensas llanuras de inundación fangosas y gigantescas salinas y lagunas en las que a causa de la evaporación del agua de mar en un clima árido se acumulaban grandes espesores de sales disueltas como halita (sal común) y yesos. En ocasiones el paisaje era similar al que se encuentra en las costas del golfo Pérsico. De allí procede, de hecho, la palabra con la que denominamos a uno de estos tipos de ambientes deposicionales: Sabkha.


Todos los vecinos de Cortes atraviesan las rocas de esta época cuando circulan hacia el pueblo por la CV-425, entre el ecoparque y Cuatro Caminos. Son muy llamativas por sus colores abigarrados: rojo vinoso, amarillo, verde, gris, pardo…

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Aspecto típico del Keuper en Cortes de Pallás. Los colores pardos, verdes y grisáceos corresponden a la Fm Jarafuel (K1), la más antigua del Keuper.


Las rocas más características son los yesos y arcillas, en diversas variantes y combinaciones, que forman la mayor parte de las formaciones Arcillas y yesos de Jarafuel, Arcillas yesíferas de Quesa y Yesos de Ayora, miembros K1, K4 y K5 del Keuper. En un pequeño paseo encontramos estas rocas y sus estructuras sedimentarias más características. Va una pequeña colección fotográfica:

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Aspecto de campo de la Fm Jarafuel, que aparece verticalizada como resultado de la tectónica diapírica. Se trata de materiales depositados en lagunas costeras someras en el clima árido de Pangea durante el inicio del Carniense.


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Yesos laminados oscuros  del K1 extraordinariamente deformados

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Moldes de evaporitas (en particular, de cristales cúbicos de halita o sal común) creados tras la disolución del cristal que creció en el seno de la matriz carbonatada (este tipo de roca se denomina carniola). Muestra procedente del K1.

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Depósitos de sabkha del K4: yesos nodulares en matriz de arcillas rojizas.

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Cantera que explota los yesos del K5 en la Hoya. Estos yesos son los materiales más jóvenes del Keuper y se depositaron en lagunas costeras en un ambiente árido.



Los más atentos de vosotros quizá hayáis reparado en que la enumeración de formaciones del Keuper se ha saltado dos términos, el K2 y el K3. Pues aquí está la clave. Entre los periodos áridos del inicio (K1) y final del Keuper (K4 y K5) hay un intervalo de tiempo en el cual las condiciones fueron húmedas: Voilà. El Episodio Húmedo del Carniense (ver referencias [1] y [2]). Este evento ha recibido considerable atención en los últimos años y su impronta quedó registrada en los sedimentos depositados a escala global en el cinturón central de Pangea. Se trata de un periodo de clima húmedo, quizá debido al incremento de dióxido de carbono en la atmósfera producido por erupciones volcánicas en Wrangelia, fenómeno que coincidió en el tiempo. Temperaturas más altas significan mayor evaporación y mayores precipitaciones, lo que a su vez significa un mayor desarrollo de sistemas fluviales y de su capacidad de erosión y transporte. Las llanuras costeras fueron cubiertas por las llanura aluviales de los ríos que, en nuestro caso, desmantelaban las tierras emergidas del Macizo Ibérico, al Oeste, trayendo limos y arenas que se depositaron constituyendo lo que llamamos Formación Areniscas de Manuel (el K2 del Keuper). Este periodo tuvo una duración breve, quizá un millón de años (sí, ya sé que un millón de años es mucho tiempo, pero en geología no lo es tanto: a fin de cuentas, contamos el tiempo de millón en millón…). En ese tiempo, coincidiendo con una época de descenso del nivel relativo del mar, se depositaron del orden de algunas decenas de metros de espesor de arenas y limos de color rojizo. Fue en una de estas áreas costeras, en la interfase entre un río y el mar, donde nadaron los animales que dejaron las huellas del yacimiento de Los Gallegos.

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Reconstrucción paleogeográfica del supercontinente Pangea en el Triásico superior. Observad su posición marginal en la costa del Neothetys. Reproducido de [3]



Son estos materiales del K2 los que contienen las huellas. En el artículo anterior sobre el hallazgo de las huellas de las tortugas ya mostré detalles que evidenciaban un origen plenamente fluvial. Por contra, en el caso del yacimiento de los Gallegos, lo que observamos es un conjunto de rasgos que apuntan a un medio de transición. Aunque en el primer caso no se aporta información acerca de la posición en la columna estratigráfica de las capas con interés icnológico, tengo la impresión de que son posteriores en el tiempo al caso de Los Gallegos, donde estas capas están muy próximas al contacto con la Formación Jarafuel infrayacente (eso explicaría el carácter netamente continental de unos materiales frente a otros).

K2 sección
Vista de la sección del yacimiento. Obsérvese lo pronunciado del buzamiento de las capas y la naturaleza heterolítica de la sección. Las capas son más modernas hacia la izquierda.

¿Qué animales dejaron las huellas?

En paleoicnología es bastante difícil atribuir un autor a una huella determinada, salvo que se tenga la suerte de encontrar un fósil corporal junto o asociado a las capas que contienen los rastros. En ocasiones puede estimarse, a partir de la morfología de los pies o manos de los fósiles característicos de una época, cómo sería la impronta que estas dejarían en el terreno. Pero esto es más difícil de lo que parece, ya que una huella es el resultado de la interacción entre el animal y el sustrato, el comportamiento del primero y las condiciones físicas del segundo. Un mismo animal puede dejar multitud de tipos de huellas distintas (esta es la razón de que una pisada sea distinta a una huella de natación, o de que las huellas en terreno seco sean muy distintas a las dejadas en terreno demasiado blando).

Detalle proyecciones
Detalle de una característica típica de una huella de natación (proyecciones traseras o posterior overhangs, señaladas por flechas). Se producen al clavar el animal los dedos en el fango del fondo para impulsarse. El hueco generado es rellenado posteriormente por arena, que transformada en arenisca preserva la huella como un contramolde. Es un buen indicador del sentido del desplazamiento del animal, en este caso hacia la izquierda. Observad también las estrías y el relieve generado por el sedimento empujado hacia atrás por los dedos. La huella está invertida a causa de la inclinación de la capa.

En este caso, por lo inespecífico de la actividad en el que se produjeron las huellas, no nos ha sido posible realizar una identificación clara de los productores, si bien algunas de las características de las mismas y el contexto faunístico del Carniense sugieren como hipótesis más probable que se tratase de reptiles relacionados con el grupo quiroteroide (arcosauriformes o arcosaurios  crurotarsales). Durante el Triásico superior se produjo un relevo faunístico en el cuál este grupo de reptiles se extinguieron mientras que otros, como las tortugas o los propios dinosaurios ocuparon el espacio dejado por aquellos.

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Stagolepsis olenkae,un aetosaurio del Carniense. Fuente y licencia: Hiuppo [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY 3.0  (https://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], from Wikimedia Commons


¿Por qué es relevante el yacimiento?

El Triásico superior ibérico es muy pobre en fósiles y corporales y también en yacimientos de icnitas. De estos últimos el número es reducísimo: hasta el hallazgo del yacimiento de huellas de tortugas, tan sólo otros dos habían sido reportados previamente. Por ello, el descubrimiento y estudio de un yacimiento tan rico y con ejemplares tan bien conservadas constituye una notable aportación al conocimiento del clima y fauna existentes en la región durante este periodo.

Por otra parte, tenemos el hecho de que se trata de huellas producidas durante un régimen de natación o seminatación: en los últimos años hemos aprendido a distinguir las huellas de natación y a asignarlas a este tipo de locomoción, lo que nos ha permitido explicar un buen número de rastros hasta hace poco considerados como ‘problemáticos’. De hecho, el número de yacimientos de huellas de natación no para de incrementarse de año en año. En este sentido, la interpretación de un nuevo yacimiento de este tipo de huellas se suma a la creciente evidencia acerca de cuán común es este tipo de desplazamiento en vertebrados terrestres, algo que parece ser más común de lo que se había pensado.

Por último, cabe resaltar la relevancia que este hallazgo tiene para la geología y paleontología local de Cortes de Pallás, donde hemos pasado de no estar publicado ningún yacimiento de relevancia paleontológica a tener 2 en menos de un año. Y eso, amigos, es algo muy importante para uno de Cortes…

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Para aquellos que tengáis problemas en leer el artículo original publicado en el Journal of Iberian Geology, en este enlace podéis consultarlo completo. Este artículo está dedicado a la memoria de mi madre, Agustina Carrasco, que nos dejó antes de poder ver el resultado de todo este trabajo.

Armand en el yacimiento
Armand Pascual en acción en el yacimiento. Colaboró conmigo tomando las fotografías de gran calidad de los ejemplares.
Agradecimientos:

Quiero mostrar mi agradecimiento a Ignacio Meléndez, que me animó a iniciar la campaña de trabajo de campo en la que, finalmente, se produjo el hallazgo del yacimiento. Sin ese impulso inicial, quizá nunca hubiésemos llegado a desvelar la historia escondida en el cauce de la Rambla.

Referencias:


[1] Arche, A., Gómez, J.L., Hidalgo, J.G. (2002). Control climático, tectónico y eustático en depósitos del Carniense (Triásico Superior) del SE de la Península Ibérica. Journal of Iberian Geology, 28, 1330.

[2] López-Gómez, J., Escudero-Mozo, M.J., Martín-Chivelet, J., Arche, A., Lago, M., Galé, C. (2017). Western Tethys continental-marine responses to the Carnian Humid Episode: palaeoclimatic and palaeogeographic implications. Glob. Planet. Chang., 148, 79-95.

[3] Ortí, F., Pérez-López, A., Salvany, J.M. (2017). Triassic evaporites of Iberia: Sedimentological and palaeogeographical implications for the western Neothetys evolution during the Middle Triassic-Earliest Jurassic. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 471, 157-180.

[4] Reolid, M., Márquez-Aliaga, A., Belinchón, M., García-Forner, A., Villena, J., Martínez-Pérez, C. (2017). Ichnological evidence of semi-aquatic locomotion in early turtles from eastern Iberia during the Carnian Humid Episode (Late Triassic). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 490, 450-461.

[5] Navarro, Ó. & Moratalla, J.J. J Iber Geol (2018). Swimming reptile prints from the Keuper facies (Carnian, Upper Triassic) of Los Gallegos new tracksite (Iberian Range, Valencia province, Spain). https://doi.org/10.1007/s41513-018-0068-0

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