martes, 29 de marzo de 2016

Hidrogeología urbana: Los ríos perdidos de de Valencia (II)

[Este artículo es la segunda parte de una serie sobre el río Turia y sus acequias a su paso por la ciudad de Valencia. Lee aquí la primera entrega sobre la geología y geomorfología urbana de Valencia.]

Es curioso con qué frecuencia damos el relieve urbano por supuesto. Tanto es así que, a veces, obviamos incluso pistas en el callejero con un claro significado geomorfológico como avenida o rambla. Y es que, antes de existir una ciudad, había un paisaje en el cual, por ejemplo, las cuestas, hondonadas y escarpes aparecían en su contexto de forma natural, un contexto que se pierde una vez que se urbaniza. Continuemos con nuestro viaje en busca de lo que queda de los ríos perdidos de la ciudad de Valencia donde lo dejamos, al llegar a la localidad de Mislata. Vamos a alejarnos momentáneamente del río para entender mejor el río que fue. Y es que fue precisamente en Mislata donde tuve la idea de comenzar este recorrido, al reparar en la serie de escarpes que se suceden desde el entorno de la calle Mayor hacia el parque de la Canaleta, junto al antiguo cauce del río Turia. Y es que, como ya vimos, en una ciudad con tan poco relieve como Valencia es bastante llamativo encontrar tramos de escalera para salvar desniveles entre calles adyacentes como los que se pueden ver a lo largo de toda la calle San Antonio de Mislata. Aquí hay un ejemplo, el de la calle Marcos Porta:

Escarpe en Marcos Porta
Escalones en la calle Marcos Porta que salvan el desnivel entre las dos plataformas sobre la que se extiende Mislata, vistos desde la calle San Antonio.
En este caso el desnivel salvado está rondando los 1,50 m, aunque en algunos casos, como en el de la plaza del Mediodía, ronda los 2,00 m. Todos estos escarpes se alinean delimitando una superficie elevada que corresponde con el núcleo urbano original de Mislata, claramente identificable en las fotografías aéreas por el trazado irregular de las calles. Así se ve en una vista satélite:

Mislata 2016 Editado[12]
Mislata y Valencia en 2016. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Museo de Historia de Valencia 3. Azud de Rascanya 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
En la vista satélite he señalado con líneas de puntos los escarpes visibles en Mislata. El que está más al sur, en la línea que conecta los puntos 1 y 2, es el descrito anteriormente. El espacio entre las dos líneas de puntos corresponde a la segunda plataforma, ocupada en los últimos 40 años de expansión urbana. Para reconocer el terreno lo mejor es dar un pequeño paseo desde la plaza de la Morería en dirección norte, siguiendo la calle Padre Llansol. Esta calle discurre en una suave rampa que evita la necesidad de escaleras, al contrario que en la adyacente calle Marcos Porta. El cruce de Padre Llansol con San Antonio es un lugar en el que se han registrado frecuentes inundaciones (como las del pasado año 2012).
San Antonio Padre Llansol
Cruce de las calles San Antonio y Padre Llansol de Mislata, un área periódicamente afectada por graves inundaciones 
Es curioso pensar que pueda anegarse esta zona tan próxima a un desagüe natural como es el antiguo cauce del río Turia. Podría pensarse que el agua debería fluir hacia el norte, hacia el río, a lo largo de la propia calle Padre Llansol, evitando esta circunstancia. Pero no es así. Ni siquiera la construcción bajo la calle San Antonio de dos nuevos colectores de pluviales de gran sección en el año 2006 se mostró eficaz. ¿Por qué? Pues porque en realidad, la calle San Antonio es una alineación deprimida entre las plataformas superior e inferior de Mislata. Esta última tiene una suave pendiente hacia el sur, y no hacia el norte (hacia el río), como cabría esperar. Google Maps nos permite realizar una sección de un recorrido a lo largo de la calle Nuestra señora de los Ángeles, que discurre aproximadamente de forma paralela a Padre Llansol:

Perfil
Perfil longitudinal de la calle Virgen de los Desamparados de Mislata. La flecha señala el punto bajo relativo en el cruce con la calle San Antonio. Elaborado con Google Maps
Como vemos, la calle San Antonio constituye una especie de vaguada que, de hecho, era conocida como ‘el Barranquet’ entre la gente mayor de Mislata. Naturalmente este hecho fue ignorado cuando se urbanizó la zona. La desconexión entre el paisaje actual y el preexistente, como en tantos casos, está en el origen de la perplejidad ante el fracaso de las soluciones técnicas.
Así pues, desde la calle Mayor vamos descendiendo hasta cruzar la calle San Antonio y luego empezamos a ascender muy suavemente conforme recorremos la segunda plataforma. Y alcanzamos el punto más alto justo al llegar a la calle Buenos Aires, enfrente del polideportivo de Mislata. Este es un lugar singular pues es el último reducto de huerta en la zona este de Mislata: un par de bancales resisten en producción encajonados entre los edificios, el polideportivo y el Bioparc. Aquí hemos alcanzado también el límite de la segunda plataforma, cuyo escarpe es bien evidente en los ribazos de las huertas mencionadas y supera los 2 ó 3 m de altura.
Escarpe 2 Mislata
La terraza holocena del Turia en Mislata vista desde el polideportivo. El escarpe ronda los 2,00 m.
En este punto ya casi hemos alcanzado la cota (aún queda algo de descenso, pero más suave) hasta el antiguo cauce del río. Es hora de dar una explicación a estos escarpes. El siguiente mapa geomorfológico de la llanura de inundación del Turia nos servirá de ayuda.
Geomorfológico
Geomorfología de la ciudad de Valencia y su entorno. El área ampliada coresponde a la ciudad de Mislata. En azul el abanico aluvial del Turia. T0a identifica la terraza holocena de Mislata. Carmona en [1]
El estudio de la bibliografía disponible [1] y la topografía del terreno permiten interpretar la plataforma alta sobre la que se asienta el núcleo histórico de Mislata, que da lugar al escarpe de la calle San Antonio, como la superficie del abanico aluvial pleistoceno del Turia. Este abanico es el resultado de la progradación del río y sus depósitos hacia el Mediterráneo. En Mislata esta superficie está datada en unos 100.000 años de antigüedad. La segunda plataforma, sobre la que se asienta la zona más moderna de Mislata, es una terraza aluvial en sentido estricto: la primera que encontramos al remontar el Turia. Su edad es holocena, atribuyéndose su origen a la transgresión Flandriense. Esto quiere decir que se formó tras el ascenso del nivel del mar asociado al final del último periodo glacial, hace unos 10.000 años. Esta terraza, por tanto, es de tipo agradacional y se apoya sobre la superficie del abanico aluvial del Turia, que la precede en el tiempo. Esta terraza está limitada al norte por el último escarpe, el de la calle Buenos Aires. Por último, la plataforma del polideportivo y el parque de la Canaleta se corresponde con los depósitos del propio cauce actual del río.
Así pues, la calle San Antonio (el Barranquet) sigue la intersección de las dos superficies convexas, la del abanico aluvial pleistoceno del río y la de la terraza holocena, y esa es la razón de que se trate de una zona deprimida con dificultades de drenaje. Un río perdido por derecho propio. La razón de que tanto la terraza como el abanico posean formas convexas ( es decir, con forma de plato puesto al revés, con pendiente descendiente hacia el exterior) está en la forma en que se construyen estas estructuras: en ríos como el Turia, con caudales irregulares y grandes avenidas que transportan enormes cantidades de sedimento, cada vez que se desborda el cauce y la corriente pierde energía se depositan los materiales transportados, los de mayor tamaño más cerca del cauce. Eso hace que el cauce vaya elevándose encajándose entre dos muros paralelos o levees, más alto que la llanura de inundación que lo rodea. Eso es lo que vemos en la calle Virgen de los Desamparados. Ahora podemos completar la sección para ver la imagen completa:
Croquis sección Mislata
Croquis esquemático de Mislata según un transecto N-S a lo largo de la calle Padre Llansol. A la izquierda la plataforma elevada de Mislata (el abanico Pleistoceno del Turia) y a la derecha la plataforma baja (la terraza holocena). A la derecha del todo el cauce antiguo del río Turia a la altura del Molí del Sol. Se trata de un esquema conceptual, sin escala.
Un lugar fantástico para visualizar la superficie del abanico aluvial, que tiene su ápice entre Quart y Mislata, es la recientemente urbanizada nueva plaza Mayor de Mislata. Desde allí se puede apreciar perfectamente como el terreno desciende suavemente desde la avenida de Gregorio Gea hacia la calle San Antonio. Es curioso ver cómo el núcleo histórico de Mislata se asienta sobre los terrenos más antiguos mientras que las zonas más recientemente urbanizadas lo hacen sobre los más modernos. Podríamos preguntarnos qué ocurre con las terrazas del Turia río abajo de Mislata, ya que no hay ni rastro de ellas. La razón es que están enterradas bajo los potentes sedimentos de la llanura de inundación depositados durante la última transgresión Flandriense. En este proceso también ha tenido un importante papel la fracturación de la llanura a favor de diversos ejes tectónicos y el hundimiento de los bloques delimitados por las mismas a favor de estos ejes. Por ello el valle del Turia desaparece a partir de Mislata y el último azud del río, el de Rovella, se ubican justamente en esta ubicación, el punto más oriental en el que el río estaba lo suficientemente confinado como para permitir la construcción de este tipo de estructura.
Pero volvamos a la calle Padre Llansol. Como hemos mencionado, el área al norte de la la calle San Antonio se ha urbanizado recientemente, a partir de los años setenta del siglo XX. Así pues, el trazado de las calles, básicamente rectas definiendo una cuadrícula, difiere mucho de la trama irregular del núcleo histórico. No obstante, la calle Padre Llansol es una excepción, pues se trata del único eje que sigue una traza preexistente.  Así se ve en las fotografías del vuelo americano. Pero, ¿por qué?
Mislata 1957 editado[17]
Vuelo de Mislata en 1956. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Depósito de abastecimiento de agua original de la ciudad 3. Azud de Rascanya 4. Azud de Favara 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
Pues resulta que en su tramo más septentrional la calle Padre Llansol sigue el trazado de la acequia de Favara, una de las ocho acequias madre que regaban la vega de Valencia con agua del río Turia. Esta acequia pasaba, pero no dejaba nada de su caudal aquí ya que su área de riego estaba más al sur y al este. La acequia está enterrada bajo el pavimento y las únicas pistas que quedan en superficie son unas grandes rejas que se descubren cuando hay previsión de lluvias fuertes. Y es que, actualmente, la acequia de Favara en Mislata sirve casi exclusivamente como un colector de aguas pluviales (un gran ejemplo de río perdido).
Drenajes padre llansol
Calle Padre Llansol. Drenajes superficiales de aguas pluviales descubiertos en previsión de lluvias intensas. Conectan directamente con el trazado histórico de la acequia de Favara. Al fondo la calle San Antonio. En este punto la acequia gira hacia el este abandonando el eje N-S de la calle.
Alguien podrían pensar que el hecho de que la acequia discurra por aquí es casualidad, pero nada más lejos de la realidad. En realidad el canal llega a este punto resiguiendo el pie del escarpe de la terraza de Mislata, bordeando el parque de la Canaleta y justamente en este punto encuentra la topografía más favorable para atravesar la terraza y continuar su camino por el pie de la primera plataforma de Mislata, resiguiendo el Barranquet de la calle San Antonio. No, no es casualidad que los que trazaron la acequia decidiesen que siguiese esa vaguada que debía ser bien evidente en el paisaje original de la huerta.
Mislata 1883
Plano de Mislata en 1888. El norte está a la derecha y el sur a la izquierda. En el centro de la imagen la acequia de Favara discurre siguiendo un trazado sinuoso en paralelo a lo que será la calle Padre Llansol. El giro al este al llegar al núcleo urbano de Mislata coincide con la fotografía de los drenajes. El edificio por el que pasa la acequia es el antiguo molino de Mislata, ya desaparecido. A la derecha la acequia de Rascanya y el Molí del Sol.
Como curiosidad adicional, el punto en el que la acequia hace un brusco codo para girar hacia el este se encuentra, justamente, el local de la asociación de vecinos Favara de Mislata. Aquí, sobre la calle San Antonio, se encontraba también el molino que tenía el señor de Mislata, el primero de los de la acequia de Favara. La plaza del Conde de Aranda lleva ese nombre en honor de esta familia de nobles, señores de las tierras de Mislata, y se halla muy próxima al lugar donde se ubicaba el molino (propiedad también del Conde de Aranda). También aquí se encuentra la histórica calle del Molí, como recuerdo de esta infraestructura.
El trazado histórico de la acequia puede seguirse a lo largo del camino de Favara, al que se adapta tanto el perímetro del parque de la Canaleta como los vallados del ambulatorio y el instituto IES Molí del Sol. Y es que, efectivamente, estas construcciones son posteriores a la acequia y respetan su trazado sinuoso original, que de esta forma ha quedado fosilizado incluso aunque la acequia haya perdido su función original.
Camino de Favara (2)
Camino de Favara en la actualidad. En el centro de la imagen, en la acera, se distingue uno de los registros de la acequia de Favara, que discurre soterrada por este punto. A la derecha el parque de la Canaleta. El trazado sinuoso de la calle se corresponde con el de la acequia, en un rasgo típico de los trazados históricos de éstas.
Más adelante volveremos a encontrarnos con el río perdido de la acequia de Favara. Continuemos ahora nuestro descenso hacia el antiguo cauce del río. Seguimos desde la calle Padre Llansol dejando el polideportivo a la izquierda y el Bioparc de Valencia a la derecha. Enseguida llegamos al final del parque de Cabecera (o el principio, según se mire). Nos encontramos de nuevo sobre el viejo río.

Molí del Sol
Molí del Sol junto al Parrque de Cabecera. El río Turia discurría aproximadamente por este punto. Al fondo, junto al edificio, se aprecia el escarpe que asciende la leveé del río y conduce a la partida de Dalt. El fondo los nuevos edificios de Campanar. desde esta vista se intuye que la cota de la urbanización de los nuevos barrios de Campanar está, efectivamente, por debajo de la cota del cauce.
Y aquí tenéis el aspecto que tiene el antiguo cauce. La verdad, si no lo supieseis, jamás imaginaríais que por aquí ha pasado un caudal de avenida de casi 5.000 m3/s. Actualmente está ocupado por algunos bancales aún en producción, pero en su mayor parte está abandonado. Hace 60 años nos estaríamos mojando los pies… Aunque hayas nacido después de que el agua dejase de fluir por aquí, es inevitable sentir nostalgia por el poderoso aunque voluble río desaparecido.
Cauce antiguo
Vista hacia el oeste del antiguo cauce del río Turia desde el Molí del Sol. 
En el parque de cabecera se ha creado un remedo de lo que fue el río en este lugar construyendo un lago y una corriente de agua artificial. La lámina de agua no se corresponde con la cota original del río, si no que se encuentra más baja. Fue preciso excavar algo, aunque el hecho de que se extrajesen áridos del cauce durante años debió de facilitar bastante la tarea.
Parque de cabecera
El parque de cabecera de Valencia dispone de un canal y lago artificiales a modo de recordatorio del origen fluvial del lugar
En este punto tenemos varias cosas que ver. La primera es que, a pesar de todo, el viejo río no se ha ido del todo. Junto al arranque del camino fluvial del Turia y semiocultas por la vegetación hay un gran drenaje de aguas pluviales que intercepta el viejo cauce. Y es que, en sí mismo, el cauce abandonado es una cuenca en sí misma que también recibe caudales significativos de agua que se deben evacuar.
Drenajes
Drenaje interceptor de grandes dimensiones en el límite entre el antiguo cauce y el parque de cabecera. La cuenca del antiguo cauce es receptora de una cantidad no despreciable de agua de lluvia que debe ser evacuada adecuadamente
La segunda es el propio Molino, una estructura declarada Bien de Interés Cultural y reconvertida en comisaria de policía local. Se trata de un edificio de 1860 y fue el último de este uso construido en la huerta de Valencia. Aprovechaba el caudal de la acequia madre de Rascanya, de la que era el primer molino. La rehabilitación permite ver su aspecto original, incluyendo la propia acequia original que, desde este punto discurre soterrada.
Molí del Sol 2
Estructuras del Molí del Sol, edificio contruido aproximadamente en 1860. Al fondo de ven los cajeros del canal de derivación de la acequia de Rascanya y dos piedras de moler. En primer término una serie de tajamares delimitan los canales sobre los que se asentaba la edificación
Tras subir la cuesta que flanquea el molino llegamos a un lugar que posee el revelador nombre de Partida de Dalt. Desde aquí podemos ver como los levees del río mantenían al Turia fluyendo a una cota bastante superior a la los terrenos de Benimàmet y Campanar. Especialmente esta última población sufrió mucho durante la crecida de 1957, al igual que el barrio de Tendetes, por encontrarse en una zona deprimida con dificultades de drenaje. Quizá esa sea la razón de que esta área no se haya urbanizado hasta un tiempo reciente.
Campanar
Campanar desde la partida de Dalt. El terreno desciende suavemente desde los leveés del río hacia la ciudad. Esta área era objeto de inundaciones frecuentes antes del desvío del río
Benimamet
Vista hacia el norte desde la partida de Dalt. Al fondo la sierra Calderona. A la izquierda el escarpe de materiales marinos miocenos sobre los que se asientan Paterna y Burjassot. Entre medias la zona inundable de Benimàmet.
Aquí tenéis un plano todavía más antiguo, un grabado de 1812 reflejando la situación de las tropas francesas durante el sitio de Valencia. Apreciamos perfectamente el trazado histórico de las acequias de Favara, Rovella y Rascanya. Ya habréis reparado en que el Molí del Sol no existía todavía, pero sí el camino de Favara y su tramo que actualmente corresponde con la calle Padre Llansol. También vemos que Campanar eran, literalmente, cuatro casas. Me fascinan los mapas antiguos.
Plano sitio Valencia
Plano de Valencia durante el sitio francés de 1812. El Molí del Sol no estaba construido todavía, pero sí vemos los cursos de varias acequias madre: Rascanya, Favara y Rovella.
Y ya que hablamos de la acequia de Rascanya, hay que decir que esta acequia es la última por el lado izquierdo y sus terrenos regados, a diferencia de otras como la de Favara, no han desaparecido ante la expansión urbana sino que se mantienen en su mayoría.
Llegados a este punto tenemos dos opciones. Una es volver sobre nuestros pasos y ver lo que queda de la acequia de Favara. La otra es continuar por el camino fluvial del Turia. Esto nos permite visitar el Molí dels Flares (o Frares), cuya antigüedad está enmascarada por toda la serie de añadidos al edificio original que se han producido con el tiempo, todos ellos, además, en estado ruinoso. El camino de Favara nos permite encontrarnos con el trazado histórico, sin servicio desde la ejecución del plan Sur más que como drenaje o para recoger los sobrantes de los brazos de la acequia de Mislata que riegan lo que queda de huerta en esta zona (hablaremos más adelante de la afección de la ejecución del nuevo cauce al sistema de riego de la Huerta).
Molí dels Frares
Enclave del Molí dels Frares, sobre el trazsdo histórico de la acequia de Rascanya. El edificio original es de la edad media, pero es irreconocible y se encuentra en un entorno sumamente degradado. Tan sólo el monumental arce permite vislumbrar lo que pudo ser el paisaje hace años, junto a la ribera del Turia
Favara
Cajeros de bloque de hormigón de la acequia de Favara. Como vemos, el trazado recto ha sustituido en algún momento al trazado sinuoso original. La acequia no lleva agua ya que el canal histórico haa quedado fuera de servicio tras la ejecución del plan sur y actualmente funciona como drenaje
En paralelo a la acequia de Favara discurre el canal de la acequia de Rovella que se construyó tras el desvío del río, obra que como vimos dejó sin servicio el antiguo azud que ya visitamos en la primera parte de este artículo. Como veis, carece por completo de encanto.
Rovella
Las jóvenes ayudantes de campo junto al nuevo canal de cajeros de hormigón de la acequia de Rovella. En primer término una canalización abierta que sirve de alivio o derivación del caudal del Braç dels Moros, perteneciente a la acequia de Mislata, hacia la acequia de Rovella. A la izquierda, más allá del coche azul, discurre enterrada la acequia de Favara. Fotografía tomada en dirección oeste, aproximadamente
Pero no hay que desesperar. Un pequeño desvío nos permite visitar las lenguas de Francs-Moros: se trata de un elemento de la red hidráulica que permite dividir el caudal de una acequia conforme a una proporción definida. El reparto según ciertas proporciones es la clave de este tipo de sistemas. En este caso, el caudal se reparte entre los brazos de Moros y de Francos, ambos pertenecientes a la acequia de Mislata, que discurre a una cota superior a las de Favara y Rascanya. Esta acequia fue una una de las más afectadas por el plan Sur. Es asombroso pensar que el reparto del agua en este punto se ha estado realizando de la misma forma conforme a una decisión tomada ¡antes del siglo XIII! Y es que ese es el tiempo que llevan los sillares laterales y espigón central en su lugar…
Lenguas de Francos
Llengües de Francs-Moros, infraestructura destinada a partir el caudal entre dos brazos de la acequia de Mislata. Los sillares son, muy posiblemente los originales y llevan en este lugar cumpliendo esta función casi mil años
Y, al fin, el azud de Rascanya. Casi hay que buscarlo a propósito, perdido entre las cañas y la maleza y sin nada que lo señalice. Dice mucho de nosotros que una infraestructura como esta, del siglo XV, se encuentre en semejante estado de abandono a pesar de estar declarado Bien de Interés Cultural. Y es que este azud, como el resto del sistema hidráulico del que forman parte, ha sido durante cientos de años (el original era todavía más antiguo) un elemento básico para la prosperidad y la propia supervivencia de la ciudad. Así lo prueba la influencia que aún tienen las Comunidades de regantes de cada una de las acequias madre, la existencia del Tribunal de las Aguas y la estricta regulación del reparto del agua del río.
Vista Azud Rascanya
Azud de Rascanya. Este dique data del siglo XV, momento en que se trasladó aguas arriba el original para dar riego a una mayor extensión de campos. Al fondo se ven los restos derruidos de la casa de compuertas. Vista en dirección NE.
Sin embargo, el tramo del cauce antiguo que queda entre el inicio de los cajeros del nuevo cauce y el parque de cabecera está en un estado de abandono absoluto. El lecho abandonado y el resto de infraestructuras asociadas están perdidos entre los escombros, la basura y la maleza, casi irreconocibles como lo que fueron. El antiguo río es como un cadáver mal enterrado, abandonado a la vista de todos mientras la ciudad hace como si no lo hubiese conocido, como si se tratarse de un familiar que hubiese cometido un crimen abominable y sus parientes fingiesen no conocerlo. Estoy seguro de que hay algo de profundo significado psicológico detrás de todo ello. El caso es que el cauce ya fue desafectado por la Confederación Hidrográfica del Júcar y el terreno se lo reparten entre los municipios de Mislata, Valencia y Quart de Poblet, por lo que no hay visos de que se vaya a realizar ninguna acción coordinada sobre el entorno del mismo.
Volviendo a los nuestro, a pesar del estado del azud todavía se reconocen algunos elementos del mismo como la almenara de derivación de agua y el canal de retorno del excedente al río, las ruinas de la casa de compuertas e, incluso, el hueco donde se ubicaban las compuertas del inicio de la acequia. En el extremo sur se ve todavía la toma provisional ejecutada para dar agua a la acequia de Rovella.
Azud de Rascanya
Fotografía aérea del azud de Rascanya. 1. Casa de compuertas 2. Canal de derivación de caudal en exceso 3. Toma de la acequia de Rascanya 4. Toma provisional de la acequia de Rovella, en desuso como el resto de la infraestructura. El norte está arriba. Fuente: Google Maps
Cabe recordar que las acequias madre del Turia son canales que no llevan un caudal desdeñable. Como ya hemos dicho, la asignación de caudales se hace de forma proporcional, en base a una unidad denominada ‘fila’. Una fila equivale al 1/138 del caudal que lleve el río en un determinado momento. La acequia de Rascanya tiene una asignación de 14 filas, lo que significa que, para un caudal medio del Turia de 14 m3/s, estamos hablando de 1 m3/s. La variabilidad del caudal del río explica las dimensiones de la almenara y la necesidad de un canal de alivio del agua que la acequia no pudiese trasegar sin riesgo para su integridad estructural. En el entorno del azud llama la atención lo acarcavado que se encuentra el terreno al pie del mismo, sin duda a consecuencia de la avenida de 1957.
Retornos Rascanya
Los jóvenes ayudantes de campo observan la almenara del canal de derivación de la acequia. A la izquierda la toma de la acequia. Aún se aprecian en los sillares del canal las guías de las compuertas

Compuerta
Hueco de la compuerta original de la acequia de Rascanya. En el lugar se oye correr el agua ya que un canal de nueva construcción trae el agua desde la Cassola del Repartiment hasta el trazado histórico de la acequia
Y si nos fijamos en los sillares del graderío, aparte de encontrar las ubicuas losas de rodeno procedentes de la sierra Calderona, también encontramos las calizas fluviolacustres neógenas de las canteras próximas a la capital, con las que se edificaron gran parte de los edificios históricos de Valencia.
Fósiles
Gasterópodos de pequeño tamaño en los sillares del azud. Se trata de las calizas fluviolacustres neógenas tan típicas de los edificios históricos de Valencia
Una vez llegados aquí, es imposible no reparar en una gran montaña de tierra y escombros que se alza a más de 8 m de altura tras el dique. Se trata de la  mota de material procedente de la excavación del nuevo cauce que se dispuso sobre el antiguo para garantizar su aislamiento. Y en este punto lo dejamos para continuar en el tercer y último artículo de la serie.
Mota cauce viejo
El joven ayudante de campo Óscar observa pensativo la mota de tierra que bloquea el antiguo cauce más allá del azud. 
 [Este artículo es la segunda parte de una serie sobre el río Turia y sus acequias a su paso por la ciudad de Valencia. La primera parte puede leerse siguiendo este enlace
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lunes, 29 de febrero de 2016

Hidrogeología urbana. Los ríos perdidos de Valencia (I)

Si tuviese que describir Valencia desde el punto de vista geográfico posiblemente las principales características que citaría son las siguientes:

1. Valencia es una ciudad absolutamente llana.
2. Valencia es una ciudad fluvial.

La primera afirmación es fácilmente constatable. Y no sólo por las evidencias topográficas. El callejero de una ciudad, en especial las ciudades grandes, constituye, en ocasiones, un auténtico registro fósil de la paleogeografía perdida cuando la expansión de las urbes hizo desaparecer bajo el pavimento el terreno original. Así, en Valencia es posible pasear por la Ciutat Vella por calles llamadas Alta y Baja, o por la plaza Redonda o Clot (hondonada), mientras que más allá de la muralla existían (y existen como zonas de la ciudad actual) el Pla (Llano) del Remei, el de la Saïdia y el del Real. Las diferencia de cota entre estas zonas es ta pequeña que tan sólo en una ciudad como Valencia podían ser una referencia topográfica. No obstante, esas pequeñas diferencias pueden ser críticas en una ciudad así: los romanos decidieron construir el asentamiento original en una isla del Turia que, por añadidura, quedaba algo por encima del resto de territorio circundante (allí sigue estando la Catedral, junto al yacimiento arqueológico romano de la plaza de L’Almoina). Lo acertado de esa elección se pone de manifiesto al comprobar que en la gran riada de 1957 la antigua ciudad romana quedó por encima del nivel de las aguas (aunque no siempre parece haber sido así).

Restos puerto fluvial
Restos arqueológicos que, probablemente, pertenece a la base de un portal ya desaparecido existente entre la puerta de Serranos y el Portal Nou. Se encuentra a la salida del túnel de Blanquerías, en las inmediaciones de las Torres de Serranos
Acerca de la segunda, quizá puede haber más debate. Más de un visitante se queda perplejo al ver como los valencianos hacemos referencias constantes 'al río', un río que aparentemente sólo está en nuestra mente. Cuando el visitante se acerca 'al río', lo que se encuentra es con un gran parque lineal que ocupa una traza curva deprimida respecto al nivel de las calles adyacentes y que abraza la ciudad vieja durante casi 10 km hasta llegar al mar, justo donde ahora se encuentra la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Así pues, ¿a qué río se refieren los valencianos? De haber llegado a la ciudad antes de 1973 no habría habido ninguna duda. donde ahora está el gran jardín lineal el viajero habría hallado al río Turia, ese modesto río capaz de transformarse de tanto en tanto en una fuerza de la naturaleza de una magnitud difícil de creer en épocas de estiaje. Y es que, efectivamente, desde su fundación Valencia fue una ciudad fluvial, no una ciudad marítima: el mar queda, como entonces, a casi 6 km de la ciudad vieja. Bueno, no exactamente, ya que la línea de costa ha retrocedido desde la fundación de la ciudad en casi 2 km empujada por la progradación de la llanura costera.

Valencia por Guesdon
Grabado de Valencia realizado por Alfred Guesdon den 1858. En primer término la curva del Turia que abraza la Ciutat Vella por el Norte. Se ven claramente cuatro de los puentes históricos. El más cercano es el de San José (siglo XVI), que conduce al portal Nou, derruido junto con el resto de las murallas en 1865. Siguiendo el perímetro de la muralla se ven las Torres de Serranos, que se salvaron de la demolición

Así pues, ¿qué pasó con el río? Tras la riada que arrasó la ciudad en el otoño de 1957 se adoptó la decisión de, mediante una de las mayores obras de ingeniería civil de su época, desviar el curso del río Turia al sur de su cauce natural, donde discurre hoy en día. Los viajeros que llegan a Valencia en ferrocarril de alta velocidad cruzan los cajeros del cauce nuevo minutos antes de llegar a la estación, aunque raramente veran la lámina de agua del río, que suele fluir bajo la escollera que recubre el fondo del canal para evitar su erosión en ápocas de crecida. Para entender la magnitud de la obra es imprescindible saber que el Turia, un río cuyo módulo (caudal medio) es de unos 14 m3/s en Vilamarxant, aguas arriba de la ciudad de Valencia, alcanzó un caudal estimado de 3.700 m3/s durante la crecida de 1957. Este valor ha sido revisado recientemente por la propia Confederación Hidrográfica del Júcar, que lo ha elevado a 4.200-4.400 m3/s. Y, todavía más, hay quién estima que el caudal pudo llegar a ser de 6.000 m3/s [1]. Así se entiende la enorme dimensión del cauce nuevo, dimensionado para conducir una avenida de 5.000 m3/s. Mientras escribo esto, y amodo de comparación, el caudal del Ebro en la ciudad de Zaragoza es de 1.027 m3/s.

Cauce nuevo
El cauce nuevo del Turia mirando aguas abajo cerca de su inicio en la localidad de Quart de Poblet
Así pues, en el año 1973 el río Turia perdió, de momento, su antiguo cauce. Esta es la última, pero no la primera, de las ocasiones en que la ciudad ha cambiado su apariencia modificando los cursos de agua junto y sobre los que creció. Estos cambios dejan un rastro que podemos descubrir en la actualidad, pues el trazado actual de las calles, por ejemplo, conserva alineaciones y estructuras asociadas a la topografía antigua, a la vez que en el subsuelo se han descubierto depósitos de relleno de canal y restos de infraestructuras hidráulicas.

Paleocauces
Mapa de la Valencia antigua en la que se representan los dos paleocauces que la atravesaron. Tomado de [2]
Tal es el caso del eje que conduce desde la plaza de Tetuán por la calle Navarro Reverter y hasta el Pla del Remei, que fosiliza el trazado de una antigua rambla denominada dels Predicadors, que quedó aislada y aterrada tras la construcción de la muralla medieval. La depresión topográfica es absolutamente evidente mirando desde el puente del Real hacia la Glorieta, lugar en el que precisamente por ello se alcanzó una altura de agua de más de 3 m sobre la rasante de la calle durante la riada del 57.

También es el caso de otro par de cauces, uno al norte del curso actual y otro que abrazaría la ciudad antigua por el sur [2]. Según algunas propuestas, el trazado actual de la calle de las Barcas y su continuación Pintor Sorolla seguirían ese antiguo paleocanal meridional del río, al que se ciñeron las murallas árabes del siglo XI (se han hallado en el subsuelo de la vaguada del Mercat depósitos de arenas de potencia métrica que parecen respaldar esta hipótesis). Y es que, sobre todo, la ciudad de Valencia es una ciudad fluvial porque está construida sobre la llanura de inundación del Turia, un río de tipo braided o entrelazado, caracterizado por discurrir por su llanura sin un cauce definido ni permanente, siendo frecuentes los cambios de curso tras episodios de avenida con gran transporte de sedimentos. Todos esos materiales fluviales, arenas, gravas y limos constituyen un gran acuífero del que, durante casi toda su historia, se abasteció de agua potable la población mediante la construcción de pozos dentro del perímetro de las viviendas. Esta situación cambió cuando se acometió la construcción de la red de distribución canalizada de agua a la ciudad, cuyas primeras actuaciones se inauguraron en 1850. Todavía hoy se pueden encontrar en las fachadas de algunos edificios de la Ciutat Vella placas anunciadoras del entonces novedosísimo (e indudablemente más salubre) sistema de abastecimiento. Toda una evidencia del progreso.

Placa fachada
Rótulo anunciador de que una vivienda del centro histórico poseía en su origen agua filtrada de alta presión. Un avance enorme comparado con el abastecimiento tradicional de pozos
Otras evidencias fósiles de aquel progreso se encuentran, por ejemplo, en la denominación del mercado de los Filtros, en Manises, cuyo nombre hace referencia a la instalación de tratamiento del agua de abastecimiento de la ciudad (los filtros) antecedente de la actual planta de tratamiento de La Presa, otra infraestructura construida en aquella época a modo de captación. Y, todavía más, el Museo de Historia de Valencia ocupa un antiguo depósito junto a la Creu de Mislata desde el que partían las canalizaciones de distribución a la ciudad. Este museo merece ser visitado (entre otras razones) por lo espectacular de su construcción, una sala de grandes dimensiones materializada mediante bóvedas de fábrica de ladrillo sostenidas por columnas ejecutadas de la misma manera.

Museo
El antiguo depósito de abastecimiento de agua potable a la ciudad, entre las localidades de Valencia y Mislata, construcción que ahora alberga el Museo de Historia de la ciudad. Las escaleras de la derecha salvan un escarpe de los varios que descienden hacia el antiguo cauce en este punto
En cualquier caso, para un visitante los vestigios más evidentes de la existencia pasada del Turia son, sin ninguna duda, los puentes. Valencia tiene muchos puentes construidos en distintas épocas pero de entre todos ellos destacan los cinco históricos: San José, Trinidad, Serranos, del Real y del Mar. Se construyeron entre los siglos XIII y XV y es evidente que sus constructores eran conocedores de la amenaza de las crecidas y de la necesidad de levantar estructuras capaces de resistirlas (el puente del Mar, por ejemplo, sustituyó a uno anterior destruido por la avenida de 1589).

Puente del Mar
El Puente del Mar, uno de los puentes históricos de Valencia. Construido en el siglo XVI para sustituir a uno precedente destruido por la avenida de 1589
Aunque por muy impresionantes que sean estos puentes, lo que de verdad asombra por la magnitud de la obra son los pretiles del cauce antiguo. Estas magníficas estructuras se construyeron tras la destrucción de la ciudad por la avenida de 1589 y las obras se extendieron desde 1591 hasta 1789. En el lado de la ciudad, la margen derecha, la longitud de las defensas es de más de 7 km, algo verdaderamente extraordinario. Las continuas avenidas del río (entre 1321 hasta 1957 hay registradas 24 riadas) obligaron a tomar la decisión de acometer tan magna obra.

Pretiles
Pretiles del cauce a la altura del Azud de Rovella. El estrechamiento corresponde con los restos de la obra de toma de esta acequia. Al pie de la escalera se aprecia lo que posiblemente era la guía de la compuerta de la obra de derivación
Y ya que estamos, al echarle un vistazo a los sillares de los pretiles vemos que están constituidos por calizas fluviolacustres con moldes de plantas acuáticas aparentemente en posición de vida. Estos materiales de construcción proceden, como en la práctica totalidad de edificaciones de la época y posteriores, de canteras próximas a Valencia en afloramientos de calizas neógenas continentales. Es curioso pensar que los cursos de agua en que se formaron esas rocas pudieron ser afluentes de un río Turia neógeno.

Sillar
Calizas fluviolacustres neógenas empleadas en la construcción de los pretiles y el propio azud de Rovella
Según remontamos el Turia, encontramos un nuevo tipo de estructura. Se trata de una gran obra de sillería que intercepta el cauce antiguo de lado a lado. Cada día miles de personas pasan a su lado posiblemente sin sospechar que se trata de una infraestructura esencial en su momento para el mismo funcionamiento de la ciudad antigua: el azud de Rovella.

Azud de Rovella
El azud de Rovella, en el cauce viejo del Turia. En el centro del cauce se sitúa un edificio moderno, la Casa del Agua, que alberga un retén de policía local. El río fluía de izquierda a derecha de la imagen
Un azud es una represa que se construye en un curso de agua para generar una lámina a una cierta cota que permita la toma de aguas por un canal para destinar el caudal captado a algún fin determinado. En este caso, aquí tenía su origen la acequia de Rovella, cuyo fin principal era la de servir como drenaje de las aguas negras de la ciudad. Tan sólo al abandonar ésta se utilizaban sus aguas para riego de huertas y arrozales. A día de hoy, y a pesar de la construcción de colectores de saneamiento acometida desde 1975, la acequia, que discurre enterrada bajo las calles de la ciudad, todavía recibe vertidos en un volumen no cuantificado. No obstante,  ya no tiene su origen en este azud ya que, como es evidente, no hay un río del que captar agua. Y con esto nos encontramos por primera vez con las acequias de Valencia. Las acequias de la huerta de Valencia constituyen una auténtica red fluvial milenaria construida por la mano del hombre para regar la fertilísima vega del Turia.

Mapa de acequias
Mapa de las acequias de la jurisdicción del Tribunal de las Aguas, una red fluvial artificial que en buena parte se encuentra enterrada bajo la propia ciudad de Valencia. Tomado de la web del Tribunal.
Existen ocho acequias madre de las que parte en una red jerarquizada toda un sistema de canales de menor entidad que cubren todo el territorio. Estas acequias constituyeron durante cientos de años una infraestructura esencial para la ciudad y las poblaciones que la rodeaban hasta el punto de disponer de un órgano de gobierno exclusivo que se ha mantenido operativo desde hace cientos de años: el Tribunal de las Aguas, el órgano jurídico más antiguo de Europa. Estas acequias madre parten de ambas márgenes y son: Quart, Benáger-Faitanar, Tormos, Mislata, Mestalla, Favara, Rascanya y Rovella. La superficie regada es de una s17.000 ha. Si visitáis la ciudad podréis ver en la plaza de la Virgen una fuente monumental dedicada al padre Turia y sus hijas, las acequias de la ciudad.

Fuente Turia
El Padre Turia rodeado de las acequias de la huerta de Valencia. La Cornucopia es una alegoría de la riqueza de la vega y es uno de los primeros símbolos de la Valencia romana
Algunas de estas acequias, como la de Rovella y la de Favara, penetran y discurren por la propia ciudad, que en su crecimiento las ha ido cubriendo. Los terrenos que se regaban de ellas han quedado urbanizados y en el caso de las que tenían como misión el riego (ya hemos comentado que la de Rovella servía, principalmente como colector de aguas negras) han quedado soterradas y olvidadas. Pocos saben del trazado actual de esas acequias bajo nuestras calles. Las obras que se van realizando descubren de tanto en tanto su trazado y, en el caso de la Ciutat Vella, restos arqueológicos de obras hidráulicas asociadas a las mismas, como molinos. También estos cursos de agua son, en cierto modo, ríos perdidos. Es fascinante pensar como el cambio de la sociedad ha hecho que ciertas obras, de las que dependía la propia supervivencia de los habitantes del territorio, hayan quedado olvidadas para la mayoría en el transcurso de unas décadas a pesar de encontrarse delante (y debajo) de nosotros, todavía en servicio.

Rovella
Trazado de la acequia de Rovella bajo las calles de Valencia. En el centro de la imagen se aprecia la curva que sigue el antiguo trazado de la muralla cristiana a lo largo del eje Guillem de Castro-Xátiva-Colón.
Siguiendo nuestro recorrido río arriba y al pasar el azud de Rovella llegamos al parque de Cabecera (justo al lado del Museo de Historia de la ciudad, el antiguo depósito del que hablamos anteriormente). Aquí encontramos una estructura aún en servicio que nos señala el curso de la acequia de Favara. Si se presta atención, aún es posible escuchar el ruido del agua al correr por la canalización, ahora subterránea.

Compuertas Favara
Obra de derivación de la acequia de Favara, todavía en servicio, en el linde entre Mislata y Valencia, junto al parque de cabecera y el antiguo cauce del Turia (que se encuentra a la derecha en la imagen)
Estamos en un punto de gran interés, en el límite entre Valencia y Mislata. Aquí nos encontramos por primera vez con los desniveles que asociamos a las terrazas de un río y que hasta ahora no hemos encontrado en nuestro recorrido. De hecho, los mayores desniveles de la ciudad. Por fin tenemos ante nosotros las primeras evidencias de un valle fluvial con un río encajado entre terrazas formadas en distintas épocas. Estas terrazas se explotaron como canteras de árido en la zona donde posteriormente se construyó el parque de cabecera.

Parque cabecera
Vista hacia el parque de cabecera desde Mislata. El viejo cauce queda a la izquierda. La pendiente forma parte de los escarpes del sistema de terrazas fluviales del río. En esta zona encontramos los mayores desniveles entre la ciudad y el río
Valencia se sitúa en la llanura de inundación construida por el Turia al final de su valle, que ha rellenado a favor de la marcada subsidiencia del área desde finales del Terciario. Esto ha hecho que superpongan en la llanura varias estructuras generadas por la acumulación de materiales detríticos: los piedemontes de las alineaciones montañosas que rodean la ciudad (como el Plà de Quart, por el oeste); los abanicos aluviales de ramblas y del propio río, éste último el más extenso y que se extiende hacia el sur desde la población de Quart. Y por último, la propia llanura de inundación formada por sucesivos periodos de crecida [3].

Geomorfológico Carmona
Geomorfología de la ciudad de Valencia y su entorno. En marrón los piedemontes de las sierras que rodean la llanura del Turia. En rosa las terrazas del río, que se solapan sobre la superficie del piedemonte del Pla de Quart. Carmona y Ruíz en [4]. 
Y ya que hablamos de Mislata, hay que decir que la idea para escribir este artículo comenzó aquí, al pensar seriamente por primera vez en un detalle topográfico bastante intrigante: el escalón o pequeño escarpe que recorre esta población de este a oeste a lo largo de la misma y que, en realidad, es la manifestación del desnivel existente entre la parte alta de la población (básicamente al norte de la calle Mayor) y la baja, al sur de este eje. Mislata se encuentra junto a Valencia, tan cerca de ella que el tejido urbano de una y otra se han unido y el tránsito se hace sin solución de continuidad. Hace unas décadas era una pequeña población de L’Horta cuyos habitantes se dedicaban básicamente a labores agrícolas en los campos que la rodeaban y que lindaban al norte con el Turia. A día de hoy prácticamente todo su término municipal está urbanizado, con poco orden y ningún respeto por la arquitectura tradicional, por lo que salvo algunas pequeñas zonas en lo que fue el núcleo original no queda nada que recuerde (salvo sus habitantes) un entorno que debió ser bastante bonito: pequeñas huertas regadas por acequias que descendían en terrazas hacia el cauce del río y con la vista de la ciudad de Valencia hacia el este. En 1957 el entorno de Mislata estaba rodeado de toda una serie de infraestructuras asociadas al río que sin duda constituían referencias topográficas de primera magnitud. Algunas de ellas, las que son de interés para nuestra historia, aparecen en indicadas en la siguiente ortofoto procedente del vuelo Americano, del que ya hemos hablado en una ocasión.

Mislata 1957 editado
Vuelo de Mislata en 1956. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Depósito de abastecimiento de agua original de la ciudad 3. Azud de Rascanya 4. Azud de Favara 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
Por contra, así aparece a día de hoy la zona, 60 años después. Echamos en falta algunas cosas, la primera de ellas el propio río, desviado hacia el sur a su nuevo cauce. Tampoco hay ni rastro del azud de Favara (hablaremos de esto más adelante). Sobre la imagen he señalado con dos líneas de puntos los dos escarpes (sí, hay más de uno) fácilmente identificables en la localidad de Mislata y he señalado con rayados oblícuos las superficies subhorizontales delimitadas por las mismas.

Mislata 2016 Editado
Mislata y Valencia en 2016. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Museo de Historia de Valencia 3. Azud de Rascanya 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
[3] Evolución holocena de la llanura costera del río del Turia. Pilar Carmona González.

[4] Patrimonio hidráulico del bajo Turia. Varios autores. Confederación hidrográfica del Júcar.

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