domingo, 29 de septiembre de 2013

La vida es un viaje, no un destino: Geología en Ordesa y Monte Perdido (I)

Ciertamente este mes ha sido bastante ajetreado. A las dificultades para encontrar el tiempo necesario para escribir se ha sumado el hecho de haber pasado bastante tiempo fuera de casa. Sin embargo, he aprovechado ese tiempo para visitar lugares y vivir aventuras geológicas que iré relatando en los próximos artículos. Y nada mejor que comenzar con el ansiado viaje a Pirineos con el objetivo de ascender a Monte Perdido.

El Parque Nacional de Ordesa y M.P. es un paraíso geológico que abruma tanto por la amplitud del paisaje como por la historia recogida en las rocas y formaciones aflorantes. Y el esfuerzo necesario para visitarlo se ve ciertamente recompensado con creces.

Pero como dice una famosa cita, de la que existen numerosas versiones (aunque yo siempre recuerdo la letra de Amazing, una canción de Aerosmith): Life is a journey, not a destination. Y es imposible sustraerse a la emoción trasmitida por la variedad de lugares, paisajes y fragmentos de la historia geológica de Iberia que se atraviesan hasta llegar a Torla. Especialmente si uno tiene la suerte de viajar de copiloto todo el viaje y puede dejar la mirada libre a la contemplación y la mente a la reflexión (gracias, sobre todo, a Manolo Benet, mi compañero de viaje e infatigable conductor).

Así pues, este artículo constituirá un compendio ordenado en el tiempo de aquellas visiones que llamaron mi atención durante el trayecto entre Valencia y el Parque Nacional, a modo de preludio de lo que nos estaba esperando. Las fotografías que ilustran este artículo han sido tomadas de Google Earth, ya que es bastante difícil tomar fotografías de calidad desde un vehículo y la herramienta Street View nos simplifica la labor.

Nuestra ruta siguió de principio a fin la autovía A-23 (autovía Mudéjar). Tras abandonar la llanura aluvial sobre la que se asienta Valencia y su área metropolitana giramos en dirección noroeste aprovechando el corredor entre la Sierra Calderona y la Sierra de Espadán. En aventuras anteriores ya hemos recorrido la primera de ellas. En estas montañas aflora magníficamente el triásico, especialmente el inferior (Bundsanstein) y el medio (Muschelkalk): una época en la que ríos transportaban grandes cantidades de materiales procedentes procedentes del desmantelamiento de los relieves variscos y los depositaban en enormes llanuras junto al océano conocido como Panthalasa y que ahora son las areniscas y limos rojizos que vemos al pasar. Posteriormente, un ascenso relativo del mar favoreció el establecimiento de una plataforma carbonatada en la que se depositaron las calizas y dolomías del Musch, las rocas de pátina anaranjada que se superponen a los niveles rojizos del Bundt. En tránsito entre estas unidades puede verse en un talud a la derecha (en sentido Teruel) antes de llegar a la salida de Albalat y Estivella:

Tránsito entre el Bundsanstein (Fm. Marines, versicolor, a la derecha) y el Muschelkalk (arriba a la izquierda)
Continuamos nuestro camino y, eventualmente, nos encontramos entre terrenos de edad Jurásica. Una unidad especialmente bien expuesta y reconocible es la Fm. Ritmita de Loriguilla: alternancia de calizas y margas depositadas en un ambiente marino profundo durante el Kimmeridgense (Jurásico Superior). 

La ritmita calcárea de Loriguilla desde el viaducto de Albentosa.
Al llegar a Teruel encontramos algunos parches correspondientes al Triásico superior (Keuper), un momento en el que se desarrollaron marismas y salinas costeras de gran extensión en toda Europa. Una de sus características propias es la abundancia de yesos.

El Keuper desde el viaducto del ingeniero Quinto Pierres
Un poco más adelante, a la altura de la salida hacia Alcañiz, nos encontramos con parte del relleno neógeno de la cuenca de Teruel-Alfambra. El carácter detrítico - evaporítico de los materiales es bien patente en la siguiente imagen, con los yesos blancos coronando el escarpe.

Yesos neógenos a la altura de Teruel

Tras pasar Teruel la autovía se dirige hacia el norte aprovechando el corredor ofrecido por la fosa tectónica responsable de la existencia de la cuenca anterior. Se trata de una depresión en la que los materiales jurásicos que la flanquean forman los bloques levantados mientras que el bloque hundido genera con su subsidiencia (hundimiento) el espacio para la acumulación del relleno. En la siguiente imagen puede observarse como, al igual que en otras cuencas terciarias, prácticamente se llegó a su colmatación.

Vista de la fosa de Teruel - Alfambra mirando hacia su límite Este a la altura de Santa Eulalia. Al fondo, el bloque levantado constituido por los materiales jurásicos de la sierra Palomera
Continuamos nuestro camino y alcanzamos el límite septentrional de la fosa. Al pasar junto a Villarreal de Huerva vemos a nuestra derecha los materiales más antiguos que tendremos ocasión de contemplar en nuestro viaje: un afloramiento del Cámbrico inferior, pizarras y cuarcitas depositadas en el mar hace más de 500 millones de años, en los albores de la vida pluricelular.

Materiales del Cámbrico inferior a la altura de Villarreal de Huerva
Estamos atravesando el basamento de la Cordillera Ibérica. Tras pasar el viaducto de Paniza, en los taludes apreciamos más cuarcitas y pizarras, en esta ocasión del Ordovícico. Son un vestigio de océanos desaparecidos hace mucho tiempo, cuando hasta el supercontinente de Pangea estaba todavía en un futuro distante decenas de millones de años.

Pizarras y cuarcitas a la altura del viaducto de la Paniza
Desde aquí comenzamos a atravesar la cuenca del Ebro. Nuevamente los taludes muestran una combinación de arenas, gravas y conglomerados mientras nos acercamos a ese gran río. Sin duda, una visión impresionante cuando alguien viene de una región como la  mía. No me canso de verlo.


Gravas en los taludes de la Z-40, circunvalación de Zaragoza

El río Ebro a su paso por Zaragoza desde el viaducto de la A-23
Atravesamos otro gran río, Gállego, y al seguir hacia el norte advertimos las etapas finales de relleno de la cuenca, evidenciadas por los yesos y margas yesíferas. Un gran ejemplo al pasar por la localidad de Zuera.

Yesos masivos en un desmonte a la altura de Zuera
Tras decenas de kilómetros de llanura pasamos Huesca y, por fin, vemos alzarse las montañas ante nosotros. Durante un buen rato nos dirigimos hacia ellas viendo como se agiganta su silueta. Se trata de los relieves cretácicos de la sierra de Guara, deformados por la colisión entre Iberia y Eurasia que comenzó a principios del Paleógeno. El Pirineo está cerca.

Por fin las montañas. La sierra de Guara al frente
Atravesamos la sierra de Guara. El paisaje cambia por completo. De la estepa previa a la sierra al clima y vegetación propios de una zona montañosa. Y tras subir al puerto de Monrepós, ahí están: los Pirineos ante nosotros. Qué tremenda visión de la zona axial con sus cumbres nevadas.

La zona axial pirenaica desde el puerto de Monrepós
Nos queda poco para llegar a nuestro destino. Tras pasar Sabiñánigo cogemos el desvío hacia el Parque de Ordesa y, finalmente...

El valle de Ordesa desde el centro de visitantes situado en Torla. Esta fotografía es la única de este artículo que no he extraído de Google Earth...
La visión del valle desde Torla es espectacular. Al fin estamos allí y sólo nos queda organizar las mochilas y comenzar el ascenso. El viaje ha sido largo, pero nos ha dado la oportunidad de admirar una buena parte de la riqueza geológica de nuestro país.

En el próximo artículo comenzaremos a explorar la geología del parque y de esa gran montaña que es el Perdido.

Nota: todas las imágenes de este artículo, salvo la última, proceden de Google Earth y su herramienta Street view.

[Esta es la primera entrega de la serie acerca de la geología de Ordesa y Monte Perdido. Continúa aquí con la segunda entrega]

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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Las salinas de San Javier (Cofrentes). Vestigios de tiempos pasados (y tan pasados)

Entre los seres humanos es muy común sentir fascinación por aquellos lugares ocupados en un tiempo por otras personas y que ahora están abandonados. No es necesario que se trate de excavaciones arqueológicas en emplazamientos de un pasado remoto. Quizá este efecto es más patente cuanto más próximo en el tiempo se encuentre el momento de la partida definitiva de los antiguos ocupantes, probablemente porque sentimos más facilidad de empatizar con personas a las que atribuimos una afinidad más difícil de experimentar con gente cuyas motivaciones (para ocupar un lugar y abandonarlo posteriormente) nos son casi incomprensibles. La sensación de fascinación es aún mayor si es posible visitar el lugar en solitario, sin las aglomeraciones propias de los centros turísticos. Y si además existe un factor geológico, tanto mejor.

En esta ocasión comparto con vosotros una visita que he realizado este verano a las salinas de San Javier, en Cofrentes. Lo primero es decir que no están acondicionadas para la visita y el camino que conduce a ellas no está señalizado. La ruta marcada por el ayuntamiento simplemente conduce hasta un mirador desde el que no es posible acceder al lugar. Pero si por una de aquellas pensáis visitar esta instalación os indicaré con gusto la forma de llegar. 

El itinerario señalizado parte de las inmediaciones del puente del antiguo ramal de la N-330 que cruza Cofrentes (en la actualidad un nuevo viaducto ha completado la circunvalación que ha desviado el tráfico fuera de la población. Aquellos que conozcan esta travesía sabrán también de multitud de vehículos atascados en una de sus curvas, incapaces de avanzar ni retroceder). El caso es que desde el área recreativa del Campo del Cura parte una pista asfaltada con una indicación de 'Salinas'. Si la seguimos, eventualmente disfrutaremos de la siguiente vista panorámica.



Vista panorámica de las Salinas de San Javier desde el mirador
 En la fotografía panorámica se aprecian las distintas balsas de decantación y evaporación en las que se llevaba a cabo el proceso de obtención de la sal, además de algunas construcciones auxiliares. La explotación se encuentra en el fondo del barranco del Tollo, que fue desviado por el perímetro para acomodar la obra. Todas las estructuras se encuentran a una cota elevada para protegerlas de avenidas. En el centro izquierda de la imagen vemos unas manchas blanquecinas sobre el cauce. Un panel situado al efecto (modesta pero feliz iniciativa en el triste contexto actual de desconocimiento de nuestro patrimonio geológico) nos informa de que estas salinas estuvieron en explotación hasta los años 90 y ahora están abandonadas.


Panel informativo en el mirador. Click para ampliar

A pesar de verlas tan cerca no nos es posible descender desde este punto. Para bajar hay que dar un buen rodeo retomando la carretera nacional hasta encontrar el antiguo camino de acceso a la explotación. En general se encuentran en buen estado casi hasta el final, en las inmediaciones de la salina. El tramo final, de abrupto descenso, está muy acarcavado y decidimos dejar el coche y bajar a pie. Desde aquí disfrutamos de una perspectiva distinta.


Otra vista general de las salinas. La panorámica anterior se tomó justo desde enfrente, donde se intuye la pista asfaltada que discurre justo al pie de la alineación de pinos
La tarde se nos va y hemos de darnos prisa. Las balsas de evaporación están pavimentadas con losas y las arcillas que rellenan el fondo presentan grietas de retracción y, en algunos puntos, algo de sal.


Detalle de una de las balsas de evaporación. Fijaos en las losas que pavimentan el fondo y en lo abrupto de las paredes del barranco que se ven al fondo
La joven ayudante de campo Inés realiza una cata de la halita que tapiza alguna losa
El murete de las balsas está formado por lo que parecen calizas o dolomías en las que, si nos fijamos, encontramos indicios de un origen lacustre. Como por ejemplo, moldes de tallos de plantas. con bastante probabilidad provienen del relleno Mioceno de las cuencas que flanquean el diapiro.


Moldes de tallos de plantas

Otro bloque de caliza lacustre (o, mejor dicho, palustre)
Las balsas no nos proveen de ejemplos satisfactorios de cristales de halita. Pero recordemos los parches blanquecinos que avistamos en el cauce. 


El cauce del barranco del Tollo está tapizado de  halita
Efectivamente. En el cauce encontramos lo que estamos buscando. Si bien no encontré ningún cristal idimorfo de halita, sí podemos ver unos curiosos agregados.


Los agregados cristalinos de halita adquieren un curioso hábito al crecer desde el cauce
Bueno. Hemos conseguido el objetivo. Hemos encontrado el lugar. Hemos llegado a él y, tras recorrerlo, hemos encontrado la sal. El lugar tiene un indudable atractivo histórico y natural.

Ahora bien, Cofrentes está bastante lejos del mar. ¿De dónde sale la sal? Pues procede de una formación geológica conocida como Arcillas yesíferas de Quesa, que en este caso podéis ver en las paredes grises y rojizas excavadas por el barranco donde se encuentran las salinas. Esta formación no posee sal (halita, en particular) cuando aflora en superficie, ya que el agua de escorrentía disuelve ésta con facilidad. En cambio sí posee grandes cantidades de halita en el subsuelo, razón por la cual es posible extraer mediante bombeo el agua subterránea que ha estado en contacto con ella para, una vez decantadas las partículas en suspensión (arcilla, arena, etc.) proceder a la evaporación y cristalización de la sal. Los colores abigarrados ya nos son familiares: se trata del Keuper, que aflora de forma espectacular entre Cortes de Pallás, Cofrentes y el valle de Ayora en general (véase el artículo sobre el Keuper en Cortes de Pallás). El Keuper consta de 5 unidades denominadas secuencialmente K1, K2, K3, K4 y K5. De ellas, tres están definidas en las inmediaciones de Cofrentes: la formación Arcillas y yesos de Jarafuel (K1), la formación Arcillas de Cofrentes (K3) y la formación Yesos de Ayora (K5). La Fm. Quesa es la K4. Tanto la Fm. Quesa como la Fm. Cofrentes, especialmente esta última, están formadas por materiales deleznables lo que motiva que el agua de escorrentía excave en las mismas profundos barrancos (como es el caso del Tollo).



La formación Quesa se depositó en el Triásico superior, hace más de 200 millones de años. En aquel entonces toda la zona Este de lo que ahora es Iberia (y, en realidad, grandes extensiones de Europa) constituían unas gigantescas salinas naturales en las cuales el agua del mar se evaporaba depositando inmensas cantidades de halita, yeso y otras sales. Medios sedimentarios similares pueden encontrarse hoy en día en la costa arábiga del Mar Rojo. No deja de ser curioso pensar en el largo viaje de la sal extraída en esta explotación partiendo de su origen en el antiguo mar conocido como Paleothetys. 


Recostrucción paleogeográfica correspondiente al Keuper. El círculo señala la ubicación aproximada de Iberia, en la orilla del Paleothetys. Fuente: Ron Blakey - http://cpgeosystems.com/
Así pues, en este lugar no sólo es posible experimentar el encanto de un sitio donde seres humanos estuvieron trabajando a diario hasta hace un par de décadas. También podemos reflexionar acerca de la curiosa historia de un mar desaparecido hace millones de años y que nos dejó como recuerdo la sal que hemos encontrado en el barranco.


Cobertizo abandonado
Podéis leer más sobre la geología de Cofrentes visitando el volcán del cerro Agrás, en este mismo blog.

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lunes, 2 de septiembre de 2013

Dos años de Aventuras geológicas

Bueno, bueno. Se acabaron las vacaciones y Aventuras geológicas está de vuelta. Lamentablemente, una montaña de trabajo me impidió anunciar el parón habitual del mes de agosto de la forma habitual, omisión que espero que sepáis disculpar.

El caso es que, entre tanto, este geoblog ha cumplido dos años. Cuando comencé a escribir no tenía ningún objetivo más que compartir mis propias experiencias. El caso es que cuando veo que ya son 72 las entradas publicadas no puedo por menos que dar las gracias a todos los lectores que, de forma habitual o esporádica, participan de estas historias. Ciertamente nunca pensé que con el tiempo Aventuras geológicas reuniese el buen puñado de seguidores que tiene: una vez más, gracias.

Entre tanto, el blog ha adquirido entidad propia y cada vez se hace más exigente. Ciertamente en los últimos tiempos mantener el ritmo de publicación (que trato de sostener en 3 al mes) se está haciendo más difícil, en parte por causas laborales y, en parte, por la llegada del joven ayudante de campo Óscar. Sin embargo, lo peor de no mantener el ritmo es la cantidad de aventuras que se van al limbo, sin oportunidad de ver la luz. Prometo que intentaré que no ocurra muy a menudo en la próxima temporada. 


La sierra de Martés, en primer término. La muela de Albéitar al fondo.

Por último y a modo de avance os adelanto que durante el mes de agosto he estado ahí fuera, reuniendo material que espero que os resulte de interés: repasaremos la era terciaria tal y como quedó registrada en Cortes de Pallás, ascenderemos a la Sierra de Martés y visitaremos algunos lugares interesantes en la comarca del Valle de Ayora. Cómo no, tendremos algo de geología urbana. Y, si tengo éxito el próximo fin de semana, ascenderemos al Monte Perdido.

Bienvenidos de nuevo a Aventuras geológicas, amigos.


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viernes, 19 de julio de 2013

De letras y genes. Un pequeño divertimento veraniego

A veces un pequeño detalle, aparentemente sin importancia, despierta en nosotros el recuerdo de alguna noción de mucha mayor trascendencia. Es interesante descubrir como una pequeña broma puede servir para ilustrar un concepto del mayor interés, sin perder la gracia de una ni la profundidad del otro.

Hace una semana, mientras caminaba por la calle cerca del trabajo, reparé en un cartel pegado en el escaparate de una frutería. Como suele ser habitual, anunciaba los precios de ciertos productos. En este caso, el anuncio contenía un par de errores ortográficos, lo que llamó mi atención. Este tipo de cosas es bastante habitual, por desgracia, hoy en día, cuando es frecuente descubrir errores ortográficos en correos escritos por titulados universitarios. En este caso, sin embargo, existe una justificación: el propietario de la frutería es paquistaní (algo nada sorprendente en Valencia). 

El caso es que los errores de los carteles me hicieron reflexionar sobre ciertos conceptos y, cuando volví a pasar unos días después, lo fotografié. Sin más dilación, aquí está el cartel:

Dos carteles fijados sobre el escaparate
Es mejor que tratemos la imagen para leer mejor:

Los carteles y sus erratas
Ahora lo vemos: en lugar de 'TOMATE PERA' se lee 'TOMATE PEARA' y en lugar de 'TOMATE ENSALADA' está escrito 'TOMATE ENSLADA'. 

¿Y dónde está la gracia? Pues en que ambos errores están relacionados: la A que falta en ENSLADA ha saltado al otro cartel y se ha insertado en medio de la palabra PERA, resultando PEARA (casi como si hubiesen compuesto las palabras con fichas del Scrable).

Sin embargo, no es así como ocurrió el error. Dado el escaso conocimiento de castellano del propietario podemos suponer que cuando elaboró el rótulo muy probablemente estaba copiando las palabras de algún escrito en su poder (una factura, un albarán o, según creo yo, de una versión anterior del cartel con un precio diferente). Así pues, nos encontramos ante un error de copia. Y dado el mecanismo que lo ha originado, es muy posible que este error se prolongue en el tiempo, conforme se elaboren nuevos carteles para reflejar subidas o bajadas de precio en estos productos. Llevemos más allá estas ideas. Dado que el factor que provoca el error (el desconocimiento de la lengua del artífice del cartel) es invariante, es posible que se produzcan nuevos errores, que se acumularán a los existentes. ¿Hasta cuando continuará este proceso? En ausencia de mecanismos de detección y corrección de errores, es posible que lo haga hasta que la acumulación de fallos sea tal que resulte imposible identificar el producto, momento en que el cartel dejará de prestar su crítica función y, al resultar perjudicial para su propietario, será eliminado y sustituido por una versión correcta, que a su vez será el origen de un nuevo linaje de rótulos.

El paralelismo con el mecanismo de copia del ADN no habrá pasado inadvertido para el lector. Esta idea fue la que llamó mi atención como un concepto profundo oculto en algo aparentemente trivial. Y lo podemos llevar más lejos. El hecho de que estos carteles hayan sobrevivido en el escaparate puede deberse a dos factores, que en realidad representan el mismo hecho:
  • Que nadie repara en los carteles y, por tanto, no influyen en la decisión de compra
O, más probablemente:
  • Que los errores no impiden en el estado actual identificar el producto anunciado

En ambos casos, el fallo es invisible para la selección natural que imponen los compradores sobre los vendedores de fruta, razón por la que no existe una presión que conduzca a su eliminación. Esto constituye otro interesante paralelismo con la realidad.

Pero podría haber sido peor. ¿Qué habría ocurrido si el error se hubiese producido en otro punto de la cadena de caracteres que codifican el producto y su precio? Por ejemplo, ¿que pasaría si el fallo afectase a los dígitos que marcan el importe por kg? En este caso el cartel habría tenido una vida muy corta, ya que tanto si el precio resultase exagerado por lo alto como por lo bajo el frutero no habría dejado de notar su expresión en el incremento o desplome de la demanda del producto. Tanto uno como el otro suponen un perjuicio económico que penaliza al propietario del escaparate.

Y un poco más: podríamos pensar que existe una evolución en dos niveles. Por una parte, entre carteles erróneos y carteles correctos, de forma que unos sustituyen a los otros. Por otra parte entre fruteros, de forma que poseer mecanismos de detección y reparación de errores en los anuncios supone una ventaja competitiva que permite disfrutar de un éxito diferencial frente a otros fruteros. Yo mismo he presenciado esta semana una discusión entre el propietario y una clienta de cierta edad a causa de una confusión en el etiquetado de un precio. Y un contexto de crisis como el actual, la presión de la selección es enorme...

Sin ánimo de extenderme más, sólo destacaré un paralelismo adicional: en la naturaleza existe un fallo asociado a la cadena de ADN consistente en que ciertas secuencias de nucleótidos son capaces de saltar de un punto a otro de la hélice. Se conocen como trasposones y pueden ser neutros o fatales para el desgraciado poseedor de la cadena afectada, según si la inserción se produce en un punto en el cual altere la codificación de una proteína, haciendo imposible su síntesis. Es inevitable pensar que en este caso la letra A saltarina es un ejemplo de transposón que ha saltado de una palabra a otra. Sólo el tiempo dirá si resulta visible o invisible a la selección natural de los rótulos.

Por último, y aparte de la broma, es útil pensar en el por qué de esta curiosa cadena de paralelismos. Y la razón está en que en ambos casos nos encontramos ante sistemas que se reproducen a base de copias del original, en los cuales existe un sistema de codificación en el cual los errores en el código tienen consecuencias para el organismo responsable de la copia.

Y sin más os dejo, esperando que disculpéis esta pequeña broma y que os haya servido, como a mí, para recordar algunos conceptos esenciales para nuestra propia existencia.


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lunes, 1 de julio de 2013

IV edición del Carnaval de geología: He sido la Muerte

Este post participa en la IV Edición del Carnaval Geológico alojado por K.F. Gödel en el blog Ciencia y Lógica suficientes.




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"He sido la Muerte, el Destructor de mundos". Esta cita, procedente de un Veda hindú probablemente anterior al año 1.000 antes de Cristo, se atribuye al físico de origen alemán Robert Oppenheimer tras el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y comprobar sus resultados. Oppenheimer trabajó en el proyecto Manhattan durante la segunda guerra mundial y quedó impresionado por la capacidad de alterar para siempre la Tierra que representaba la energía atómica.

Pero no es el único. Existe un ser que ha alterado para siempre la faz de la Tierra. Su descubrimiento de formas de obtener energía mediante procesos químicos desconocidos hasta el momento ha vertido gases venenosos en la atmósfera convirtiéndola en un infierno para el resto. Ha alterado la composición de la corteza terrestre y ha obligado a todos los que no podían convivir con él a buscar refugio en lugares remotos e inaccesibles. Ha modificado de tal forma la Tierra que puede decirse sin lugar a equivocarse que hay un antes y un después a su aparición. Estamos hablando, naturalmente, de...las cianobacterias.

Efectivamente, en este mundo de bacterias (ha sido exclusivamente de ellas durante la mayor parte de la historia y sigue siéndolo sea cual sea el criterio que se emplee para evaluarlo) la aparición de las cianobacterias constituyó un hito para la Vida. Antes de ella la atmósfera tenía una composición muy distinta a la actual, extremadamente venenosa para seres como nosotros y la mayoría de las formas de vida macroscópica (pero no para las bacterias que poblaban entonces el mundo). Las cianobacterias fueron las primeras en descubrir un nuevo ciclo metabólico, la fotosíntesis oxigénica, que liberó al mar y la atmósfera ingentes cantidades de oxígeno, gas que es imprescindible para nosotros, pero un veneno terrible en aquel momento para todo lo que no fuese una cianobacteria. Este oxígeno limpió la atmósfera de gases venenosos (para nosotros) e hizo la Tierra como nosotros la conocemos (incluso el color del cielo, tan característico de nuestro planeta). El resto de organismos tuvo que buscar refugio lejos del oxígeno. Algunos de ellos sobreviven hasta hoy como extremófilos en ambientes irresistibles para otras formas de vida, en aguas a gran temperatura o en lugares como las fumarolas de las dorsales oceánicas, como base para cadenas tróficas totalmente independientes de la luz del Sol, formando comunidades que posiblemente no han cambiado nada desde hace mucho tiempo y que se desarrollan de espaldas a lo que ocurre en la superficie, a cuatro o cinco kilómetros por encima de ellas.

Aquí vemos al ser responsable de la mayor alteración del medio ambiente en
 la  historia de la Tierra
He querido hacer este pequeño juego porque me resulta curioso como la mayoría de la gente considera que el ser humano está alterando el mundo como nunca ha ocurrido con otra criatura viva antes. Que está causando un daño al resto de seres sin precedentes o que su misma existencia ha supuesto el fin de las reglas del juego evolutivo. Algo así como si su aparición fuese 'el fin de la Historia' evolutiva. Todo ello es falso, naturalmente. Y quizá el equívoco procede de considerar al ser humano y sus creaciones como algo ajeno a la Naturaleza, algo que sigue siendo falso.

Evidentemente es lamentable que las personas causen daños innecesarios a otros seres vivos o que afecte al medio natural de forma grave y, a veces, sin justificación aparente más que la ignorancia. Pero, paradójicamente, la principal víctima de todo ello es el ser humano y la preocupación y exaltación que algunas personas muestran al tratar de estas cuestiones sólo puede entenderse desde un antropocentrismo que esas mismas personas afirman denostar.

Estos hechos graves, que a los amantes de la Naturaleza nos causan gran rechazo, no deben ser en ningún caso una justificación para olvidar o no intentar siquiera conocer la verdadera magnitud y lugar de todas las cosas en este nuestro mundo y en la inconcebiblemente larga historia de la vida (más de 3.500 millones de años sobre la Tierra sin interrupción). La Vida, nos guste o no, seguirá sin nosotros en cualquier caso.

Por último he querido hacer una broma final ilustrando este comentario con una imagen de los estromatolitos de la bahía Shark, en Australia. Estas estructuras son originadas por, entre otras, comunidades de cianobacterias y se encuentran en el registro fósil prácticamente sin alteración desde hace miles de millones de años. El hecho de que aparezca una persona contribuye al resultado del divertimento. Por cierto, la imagen la he sacado del sitio web http://www.aslo.org.

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Esta entrada apareció en primer lugar en Aventuras geológicas en el Cuaternario en febrero de 2012. He decidido presentarla al IV Carnaval de geología a cuenta de la temática escogida para éste: "Nuestro increíble planeta". Efectivamente, la Tierra tiene un repertorio inagotable de sorpresas para el ser humano, especialmente a causa de la tendencia de éste a juzgar el mundo a partir de su limitada experiencia. Y a mí, personalmente, nada me parece más asombroso que el ciclo de influencia mutua entre la la biosfera y la geosfera, de la cual el origen de nuestra atmósfera es un ejemplo extraordinario.
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jueves, 27 de junio de 2013

El tránsito Bundsanstein - Muschelkalk en la Calderona. Geología en Olocau

En las últimos artículos de Aventuras geológicas (con la excepción de nuestra visita a Montesa) realizamos un repaso al inicio del Triásico tal y como puede leerse en las rocas de la sierra Calderona. Comenzamos estudiando el afloramiento paleozoico de Marines, donde nos encontramos algunas de las rocas más antiguas de la provincia de Valencia. Estas rocas son un testigo único de un tiempo remoto y un mundo muy diferente al actual y se depositaron en el fondo de un mar desaparecido hace mucho tiempo. Tras la colisión continental que supuso el nacimiento de Pangea se levantó una cordillera de enormes proporciones cuyos materiales erosionados constituyen las brechas, conglomerados, areniscas y limos del Triásico inferior. También tuvimos la ocasión de ver el tránsito entre el Pérmico y el Triásico, frontera en la que se produjo la mayor extinción de la que se tiene registro.

Hoy vamos a terminar este viaje a través del Bundsanstein retomando nuestro relato donde lo dejamos: los materiales de la formación Eslida que, recordemos, son depósitos fluviales.Viajemos desde el Triásico inferior hacia el futuro. Más de 230 millones de años después de que se formasen aquellos materiales decidí dar una vuelta con la joven ayudante de campo Inés, mi amigo Pedro y su hija, Chiara. El lugar elegido fue Olocau, en el acceso por el Sur a la sierra Calderona por la carretera CV-25. Tras una pequeña investigación en internet descubrí que hay un sendero que lleva el irresistible nombre de 'geológico'. Parte desde la depuradora del municipio (en la calle San Félix) y en un principio sigue el cauce del barranco de Carraixet, cauce amenazador en época de gota fría. Sin embargo, en parte por llevar a las niñas y en gran parte por la mala señalización acabamos haciendo un recorrido libre que, no obstante, supuso el inicio de esta serie de relatos (aunque irónicamente constituya el último episodio de la narración).

Lo primero que advertimos al llegar a Olocau es la imponente presencia de la Peña de Alí Maimó, un macizo  de materiales del Muschelkalk que domina la población.

Olocau desde la CV-25. Detrás de la población la Peña de Alí Maimó
Cruzamos el barranco del Carraixet y buscamos la calle de San Félix. Al poco encontramos la primera y única señal del sendero geológico:

Señal del itinerario geológico en la C/ San Félix. Fuente: Street View - Google Maps
Como digo, el sendero comienza en la calle San Félix y pasa junto a la planta de tratamiento de agua residual hasta llegar al cauce del barranco. Sigue por el fondo de éste. Después nosotros nos perdimos. En la siguiente imagen satélite he marcado los puntos de interés que vamos a recorrer a lo largo del artículo.


Vista satélite de Olocau en el que he marcado los puntos de interés que visitaremos en este artículo. Fuente: Google Earth
Por el punto A hemos pasado si hemos llegado a Olocau desde Valencia y Marines Nuevo. Quizá algo nos haya llamado la atención en la carretera o quizá no. Volveremos más adelante a este punto. Comenzaremos, pues, por el punto B. En cuanto alcanzamos el cauce las paredes de la Peña se alzan, anaranjadas, formando un cortado imponente a nuestra izquierda. En la base de la pared, al pie de un talud más tendido formado por materiales más blandos, aparece otro conjunto de materiales rojizos organizados en capas decimétricas bien visibles.

Pie de la Peña vista desde el cauce. Bajo los pinos aparecen unos materiales rojizos bien estratificados.
Al acercarnos a investigar encontramos una alternancia de limos rojizos y areniscas rojas o blancas, las primeras micáceas y las segundas de grano grueso, por momentos casi microconglomeráticas, bien seleccionadas. Hay multitud de estructuras sedimentarias: estratificación cruzada planar, de surco y ripples de corriente, bioturbación, etc. Alguno de los lectores que haya seguido esta serie ya habrá dado con la clave, porque nos encontramos con una vieja conocida: la Formación Eslida.

Nuestra conocida Fm. Eslida: limos en la base y areniscas a techo
Es maravilloso encontrar en el fondo del cauce la cara superior de un estrato de arenisca con ripples formados en una corriente fluvial de hace más de 200 millones de años. La corriente del propio Carraixet forma este tipo de estructuras hoy en día, una ilustración inmejorable del principio del Actualismo.

Ripples linguoides en el cauce. La paleocorriente fluía de la esquina superior izquierda a la inferior derecha. Literalmente, estamos viendo el cauce de un río desaparecido hace más de 230 millones de años
Cuando la corriente desbordaba el cauce depositaba arenas sobre los limos de la llanura aluvial, dejando una cicatriz erosiva.

Contacto neto entre limos y areniscas gruesas con estratificación cruzada
Un detalle del contacto erosivo entre areniscas finas y otras gruesas suprayacentes. Bajo la superficie erosiva es visible la laminación de ripples en las areniscas más finas de la base
En este río algunos seres vivos (quizá invertebrados) dejaban su impronta en forma de galerías. Las encontramos verticales y horizontales.

Galerías horizontales que destacan por su color claro en una arenisca con laminación paralela

Acumulación de galerías verticales de aspecto noduloso en la base de un estrato de arenisca
Echamos un último vistazo al afloramiento y continuamos nuestro camino.

Secuencia granocreciente con múltiples estructuras
Al avanzar un poco vemos como estos materiales llegan a estar erosionados y recubiertos por depósitos continentales cuaternarios, limos parduzcos y gravas mal seleccionadas. 

Contacto erosivo de los limos parduzcos con bloques mal seleccionados sobre la Fm.Eslida. La  inclinación y la textura da idea de su origen en procesos de tipo debris flow

Si repasamos la imagen satélite anterior veremos que nos encontramos a mitad de camino entre el punto B y el C. A nuestra izquierda (nosotros seguimos el cauce hacia el sur) los campos de labor que se ven en la imagen se asientan sobre los depósitos cuaternarios que acabamos de analizar. Y no es por casualidad. Vemos un barranco a la izquierda que es el responsable del transporte de los materiales que se han depositado formando un abanico aluvial bien visible desde arriba. 

Detalle de la imagen satélite donde vemos el abanico desarrollado al pie del barranco  que desemboca por la izquierda en el Carraixet
Es interesante observar que este abanico nos muestra el nivel de base fijado por el barranco en el pasado y como, desde la formación del abanico, el Carraixet se ha encajado más en su cauce (fijaos en la foto de detalle, bajo el ribazo).


Detalle del pie del abanico aluvial

Tras dejar atrás los campos de labor y la zona semi-pantanosa que forma el barranco aquí el cauce cambia de carácter y el fondo nos muestra, entre las gravas, unas capas rocosas muy interesantes. Una falla hace que ahora el Muschelkalk esté a la altura del cauce y la Fm. Eslida ya no aflore.


Al fondo las dolomías anaranjadas del Muschelkalk a la altura del cauce
Nos encontramos en el punto C de nuestro recorrido. Aquí encontramos en el cauce unas dolomías en capas milimétricas a centimétricas, en ocasiones muy bioturbadas, en general brechoides. Su color es blanquecino a rosáceo, siendo preponderante el primero. El aspecto tableado es también evidente en los laterales del cauce.

Dolomías tableadas en la pared que cierra el cauce por su margen derecha en el punto C. Texturalmente cambian de  micritas a muro a doloarenitas a techo, lo que representa un incremento en la energía en el medio

Dolomías micríticas finamente estratificadas en el cauce del barranco

Bioturbación
Brecha intraformacional en las dolomías. Estas brechas pueden tener diversos orígenes: desde la erosión de los carbonatos consolidados tras un periodo de emersión hasta el colapso a causa de la disolución de evaporitas infrayacentes
Estos materiales son netamente diferentes a los que estábamos acostumbrados. Al avanzar en el tiempo a la vez que descendíamos por el cauce hemos pasado de los sedimentos fluviales del Triásico inferior a los correspondientes a un ambiente marino somero, de plataforma carbonatada, del Triásico medio. Entre el punto B y el C se produce la transición , pero no hemos podido ver el punto exacto ya que la zona pantanosa por la que discurre el camino encubre las evidencias. Lo mismo ocurre en las laderas, muy tendidas y cubiertas de vegetación. Pero antes de dar la vuelta para buscar las pistas perdidas algo atrae nuestra atención. Ante nosotros se yergue una presa de laminación de avenidas del Carraixet, un recordatorio de lo poderoso de este barranco mediterráneo, especialmente en otoño. Sus estribos se asientan en las dolomías del Musch, que además exhiben un bonito pliegue.


Presa en el cauce. Apreciamos la sección escalonada de la coronación y los mechinales (pequeños agujeros) que permiten la descarga progresiva una vez la lámina baja de la cota del vertedero. También vemos la cantidad de material retenido que colmata en parte el vaso, origen del terreno semipantanoso que hemos atravesado previamente
Vista del pliegue en las dolomías que sirve de estribo al dique
Ahora sí, es momento de regresar para buscar el tránsito perdido. En un futuro volveremos al Musch (¿lo pilláis? En un futuro.... 

El caso es que al comenzar nuestro recorrido y mirar hacia arriba, a la peña de Alí Maimó, llamó mi atención una banda de materiales de colores abigarrados, muy peculiar. Aparentemente se encuentran justo en el lugar adecuado, entre los limos y areniscas de la Fm. Eslida y las dolomías del Musch. De modo que, un poco temerariamente, me dispuse a trepar por la inestable ladera junto al punto B, desde el cauce hacia arriba.

Por encima de las facies canalizadas de la Fm. Eslida aparece un conjunto de materiales detrítico-evaporíticos consistentes principalmente en arcillas y limos, margas y margas yesíferas. Los colores van desde el rojo hasta el amarillo pasando por el pardo e, incluso el verdoso. Algunos niveles presentan brechas de cantos planos arcillosos, otros porosidad móldica y, por encima de todo, aparece un nivel de carbonatado coronado por carniolas.La transición es aparentemente continua. No hay estructuras tractivas. Se observa a nivel de afloramiento una serie de discordancias internas que podrían deberse a la disolución de las evaporitas. Se trata de la facies Röt que constituye la Fm. arcillas, limos y margas de Marines.


Aspecto general de la Fm. Marines en facies Röt: limolitas predominantemente rojas con intercalaciones de margas, calizas y yesos. A la derecha, los materiales aluviales del abanico aluvial que vimos antes en contacto angular

Discordancia angular interna entre los limos y las margas
Detalle de un nivel con cantos blandos limolíticos rojos. En la parte superior una carniola con porosidad de evaporitas 
Niveles calcáreos entre las margas amarillentas
Hacia techo la proporción de margas se incrementa enormemente. En este caso, el banco margoso acaba en una capa de  carniolas
López-Gómez y Arche definieron esta unidad en 1988 y la interpretaron como sedimentos propios de ambientes estuarinos. Es evidente que se requieren unos conocimientos de sedimentología más altos que los míos para llegar a esa conclusión. Este ambiente es uno de los más variables ya que combina la influencia de corrientes fluviales, marinas y de marea en distinto grado, y cada una de las combinaciones tiene su impronta propia.

Lo que está claro es que las condiciones han cambiado y, de algún modo, el mar ha llegado hasta aquí y la Fm. Marines representa ese tránsito con ambientes costeros y de poca energía, predominantemente detríticos en la base y con mayor contenido en carbonatos a techo.

Y a partir de aquí, ¿qué? Pues la tendencia anterior se mantiene y se agudiza. Por encima  de las carniolas aparecen las margas y dolomías del Muschelkalk que constituyen la Peña de Alí Maimó. La transición entre unidades es gradual y en la base del Musch encontramos margas y dolomías finamente laminadas (laminación paralela y de ripples) y, en algún caso, doloarenitas con galerías de Thalassinoides isp. Definitivamente, el mar está aquí.

Desde dónde estamos miramos hacia arriba y vemos, por encima de las carniolas que aparecen  en primer término, las margas y dolomías del Muchelkalk

Dolomías tableadas con laminaciones paralelas y de ripples

Detalle de las laminaciones. Podrían ser propias de llanuras de marea: ripples de corriente y oscilación y laminaciones de algas

Contacto neto entre las margas y las dolomías

Detalle de galería de Thalassinoides isp., indicativa de un medio con más energía.
Expresión morfológica de las dolomías del Musch en la Peña de Alí Maimó
Es hora de repasar de nuevo todo lo visto poniéndolo en relación con lo que sabemos de la historia geológica de la región. Comencemos por la Fm. Eslida. Recordemos que esta unidad consta de una sucesión de limos con intercalaciones de areniscas que fueron depositadas por ríos que se arrastraban perezosamente a través de grandes llanuras aluviales. Ya vimos que durante el Bundt la corteza continental de Iberia experimentó un proceso de rifting que motivó la creación de surcos subsidientes en los cuales se acomodaron los sedimentos procedentes de la erosión del orógeno Varisco (durante la formación de Pangea). Estos materiales constituyen las formaciones Alcotas, Cañizar y Eslida. Tratemos de explicar esto más sencilla: si cogemos una goma elástica y la estiramos desde los extremos observaremos como en el centro ésta se adelgaza. Eventualmente, si seguimos estirando, veremos como en la zona central el material se deteriora, apareciendo roturas superficiales. Traslademos este proceso ahora a la corteza continental: si se somete a una distensión (por la razón que sea), esta capa superficial se adelgaza y, debido a que su comportamiento elástico tiene un límite, se rompe en bloques. A diferencia de la goma elástica, esto bloques no tienen una masa despreciable frente al resto de fuerzas intervinientes en el proceso, por lo que algunos de ellos se hunden. Ello genera zonas deprimidas listas para ser rellenadas. En nuestro caso estas zonas subsidientes se alineaban según una dirección NO-SE (actuales). No por casualidad, esta es la alineación general de la cordillera Ibérica.

La siguiente reconstrucción paleogeográfica muestra la situación a comienzos del Triásico (las líneas  paralelas delimitan los márgenes del rift):

Posición aproximada de Iberia en el tránsito Paleozoico-Mesozoico. Modificado del sitio web de Colorado Plateau Geosystems, del Prof. Ron Blakey: http://cpgeosystems.com/index1.html
El proceso de rifting continuó en el tiempo, de forma que, en el Triásico Medio, el mar invadió los terrenos deprimidos contenidos entre los márgenes elevados del rift. Se estableció un mar epicontinental, somero, que invadió los antiguos valles fluviales depositando las limolitas y evaporitas de la Fm. Marines. Finalmente se desarrollaron las plataformas carbonatadas del Muschelkalk. Una nueva reconstrucción nos muestra cómo ha cambiado la situación (es de comienzos del Jurásico, un periodo algo posterior en el tiempo al Musch, pero nos sirve para ver la tendencia):

Posición aproximada de Iberia en el Jurásico inferior. Modificado del sitio web de Colorado Plateau Geosystems, del Prof. Ron Blakey: http://cpgeosystems.com/index1.html

En el paleomapa vemos como la transgresión marina ha avanzado sobre los terrenos de Iberia inundando las antiguas llanuras formadas tras el arrasamiento del orógeno Varisco. Éste es el relato que quedó registrado en las rocas de la sierra Calderona y que hemos seguido en su primer capítulo, desde el Paleozoico hasta el fin del Triásico inferior. En un futuro acometeremos el segundo capítulo: el Muschelkalk en la Calderona. Pero eso será más adelante.

EPÍLOGO

Para no romper la continuidad del relato he dejado un detalle para el final. Hay una forma más sencilla (pero menos emocionante) de observar el tránsito entre el Triásico inferior y el medio, y es que la Fm. Marines tiene su estratotipo definido en la CV-25. De hecho, al venir desde Valencia hemos pasado junto a él, ya que está entre Marines (Nuevo) y Olocau, a cosa de 1,5 km de esta localidad. En el talud de la carretera es posible ver, en sucesión, las Fm. Eslida (más próxima a Olocau) la Fm. Marines y la Fm. Landete (la base del Musch). La Fm. Marines es fácil de reconocer por su aspecto abigarrado y los llamativos pliegues que exhibe. Es el punto A de la imagen satélite que presentamos al comienzo del artículo. Algunas imágenes:

Fm. Eslida en el talud de la CV-25. Margen derecha de la carretera en sentido Olocau

Fm. Marines y su acpecto abigarrago caraterístico en el talud de la CV-25. Margen izquierda de la carretera en sentido Olocau. Fijaos en el plegamiento

Fm. Marines en el talud de la CV-25. Margen izquierda de la carretera en sentido Olocau
Así que ahora no hay excusa para acercarse a conocer este momento de la historia de Iberia, que aflora excepcionalmente a lo largo de esta carretera.

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