domingo, 15 de abril de 2018

Deslizamientos rotacionales: un caso de libro en Cortes de Pallás… y una posible explicación

En el uso común del lenguaje suele haber cierta confusión en los términos empleados para referirse a los movimientos gravitacionales o de masas. Generalmente se habla de ‘desprendimientos’, lo que constituye naturalmente una simplificación que extiende el nombre de un suptipo al total de movimientos posibles en una ladera. En este artículo vamos a tratar de ofrecer algo más de información al respecto analizando un caso reciente en la localidad de Cortes de Pallás.

Ya comentamos que Cortes de Pallás se encuentra en una zona geológicamente muy activa, en la que los fenómenos destructivos, básicamente los procesos erosivos, se encuentran funcionando a un ritmo elevado (os animo a leer aquí el artículo publicado hace un tiempo para ofrecer el contexto geológico del gran deslizamiento de 2015).  Pues bien. En este momento hay otro deslizamiento en curso de menor entidad pero que también ha afectado a una infraestructura: el vial del PENVA (Plan de Emergencia Nuclear de Valencia) que une Cortes con Cofrentes por Chirel. Se trata de un caso muy ilustrativo, casi de libro, de deslizamiento rotacional. Y uno que nos ofrece una gran cantidad de detalles, que casi podríamos clasificar como ‘geoporno’. Comencemos esclareciendo la cuestión de los procesos gravitacionales. Aquí tenéis una clasificación muy visual de los mismos.

Movimientos gravitacionales según varnes
Clasificación para los tipos de movimientos gravitacionales según Varnes (1978) modificado por Corominas y Yagüe (1997); Highland y Bobrowsky (2008).

Podéis encontrar un tratamiento muy detallado del asunto en el blog Geobook, en este enlace. Nosotros vamos a centrarnos en nuestro caso.

Descubrí el deslizamiento cuando ya estaba en marcha, durante una jornada de trabajo de campo a principios de febrero con mi amigo Joaquín D. Al dirigirnos hacia la zona de estudio siguiendo el vial del PENVA en dirección a Cofrentes nos encontramos, justo antes del vado de la rambla del Ral, con que la plataforma estaba en obras tras haber sido afectada, de forma obvia, por un movimiento gravitacional. Situemos en primer lugar el punto donde se produjo este hecho.

Situación Cortes de Pallás
Situación general del deslizamiento en relación con la localidad de Cortes de Pallás (Valencia)
Y con un poco más de detalle, para poder estudiar el contexto:

Situación deslizamiento
Detalle de la zona del Ral de Abajo. La línea roja discontinua marca el tramo afectado por el deslizamiento
Y esto es lo que nos encontramos: se había retaluzado y se estaban llevando a cabo trabajos de reposición de la plataforma mediante el extendido y compactado de material de aporte. En las inmediaciones del área había acopios de material y estaba estacionada la apisonadora usada para la compactación. Aparentemente la labor estaba inconclusa ya que todavía quedaba un escalón entre la rasante del tramo en obras y la del vial no afectado, además de quedar pendiente la reposición del firme.

Resposición vial febrero
Vista del vial afectado durante los trabajos de reposición de la plataforma
Un análisis superficial ya mostraba a las claras que nos encontrábamos ante un deslizamiento rotacional. ¿Y qué es un deslizamiento rotacional? Pues es un movimiento en masa en el cual una sección del terreno se desplaza en relación a la ladera como un cuerpo rígido a favor de una superficie de rotura curva (ver clasificación anterior). Que la superficie de rotura es curva salta a la vista, del mismo modo que el hecho de que la porción de terreno movilizada lo ha hecho como un todo, árboles incluidos que mantienen ‘casi’ su posición relativa al suelo. Fijaos:

Primera superficie de rotura
Vista del escarpe y de la masa deslizada al norte del vial del PENVA
Aunque a veces es mejor tomar un poco de perspectiva. Así es como se ve desde el otro lado de la rambla del Ral. Disculpad la calidad de la foto, pero es que he perdido la original y la he tenido que rescatar de Twitter…

Deslizamiento rotacional el Ral 1
Vista del deslizamiento desde el margen sur de la rambla del Ral, mirando hacia el norte
Por si la superficie de rotura no fuese evidente, aquí está la imagen comentada:

Deslizamiento rotacional el Ral 1 comentada
La misma imagen, comentada. En rojo el escarpe que constituye la parte libre de la superficie de rotura
Dejemos en suspenso el tipo de materiales afectados y no aventuremos aún ninguna hipótesis respecto a los factores que pueden haber influido en la generación de este deslizamiento. Porque el caso es que un mes y medio después volvimos al lugar de los hechos, y he aquí lo que nos encontramos el 25 de marzo:

Deslizamiento marzo
Vista de la misma sección del vial tras la reactivación del deslizamiento
Donde dejamos una plataforma casi repuesta ahora había un vial cortado con un escalón de prácticamente 1 m. ¿Qué había ocurrido aquí? Alejémonos un poco para ganar perspectiva de nuevo.

segunda rotura
Vista del escarpe y del vial afectado por la reactivación del deslizamiento
Pues lo que parece evidente es que el deslizamiento no estaba completamente estabilizado. Ha habido movimiento adicional a lo largo de la primera superficie de rotura y, aparentemente, los trabajos de compactación del material de aporte para la formación de la nueva plataforma pueden haber contribuido a reactivar el deslizamiento. Se han acumulado casi 2 metros de deslizamiento medidos en la zona central del mismo. La nueva rasante ha sido cortada y desplazada hacia abajo generando los escarpes en el vial. Ahora tenemos la geometría típica de libro de un deslizamiento rotacional: una superficie de rotura principal, una secundaria (no muy clara) y un pie de talud donde se acumula el material ‘empujado’ sobre el bloque inferior de la falla, el no afectado por el movimiento. Aquí una vista lateral:

Segundo deslizamiento lateral
Vista lateral, hacia el NE, que permite visualizar la magnitud del movimiento a favor del plano de rotura
Espectacular el escarpe, ¿verdad? Pues eso no es todo. A una cota inferior, apenas unos metros sobre el la lámina de agua del embalse, se ha generado una segunda. Aquí podéis ver esa superficie y un detalle de los materiales acumulados al pie:

Pie del deslizamiento
Pie del deslizamiento, sobre el embalse de Cortes
Y aquí podéis ver un vídeo que grabé de la estructura para la ocasión:



Comparemos con la imagen de libro de un deslizamiento rotacional:

Deslizamiento rotacional Vallejo 2002
Arquitectura y partes de un deslizamiento rotacional (Vallejo, 2002)
Más allá de las cuestiones estructurales, este deslizamiento nos permite observar algunos detalles que sólo podemos calificar como porno geológico. Por ejemplo, las estrías de falla que nos muestran la dirección del movimiento sobre la primera superficie de deslizamiento. Estas estrías han sido generadas por el movimiento de arrastre de las partículas más duras de la masa deslizada sobre las arcillas limosas expuestas en la superficie de rotura, que además debían estar probablemente en un estado plástico para permitir este tipo de preservación. Es decir, que muy posiblemente estos materiales finos estaban saturados de humedad, lo que da una pista acerca de uno de los factores que han contribuido a la rotura del terreno. Las grietas de desecación también.

Superficie rotura
Superficie de rotura en la parte superior del deslizamiento
Y un detalle:

Estrías de falla
Detalle de las estrías de falla dejadas por el bloque deslizado sobre la superficie de rotura
También es interesante observar las familias de grietas que se forman en la superficie de las masas de terreno movilizado. En la parte superior el régimen de tensiones es extensivo, lo que hace que se generen familias de fallas paralelas que, cuando se superponen, entran en contacto mediante estructuras de relevo:

Familia de fallas
Familia de fracturas paralelas al talud en la plataforma 'repuesta'
Relevo de fallas
Relevo de fallas
Así es como se ve a día de hoy (15/4/2018). El avance respecto a la fotografía de febrero es más que evidente. Ya no hay materiales ni maquinaria de construcción en la zona, por lo que parece que ante la evidencia los responsables de la reparación se han dado por vencidos, a la espera de que el movimiento cese.

Segunda panorámica
Vista general de la zona afectada por el deslizamiento, mirando hacia el norte. Al fondo la Muela de Albéitar. En primer término la desembocadura de la rambla del Ral en el embalse de Cortes
¿Qué podemos decir de los materiales sobre los que se ha desarrollado el deslizamiento? El MAGNA no nos es de mucha ayuda, ya que los cartografía como Keuper. Es cierto que el Keuper anda cerca, pero no está implicado en este caso. En realidad se trata de limos, arenas, areniscas y conglomerados poco cementados con algunos niveles arcillosos en facies de abanico aluvial, depositados por uno de los barrancos de la muela de Albéitar (que podéis ver al fondo de la imagen anterior). Estos abanicos se relacionan lateralmente con una terraza perteneciente a la propia rambla del Ral y por el otro con los materiales detríticos miocenos asociados al diapiro. Al explorar el lugar en detalle me llamó la atención un detalle: varios árboles situados sobre el material deslizado presentaban los típicos cambios de dirección en el tronco que son característicos de los árboles que crecen sobre material inestable (ya hemos visto como en este tipo de deslizamientos el terreno se mueve como un todo, con cubierta vegetal y árboles incluidos. Cada contorsión es el recuerdo de un deslizamiento previo al que el árbol sobrevivió. Fijaos en este ejemplo (hay varios):

Árbol curvado
Tronco de pino que muestra la contorsión típica asociada al crecimiento sobre terrenos inestables. (Hoy ya no encontraréis estos árboles. Al parecer, alguien los ha dado por condenados y los ha convertido en leña para su chimenea, adiós al registro de paleodeslizamientos).
Reparé en este detalle en mi segunda visita, la de marzo. Eso me llevó a buscar en vistas satélite antiguas cicatrices de deslizamiento. La mejor forma es echar un vistazo al terreno eliminando la cubierta vegetal. Y esos superpoderes nos los concede… el LiDAR! Sí, esa tecnología de cartografía mediante láser que tenéis a vuestro alcance en la web del Instituto Nacional de Cartografía. Esto es lo vemos:

Modelo Lidar 1
Cartografía LiDAR de la zona del deslizamiento. La línea roja discontinua señala el tramo afectado por el deslizamiento. Observad la estructura en forma semicircular que rodea al tramo (más sobre esto en el texto)
El tramo afectado por el deslizamiento está marcado por las líneas rojas discontinuas. Fijaos con atención. Aparentemente hay un barranco que desemboca en la zona de la cicatriz más próxima a la rambla. Ese barranco tiene una curiosas estructura circular, que va de ninguna parte a ninguna parte. De hecho, si no fuese por los aportes de material a los terraplenes para la ejecución del vial del PENVA, tiene toda la pinta de tratarse de un antiguo escarpe de un deslizamiento aún mayor que el actual, al cual contendría. Observad la diferencia entre ese barranco sin cabecera y los dos verdaderos barrancos, a izquierda y derecha, que sí continúan hacia la muela de Albéitar. Un detalle comentado:

Modelo Lidar 2
Misma imagen anterior pero con el posible paleoescarpe señalado en granate. Fijaos que tan sólo el terraplén del vial rompe la continuidad de esta estructura, que parece ser la cicatriz de un deslizamiento previo hacia el sur, en la misma dirección que el actual
En busca de otras evidencias he recurrido a otra forma de ver el terreno eliminando los elementos que pudieran encubrir la realidad. Una de ellas es recurrir al Vuelo Americano: es decir, a ver el terreno tal y como era en el año 56 o 57, cuando todo el terreno apto para el cultivo estaba cultivado y lo que no… pelado para hacer leña. Y esto es lo que vemos (ojo que no hay vial ni embalse, pero sí el caserío y las terrazas cultivadas de la aldea del Ral de Abajo, que llegué a conocer antes de anegar el embalse):

Situación deslizamiento vuelo americano
Imagen del Vuelo Americano de la zona del Ral de Abajo. La línea de puntos marca el trazado futuro del vial del PENVA. La cicatriz del posible paleodeslizamiento es bien visible, al no no ser aprovechada como cultivo. Fijaos como se abre hacia el sur, coincidiendo con el movimiento del deslizamiento actual. Observad también el cambio de dirección hacia el oeste (a la derecha) de la rambla del Ral.
En el 57 era bien visible una estructura en forma de U invertida abierta hacia el sur que se corresponde con la posible cicatriz que hemos visualizado en la cartografía LiDAR. El terreno afectado no estaba cultivado, aunque sí lo estaba su contorno. La rambla del Ral, con un curso con fuerte control estructural, efectúa en la zona un pronunciado giro hacia el oeste (el trazado hacia el sur, tras el codo, ya no existe, al encontrarse bajo la lámina de agua del embalse). Este codo debía conferir una extraordinaria capacidad erosiva a la rambla, que se ‘comería’ por así decir, por los pies (nunca mejor dicho), el talud existente al norte, al pie de los bancales. El resultado sería el progresivo descalzamiento de los taludes y podría provocar, como consecuencia, deslizamientos como el que estamos viendo. De hecho, al sur del deslizamiento se observa el el vuelo americano una superficie acarcavada que bien podría ser el material acumulado al pie de un episodio anterior.

Como ya hemos comentado, el control de la rambla del Ral es claramente estructural (y el diapiro es la mano ejecutora que modela el paisaje en esta zona). Tras su captura por el Júcar (situado más al sur, no aparece en las fotografías) la erosión remontante progresó aguas arriba. En el momento de la construcción del embalse la situación era la siguiente: la rambla estaba en equilibrio en su desembocadura con el Júcar, y había llegado a construir todo un sistema de terrazas. El nickpoint originado por la captura había migrado justamente hasta este recodo, donde existían unos saltos de agua en los que la rambla estaba excavando en las dolomías cretácicas sobre las que se apoyan los abanicos aluviales y las terrazas ya mencionadas. En un nickpoint se concentra la capacidad erosiva de un cauce, y eso ocurría precisamente aquí (esto es un poco técnico así dicho, pero lo tenéis descrito con vídeo y todo en este artículo previo sobre migración de nickpoints). Recuerdo haberme bañado de pequeño en este encantador paraje ya desaparecido. En días como hoy, cuando el nivel del embalse está excepcionalmente bajo, es posible ver aflorar esas dolomías donde se encontraba el nickpoint. Por cierto, que cada cambio en las condiciones del nivel de base provoca una nueva migración (o la detiene, como ocurre ahora con el nickpoint del Ral, temporalmente desactivado por la construcción de la presa). Existe un nickpoint previo, que continúa su labor erosiva en la actualidad y que se encuentra en los charcos del Ral, aguas arriba de este punto.

Nickpoint
Nickpoint de la rambla del Ral en su desembocadura actual en el embalse de Cortes. El nivel excepcionalmente bajo de la lámina de agua permite observar las dolomías cretácicas sobre las que se desarrolla
Como un último detalle, he buscado en lo alto de la masa deslizada original (no afectada por este deslizamiento reciente) algún árbol que pudiera guardar el registro de algún movimiento previo. Bingo. Aquí tenéis uno:

Árbol curvado 2
Tronco de pino contorsionado en la zona no afectada por el deslizamiento actual, pero que sí lo hubiera sido por el deslizamiento previo comentado
Como vemos, no nos encontramos ante un caso inexplicable ni azaroso. Existen razones geológicas que justifican por qué aquí se ha producido este deslizamiento, que no es más que el último episodio en una zona geológicamente muy activa, como ya hemos comentado en más de una ocasión. La  calma que sugiere la quietud de las aguas del embalse es muy engañosa. El Júcar rugiendo por el fondo de su cauce que recuerdo de mi niñez era un reflejo más fiel de lo inestable de nuestro paisaje.

La geología, en el largo plazo, siempre gana.

PD: Si alguien posee fotografías antiguas de este punto, agradecería que me las hiciese llegar como evidencia adicional.

PD 2: Agradezco a Manel Gras, al que me encontré casualmente, el 'chivatazo' de que la cosa se estaba moviendo de nuevo.

PD 3: Entre mi primera visita al deslizamiento y la segunda mi madre, Agustina, nos dejó inconsolablemente solos. Siempre estaré en deuda con ella. No puedo estar más agradecido de haber podido coincidir con ella en este brevísimo intervalo del Tiempo geológico. Gracias por todo, mamá.

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miércoles, 7 de febrero de 2018

Cuando las tortugas nadaban… en Cortes de Pallás

En las últimas semanas los medios de comunicación han recogido la noticia de la publicación, en el pasado mes de noviembre de 2017, de un estudio realizado sobre un buen número de huellas fósiles halladas en Domeño, Quesa y Cortes de Pallás. El trabajo apareció en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (ver referencias) y sus autores son un equipo liderado por Matías Reolid. profesor de la Universidad de Jaén. Como siempre en este tipo de artículos, el título es de lo más descriptivo: Ichnological evidence of semi-aquatic locomotion in early turtles from eastern Iberia during the Carnian Humid Episode (Late Triassic) (ver referencia [4])Las noticias en diversos medios pueden consultarse sin más que hacer esta búsqueda en google, donde pueden verse diversas fotografías de cada ejemplar.

Volvamos al artículo original. El título contiene las palabras clave que sintetizan aquellos aspectos de interés, y que son (esta vez en castellano):
  • Icnología
  • Locomoción semiacuática
  • Periodo Húmedo del Carniense
  • Tortugas
Sin embargo, tengo la impresión de que sin un conocimiento previo no es fácil hacerse a la idea de por qué los conceptos recogidos en estas palabras, y especialmente su combinación, son tan significativos. Y como quiera que uno de los conjuntos de muestras procede de mi pueblo, y pensando en mis vecinos, me he decidido a comentar este estudio de forma que podamos hacer el viaje desde los paisajes actuales de Cortes de Pallás hasta el Carniense, hace entre 237 y 227 millones de años, descubriendo los vínculos existentes entre aquel tiempo y el nuestro. Vamos allá.

La icnología

La icnología es el estudio de los rastros dejados por los seres vivos y que guardan evidencias de su comportamiento. Estos rastros son tanto las huellas dejadas sobre el terreno como las marcas dejadas por los dientes de un depredador sobre los huesos de su presa. Cuando estos rastros llegan hasta nosotros fosilizados su estudio forma parte del ámbito de la paleoicnología. Hace un tiempo ilustré cómo funciona esta disciplina estudiando un pequeño misterio icnológico en la sierra Calderona, cuya solución vino de un afortunado descubrimiento en el embalse de Cortes (consúltese aquí el artículo Icnología en acción y un momento eureka)

Comparativa bioturbación
Comparativa entre los icnofósiles de Olocau (a la derecha) y los rastros actuales de Cortes (a la izquierda)

En este caso estamos hablando de huellas dejadas en ríos desaparecidos del Carniense, lo que nos lleva al siguiente punto.

Locomoción subacuática

Quién más, quién menos sabe que existen yacimientos de icnitas (las de dinosaurios son los más famosos) que nos permiten seguir los rastros de animales ya extintos. Sin ir más lejos, en Millares, muy cerca de Cortes, tenemos el yacimiento de la Rambla de El Tambuc (aquí se puede consultar el relato de mi visita). Si hemos visitado varios de estos yacimientos, habremos reparado en que las reconstrucciones paisajísticas siempre muestran a un conjunto de animales caminando en la proximidad de un curso de agua (quizá un gran valle), un lago o, como es el caso del Tambuc, una playa. Evidentemente, el terreno húmedo posee unas condiciones de plasticidad muy favorables para la producción de la impresión del pie de un animal. Ahora bien, ¿locomoción subacuática? Eso parece harina de otro costal. En primer lugar, ¿cómo es posible identificar una huella producida bajo el agua? ¿Cómo es que consiguen preservarse y no ser borradas por la corriente? Vayamos paso a paso.

Evidentemente, si un animal pisa en una zona encharcada, salvando la respuesta de un sustrato (terreno) saturado de humedad, la huella que deja se parece mucho a la que se genera si el suelo está simplemente embarrado. Ahora bien, ¿qué ocurre si no se trata de un charco, sino que tiene la profundidad suficiente como para que el animal flote total o parcialmente?

Huella Tambuc
Icnita tridáctila de dinosario en el yacimiento de la rabla del Tambuc (Millares, Valencia)

Recordemos qué nos ocurre cuando nos metemos en el mar caminando por la suave pendiente: cada vez nos es más difícil caminar hasta que, especialmente si el agua está muy fría, dejamos de apoyar todo el pie y nos ponemos de puntillas y, eventualmente, tenemos que empezar a nadar. Cuando esto le ocurre a un animal que no domina la técnica de ‘crawl’, normalmente bate el agua con sus cuatro extremidades (estilo perro, vamos). Si el agua es profunda, no quedará ninguna marca, ya que no tocará el fondo. Pero cuando la profundidad sea adecuada, lo que ocurrirá es que rascará el fondo con sus patas, dejando marcas paralelas con sus dedos. En los últimos años hemos aprendido a distinguir las huellas de natación y a asignarlas a este tipo de locomoción, lo que nos ha permitido explicar un buen número de rastros hasta hace poco considerados como ‘problemáticos’. De hecho, el número de yacimientos de huellas de natación no para de incrementarse de año en año. En realidad es un poco más complicado, pero ahora disponemos de un conjunto de pistas que nos permite atribuir con una certeza razonable un rastro al desplazamiento de un animal en régimen de flotación. El artículo no entra en estos detalles y yo tampoco lo haré, para no hacer esto demasiado prolijo. Si alguien tiene curiosidad, que pregunte y quizá lo tratemos más adelante.

huellas tortuga
Icnita atribuida a tortugas que se desplazaban en régimen de natación en Cortes de Pallás. Fijaos en que la capa de roca que la contiene está invertida, pues lo que vemos es el relleno de los surcos que dejaron los dedos en el fondo del cauce, que actuaron a modo de molde. Explicación en el texto. Publicada en el diario ABC, fuente original Universidad de Jaén.

Por otra parte, ¿cómo se conservan estas huellas? ¿Por qué no son borradas por la corriente? Bien. Echemos un vistazo a la forma en que las icnitas se han preservado. A ningún observador atento puede escapársele que, lo que vemos en las fotografías, son relieves. ¿Cómo es posible? La experiencia nos dice que las huellas son, por lo general, impresiones de las patas de un animal en el suelo: vemos un hueco, no un relieve. Naturalmente, esa es la forma en que se produjeron las huellas originalmente. Lo que ocurrió es que posteriormente una corriente trajo arena que cubrió (rellenó) el hueco dejado por la impresión de la pata: es decir, el hueco actuó como un molde. Con el tiempo, la arena se convirtió en arenisca y esas capas de roca, alteradas en su posición por fenómenos tectónicos, fueron inclinadas hasta el punto (en el caso de Cortes) de que la parte inferior de los estratos quedaron en la parte superior (es decir, se dieron la vuelta). Cuando la erosión eliminó capa tras capa de arenisca terminó por exponer la superficie de la arenisca que rellenó la impresión original: desaparecido el molde, lo que queda es el relleno positivo de la huella. Por eso en lugar de surcos correspondientes a cada uno de los dedos del animal lo que vemos son crestas más o menos paralelas. Este proceso no funciona sólo con las huellas, sino con cualquier estructura que pueda existir en el fondo del cauce: así se preservan, por ejemplo, los surcos dejados por la corriente, o las marcas dejadas por objetos arrastrados por el fondo. Hace un tiempo hice un bocetillo para explicar la formación de flute cast, un tipo de estructura asociada al paso de una corriente (luego veremos algunos ejemplos de la misma formación que contiene las huellas):

Croquis flutes
Mecanismo de formación y preservación como relieve de un flute-cast. El mecanismo es el mismo que permitió la fosilización de las huellas de natación aquí descritas.

No todas las huellas descritas se produjeron de forma subacuática. En algunos casos se trata de pisadas en los márgenes de la corriente de agua, en la orilla o quizá en pequeñas barras fluviales. En cualquier caso el sustrato estaba en un estado lo suficientemente plástico como para capturar la morfología de la pata.

El Periodo Húmedo del Carniense

Para los no especialistas es difícil entender cómo, al mirar una secuencia de rocas, puede deducirse cuál era el clima de una región hace más de 200 millones de años. Estamos acostumbrados a simplificaciones del estilo de ‘esta zona era mar en el Cretácico’, lo que en ocasiones da a entender algo así como que en el pasado había tanta agua que llegaba a cubrir zonas ahora a centenares de metros sobre el nivel del mar (una especie de vestigio del Diluvio universal). En realidad las rocas registran gran cantidad de detalles tanto en la forma de estructuras sedimentarias (como los flutes mencionados anteriormente), como por los icnofósiles contenidos en ellas (las huellas de vertebrados son poco comunes en comparación con otros icnofósiles, como galerías excavadas por invertebrados), como por los fósiles corporales que contienen, los propios materiales de que están hechas (areniscas, calizas, etc.) u otras pistas más sutiles como las composiciones isotópicas de los elementos químicos que las forman. Por todo ello sabemos que el mundo del Triásico superior (el primer periodo de la era Mesozoica) fue un lugar árido. Ya dediqué un artículo a analizar el Keuper (Triásico superior) en Cortes de Pallás, así que hoy simplemente vamos a recordar cómo era aquel mundo árido y qué evidencias tenemos en las rocas de Cortes.

En aquel entonces la zona se encontraba en la costa del mar de Thetys, en la orilla del supercontinente Pangea, que ya estaba en proceso de fragmentación. Durante la mayor parte del Keuper, lo que tenemos es una llanura costera en la que se desarrollaban extensas llanuras de inundación fangosas y gigantescas salinas y lagunas en las que a causa de la evaporación del agua de mar en un clima árido se acumulaban grandes espesores de sales disueltas como halita (sal común) y yesos. En ocasiones el paisaje era similar al que se encuentra en las costas del golfo Pérsico. De allí procede, de hecho, la palabra con la que denominamos a uno de estos tipos de ambientes deposicionales: Sabkha. En Stephen Lokier lleva tiempo publicando en Twitter una imagen diaria de su trabajo en una sabkha. Sin más que seguir el hashtag #sabkha accederéis a un montón de imágenes que os trasladarán al Cortes de Pallás del Triásico superior. Un ejemplo:

  Sabkha twitter

Todos los vecinos de Cortes atraviesan las rocas de esta época cuando circulan hacia el pueblo por la CV-425, entre el ecoparque y Cuatro Caminos. Son muy llamativas por sus colores abigarrados: rojo vinoso, amarillo, verde, gris, pardo…

Keuper 2
Aspecto típico del Keuper en Cortes de Pallás. Los colores pardos, verdes y grisáceos corresponden a la Fm Jarafuel (K1), la más antigua del Keuper.

Las rocas más características son los yesos y arcillas, en diversas variantes y combinaciones, que forman la mayor parte de las formaciones Arcillas y yesos de Jarafuel, Arcillas yesíferas de Quesa y Yesos de Ayora, miembros K1, K4 y K5 del Keuper. En un pequeño paseo encontramos estas rocas y sus estructuras sedimentarias más características. Va una pequeña colección fotográfica:

Formación Jarafuel
Aspecto de campo de la Fm Jarafuel, que aparece verticalizada como resultado de la tectónica diapírica. Se trata de materiales depositados en lagunas costeras someras en el clima árido de Pangea durante el inicio del Carniense.

Yesos negros
Yesos laminados oscuros  del K1 extraordinariamente deformados

Moldes evaporitas
Moldes de evaporitas (en particular, de cristales cúbicos de halita o sal común) creados tras la disolución del cristal que creció en el seno de la matriz carbonatada (este tipo de roca se denomina carniola). Muestra procedente del K1.
Fm Quesa
Depósitos de sabkha del K4: yesos nodulares en matriz de arcillas rojizas.
Yesos Ayora 2
Cantera que explota los yesos del K5 en la Hoya. Estos yesos son los materiales más jóvenes del Keuper y se depositaron en lagunas costeras en un ambiente árido.

Los más atentos de vosotros quizá hayáis reparado en que la enumeración de formaciones del Keuper se ha saltado dos términos, el K2 y el K3. Pues aquí está la clave. Entre los periodos áridos del inicio (K1) y final del Keuper (K4 y K5) hay un intervalo de tiempo en el cual las condiciones fueron húmedas: Voilà. El Episodio Húmedo del Carniense (ver referencias [1] y [2]). Este evento ha recibido considerable atención en los últimos años y su impronta quedó registrada en los sedimentos depositados a escala global en el cinturón central de Pangea. Se trata de un periodo de clima húmedo, quizá debido al incremento de dióxido de carbono en la atmósfera producido por erupciones volcánicas en Wrangelia, fenómeno que coincidió en el tiempo. Temperaturas más altas significan mayor evaporación y mayores precipitaciones, lo que a su vez significa un mayor desarrollo de sistemas fluviales y de su capacidad de erosión y transporte. Las llanuras costeras fueron cubiertas por las llanura aluviales de los ríos que, en nuestro caso, desmantelaban las tierras emergidas del Macizo Ibérico, al Oeste, trayendo limos y arenas que se depositaron constituyendo lo que llamamos Formación Areniscas de Manuel (el K2 del Keuper). Este periodo tuvo una duración breve, quizá un millón de años (sí, ya sé que un millón de años es mucho tiempo, pero en geología no lo es tanto: a fin de cuentas, contamos el tiempo de millón en millón…). En ese tiempo, coincidiendo con una época de descenso del nivel relativo del mar, se depositaron del orden de algunas decenas de metros de espesor de arenas y limos de color rojizo. Fue en estos ríos en los que nadaban los productores de las huellas objeto del artículo de Reolid et al. Cuando estos ríos llegaban al mar terminaban en llanuras fangosas en las que se acumularon las Arcillas de Cofrentes (el K3).

Paleogeográfico Carniense
Reconstrucción paleogeográfica del supercontinente Pangea en el Triásico superior. Observad su posición marginal en la costa del Neothetys. Reproducido de [3]

La tectónica posterior ha hecho que las rocas de la Formación Manuel no afloren con mucha claridad, pero no pasan inadvertidas, por el contraste con las unidades infra y suprayacentes, para un observador atento. Aquí tenéis el aspecto de campo:

K2 en embalse
Aspecto de campo de las areniscas de la Fm Manuel, el K2, junto al embalse en el paraje conocido como Las Quebradas, muy cerca de donde se hallaron las icnitas de tortuga.
Estas rocas contiene  multitud de estructuras indicativas de este tipo de entornos fluviales: desde los flute cast que ya comentamos anteriormente (qué, además, nos indican en qué dirección y sentido fluía la corriente) hasta ripples (rizaduras de corriente), galerías excavadas por animales (posiblemente pequeños invertebrados que vivían en ellas) y, con un poco de suerte, podemos encontrar también alguna huella aislada de algún vertebrado, como las que constituyen el material del artículo que estamos comentando.

Cuarzo en K2
Muestra de mano procedente de las Areniscas de Manuel que contienen grandes granos de cuarzo, la primera aparición en la cuenca de materiales gruesos en el Triásico superior. Es un indicativo de la energía de los sistemas fluviales del Periodo Húmedo.
Ripples K2
Ripples (rizaduras) de corriente en el K2
Flute
Flute cast en el K2. Observad que la capa está invertida. La corriente, por cierto, fluía hacia la izquierda. La asimetría de esta estructura permite pues deducir la dirección y el sentido de la paleocorriente, que en el caso de Cortes fluía, en general, hacia el NE.
Galerías de invertebrados
Galerías excavadas por invertebrados (resaltadas por su color pardo en contraste con el rojizo de las areniscas de la matriz).
Huella 2
Huellas de tetrápodo análogas a las de tortuga descritas en el artículo, preservadas del mismo modo como un relieve en la base de una capa (que, como es habitual en el K2, está invertida por efecto del diapirismo).

Estos son los ríos en los que durante este ‘breve’ periodo húmedo en Pangea nadaban, entre otros animales, las tortugas que nos ocupan. Lo que nos lleva al último punto.

Early Turtles

Como hemos visto, una de las palabras clave en el título del artículo de Reolid et al. es ‘early turtles’, pero no se refiere a tortugas especialmente madrugadoras (perdón por el chiste malo). En paleoicnología es bastante difícil atribuir un autor a una huella determinada, salvo que se tenga la suerte de encontrar un fósil corporal junto o asociado a las capas que contienen los rastros. En ocasiones puede estimarse, a partir de la morfología de los pies o manos de los fósiles característicos de una época, cómo sería la impronta que estas dejarían en el terreno. Pero esto es más difícil de lo que parece, ya que una huella es el resultado de la interacción entre el animal y el sustrato, el comportamiento del primero y las condiciones físicas del segundo. Un mismo animal puede dejar multitud de tipos de huellas distintas (esta es la razón de que una pisada sea distinta a una huella de natación, o de que las huellas en terreno seco sean muy distintas a las dejadas en terreno demasiado blando). En este caso, los autores hacen un ejercicio de descarte para llegar a la conclusión de que el productor más probable fueron tortugas.

Lo interesante del caso está en las implicaciones de esta hipótesis: los fósiles corporales más antiguos de este grupo datan, precisamente, del Triásico superior, aunque tenemos evidencia de su existencia en forma de huellas que son un poco más antiguas que los estos fósiles, como es el caso de las descritas en este artículo (de ahí lo de early). Así pues, lo que tenemos son precisamente algunas de las evidencias más antiguas de la aparición de la tortugas como grupo sobre la Tierra, (y un grupo muy, muy antiguo son), y además parecen sugerir que en su origen tenían un estilo de vida, cuando menos, semiacuático (ha habido cierta controversia al respecto).

Un último comentario sobre Periodo Húmedo del Carniense. Este momento de la historia geológica fue testigo de un importante reemplazo de faunas: algunos de los grupos que habían dominado los ecosistemas terrestres desde el inicio del Triásico desaparecieron, mientras que otros, como los dinosaurios, estaban experimentando el comienzo de la gran radiación que les llevaría a dominar los ecosistemas terrestres durante el resto del Mesozoico. Todos esos sucesos parecen tener su origen en los cambios ambientales que provocaron, a su vez, los cambios en las rocas que también vemos en Cortes.

Así pues, esas areniscas rojizas guardan interesantes historias que vale la pena leer. Y los cortesanos tenemos la suerte de tenerlas muy a mano.

Referencias:

[1] Arche, A., Gómez, J.L., Hidalgo, J.G. (2002). Control climático, tectónico y eustático en depósitos del Carniense (Triásico Superior) del SE de la Península Ibérica. Journal of Iberian Geology, 28, 1330.

[2] López-Gómez, J., Escudero-Mozo, M.J., Martín-Chivelet, J., Arche, A., Lago, M., Galé, C. (2017). Western Tethys continental-marine responses to the Carnian Humid Episode: palaeoclimatic and palaeogeographic implications. Glob. Planet. Chang., 148, 79-95.

[3] Ortí, F., Pérez-López, A., Salvany, J.M. (2017). Triassic evaporites of Iberia: Sedimentological and palaeogeographical implications for the western Neothetys evolution during the Middle Triassic-Earliest Jurassic. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 471, 157-180.

[4] Reolid, M., Márquez-Aliaga, A., Belinchón, M., García-Forner, A., Villena, J., Martínez-Pérez, C. (2017). Ichnological evidence of semi-aquatic locomotion in early turtles from eastern Iberia during the Carnian Humid Episode (Late Triassic). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 490, 450-461.

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jueves, 30 de noviembre de 2017

El Terciario en Cortes de Pallás. El Paleógeno (I).

Una de las líneas de trabajo principales de Aventuras geológicas ha sido investigar y dar difusión a la historia geológica de Cortes de Pallás. Nuestros recorridos nos han llevado a través del Mesozoico hasta el Cretácico terminal (en este enlace se puede consultar todos los artículos sobre la geología de Cortes de Pallás). Y allí nos quedamos. Hemos visto como la historia escrita en las rocas de Cortes nos habla, durante la mayor parte del tiempo, de terrenos costeros y mares cálidos poco profundos. Pareciera que se trate de una historia plácida, alejada de la acción geológica durante la mayor parte del tiempo, en la que las cosas importantes casi siempre ocurren en otro lugar y aquí tan sólo llegan los ecos expresados en la forma de regresiones y transgresiones marinas, avances y retrocesos del mar que han quedado registrados en el relieve tabular de la Muela de Cortes. Pero no siempre fue así. Ya desde el final del Cretácico estaban en marcha poderosos procesos que dejarían una impronta muy visible en Cortes. Y esta es una historia del Terciario.

La era Cenozoica o Terciaria (es el único caso en que no seguimos refiriendo habitualmente a una era por la denominación original) comenzó hace unos 65 Ma (millones de años) y finalizó hace unos 2,6 Ma, con el inicio de las glaciaciones del Cuaternario. Se divide a su vez en dos periodos, el Paleógeno y el Neógeno. El Neógeno ya lo examinamos recientemente en nuestra visita al Motrotón y su registro en cortes es muy similar, como tendremos ocasión de ver en un futuro. Hoy retrocederemos más en el tiempo hasta el Paleógeno.

Paleógeno
Unidades y cronoestratigrafía del Terciario/Cenozoico. Fuente: Wikipedia
Nuestra forma de medir la historia de la Tierra está íntimamente unida a la historia de la vida y se basa en el hecho de que unas asociaciones faunísticas reemplazan a otras permitiendo puntuar un proceso que por lo demás es continuo. De esta manera, el fin del mundo Cretácico está marcado de forma ostentosa por la alteración global que supuso el archiconocido impacto meteórico y la desaparición de forma destacada, de los dinosaurios no avianos. En Cortes no podemos ver el registro de este impacto (como sí podemos hacer en Agost). Pero más allá del suceso cósmico (cuyo impacto fue enorme para la vida sobre la tierra pero apenas dejó una capa de unos milímetros sobre el fondo marino) había otros procesos geológicos en marcha cuyo resultado es muy evidente en Cortes.

Durante el Cretácico inferior y asociado a la apertura del Atlántico, Iberia inició un movimiento de rotación en sentido antihorario. Este giro supuso la apertura del golfo de Vizcaya. Durante el final del Cretácico y el inicio del Paleógeno África comenzó a desplazarse hacia el norte. La convergencia de las placas africana y euroasiática atrapó en medio a la microplaca ibérica: la colisión resultante provocó el levantamiento de los Pirineos y la cordillera Ibérica, cerrando a su vez el brazo de mar que se abría entre estas dos últimas. Posteriormente, ya durante el Neógeno, la continuación de la convergencia supondría el nacimiento de las Béticas y el rejuvenecimiento de algunos de estos relieves, ya arrasados.

Paleogeogrfico-KT3
Posición aproximada de Iberia en el tránsito Mesozoico-Cenozoico. Modificado del sitio web de Colorado Plateau Geosystems, del Prof. Ron Blakey: http://cpgeosystems.com.html
Cortes de Pallás ocupa una posición muy especial, en la zona de transición entre las cordillera Ibérica y las Béticas. La Muela de Cortes pertenece al macizo del Caroig y se enmarca en el Dominio Tabular, lo que expresa claramente que las sucesiones cretácicas no sufrieron deformaciones significativas durante estos episodios. Pareciese que, una vez más, Cortes quedaría fuera de las grandes revoluciones geológicas. Pero esto no es así. Hemos de dirigirnos al norte del término, a su límite con las vecinas Yátova y Requena, para encontrar las evidencias de estos acontecimientos en el paisaje de Cortes.

Durante el Cretácico terminal Cortes ocupaba una zona costera, con un paisaje de marismas litorales y llanuras de marea (tal y como describimos en este artículo). Pero ya en el Paleoceno las cosas cambian: la deformación provocada por la colisión se acerca desde el norte y el contexto cambia. Tan pronto se van levantando los nuevos relieves la erosión comienza su trabajo incansable desmantelándolos. Y los restos de estas montañas que pugnaban por crecer comienzan a llegar a la zona de Cortes. El Thetys se retira ante el aporte de gravas, arenas, limos y arcillas que llegan desde la cordillera. Estos materiales se depositan sobre las calizas y margas finicretácicas en aparente concordancia, contrastando por sus tonos anaranjados con el color blanquecino de aquéllas. Su estudio sistemático es complicado, por dos razones:

1. La escasez de afloramientos de calidad: como ya vimos en el caso de la Fm Perenxisa, su posición en lo alto de la secuencia estratigráfica hace que haya sido desmantelada salvo en aquellos lugares en que en razón de la tectónica haya sido preservada, por ejemplo, en bloques hundidos a favor de fallas normales. Por ejemplo en los pequeños afloramientos de Bujete y del cementerio de Cortes.

2. Por encontrarse cubiertos en el fondo de un valle, tapados por la vegetación o estar aprovechados, gracias a lo poco competente de sus materiales, como terrenos de labor. Es el caso del corredor de Venta Gaeta y la localidad de El Oro.

Paleógeno Venta Gaeta 2
El corredor de Venta Gaeta visto desde la ladera SO de la sierra de Martés. El Paleógeno forma el sustrato de los campos de labor. Al fondo a la izquierda la localidad de Venta Gaeta. Detrás el relieve tabular de la muela de Albéitar
En la hoja 745 (Jalance) del MAGNA los materiales del Paleoceno-Eoceno aparecen cartografiados en color naranja, en contacto continuo y concordante con el Cretácico. No obstante, esa continuidad es deducida, del mismo modo que la edad de los materiales, por criterios estratigráficos ya que no ha sido posible la datación paleontológica directa (en Cortes). Por mi parte he de decir que he buscado con ahínco una sección en la que observar el contacto o tránsito entre el Cretácico y el Paleoceno, sin éxito. En zonas que parecen muy prometedoras, como en la ladera norte de Albéitar (especialmente en la aldea de Venta Gaeta), el contacto no aflora (la carretera CV-425 pasa justo por donde uno esperaría encontrarlo) y el Paleoceno está totalmente abancalado. Lo mismo ocurre en la ladera que se extiende al pie de El Oro. Ni siquiera a lo largo de la CV-428 a su paso bajo el cementerio de esta última aldea es posible identificar el contacto ya que justamente está erosionado y relleno por los conglomerados en facies de abanico aluvial del Mioceno superior. Todo muy frustrante, la verdad.

Pg desde Venta Gaeta
La sierra de Martés entre la niebla, vista desde Venta Gaeta. En primer término, las margas blanquísimas de la formación Perenxisa, que afloran en el margen NE de la sierra de Albéitar

Magna Albéitar Martés
Mapa geológico de Cortes de Pallás. El término municipal está delimitado por la línea discontinua roja. Como veis, el color verde del Cretácico es claramente predominante. Fuente: InfoIGME-IGME
La observación atenta del mapa geológico levantará rápidamente la siguiente cuestión: ¿qué es lo que permite que el Paleoceno aflore en un área tan extensa, pero tan limitada al corredor de Venta Gaeta? ¿Por qué sólo ahí, cuando el Cretácico superior aflora tan extensamente sin mostrar ni pizca de Paleógeno? ¿Qué hay diferente? La razón está en la tectónica. Durante el Eoceno y quizá el Oligoceno la deformación alcanza de lleno a la región. La corteza responde a los esfuerzos acomodando el acortamiento debido a la compresión plegándose y fracturándose, apilando una capa sobre otra de la misma forma en que una alfombra se pliega cuando la empujamos desde uno de sus lados. La compresión procedente del norte crea pliegues y cabalgamientos que vergen hacia el SO. La alineación de las estructuras generadas sigue una dirección NO-SE, típicamente ibérica. El resultado más notable es la sierra de Martés.

Pliegue sierra Martés
Vista hacia el NO desde el ascenso a la sierra de Martés por el GR-7. En el centro a la izquierda el pliegue tumbado que afecta a las calizas del Cretácico inferior. La secuencia de las principales formaciones que podemos ver es la siguiente: (1) Calizas del Caroig; (2) Areniscas de Sácaras; (3) Calizas de Aras de Alpuente; (4) Dolomías de Alatoz; (5) Dolomías tableadas de Casas de Ves; (6) Dolomías de la ciudad Encantada; (7) Brechas de la sierra de Utiel.
Como ya comentamos en un artículo anterior, la Muela de Cortes no es una verdadera montaña, por más que la vista desde el cañón del Júcar pueda sugerirnos lo contrario. El prominente relieve de la Muela (vista desde el norte) se debe, en realidad, a la profundidad del valle excavado por el río: como hemos visto, la Muela es un relieve tabular cuya principal característica es haber sufrido de forma muy limitada la deformación asociada a la orogenia alpina (sobre esto habría que hacer algunas precisiones, ya que en realidad sí ha experimentado deformación en la forma de elevación generalizada y el hundimiento de los bloques que la limitan a favor de fallas en la distensión miocena, pero esto es otra historia). En realidad, la sierra de Martés constituye la más clara expresión de la compresión tectónica en el término de Cortes. En sus laderas encontramos las mismas formaciones que en la Muela, pero espectacularmente plegadas.

Además, en su margen sur la inversión de las secuencias hace que el Cretácico cabalgue sobre el Paleógeno:

Cabalgamiento K-Pg Venta Gaeta
Cablagamiento del Cretácico sobre el Paleógeno en la base de la sierra de Martés. Ascenso por el GR-7. Vista hacia el NO.
Es una reproducción a pequeña escala de los Pirineos, en los que los materiales de la cordillera cabalgan a los materiales terciarios de su cuenca de antepaís, la cuenca del Ebro.

Con todo, uno de los mejores lugares para observar el Paleoceno-Eoceno y el cabalgamiento del Cretácico sobre el mismo es la aldea de El Oro. Además de estudiar los propios materiales, es un buen sitio para estudiar los efectos de la tectónica a escalas que van desde lo grande a lo pequeño. Localizar el cabalgamiento es sencillo: la carretera CV-428 aprovecha este plano en su trazado. De hecho, los bancales de la huerta de El Oro se asientan sobre el Paleógeno. También cruzaremos esta unidad siguiendo el vial de las Aldeas que parte desde El Oro hacia Venta Gaeta. Echemos en primer lugar un vistazo al cabalgamiento:

Cabalgamiento El Oro
El cabalgamiento del Cretácico sobre el Paleógeno a lo largo de la CV-428 en El Oro. Al fondo a la izquierda la muela de Albéitar. Vista hacia el NO. Los bancales en primer término se asientan sobre el Paleógeno.  
Vemos como los materiales del Paleoceno forman el relleno de un sándwich en los que el pan está formado por los materiales carbonatados del Cretácico: hacia el sur, a la izquierda en la fotografía, el Cretácico superior aparece en su posición original, justo debajo del Paleógeno. Pero a la derecha, por encima de este último, aparece de nuevo el Cretácico, en esta ocasión el inferior, más joven que cualquiera de los otros dos y que ocupa una posición invertida a causa de la tectónica. Imaginemos las tremendas fuerzas necesarias para romper la corteza terrestre y desplazar un bloque sobre el otro a lo largo del plano de contacto (una falla inversa de bajo ángulo). Este mismo proceso es el que formó la sierra de Martés, solo que aquí, a lo largo de la carretera, tenemos la posibilidad de verlo de forma espectacular.

Vamos a pegar la nariz a las rocas y a echar un vistazo más de cerca a este afloramiento. Comenzaremos en el pie de la ladera que desciende desde el cementerio de El Oro a la CV-428. Aquí podemos ver, en primer lugar, las rocas que forman el bloque de base del cabalgamiento. Se trata de las calizas de la Fm Calizas de la sierra de Utiel, que ya analizamos en este artículo.

Fm Utiel
Carbonatos perimareales de la Fm Utiel.
En esta zona, próxima en el interfluvio entre las ramblas de Los Gallegos y Las Moreras, las calizas del Cretácico superior no muestran todavía señales de deformación. Si recorremos hacia arriba (hacia El Oro, al norte) la sección comenzamos a ver los efectos de las tremendas fuerzas en acción, pero a una escala menor que cuando analizamos el cabalgamiento desde la distancia. En tránsito continuo sobre la Fm Utiel, aparecen las calizas y margas de la sierra Perenxisa. Estas rocas ya las hemos visto al pie de la muela de Albéitar, en Venta Gaeta, y las hemos estudiado en detalle en este artículo.

Utiel - Perenxisa
Tránsito entre las Fm Utiel y Perenxisa a lo largo de la CV-428. Vista hacia el norte.
Entre las margas de la Fm Perenxisa hay intercalados algunos niveles de calizas, que aparecen aquí plegadas y cabalgadas sobre sí mismas hacia el SO, de forma coherente con la deformación de mayor escala.

Deformación Utiel
Pequeño cabalgamiento plegado que afecta a las calizas de la Fm Utiel. Ver imagen comentada a continuación.
Comentado se ve mejor:

Deformación Utiel Comentada
Mi interpretación

Y ahora es cuando, conteniendo la emoción, esperaríamos ver el tránsito entre el Cretácico y el Paleógeno. Pero como ya os he dicho, sólo nos espera la frustración: los conglomerados y brechas que vienen a continuación no son los que desearíamos ver, sino mucho más jóvenes, de edad Turoliense (Mioceno superior). Una lengua no cartografiada de estos materiales corta justamente a través del contacto, privándonos de esta satisfacción. Como no podemos volver al pasado hasta el Turoliense, tendremos que vivir con ello.

Erosión contacto
El oportuno paleobarranco relleno por brechas y conglomerados del Turolense que impide ver el contacto entre Cretácico y Paleógeno a lo largo de la CV-428. Al fondo las muelas de Cortes (izquierda) y Albéitar (derecha). Las  calizas blancas en primer término forman parte del bloque cabalgante.
Seguimos nuestro recorrido y ahora sí, estamos donde queríamos, justo en el contacto. Quizá poseo una geosensibilidad excesiva, pero tengo gran debilidad por este tipo de superficies. De alguna forma, poner la mano sobre el plano del cabalgamiento me permite revivir las colosales fuerzas que se manifestaron sobre esta superficie. Casi podemos ver las blancas calizas desplazándose sobre las arenas y limos del Paleoceno mientras poco a poco, sismo a sismo, se iba levantando la sierra de Martés y configurándose el paisaje actual. Me encanta esa sensación y os animo a experimentarla por vosotros mismos.

Plano cabalgamiento
El plano del cabalgamiento en el camino que asciende al cementerio de El Oro.
Y aún más cerca:

Detalle plano cabalgamiento
Y un detalle de la imagen anterior: el plano del cabalgamiento mismo.
Pero la deformación producida por los esfuerzos de compresión se manifiesta a todas las escalas, desde la mayor, la de la propia sierra, a la intermedia, como hemos visto en el pliegue de la Fm Utiel, hasta las menores, los propios granos de cada mineral que forman las rocas. Justo debajo del plano del cabalgamiento encontramos algunos ejemplos muy vistosos de esto, a la escala de guijarros que podríamos sostener en nuestra mano. El Paleoceno en Cortes consiste en arenas, areniscas, limos y conglomerados de composición eminentemente silícica. En las arenas, que también son cuarcíticas, aparecen con frecuencia niveles con guijarros de cuarzo. Pues bien, justo debajo del plano del cabalgamiento encontramos algunos ejemplares que muestran señales evidentes de haber cedido a las tensiones generadas por los esfuerzos de compresión fragmentándose in situ. Veamos un primer ejemplo:

Guijarros cizallados 3
Guijarros cuacíticos fracturados por los esfuerzos inmersos en la matriz de areniscas blancas de cuarzo del Paleógeno.
Pero si buscamos un poco más podemos encontrar algunos guijarros que, además de demostrar que lo han pasado mal, nos permiten deducir algunos detalles acerca del proceso. Por ejemplo, aquí tenemos un guijarro fracturado por el esfuerzo cortante. El guijarro está fracturado en dos y uno de los fragmentos se ha desplazado a lo largo de una mini-falla inversa que reproduce el mecanismo del cabalgamiento de la sierra de Martés: una montaña en un guijarro, podríamos decir. El plano de la fractura corresponde con el de una pequeña falla que también afecta a las areniscas de la matriz.

Otro guijarro fracturado por el esfuerzo cortante. Los dos fragmentos están desplazados a lo largo de una falla que lo atraviesa. Sigma1 y Sigma 3 son las tensiones principales mayor y menor, respectivamente.
Pero aún tenemos ejemplos más espectaculares. En esta fotografía podemos ver un guijarro en los que el esfuerzo cortante, además de fracturar un guijarro cuarcítico, ha separado y girado los fragmentos en respuesta al campo de tensiones. Este tipo de fracturación se denomina ‘boudinage’, y se produce como respuesta a un estado tensional en el que la tensión máxima es perpendicular al objeto ‘boudinado’ (en este caso un guijarro, podría ser toda una capa) y la mínima es tal que el resultado es una extensión. El ‘boudinage’ requiere que exista un contraste importante de rigidez entre la matriz y el objeto ‘boudinado’ (en este caso, el guijarro): en este caso la arenisca se deforma dúctilmente mientras que el guijarro lo hace frágilmente, fracturándose. La extensión separa las rebanadas (o boudines, que significa ‘salchicha’ en francés) y, en función de diversos factores, estos pueden rotar, además. Lo de boudin viene de que en algunos casos el aspecto de los fragmentos en la matriz se parece mucho a una ristra de salchichas. En este caso me resulta curioso este estilo de deformación, ya que aparentemente el cabalgamiento responde a un campo de esfuerzos compresivo en una dirección contenida en el plano horizontal, lo que debería producir acortamiento, no extensión, pero recordemos que el guijarro ha respondido a un campo de esfuerzos local tridimensional: hay que tener en consideración la dirección del plano que estamos viendo, ya que el cabalgamiento sigue una alineación NE-SO que no es incompatible, por ejemplo, con una extensión en una dirección perpendicular (u algo oblicua, sin más). Y esa es la cuestión, el análisis sistemático de la deformación de estos guijarros nos permitiría deducir el campo de tensiones que produjo su fractura y la reconstrucción de la historia tectónica de la región. Lo siento si ha quedado un poco técnico: quedaos con este último concepto, que lo importante: los guijarros como testigos de tensiones pasadas:
Guijarro cuarcítico boudinado a causa de los esfuerzos y del contraste de rigidez entre las areniscas de matriz y el propio guijarro. Observad el aspecto pulido de los guijarros, posiblemente a causa del flujo de la arenisca a su alrededor.
Continuemos nuestro camino hacia El Oro. Al girar la curva tenemos la localidad frente a nosotros, y el desmonte de la carretera a la izquierda nos permite observar la base del bloque cabalgante, las calizas cretácicas tan brechificadas por el esfuerzo que la formación a la que pertenecen resulta casi irreconocible. A la derecha, al otro lado del barranco de Las Moreras, los bancales de la huerta de El Oro se asientan sobre el Paleógeno. Las huertas acaban abruptamente justo en el contacto con las calizas tableadas de la fm. Utiel, que acabamos de analizar. El contacto está oscurecido por el terreno labrado de los propios bancales: también aquí lo busqué, sin éxito.

Brechas cabalgamiento
Calizas y dolomías del bloque superior, fracturadas y brechificadas a causa de la deformación. Carretera CV-428 entre el cementerio de El Oro y la propia localidad.
Un poco más allá, llegando al cruce con el camino de Venta Gaeta, podemos ver el contacto entre tres unidades: las arenas limosas verdosas con niveles de areniscas del Paleógeno, abajo; el Cretácico superior (en este caso la Fm Dolomías de Alatoz, también muy deformada y brechificada) y los conglomerados y brechas turolienses, anaranjados. Estos conglomerados forman los escarpes que dominan El Oro, recubriendo discordantemente el Cretácico. Pero eso es algo que dejaremos para más adelante.

Cabalgamiento en el Oro
Contacto entre tres unidades en las inmediaciones de El Oro: las arenas y areniscas del Paleógeno de color verdoso ocupan el margen de la carretera. Sobre ellas el Cretácico superior cabalgante (derecha) y los conglomerados Turolenses anaranjados (izquierda).
Si prolongamos nuestro paseo un poco más allá de la localidad siguiendo la CV-428 tendremos la oportunidad de observar el flanco este de la Muela de Albéitar, diseccionado por la cabecera de la rambla de Los Gallegos. Podemos ver la diferencia con la Muela de Cortes: su flanco noroeste no se corresponde, en principio, con una falla, sino que está constituido por un gran y espectacular pliegue monoclinal que afecta tanto al Cretácico como al Paleógeno (la sierra de Martés queda a la derecha de la fotografía). También podemos la magnitud del desmantelamiento: el Paleógeno está completamente erosionado, al igual que la Fm Perenxisa. La unidad más joven que aparece en la coronación de la muela de Albéitar es la Fm Utiel (al igual que en la de Cortes). Tengo la impresión de que la Muela de Albéitar es una estructura más compleja de lo que se ha considerado hasta ahora, y si bien he recorrido todos sus flancos, no he podido aún visitar su coronación más que en la vertiente que recae a Venta Gaeta. En futuro recibirá la atención que merece…

Muelas Cortes y Albéitar
El pliegue monoclinal de la Muela de Albéitar diseccionado por la rambla de los Gallegos. Al fondo a la izquierda la muela de Cortes.
Y aquí finalizamos nuestro paseo a través del inicio del Terciario en Cortes de Pallás, en el cual hemos podido ver el tránsito desde la aparente quietud del Cretácico a los grandes cataclismos formadores de montañas del Paleógeno. Y esto no ha hecho más que empezar. Nos despedimos con esta foto de familia de las estructuras que acabamos de visitar:

Albéitar Martés
Foto de familia de las unidades que acabamos de repasar desde la CV-428 en la curva del rabo de la sartén (es el nombre del paraje): A la izquierda la sierra de Martés. En el centro el Turolense discordante sobre el Cretácico superior en El Oro. A la izquierda la Muela de Albéitar y, bajo ella, la localidad de El Oro, asentada sobre el Paleógeno.

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