lunes, 18 de julio de 2016

El fin de una era: la discordancia entre el Precámbrico y el Cámbrico en Barrios de Luna

En ocasiones anteriores hemos hablado de superficies estratigráficas y su significado, especialmente en el caso de hardground y, de forma más general, repasando el concepto de discordancias. He de reconocer que siento fascinación por estas últimas. En mi opinión, hay tres formas de experimentar el abismo del tiempo: la primera de ellas es observando una sucesión estratigráfica continua de gran potencia en la que una inmensa cantidad de tiempo está representado, evidenciando de esa forma el significado de la expresión ‘los estratos son las páginas en que está escrita la historia de la Tierra’. Un ejemplo de esto es la contemplación del Gran Cañón del Colorado (obviando el hecho de que existen discontinuidades menores). Otra es, por el contrario, observar una discordancia en la que exista un ‘hueco’ en la sucesión de capas (una laguna estratigráfica o un hiato), especialmente si el intervalo de tiempo no representado en las rocas (las páginas arrancadas del libro) es grande. Esto también puede experimentarse en el Gran Cañón, observando la Gran Discordancia: entre el Esquisto Vishnu (Proterozoico) y las Areniscas Tapeat hay un hueco de ¡1.000 millones de años (Ma en lo sucesivo)! Aunque sin duda, la discordancia angular más famosa del mundo es la que aflora en Siccar Point, Escocia, un lugar sagrado para la Geología en el que Hutton experimentó por primera vez la sensación de asomarse al abismo del tiempo. Así describió Playfair, amigo de Hutton, el momento: “The mind seemed to grow giddy by looking so far into the abyss of time”. Podéis visitar virtualmente este lugar gracias al trabajo de Callan Bentley, que ha estado recorriendo Escocia y lo ha contado (y mostrado con imágenes de Gigapan) en detalle en su blog Mountain Beltway.

La tercera forma, siempre según mi opinión, es visitar aquellos lugares en los que se puede ‘tocar’ un evento relevante en la historia de la vida en la Tierra. Ya hemos estado en algunos de ellos, como el límite KT en Agost (que señala el fin del Mesozoico) o el PT (que marca el fin del Paleozoico con la Gran Extinción y el inicio del Mesozoico). Pues bien, durante esta primavera tuve ocasión de visitar otro de estos lugares: la discordancia entre el Precámbrico y el Cámbrico en Barrios de Luna, en la cordillera Cantábrica.

Vista general afloramiento Portilla
Vista general del afloramiento de Barrios de Luna junto al cruce de Portilla de Luna.
¿Y qué tiene de particular esta discordancia? Pues que pone en contacto dos grupos de rocas formadas en dos periodos radicalmente distintos de la historia de la vida. Y es que, como los primeros geólogos reconocieron, las rocas rocas por debajo de ese contacto no contienen fósiles mientras que las que se encuentran por encima sí los contienen. Es por ello que denominaron a las primeras estratos primordiales (estas rocas se integraron después en el sistema Cámbrico, propuesto por Sedwick en 1835) y, a los fósiles que contenían, fauna primordial. Y, por debajo… por debajo se extendía todo un abismo de tiempo, imposible de medir en aquel entonces, al que se denominó, por oposición, Precámbrico. El hecho de que en el registro fósil apareciese, aparentemente ex novo, todo un conjunto de animales complejos sin ancestros simples de los que evolucionar supuso un serio quebradero de cabeza para Darwin, que en la 6ª edición de El Origen de las Especies tuvo que admitir, con una honestidad científica extraordinaria, que “To the question why we do not find rich fossiliferous deposits belonging to these assumed earliest periods prior to the Cambrian system, I can give no satisfactory answer”. Asumió como inevitable la existencia de tales ancestros y atribuyó su no hallazgo a la imperfección del registro fósil.

Posteriormente, el análisis y reinterpretación de los extraordinarios fósiles cámbricos hallados en Burgess Shale por Charles Walcott en las primeras décadas del siglo XX condujo a la formulación de la teoría de La Explosión Cámbrica: aparentemente el Cámbrico fue un periodo en el que aparecieron, en un ‘acelerón’ de la dinámica evolutiva sin precedentes y nunca repetido, un gran número de planes corporales, de los cuales una parte sobrevivió como los ancestros de los grupos que han llegado hasta nuestros días. Esta idea fue especialmente defendida por Steve Gould, que la transmitió al gran público en su libro La vida maravillosa. Las razones de tal febril actividad son discutidas todavía, habiéndose formulado un gran número de hipótesis: incremento en los niveles de oxígeno en la Tierra, el fin de las glaciaciones del Neoproterozoico, causas puramente ecológicas y evolutivas como aparición de partes duras en los organismos, etc. El asunto no está cerrado y, de hecho, se ha discutido cuánto de excepcional y de súbito tuvo la Explosión Cámbrica. Se han descubierto fósiles de animales como la fauna de Ediacara anteriores al Cámbrico, así como otras faunas, como la SSF (Small Shelly Fauna) que prueba la existencia de animales complejos justo antes del inicio del Cámbrico. Se ha valorado hasta que punto la aparición repentina de fósiles no es una cuestión tafonómica (es decir, de un cambio a mayor en las posibilidades de preservación de los cuerpos de aquellos animales). El registro fósil se ha ido completando con el hallazgo de formas de vida bacteriana (evidenciada por sus rastros geoquímicos) desde hace más de 3.000 Ma, incluyendo forma visibles como los estromatolitos (de los que ya hablamos en este artículo). Lo de la visibilidad es importante, ya que ello llevó a dar nombre a los eones Fanerozoico (del griego vida visible, a partir precisamente del Cámbrico) y Criptozoico (del griego vida no visible).

En cualquier caso, lo que es cierto es que el inicio del Cámbrico supuso un cambio sustancial para la vida en la Tierra, y posiblemente la explicación definitiva tenga que ver con todo lo anterior, sin razones únicas y definitivas (un argumento muy Gouldiano). Todo esto da para extenderse hasta el infinito y es una historia apasionante que se ha contado muchas veces. Así que, una vez fijado el contexto y justificado el interés de la frontera entre el Precámbrico y el Cámbrico, será mejor que volvamos a las rocas.

El Precámbrico aflora en la cordillera Cantábrica en un arco estrecho que se extiende desde la costa Asturiana (en Cudillero) hasta el área de Barrios de Luna. Este arco corresponde a una gran estructura, el Antiforme del Narcea. En el entorno de Barrios de Luna hay dos afloramientos de calidad muy conocidos: el mítico de Irede de Luna, donde el contacto se expresa como una discordancia angular de libro, y el de Vega de Caballeros, junto a la carretera CL-626, menos espectacular pero más cómodo de visitar.

ZAOL y ZC
Mapa geológico de la Zona Cantábrica del Macizo Ibérico. Tomada de Bastida (2004) basada en Julivert (1971)
El afloramiento está en un desmonte de la carretera, justo en el cruce con la carretera que conduce a Portilla de Luna. Además, justo enfrente hay una explanada que parece hecha a propósito para visitar el lugar…

Aérea afloramiento
Ubicación general del afloramiento junto a Vega de Caballeros. Imagen tomada de Google Maps
Las condiciones del afloramiento son excelentes: la carretera no sólo ha puesto a la vista una buena longitud de la secuencia, sino que además, gracias al escaso tráfico, es posible pasar un buen rato sin riesgo (cosa que no ocurre en otros lugares). La discordancia es, como ya hemos dicho, angular y erosiva. Es decir, los materiales precámbricos fueron deformados, elevados durante un episodio orogénico, erosionados y, finalmente, cubiertos por un mar Cámbrico en el que se depositaron los materiales por encima del contacto. En la siguiente imagen se ve de forma general la discordancia: el Precámbrico está a la derecha y el Cámbrico a la izquierda.

Discordancia base Cámbrico
La discordancia entre el Precámbrico y el Cámbrico en Barrios de Luna, junto al cruce de Portilla. El Cámbrico está a la izquierda y el Precámbrico a la derecha. Mi mano reposa sobre la base del Cámbrico. El Cámbrico está verticalizado pero de forma discordante en relación con el Precámbrico, lo que evidencia una fase de deformación previa a la deposición del primero.

Si añadimos unas líneas de guía ayudamos a hacer más visible la discordancia. Como se ve, también el Cámbrico está verticalizado, lo que nos indica que hay, al menos, un episodio tectónico posterior. Repasaremos la historia completa más adelante.

Discordancia base Cámbrico comentado
Imagen anterior comentada: en rojo la superficie de la discordancia. Líneas gruesas corresponden con fallas. Las líneas delgadas remarcan la estratificación para evidenciar la discordancia.
El Precámbrico corresponde a la formación Narcea (o también formación Mora) mientras que el Cámbrico lo hace con la formación Herrería. La edad de la fm. Narcea se ha datado por medios radiométricos en 640 Ma - 559 Ma, lo que la sitúa en el periodo Ediacárico (sí, por la fauna de Ediacara, a su vez por las colinas de Ediacara, en Australia). A la fm. Herrería se asigna una edad Cámbrico inferior. Si tenemos en cuenta que el Cámbrico tiene asignado su inicio hace 542 Ma, nos encontramos ante un hiato de entre 40 Ma – 100 Ma. Puede que 40 Ma nos parezca una minucia comparando con la edad absoluta de las rocas, pero entonces debemos recordar que el final de la era Mesozoica y la extinción de los dinosaurios se produjo hace 63 Ma. Claro que también podría argüirse que la Tierra tiene una edad de 4.500 Ma. Cosas del abismo del tiempo.

Echemos un vistazo de cerca a la discordancia. En el techo de la fm. Narcea observamos una banda de algunos metros de color rojizo (rubefacción) atribuida a la alteración durante el tiempo en que estas rocas constituyeron la superficie terrestre, en algún momento de hace más de 559 Ma. 

Techo Precámbrico
La superficie de la discordancia. Mi mano reposa sobre la base del Cámbrico. Las cuarcitas rubefactadas del Precámbrico quedan a la derecha. El carácter angular de la discordancia es evidente.
De hecho, si pudiésemos coger el afloramiento, girarlo hacia la derecha para colocar la superficie de la discordancia horizontal y deshacer el movimiento de las fallas para restaurar esta última, lo que estaríamos viendo es un relieve montañoso (evidenciado por los pliegues) arrasado por completo y hundido hasta el fondo de una cuenca. Y sobre esa tábula rasa comienza el siguiente ciclo sedimentario, manifestado en el microconglomerado basal de la formación Herrería.

Muro cámbrico
El microconglomerado de clastos silíceos de la base del Cámbrico. Fijaos en el rótulo P1, señal de que este afloramiento ha sido estudiado de forma sistemática.
A mí personalmente me impresiona mucho pensar en cuán diferente era la Tierra en el momento en que las rocas sobre las que he posado la mano eran la superficie de la misma. Si viajásemos atrás y efectivamente pudiésemos aterrizar allí encontraríamos algo inimaginable: una tierra vacía de color rojizo, sin nada vivo bajo el cielo más que quizá algún tapiz bacteriano en las orillas del océano, ríos y lagos. Y lo que es más, el momento en que los primeros pioneros saliesen del océano quedaba todavía millones de años en el futuro. Es bastante probable que lo viésemos nos recordase más a Marte que a nuestro propio planeta.

Tras estas reflexiones, volvamos a las rocas y veamos qué más nos cuentan. En este punto la Fm. Narcea consiste en una alternancia de cuarcitas y pizarras de aspecto rítmico, en capas centimétricas.

Turbiditas precámbrico
Mi compañero Gonzalo Che reflexiona acerca del carácter rítmico de la alternancia de Cuarcitas y pizarras del techo de la fm. Narcea.
Si echamos un vistazo de cerca nos llama la atención una cosa. La estratificación está bastante clara en las capas de cuarcitas, pero no tanto en las capas de pizarra intercaladas. De hecho, si no fuese por las primeras, tendríamos difícil identificar el plano original (foliación S0, la que se corresponde con la deposición original de los materiales).

Pizarrosidad
Las rocas muestran dos foliaciones bien definidas. Pero si no las ves, pasa a la siguiente imagen...

Pizarrosidad comentado
La imagen anterior comentada. Las líneas remarcan cada una de las dos foliaciones. Observad que la foliación que buza a la derecha con mayor ángulo es discontinua, estando bien marcada en los niveles pizarrosos pero no en los cuacíticos.
Se trata de un fenómeno conocido como clivaje de plano axial. Como consecuencia del estado tensional durante la deformación de las rocas, los minerales con hábito planar, como las micas de la pizarra, se orientan de forma perpendicular a la dirección de acortamiento y por tanto de forma paralela al plano axial de los pliegues que se forman en la roca. Esto puede parecer muy abstracto, pero aquí tenemos grandes y muy visuales ejemplos gracias a las estructuras presentes en la Fm. Narcea.

Clivaje plano axial
Gran espectáculo geológico en una sola imagen. Parte del flanco derecho y charnela de un pliegue que afecta a las turbiditas de la fm. Narcea, que exhiben un clivaje de plano axial muy evidente.
En la imagen anterior también podemos ver como las pizarras, debido a su menor competencia, fluyen para resolver el problema de compatibilidad geométrica en la charnela del pliegue, rellenando el hueco dejado por las capas de cuarcitas. Esta imagen también demuestra lo chapucero que soy dibujando, incluso con tablilla digitalizadora… por suerte, todo esto lo explica mucho mejor Pedro Castiñeiras (alias @petromet) en su blog.

Clivaje plano axial comentado
La imagen anterior con subtítulos. Las líneas rojas marcan la foliación original (sedimentaria) S0. Las líneas negras la S1. Y la línea azul discontinua señala la traza aproximada del plano axial del pliegue. La complicación en el plano axial parece sugerir que el mecanismo de pliegue ha sido, quizá, flexural slip.
Pero ya sabemos que, antes del metamorfismo, las pizarras eran arcillas y las cuarcitas areniscas. Así pues, ¿qué representa esta sucesión rítmica de arcilla y arena? Pues, ni más ni menos, una secuencia turbidítica. Ya hemos tratado con ellas en el pasado y he de reconocer que están entre mis estructuras sedimentarias favoritas. Así pues, en este punto de la fm. Narcea nos encontramos ante un fondo oceánico profundo que recibía, de tanto en tanto, las avalanchas procedentes del colapso del talud continental. Echemos un vistazo de cerca.

Secuencia turbidítica 2c com
Detalle de las turbiditas. Se parecian algunas estructuras sedimentarias como la laminación cruzada de los ripples (derecha) y el contraste entre el contacto erosivo plano de la base de la capa de cuarcita y el contato ondulado del techo. Aquí aparecen invertidos y constituyen, por tanto, un indicador de polaridad, al igual que el clivaje de plano axial que nos indica que estamos viendo el flanco derecho de un pliegue (la charnela queda a la derecha)
En las capas de cuarcitas encontramos estructuras tractivas conservadas a pesar del metamorfismo como laminación cruzada de ripples. De hecho, la situación de los contactos ondulados de los ripples y los contactos planos de las bases erosivas de las capas de cuarcitas parecen sugerir (como de hecho ocurre) que la polaridad de la secuencia está invertida y que hacia arriba en el afloramiento es, en realidad, hacia abajo en la secuencia estratigráfica. La laminación de ripples se observa muy bien en la siguiente muestra de mano que cogí. Aparentemente sólo los términos c, d y e de la secuencia se depositaron en este punto del lóbulo turbidítico, lo que supone una posición media según un eje distal-proximal.

Turbidita com
Un trozo del fondo de un oceáno desaparecido en la mano. Un fragmento de la secuencia turbidítica constituida por un par cuarcita con ripples (término c de la secuencia de Bouma) y pizarra (término e). En medio debe estar el término d, limos con laminación paralela, pero en esta muestra no se aprecia con claridad. 
Así pues, estas rocas nos están contando un ‘historión’. No hay nada que nos muestre la variabilidad de la superficie terrestre como ver un mapa de nuestro planeta en el que no somos capaces de reconocer ningún continente. Y en este caso estamos mirando tan hacia atrás que ni siquiera Pangea se había formado todavía. De hecho en el Ediacarense la Tierra acaba de experimentar la fragmentación de un supercontinente anterior, Rodinia, y los fragmentos de lo que algún día sería Pangea estaban alejándose unos de otros. Entre los fragmentos, en el margen de Gondwana, había toda una colección de microcontinentes. En el margen entre Gondwana y estos pequeños bloques continentales se depositaban las turbiditas que acabamos de visitar. En ese baile de masas continentales la colisión entre algunos de ellos durante la orogenia Cadómica plegó por primera vez las rocas del afloramiento, que posteriormente fueron arrasadas para ser cubiertas por los materiales cámbricos de la fm. Herrería en las orillas del océano de Japeto. Más adelante, ya durante el Carbonífero, la reunión de los fragmentos dispersos de Rodinia durante la orogenia Varisca plegó de nuevo los materiales, levantando una nueva cordillera y dando lugar a Pangea.

540moll
Reconstrucción paleogeográfica de la Tierra en el Cámbrico inferior. La elipse rojiza señala la zona aproximada donde se encontraba lo que algún día será Iberia, en el margen de Gondwana. Al norte otros continentes como Laurentia y Báltica. Junto a la plataforma se aprecian alguno de los microcontinentes mencionados en el texto, en el incipiente océano de Japeto. Modificado del sitio web de Colorado Plateau Geosystems, del Prof. Ron Blakey: http://cpgeosystems.com/index1.html
Por cerrar el círculo: apreciaréis que Rodinia ocupaba una posición centrada en el polo sur. Esta es una de las causas de las glaciaciones que cubrieron la Tierra durante el periodo Criogénico (el nombre lo dice todo) que precedió al Ediacarense, momento en el que se depositaron las rocas precámbricas de Barrios de Luna. La glaciación más famosa de todas fue la que dio lugar a la llamada Snowball Earth. La fragmentación de Rodinia se ha mencionado también como uno de los factores que influyó en la Explosión Cámbrica.

Terminado este viaje, tan sólo me queda una cosa por decir. He transitado esta primavera un buen número de veces por la autovía A-66 (autovía de la Plata) entre León y Oviedo. El mejor consejo que os puedo dar es éste: aseguraos de que otro conduzca!! El recorrido es un auténtico espectáculo geológico y corréis el riesgo de acabar circulando a 60 km/h. 

Avisados estáis.

PE: Como me chiva Pedro Castiñeiras en un comentario, estas rocas son, además, las más antiguas de la península.

Referencias:

Paleontología y estratigrafía del Paleozoico inferior en Barrios de Luna. Guía de la excursión con motivo de las XXII Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología. Carlos Aramburu et al. Universidad de León 2006.

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jueves, 9 de junio de 2016

The rain

Auga branda en pedra dura tanto dá que fai cavadura, dice un refrán gallego en una de sus diversas variantes, lo que viene a significar que si bien el agua es blanda y la piedra dura, lo mismo da ya que poco a poco la primera hace mella en la segunda. En realidad, esta expresión de sabiduría popular no hace sino reconocer un hecho tan evidente como reconocido (como demuestra la multitud de lenguajes en los que existen variantes del refrán), hasta el punto de que podríamos pensar que en ningún caso esta perogrullada puede sorprendernos. Bueno, o quizá sí. Todo es una cuestión de escala. Recordemos el asombro que suele causar la contemplación de angostos cañones, por ejemplo el Colorado o, más cerca de mi casa, el del río Júcar. Pero a veces no sólo nos impresionan los fenómenos de gran formato.

Como los que me seguís en Facebook o Twitter ya sabréis, he pasado un mes en Oviedo. Esto me ha dado la oportunidad de visitar algunos buenos afloramientos que serán objeto de relatos a su debido tiempo, además de disfrutar de las excelentes rocas ornamentales de edificios y, como, del pavimento, estas últimas con su dotación de fósiles.

Tweet fósiles Oviedo

Pero tuvo que ser justamente la última tarde, paseando por la ciudad vieja (o El Antiguo, como dicen aquí), cuando me llevé la mayor sorpresa. Al llegar a la calle Postigo Alto (siempre mirando al suelo, como suele ocurrir), me encontré con esto:

Disolución 1
Un momento, ¿es eso lo que creo?
Bueno, quizá sea mejor comentar un poco la fotografía para ayudar a ver lo que me sorprendió tanto.

Disolución 1 comentado
Sí, ya veo... ¿y?
Ahora son evidentes esas marcas sobre el pavimento que, asociadas a la pendiente de la calle, son la evidencia de la escorrentía del agua (la calle tiene mucha pendiente que se dirige, precisamente, en la dirección de las flechas). Casi puede verse correr la lluvia hacia uno. Y esa es la cuestión. ¿Qué hace tan evidente el camino seguido por el agua? Una inspección inicial lo deja claro. En el pavimento el camino del agua está marcado por auténticas ranuras.

Disolución 2
Esas ranuras... ¿serán obra de antiguos alienígenas? 
De hecho, las ranuras son tan profundas en la caliza gris (Caliza de Rañeces del Devónico, probablemente) que uno llega a dudar a si no han sido hechas por la mano humana, por ejemplo como medio para hacer menos resbaladiza la loseta. No obstante, hay varios detalles que confirman un origen en la escorrentía de aguas de lluvia: el trazado sinuoso, la dirección coincidente con las líneas de máxima pendiente de la calle  y la forma en que el espaciado de los canalillos coincide con las juntas de lo que parece un adoquín prefabricado de hormigón. Es más, las juntas tienen continuación en los canales, al constituir líneas de circulación preferente del agua.

Disolución 3
El adoquín de hormigón también está afectado, aunque de forma menos llamativa
En las calles adyacentes, en las que la pendiente es casi paralela a la alineación de la urbanización, podemos ver como el agua fluye preferentemente por las juntas hasta que llega a las baldosas calizas donde, al no tener un ‘cauce’ predefinido, la corriente sigue la línea de máxima pendiente. Casi podemos medir el ángulo entre ambas direcciones.

Disolución 6
Marcas de disolución paralelas regularmente espaciadas
¿Cuál es la causa de este fenómeno? ¿Qué confiere al agua esa poder de erosión tan impresionante? Aunque el refrán con que comienza este artículo hable de la capacidad del agua de vencer a la roca, esto es un poco engañoso. En realidad, no es el agua la que erosiona la roca, sino la carga que arrastra la corriente (arena, grava e incluso bloques de grandes dimensiones) que actúan como herramientas. Así pues, es la energía que el agua transfiere a las rocas que transporta lo que le permite excavar poco a poco en su lecho. En cualquier caso, no parece ser el caso aquí. Es evidente que hay algo más. Pero, ¿qué?

Entre las rocas carbonatadas y el agua hay una relación de amor-odio controlada por un equilibrio químico. En función del contenido en CO2 en el agua ésta puede disolver el carbonato de las rocas o depositarlo, creando rocas a partir del agua. Así se forman los edificios tobáceos tan característicos de los ríos de la península y los espeleotemas de las cuevas (estalactitas y estalagmitas). La concentración de CO2 está controlada por factores como la temperatura (por eso se forma cal en el grifo del agua caliente), la energía del medio (agitación) o la acción de seres vivos, que pueden forzar la precipitación de carbonato (así forman su concha los bivalvos o se forma la alternancia de capas de los estromatolitos).

Oltà
Lapiaz de Oltà, en Calpe (Alicante) Un paisaje que tiene su origen en la acción de disolución del agua de lluvia
En cualquier caso, el desarrollo de esta marcas de disolución tan acentuadas en un pavimento urbano son algo que no he visto jamás. Sobre todo si se tiene en cuenta el tiempo disponible para generarlas. Según he podido investigar, El Antiguo de Oviedo se reurbanizó integralmente a principios de los 90, peatonalizando prácticamente toda la zona. No sé (y quizá alguien pueda ayudar) si el pavimento fue sustituido de forma generalizada y, en particular, en la calle que nos ocupa. Aquí hay algunas losetas nuevas que aún no está afectadas por este proceso y otras que evidencian un cambio de posición ya que no están orientadas de conformidad a la pendiente.

Disolución 4
Baldosas negras no afectadas y una baldosa gris mal colocada (respecto a su posición original). Alguien ha estado jugando a las obras
Una explicación para este fenómeno sería un carácter excepcionalmente ácido del agua de lluvia, algo que conocemos como… lluvia ácida. Detrás de la lluvia ácida se encuentra la emisión a la atmósfera de compuestos como el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno (NOx) que a su vez proceden, en su mayoría, de la quema de combustibles fósiles, especialmente el carbón. No sería de extrañar que en Oviedo, rodeada de los centros de actividad minera de la cuenca asturiana, de centrales térmicas y las calefacciones alimentadas de carbón fuese víctima de esta lluvia contaminante (además de grandes industrias que ya han sido denunciadas por este motivo, como Arcelor Mittal). Hacía años que no veía una carbonera, pero en el edificio cuyo parking daba servicio al hotel había una y pude ver como descargaban el mineral. Y bueno, además de eso, es que en Oviedo llueve mucho.

Así pues, el carbón asturiano puede estar detrás de la extraordinaria alteración del pavimento de El Antiguo. Para poder datarlo deberíamos conocer la fecha de colocación del pavimento en esta calle, especialmente para saber si data de los años 90, como podría ser el caso. Si algún lector posee algo de información, le agradecería mucho que la aportase para completar el caso.

Claro que, después de todo, quizá la causante sea la sidra...

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Actualización


El fenómeno parece generalizado en El antiguo. Así lo contaba @petromet hace un par de años:



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domingo, 1 de mayo de 2016

Un día cualquiera, un pavimento, un mar tropical.

El año pasado estuve de visita en un edificio en Barcelona, un edificio de oficinas. Se trata del CINC, y es un centro empresarial situado en Diagonal Mar, una zona que se ha desarrollado en los últimos años. El edificio es bastante nuevo, pero como imaginaréis no fue la arquitectura lo que me llamó la atención. Como tenemos esta costumbre de ir mirando al suelo, no pude evitar fijarme en el pavimento del edificio. A primera vista se trataba de una caliza oolítica (y, de hecho, lo era) pero en realidad, al fijarme bien, resultó que había interesantes detalles sobre la historia de aquella roca que podían leerse en el suelo.

Ya sabemos que una caliza oolítica es aquella que está formada por la agregación de pequeñas partículas de tamaño arena (menor de 2 mm)llamadas oolitos. También sabemos que los oolitos son partículas subesféricas formadas por la precipitación de carbonato cálcico en torno a un núcleo, que puede ser un fragmento de concha, un granito de arena, etc. Desde el punto de vista sedimentario su comportamiento es análogo al de la arena detrítica y por tanto desarrollan las mismas estructuras que aquéllas (estratificaciones cruzadas y ripples, por ejemplo). Se originan en costas de mares cálidos, someros, con suficiente energía para hacer que los incipientes cuerpos esféricos rueden durante su formación. Actualmente pueden encontrarse en las Bahamas (no hay muchos más ejemplos de plataformas carbonatadas actuales, aparte de este archipiélago, la costa de Florida y ciertas zonas del golfo Pérsico). No se descarta que la acción de microorganismos participe en su formación, si bien cuando este factor es el dominante estos cuerpos no poseen una sección circular tan clara y se denominan oncolitos. Hace tiempo hablamos sobre ellos y vimos qué pinta tienen tanto en rocas ornamentales (ver este artículo) como en el campo (ver este otro).

Grainstone oolítico
Caliza oolítica del Kimmeridgense en el barranco de Carcalín, Buñol.

Laminación paralela
Laminaciones paralelas en caliza oolítica. Edificio de la Autoridad Portuaria de Valencia.

El caso es que lo que me llamó la atención de las calizas oolíticas del edificio CINC de Barcelona fue su aspecto poco uniforme. Sobre el típico fondo uniforme de color crema típico de estas calizas destacaban unas ‘manchas’, como si fuesen pasas en un bizcocho. Un par de vistas generales:

Vista general pavimento
Vista general del pavimento del edifico CINC en Barcelona. El aspecto moteado es evidente.

Vista general 2
Al mirar de cerca se ve que las 'manchas' son parches formados por oolitos, que flotan en la masa oolítica de la roca.
En este tipo de calizas es frecuente que aparezcan intraclastos: fragmentos previamente litificados (ya que los sedimentos carbonatados tienen una gran facilidad para cementarse de forma temprana a causa de la precipitación de carbonato cálcico en los poros). Los intraclastos se forman por la acción del oleaje sobre los materiales preexistentes. En el caso del CINC este fenómeno se muestra de forma generalizada, como se puede ver en la imagen anterior. Pero lo más llamativo es que existen algunos intraclastos con evidencias de haber estado expuestos al retrabajamiento por el oleaje durante bastante tiempo, razón por la cual no tienen un aspecto brechoide, si no que están más redondeados. Algunos incluso presentan una envuelta micrítica.

Clasto oolítico
Detalle de un intraclasto con envuelta micrítica de color más oscuro, que define perfectamete su contorno. Fijaos como flota en la matriz de oolitos y pisolitos que lo rodean. En algunos casos se distingue el núcleo en el interior de los oolitos y el cemento que rellena los poros.
Otros intraclastos han sufrido la acción de organismos perforadores endolíticos (que viven dentro de las rocas) que los han alterado por concreto. En estas perforaciones precipita de forma secundaria un cemento micrítico, lo que les confiere un aspecto característico.

Clasto perforaciones
Intraclasto con multitud de perforaciones de organismos endolíticos, porteriormente rellenos con micrita de color más oscuro.
Además de estos intraclastos, también aparecen otros clastos cuyo origen no está en la propia área de formación de la caliza oolítica. Este es el caso de este guijarro calizo muy bien redondeado, que debe de haber sufrido un proceso de transporte bastante largo hasta llegar hasta aquí, ya que no cuadra nada con el tipo de materiales en los que está englobado.

Clasto 1
Clasto calizo bien redondeado que también muestra, aparentemente, perforaciones superficiales.

Por último, vemos como algunos intraclastos contienen otro tipo de clastos, bioclastos en este caso. Si nos fijamos podemos encontrar fragmentos de coral arrancados de un arrecife próximo y transportados hasta los bajíos próximos a la costa. Aquí hay una historia doble, ya que el fragmento de coral forma parte, a su vez, de un intraclasto, por lo que como veis ha dado muchas vueltas hasta llegar al lugar donde lo encontramos ahora.

Clasto coral
Fragmento de coral ramoso que forma parte, a  su vez, de un intraclasto. 
El ambiente en que se formaron estas rocas es el de una plataforma carbonatada, en un mar somero y cálido. Hacia tierra existían zonas batidas por el oleaje, bien de buen tiempo (que permite la formación de los oolitos) bien el de tormentas, que fragmenta las calizas ya cementadas previamente para producir los intraclastos que se incorporan de nuevo a los bajíos. Hacia el mar había arrecifes de coral que, de tanto en tanto, eran afectados por esas mismas tormentas trayendo hacia la costa algunos fragmentos de estos organismos bioconstructores.
Si tenéis la ocasión de visitar este edificio aprovechad para echar un vistazo a este paisaje ya desaparecido. Y recordad que la geología está en todas partes: hay que estar atento o nos la perdemos!

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martes, 29 de marzo de 2016

Hidrogeología urbana: Los ríos perdidos de de Valencia (II)

[Este artículo es la segunda parte de una serie sobre el río Turia y sus acequias a su paso por la ciudad de Valencia. Lee aquí la primera entrega sobre la geología y geomorfología urbana de Valencia.]

Es curioso con qué frecuencia damos el relieve urbano por supuesto. Tanto es así que, a veces, obviamos incluso pistas en el callejero con un claro significado geomorfológico como avenida o rambla. Y es que, antes de existir una ciudad, había un paisaje en el cual, por ejemplo, las cuestas, hondonadas y escarpes aparecían en su contexto de forma natural, un contexto que se pierde una vez que se urbaniza. Continuemos con nuestro viaje en busca de lo que queda de los ríos perdidos de la ciudad de Valencia donde lo dejamos, al llegar a la localidad de Mislata. Vamos a alejarnos momentáneamente del río para entender mejor el río que fue. Y es que fue precisamente en Mislata donde tuve la idea de comenzar este recorrido, al reparar en la serie de escarpes que se suceden desde el entorno de la calle Mayor hacia el parque de la Canaleta, junto al antiguo cauce del río Turia. Y es que, como ya vimos, en una ciudad con tan poco relieve como Valencia es bastante llamativo encontrar tramos de escalera para salvar desniveles entre calles adyacentes como los que se pueden ver a lo largo de toda la calle San Antonio de Mislata. Aquí hay un ejemplo, el de la calle Marcos Porta:

Escarpe en Marcos Porta
Escalones en la calle Marcos Porta que salvan el desnivel entre las dos plataformas sobre la que se extiende Mislata, vistos desde la calle San Antonio.
En este caso el desnivel salvado está rondando los 1,50 m, aunque en algunos casos, como en el de la plaza del Mediodía, ronda los 2,00 m. Todos estos escarpes se alinean delimitando una superficie elevada que corresponde con el núcleo urbano original de Mislata, claramente identificable en las fotografías aéreas por el trazado irregular de las calles. Así se ve en una vista satélite:

Mislata 2016 Editado[12]
Mislata y Valencia en 2016. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Museo de Historia de Valencia 3. Azud de Rascanya 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
En la vista satélite he señalado con líneas de puntos los escarpes visibles en Mislata. El que está más al sur, en la línea que conecta los puntos 1 y 2, es el descrito anteriormente. El espacio entre las dos líneas de puntos corresponde a la segunda plataforma, ocupada en los últimos 40 años de expansión urbana. Para reconocer el terreno lo mejor es dar un pequeño paseo desde la plaza de la Morería en dirección norte, siguiendo la calle Padre Llansol. Esta calle discurre en una suave rampa que evita la necesidad de escaleras, al contrario que en la adyacente calle Marcos Porta. El cruce de Padre Llansol con San Antonio es un lugar en el que se han registrado frecuentes inundaciones (como las del pasado año 2012).
San Antonio Padre Llansol
Cruce de las calles San Antonio y Padre Llansol de Mislata, un área periódicamente afectada por graves inundaciones 
Es curioso pensar que pueda anegarse esta zona tan próxima a un desagüe natural como es el antiguo cauce del río Turia. Podría pensarse que el agua debería fluir hacia el norte, hacia el río, a lo largo de la propia calle Padre Llansol, evitando esta circunstancia. Pero no es así. Ni siquiera la construcción bajo la calle San Antonio de dos nuevos colectores de pluviales de gran sección en el año 2006 se mostró eficaz. ¿Por qué? Pues porque en realidad, la calle San Antonio es una alineación deprimida entre las plataformas superior e inferior de Mislata. Esta última tiene una suave pendiente hacia el sur, y no hacia el norte (hacia el río), como cabría esperar. Google Maps nos permite realizar una sección de un recorrido a lo largo de la calle Nuestra señora de los Ángeles, que discurre aproximadamente de forma paralela a Padre Llansol:

Perfil
Perfil longitudinal de la calle Virgen de los Desamparados de Mislata. La flecha señala el punto bajo relativo en el cruce con la calle San Antonio. Elaborado con Google Maps
Como vemos, la calle San Antonio constituye una especie de vaguada que, de hecho, era conocida como ‘el Barranquet’ entre la gente mayor de Mislata. Naturalmente este hecho fue ignorado cuando se urbanizó la zona. La desconexión entre el paisaje actual y el preexistente, como en tantos casos, está en el origen de la perplejidad ante el fracaso de las soluciones técnicas.
Así pues, desde la calle Mayor vamos descendiendo hasta cruzar la calle San Antonio y luego empezamos a ascender muy suavemente conforme recorremos la segunda plataforma. Y alcanzamos el punto más alto justo al llegar a la calle Buenos Aires, enfrente del polideportivo de Mislata. Este es un lugar singular pues es el último reducto de huerta en la zona este de Mislata: un par de bancales resisten en producción encajonados entre los edificios, el polideportivo y el Bioparc. Aquí hemos alcanzado también el límite de la segunda plataforma, cuyo escarpe es bien evidente en los ribazos de las huertas mencionadas y supera los 2 ó 3 m de altura.
Escarpe 2 Mislata
La terraza holocena del Turia en Mislata vista desde el polideportivo. El escarpe ronda los 2,00 m.
En este punto ya casi hemos alcanzado la cota (aún queda algo de descenso, pero más suave) hasta el antiguo cauce del río. Es hora de dar una explicación a estos escarpes. El siguiente mapa geomorfológico de la llanura de inundación del Turia nos servirá de ayuda.
Geomorfológico
Geomorfología de la ciudad de Valencia y su entorno. El área ampliada coresponde a la ciudad de Mislata. En azul el abanico aluvial del Turia. T0a identifica la terraza holocena de Mislata. Carmona en [1]
El estudio de la bibliografía disponible [1] y la topografía del terreno permiten interpretar la plataforma alta sobre la que se asienta el núcleo histórico de Mislata, que da lugar al escarpe de la calle San Antonio, como la superficie del abanico aluvial pleistoceno del Turia. Este abanico es el resultado de la progradación del río y sus depósitos hacia el Mediterráneo. En Mislata esta superficie está datada en unos 100.000 años de antigüedad. La segunda plataforma, sobre la que se asienta la zona más moderna de Mislata, es una terraza aluvial en sentido estricto: la primera que encontramos al remontar el Turia. Su edad es holocena, atribuyéndose su origen a la transgresión Flandriense. Esto quiere decir que se formó tras el ascenso del nivel del mar asociado al final del último periodo glacial, hace unos 10.000 años. Esta terraza, por tanto, es de tipo agradacional y se apoya sobre la superficie del abanico aluvial del Turia, que la precede en el tiempo. Esta terraza está limitada al norte por el último escarpe, el de la calle Buenos Aires. Por último, la plataforma del polideportivo y el parque de la Canaleta se corresponde con los depósitos del propio cauce actual del río.
Así pues, la calle San Antonio (el Barranquet) sigue la intersección de las dos superficies convexas, la del abanico aluvial pleistoceno del río y la de la terraza holocena, y esa es la razón de que se trate de una zona deprimida con dificultades de drenaje. Un río perdido por derecho propio. La razón de que tanto la terraza como el abanico posean formas convexas ( es decir, con forma de plato puesto al revés, con pendiente descendiente hacia el exterior) está en la forma en que se construyen estas estructuras: en ríos como el Turia, con caudales irregulares y grandes avenidas que transportan enormes cantidades de sedimento, cada vez que se desborda el cauce y la corriente pierde energía se depositan los materiales transportados, los de mayor tamaño más cerca del cauce. Eso hace que el cauce vaya elevándose encajándose entre dos muros paralelos o levees, más alto que la llanura de inundación que lo rodea. Eso es lo que vemos en la calle Virgen de los Desamparados. Ahora podemos completar la sección para ver la imagen completa:
Croquis sección Mislata
Croquis esquemático de Mislata según un transecto N-S a lo largo de la calle Padre Llansol. A la izquierda la plataforma elevada de Mislata (el abanico Pleistoceno del Turia) y a la derecha la plataforma baja (la terraza holocena). A la derecha del todo el cauce antiguo del río Turia a la altura del Molí del Sol. Se trata de un esquema conceptual, sin escala.
Un lugar fantástico para visualizar la superficie del abanico aluvial, que tiene su ápice entre Quart y Mislata, es la recientemente urbanizada nueva plaza Mayor de Mislata. Desde allí se puede apreciar perfectamente como el terreno desciende suavemente desde la avenida de Gregorio Gea hacia la calle San Antonio. Es curioso ver cómo el núcleo histórico de Mislata se asienta sobre los terrenos más antiguos mientras que las zonas más recientemente urbanizadas lo hacen sobre los más modernos. Podríamos preguntarnos qué ocurre con las terrazas del Turia río abajo de Mislata, ya que no hay ni rastro de ellas. La razón es que están enterradas bajo los potentes sedimentos de la llanura de inundación depositados durante la última transgresión Flandriense. En este proceso también ha tenido un importante papel la fracturación de la llanura a favor de diversos ejes tectónicos y el hundimiento de los bloques delimitados por las mismas a favor de estos ejes. Por ello el valle del Turia desaparece a partir de Mislata y el último azud del río, el de Rovella, se ubican justamente en esta ubicación, el punto más oriental en el que el río estaba lo suficientemente confinado como para permitir la construcción de este tipo de estructura.
Pero volvamos a la calle Padre Llansol. Como hemos mencionado, el área al norte de la la calle San Antonio se ha urbanizado recientemente, a partir de los años setenta del siglo XX. Así pues, el trazado de las calles, básicamente rectas definiendo una cuadrícula, difiere mucho de la trama irregular del núcleo histórico. No obstante, la calle Padre Llansol es una excepción, pues se trata del único eje que sigue una traza preexistente.  Así se ve en las fotografías del vuelo americano. Pero, ¿por qué?
Mislata 1957 editado[17]
Vuelo de Mislata en 1956. Se señalan con líneas punteadas los dos escarpes mencionados en el texto y con rayas las superficies delimitadas por los mismos. Se señalan, también, varias referencias geográficas  que se visitarán en esta serie de artículos: 1. Casco urbano histórico de Mislata 2. Depósito de abastecimiento de agua original de la ciudad 3. Azud de Rascanya 4. Azud de Favara 5. Molí del Sol 6. Azud de Rovella
Pues resulta que en su tramo más septentrional la calle Padre Llansol sigue el trazado de la acequia de Favara, una de las ocho acequias madre que regaban la vega de Valencia con agua del río Turia. Esta acequia pasaba, pero no dejaba nada de su caudal aquí ya que su área de riego estaba más al sur y al este. La acequia está enterrada bajo el pavimento y las únicas pistas que quedan en superficie son unas grandes rejas que se descubren cuando hay previsión de lluvias fuertes. Y es que, actualmente, la acequia de Favara en Mislata sirve casi exclusivamente como un colector de aguas pluviales (un gran ejemplo de río perdido).
Drenajes padre llansol
Calle Padre Llansol. Drenajes superficiales de aguas pluviales descubiertos en previsión de lluvias intensas. Conectan directamente con el trazado histórico de la acequia de Favara. Al fondo la calle San Antonio. En este punto la acequia gira hacia el este abandonando el eje N-S de la calle.
Alguien podrían pensar que el hecho de que la acequia discurra por aquí es casualidad, pero nada más lejos de la realidad. En realidad el canal llega a este punto resiguiendo el pie del escarpe de la terraza de Mislata, bordeando el parque de la Canaleta y justamente en este punto encuentra la topografía más favorable para atravesar la terraza y continuar su camino por el pie de la primera plataforma de Mislata, resiguiendo el Barranquet de la calle San Antonio. No, no es casualidad que los que trazaron la acequia decidiesen que siguiese esa vaguada que debía ser bien evidente en el paisaje original de la huerta.
Mislata 1883
Plano de Mislata en 1888. El norte está a la derecha y el sur a la izquierda. En el centro de la imagen la acequia de Favara discurre siguiendo un trazado sinuoso en paralelo a lo que será la calle Padre Llansol. El giro al este al llegar al núcleo urbano de Mislata coincide con la fotografía de los drenajes. El edificio por el que pasa la acequia es el antiguo molino de Mislata, ya desaparecido. A la derecha la acequia de Rascanya y el Molí del Sol.
Como curiosidad adicional, el punto en el que la acequia hace un brusco codo para girar hacia el este se encuentra, justamente, el local de la asociación de vecinos Favara de Mislata. Aquí, sobre la calle San Antonio, se encontraba también el molino que tenía el señor de Mislata, el primero de los de la acequia de Favara. La plaza del Conde de Aranda lleva ese nombre en honor de esta familia de nobles, señores de las tierras de Mislata, y se halla muy próxima al lugar donde se ubicaba el molino (propiedad también del Conde de Aranda). También aquí se encuentra la histórica calle del Molí, como recuerdo de esta infraestructura.
El trazado histórico de la acequia puede seguirse a lo largo del camino de Favara, al que se adapta tanto el perímetro del parque de la Canaleta como los vallados del ambulatorio y el instituto IES Molí del Sol. Y es que, efectivamente, estas construcciones son posteriores a la acequia y respetan su trazado sinuoso original, que de esta forma ha quedado fosilizado incluso aunque la acequia haya perdido su función original.
Camino de Favara (2)
Camino de Favara en la actualidad. En el centro de la imagen, en la acera, se distingue uno de los registros de la acequia de Favara, que discurre soterrada por este punto. A la derecha el parque de la Canaleta. El trazado sinuoso de la calle se corresponde con el de la acequia, en un rasgo típico de los trazados históricos de éstas.
Más adelante volveremos a encontrarnos con el río perdido de la acequia de Favara. Continuemos ahora nuestro descenso hacia el antiguo cauce del río. Seguimos desde la calle Padre Llansol dejando el polideportivo a la izquierda y el Bioparc de Valencia a la derecha. Enseguida llegamos al final del parque de Cabecera (o el principio, según se mire). Nos encontramos de nuevo sobre el viejo río.

Molí del Sol
Molí del Sol junto al Parrque de Cabecera. El río Turia discurría aproximadamente por este punto. Al fondo, junto al edificio, se aprecia el escarpe que asciende la leveé del río y conduce a la partida de Dalt. El fondo los nuevos edificios de Campanar. desde esta vista se intuye que la cota de la urbanización de los nuevos barrios de Campanar está, efectivamente, por debajo de la cota del cauce.
Y aquí tenéis el aspecto que tiene el antiguo cauce. La verdad, si no lo supieseis, jamás imaginaríais que por aquí ha pasado un caudal de avenida de casi 5.000 m3/s. Actualmente está ocupado por algunos bancales aún en producción, pero en su mayor parte está abandonado. Hace 60 años nos estaríamos mojando los pies… Aunque hayas nacido después de que el agua dejase de fluir por aquí, es inevitable sentir nostalgia por el poderoso aunque voluble río desaparecido.
Cauce antiguo
Vista hacia el oeste del antiguo cauce del río Turia desde el Molí del Sol. 
En el parque de cabecera se ha creado un remedo de lo que fue el río en este lugar construyendo un lago y una corriente de agua artificial. La lámina de agua no se corresponde con la cota original del río, si no que se encuentra más baja. Fue preciso excavar algo, aunque el hecho de que se extrajesen áridos del cauce durante años debió de facilitar bastante la tarea.
Parque de cabecera
El parque de cabecera de Valencia dispone de un canal y lago artificiales a modo de recordatorio del origen fluvial del lugar
En este punto tenemos varias cosas que ver. La primera es que, a pesar de todo, el viejo río no se ha ido del todo. Junto al arranque del camino fluvial del Turia y semiocultas por la vegetación hay un gran drenaje de aguas pluviales que intercepta el viejo cauce. Y es que, en sí mismo, el cauce abandonado es una cuenca en sí misma que también recibe caudales significativos de agua que se deben evacuar.
Drenajes
Drenaje interceptor de grandes dimensiones en el límite entre el antiguo cauce y el parque de cabecera. La cuenca del antiguo cauce es receptora de una cantidad no despreciable de agua de lluvia que debe ser evacuada adecuadamente
La segunda es el propio Molino, una estructura declarada Bien de Interés Cultural y reconvertida en comisaria de policía local. Se trata de un edificio de 1860 y fue el último de este uso construido en la huerta de Valencia. Aprovechaba el caudal de la acequia madre de Rascanya, de la que era el primer molino. La rehabilitación permite ver su aspecto original, incluyendo la propia acequia original que, desde este punto discurre soterrada.
Molí del Sol 2
Estructuras del Molí del Sol, edificio contruido aproximadamente en 1860. Al fondo de ven los cajeros del canal de derivación de la acequia de Rascanya y dos piedras de moler. En primer término una serie de tajamares delimitan los canales sobre los que se asentaba la edificación
Tras subir la cuesta que flanquea el molino llegamos a un lugar que posee el revelador nombre de Partida de Dalt. Desde aquí podemos ver como los levees del río mantenían al Turia fluyendo a una cota bastante superior a la los terrenos de Benimàmet y Campanar. Especialmente esta última población sufrió mucho durante la crecida de 1957, al igual que el barrio de Tendetes, por encontrarse en una zona deprimida con dificultades de drenaje. Quizá esa sea la razón de que esta área no se haya urbanizado hasta un tiempo reciente.
Campanar
Campanar desde la partida de Dalt. El terreno desciende suavemente desde los leveés del río hacia la ciudad. Esta área era objeto de inundaciones frecuentes antes del desvío del río
Benimamet
Vista hacia el norte desde la partida de Dalt. Al fondo la sierra Calderona. A la izquierda el escarpe de materiales marinos miocenos sobre los que se asientan Paterna y Burjassot. Entre medias la zona inundable de Benimàmet.
Aquí tenéis un plano todavía más antiguo, un grabado de 1812 reflejando la situación de las tropas francesas durante el sitio de Valencia. Apreciamos perfectamente el trazado histórico de las acequias de Favara, Rovella y Rascanya. Ya habréis reparado en que el Molí del Sol no existía todavía, pero sí el camino de Favara y su tramo que actualmente corresponde con la calle Padre Llansol. También vemos que Campanar eran, literalmente, cuatro casas. Me fascinan los mapas antiguos.
Plano sitio Valencia
Plano de Valencia durante el sitio francés de 1812. El Molí del Sol no estaba construido todavía, pero sí vemos los cursos de varias acequias madre: Rascanya, Favara y Rovella.
Y ya que hablamos de la acequia de Rascanya, hay que decir que esta acequia es la última por el lado izquierdo y sus terrenos regados, a diferencia de otras como la de Favara, no han desaparecido ante la expansión urbana sino que se mantienen en su mayoría.
Llegados a este punto tenemos dos opciones. Una es volver sobre nuestros pasos y ver lo que queda de la acequia de Favara. La otra es continuar por el camino fluvial del Turia. Esto nos permite visitar el Molí dels Flares (o Frares), cuya antigüedad está enmascarada por toda la serie de añadidos al edificio original que se han producido con el tiempo, todos ellos, además, en estado ruinoso. El camino de Favara nos permite encontrarnos con el trazado histórico, sin servicio desde la ejecución del plan Sur más que como drenaje o para recoger los sobrantes de los brazos de la acequia de Mislata que riegan lo que queda de huerta en esta zona (hablaremos más adelante de la afección de la ejecución del nuevo cauce al sistema de riego de la Huerta).
Molí dels Frares
Enclave del Molí dels Frares, sobre el trazsdo histórico de la acequia de Rascanya. El edificio original es de la edad media, pero es irreconocible y se encuentra en un entorno sumamente degradado. Tan sólo el monumental arce permite vislumbrar lo que pudo ser el paisaje hace años, junto a la ribera del Turia
Favara
Cajeros de bloque de hormigón de la acequia de Favara. Como vemos, el trazado recto ha sustituido en algún momento al trazado sinuoso original. La acequia no lleva agua ya que el canal histórico haa quedado fuera de servicio tras la ejecución del plan sur y actualmente funciona como drenaje
En paralelo a la acequia de Favara discurre el canal de la acequia de Rovella que se construyó tras el desvío del río, obra que como vimos dejó sin servicio el antiguo azud que ya visitamos en la primera parte de este artículo. Como veis, carece por completo de encanto.
Rovella
Las jóvenes ayudantes de campo junto al nuevo canal de cajeros de hormigón de la acequia de Rovella. En primer término una canalización abierta que sirve de alivio o derivación del caudal del Braç dels Moros, perteneciente a la acequia de Mislata, hacia la acequia de Rovella. A la izquierda, más allá del coche azul, discurre enterrada la acequia de Favara. Fotografía tomada en dirección oeste, aproximadamente
Pero no hay que desesperar. Un pequeño desvío nos permite visitar las lenguas de Francs-Moros: se trata de un elemento de la red hidráulica que permite dividir el caudal de una acequia conforme a una proporción definida. El reparto según ciertas proporciones es la clave de este tipo de sistemas. En este caso, el caudal se reparte entre los brazos de Moros y de Francos, ambos pertenecientes a la acequia de Mislata, que discurre a una cota superior a las de Favara y Rascanya. Esta acequia fue una una de las más afectadas por el plan Sur. Es asombroso pensar que el reparto del agua en este punto se ha estado realizando de la misma forma conforme a una decisión tomada ¡antes del siglo XIII! Y es que ese es el tiempo que llevan los sillares laterales y espigón central en su lugar…
Lenguas de Francos
Llengües de Francs-Moros, infraestructura destinada a partir el caudal entre dos brazos de la acequia de Mislata. Los sillares son, muy posiblemente los originales y llevan en este lugar cumpliendo esta función casi mil años
Y, al fin, el azud de Rascanya. Casi hay que buscarlo a propósito, perdido entre las cañas y la maleza y sin nada que lo señalice. Dice mucho de nosotros que una infraestructura como esta, del siglo XV, se encuentre en semejante estado de abandono a pesar de estar declarado Bien de Interés Cultural. Y es que este azud, como el resto del sistema hidráulico del que forman parte, ha sido durante cientos de años (el original era todavía más antiguo) un elemento básico para la prosperidad y la propia supervivencia de la ciudad. Así lo prueba la influencia que aún tienen las Comunidades de regantes de cada una de las acequias madre, la existencia del Tribunal de las Aguas y la estricta regulación del reparto del agua del río.
Vista Azud Rascanya
Azud de Rascanya. Este dique data del siglo XV, momento en que se trasladó aguas arriba el original para dar riego a una mayor extensión de campos. Al fondo se ven los restos derruidos de la casa de compuertas. Vista en dirección NE.
Sin embargo, el tramo del cauce antiguo que queda entre el inicio de los cajeros del nuevo cauce y el parque de cabecera está en un estado de abandono absoluto. El lecho abandonado y el resto de infraestructuras asociadas están perdidos entre los escombros, la basura y la maleza, casi irreconocibles como lo que fueron. El antiguo río es como un cadáver mal enterrado, abandonado a la vista de todos mientras la ciudad hace como si no lo hubiese conocido, como si se tratarse de un familiar que hubiese cometido un crimen abominable y sus parientes fingiesen no conocerlo. Estoy seguro de que hay algo de profundo significado psicológico detrás de todo ello. El caso es que el cauce ya fue desafectado por la Confederación Hidrográfica del Júcar y el terreno se lo reparten entre los municipios de Mislata, Valencia y Quart de Poblet, por lo que no hay visos de que se vaya a realizar ninguna acción coordinada sobre el entorno del mismo.
Volviendo a los nuestro, a pesar del estado del azud todavía se reconocen algunos elementos del mismo como la almenara de derivación de agua y el canal de retorno del excedente al río, las ruinas de la casa de compuertas e, incluso, el hueco donde se ubicaban las compuertas del inicio de la acequia. En el extremo sur se ve todavía la toma provisional ejecutada para dar agua a la acequia de Rovella.
Azud de Rascanya
Fotografía aérea del azud de Rascanya. 1. Casa de compuertas 2. Canal de derivación de caudal en exceso 3. Toma de la acequia de Rascanya 4. Toma provisional de la acequia de Rovella, en desuso como el resto de la infraestructura. El norte está arriba. Fuente: Google Maps
Cabe recordar que las acequias madre del Turia son canales que no llevan un caudal desdeñable. Como ya hemos dicho, la asignación de caudales se hace de forma proporcional, en base a una unidad denominada ‘fila’. Una fila equivale al 1/138 del caudal que lleve el río en un determinado momento. La acequia de Rascanya tiene una asignación de 14 filas, lo que significa que, para un caudal medio del Turia de 14 m3/s, estamos hablando de 1 m3/s. La variabilidad del caudal del río explica las dimensiones de la almenara y la necesidad de un canal de alivio del agua que la acequia no pudiese trasegar sin riesgo para su integridad estructural. En el entorno del azud llama la atención lo acarcavado que se encuentra el terreno al pie del mismo, sin duda a consecuencia de la avenida de 1957.
Retornos Rascanya
Los jóvenes ayudantes de campo observan la almenara del canal de derivación de la acequia. A la izquierda la toma de la acequia. Aún se aprecian en los sillares del canal las guías de las compuertas

Compuerta
Hueco de la compuerta original de la acequia de Rascanya. En el lugar se oye correr el agua ya que un canal de nueva construcción trae el agua desde la Cassola del Repartiment hasta el trazado histórico de la acequia
Y si nos fijamos en los sillares del graderío, aparte de encontrar las ubicuas losas de rodeno procedentes de la sierra Calderona, también encontramos las calizas fluviolacustres neógenas de las canteras próximas a la capital, con las que se edificaron gran parte de los edificios históricos de Valencia.
Fósiles
Gasterópodos de pequeño tamaño en los sillares del azud. Se trata de las calizas fluviolacustres neógenas tan típicas de los edificios históricos de Valencia
Una vez llegados aquí, es imposible no reparar en una gran montaña de tierra y escombros que se alza a más de 8 m de altura tras el dique. Se trata de la  mota de material procedente de la excavación del nuevo cauce que se dispuso sobre el antiguo para garantizar su aislamiento. Y en este punto lo dejamos para continuar en el tercer y último artículo de la serie.
Mota cauce viejo
El joven ayudante de campo Óscar observa pensativo la mota de tierra que bloquea el antiguo cauce más allá del azud. 
 [Este artículo es la segunda parte de una serie sobre el río Turia y sus acequias a su paso por la ciudad de Valencia. La primera parte puede leerse siguiendo este enlace
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