martes, 31 de julio de 2018

El nuevo yacimiento de icnitas triásicas de la Rambla de Los Gallegos (Cortes de Pallás, Valencia)

El sol está bajando en el horizonte. En la distancia, un grupo de animales se desplaza por el área ribereña que constituye la transición entre el mar y los brazos del río que desemboca en él, no muy lejos de aquí. Podrían ser aetosaurios o rauisuquios, o quizá otro grupo emparentado con ellos, desde la distancia es difícil precisarlo. A lo lejos, los relámpagos en el cielo anuncian la tormenta que se aproxima desde el oeste.

Los animales parecen intuirlo. Lentamente el grupo cambia el rumbo y acelera el paso. Se dirigen hacia el oeste, tierra adentro, buscando alguna zona de terreno más alta. Al llegar a un canal fluvial se detienen, como si decidiesen cuál es la mejor opción. Finalmente el líder del grupo se introduce en el agua, que tiene escasa profundidad. De hecho, apenas llega a cubrirles el lomo, aunque sí los obliga a nadar a ratos, tan sólo rozando el fondo con la punta de las patas. Algunos nadan oblicuamente mientras que otros remontan directamente el canal, aprovechando que apenas hay corriente en este momento entre la marea alta y la baja. Al llegar a la orilla más alejada salen del agua y, uno a uno, desaparecen entre vegetación. Comienza a llover suavemente.

Un par de horas después, la corriente en el canal aumenta al llegar la leve crecida producida por la lluvia tierra adentro. La noche ha caído y la tormenta se ha disipado. Todo es silencio, salvo por el lejano rumor del oleaje en la costa.

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Hoy he empezado pronto. Hay que aprovechar el día de trabajo en el campo. El sol sale sobre el horizonte justo cuando llego al área que pretendo cartografiar, la rambla de Los Gallegos al norte de la loma de Garzón, en Cortes de Pallás, Valencia. Comienzo a caminar atravesando materiales del Keuper. El terreno es difícil en esta zona de badlands o malpaís, ya que las arcillas y yesos de la formación Jarafuel están muy acarcavadas a causa de la erosión, que también tiene como resultado el profundo encajamiento de la rambla. Al cabo de un rato de difícil marcha llego al cauce. Ante mí hay unas capas muy verticalizadas de areniscas versicolores. El sol cae oblicuamente sobre la superficie de las areniscas y dibuja sombras que realzan unas curiosas protrusiones  que se proyectan hacia el exterior desde la superficie plana. Será mejor echar un vistazo. La mayoría parecen estar formadas a su vez por un número variable de crestas paralelas, entre 1 y 4. La primera hipótesis acude rápidamente: ¿podría ser que fuesen…? Tras un análisis breve para descartar hipótesis alternativas la conclusión parece clara: se trata de huellas dejadas por un animal o animales que aparentemente se desplazaron sobre la superficie que tengo delante de mí en el Triásico superior. Cada protrusión es el molde de la impresión dejada por una pata. Y hay muchas. Muchísimas.

Yacimiento general
Vista general del sector del yacimiento donde se conservan el mayor número de huellas. Como veis, las capas están verticalizadas y las huellas aparecen como un hiporrelieve en el muro de la capa que las contiene.

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Entre las dos escenas anteriores transcurrieron más de 230 millones de años. Muchas cosas ocurrieron en la historia de la Tierra desde que aquellos animales dejaron sus huellas en el fondo de un canal de agua estancada. Hay una extensión casi inimaginable de tiempo desde entonces hasta que yo las encontré en el cauce de una rambla, en un contexto tan diferente que bien podría tratarse de otro planeta. Esta es la historia del yacimiento de icnitas triásicas de la rambla de Los Gallegos, cuyo hallazgo es una de las experiencias más increíbles  que me han ocurrido nunca. Es difícil describir el vértigo que causa saber que eres la primera persona que ve esa escena capturada en roca en 236 millones de años…

Hace un par de meses Joaquín Moratalla y yo mismo publicamos en la revista Journal of Iberian Geology el descubrimiento y estudio de este yacimiento de icnitas (ver la referencia [5] al final de este artículo). El propósito de este artículo es dar a conocer este descubrimiento difundiéndolo más allá de los círculos científicos y de especialistas. Vamos a analizar el yacimiento, proporcionar las claves que explican su relevancia y explicar cómo hemos llegado a deducir el relato con el que se abre este artículo. Curiosamente,  hace tan solo unos meses escribí otro artículo desmenuzando una publicación que se solapó en el tiempo con la que nos ocupa, la de una serie de huellas de natación dejadas por tortugas que se encontraron, también, en Cortes de Pallás (y otros dos yacimientos en municipios de la provincia). Estas huellas son casi de la misma edad (Carniense) y están en la misma formación (las Areniscas de Manuel)  y fueron descubiertas a tan sólo un par de kilómetros del yacimiento de Los Gallegos. Después de 236 millones de años, ya es casualidad…

La icnología

La icnología es el estudio de los rastros dejados por los seres vivos y que guardan evidencias de su comportamiento. Estos rastros son tanto las huellas dejadas sobre el terreno como las marcas dejadas por los dientes de un depredador sobre los huesos de su presa o cualquier otra evidencia de la actividad de un ser vivo (como sus excrementos). Cuando estos rastros llegan hasta nosotros fosilizados su estudio forma parte del ámbito de la paleoicnología.

El yacimiento

El yacimiento se encuentra en el cauce de la rambla de Los Gallegos, en Cortes de Pallás (Valencia). Está incluido en la formación Areniscas de Manuel y tiene una edad Carniense (Triásico superior). El Carniense se extiende entre hace 237 y 227 millones de años, lo que es una barbaridad de tiempo. El yacimiento contiene unas 60 huellas mayores y muchas otras menores agrupadas en tres sectores, aunque uno de ellos, el A, es el que contiene la mayoría de ellas.

Las huellas aparecen como un hiporrelieve sobre una capa de areniscas. Esto quiere decir que, en realidad, lo que vemos no es la huella, sino el molde de la misma creado por la arena que rellenó la verdadera huella con posterioridad al paso del animal. Por eso, en lugar de una depresión en la capa de arenisca lo que vemos es ‘un bulto’ que sobresale de ella. Las huellas están formadas por entre 1 y 4 marcas digitales y tan sólo en un par de ejemplares se ha preservado la marca de un talón. La interpretación realizada es que se trata de huellas dejadas por vertebrados (luego veremos cuáles son los probables autores) que se desplazaban en un régimen de natación o semi-natación. En función de la profundidad y del tamaño del productor se producen un tipo de huellas u otro (desde no llegar a tocar el fondo a apoyar todo el pie, pasando por rozarlo con el dedo más largo, con dos, tres o cuatro).

Detalle zona central 1
Vista de detalle de al zona central del yacimiento. Observad el gran número de huellas y la dificultad de distinguir rastros. Fijaos también en la morfología más habitual: marcas subparalelas de un número variable de dedos.

Recordemos qué nos ocurre cuando nos metemos en el mar caminando por la suave pendiente: cada vez nos es más difícil caminar hasta que, especialmente si el agua está muy fría, dejamos de apoyar todo el pie y nos ponemos de puntillas y, eventualmente, tenemos que empezar a nadar. Cuando esto le ocurre a un animal que no domina la técnica de ‘crawl’, normalmente bate el agua con sus cuatro extremidades (estilo perro, vamos). Si el agua es profunda, no quedará ninguna marca, ya que no tocará el fondo. Pero cuando la profundidad sea adecuada, lo que ocurrirá es que rascará el fondo con sus patas, dejando marcas paralelas con sus dedos.

No ha sido posible identificar rastros (es decir, huellas dejadas consecutivamente por un mismo animal) lo que, junto con otros criterios, es un indicio más del tipo de desplazamiento propuesto. Curiosamente, el análisis de las huella sugiere que la mayor parte de los animales se dirigían contra la corriente, algunos directamente en contra y otros de forma oblicua. Por su parte, la paleocorriente se dirige, aproximadamente, hacia el NE.

Detalle huella con talón
Detalle de dos huellas. La de la izquierda ha preservado la impresión del talón y sugiere que por su tamaño el animal productor llegó a apoyar casi por completo el pie. A la izquierda la típica morfología con tres dedos (uno preservado parcialmente) y estrías longitudinales dejadas por las escamas de la base de los dedos al arrastrase durante el impulso. 

Por otra parte, no todas las huellas se han producido de forma subacuática. El yacimiento también contiene algunos ejemplares interpretados como huellas o subhuellas producidas subaéreamente.
Dentro del trabajo de documentación del yacimiento, hemos construido un modelo digital en 3D empleando técnicas de fotogrametría. Ello permite preservar para su estudio futuro la geometría general del yacimiento y, además, nos permite hacer cosas tan chulas como imprimir ejemplares de las huellas en una impresora 3D. Fijaos que chulada:

Modelo
Modelo digital del yacimiento de Los Gallegos obtenido mediante técnicas de fotogrametría. Compárese con la primera fotografía de este artículo.

Huella impresa
Dos huellas producidas con una impresora 3D a partir del modelo digital. La de arriba se corresponde con uno de los ejemplares mostrados más arriba. Autor de la impresión: Miguel Llin.

El paleoambiente

Llamamos paleoambiente al medio o entorno en el que se produjeron las huellas. Para deducir cómo era, probablemente, el medio en que se produjeron las huellas, hay que realizar un análisis detallado de los materiales que las contienen desde un punto de vista sedimentológico y estratigráfico. Eso lo hacemos recorriendo la secuencia de capas del yacimiento, anotando cosas como el espesor; el tipo de materiales; las estructuras sedimentarias que contienen; los fósiles que encontramos (y también si no los encontramos, como es el caso); los icnofósiles, de los cuales las huellas de vertebrado son sólo una pequeña parte, etc. Estudiados en conjunto nos aportan pruebas que nos facilitan realizar una interpretación. En este caso, sabemos que hay una alternancia de materiales depositados en condiciones de muy baja energía (agitación o corriente) como arcillas, y otros depositados por corrientes de agua (areniscas con laminación de rizaduras de corriente). En cualquier caso, se trata de materiales finos, lo que indica que incluso las corrientes eran poco energéticas. El análisis de las corrientes nos indican que estas se dirigían hacia el oeste, y que estaban puntuadas por momentos de remanso en los que se depositaban finas capas de material vegetal carbonizado, que a su vez eran cubiertas por la lámina de arena depositada por la siguiente corriente. Los materiales de colores oscuros, verdes o negros, nos hablan de condiciones de estancamiento, mientras que las areniscas rojizas lo hacen de condiciones más energéticas y oxidantes.

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Probable subhuella producida en un medio subaéreo en las capas de areniscas rojizas interpretadas como depósitos de derrame o de inundación.

Otro aspecto interesante nos lo aporta el análisis de los icnofósiles producidos por invertebrados, que en la naturaleza son infinitamente más abundantes que las huellas de vertebrados. Normalmente, los animalitos que viven en el sedimento, especialmente los que buscan alimento en él, lo remueven hasta el punto de que las delgadas láminas de arena y/o arcilla son destruidas, dando al material un aspecto masivo, no estructurado, especialmente en medios de baja energía. En el caso de Los Gallegos, llaman la atención dos hechos:
  • Hay muy pocos icnofósiles, pero entre ellos hay algunos típicamente marinos (en las capas que contienen las huellas subacuáticas) mientras que otros típicamente continentales aparecen en las capas de areniscas rojizas que, a su vez, contienen las huellas producidas subaéreamente.
  • Las capas han mantenido su laminación original, lo que entre otras cosas ha permitido conservar las huellas.
No vamos a hacer esto más largo. La evidencia sugiere que nos encontramos ante un contexto de transición entre medios fluviales y marinos. El mar no estaba lejos y eso hace que en el canal en que se produjeron las huellas el agua sea salobre, no dulce ni tan salada como el mar. Eso es un medio difícil para la vida, razón por la que no hay muchos animalitos viviendo y removiendo el sedimento del fondo. Este medio de agua semiestancada, en la que ocasionalmente (dependiendo de las mareas y de la descarga del sistema fluvial) se presentan condiciones de mayor energía que traen arenas muy finas y limos.

Toda esta evidencia es coherente con la interpretación que se hace de esta zona de Iberia durante el Carniense, lo que nos lleva al siguiente punto.

El Periodo Húmedo del Carniense

Para los no especialistas es difícil entender cómo, al mirar una secuencia de rocas, puede deducirse cuál era el clima de una región hace más de 200 millones de años. Estamos acostumbrados a simplificaciones del estilo de ‘esta zona era mar en el Cretácico’, lo que en ocasiones da a entender algo así como que en el pasado había tanta agua que llegaba a cubrir zonas ahora a centenares de metros sobre el nivel del mar (una especie de vestigio del Diluvio universal). En realidad las rocas registran gran cantidad de detalles tanto en la forma de estructuras sedimentarias como por los icnofósiles contenidos en ellas (las huellas de vertebrados son poco comunes en comparación con otros icnofósiles, como galerías excavadas por invertebrados), como por los fósiles corporales que contienen, los propios materiales de que están hechas (areniscas, calizas, etc.) u otras pistas más sutiles como las composiciones isotópicas de los elementos químicos que las forman. Por todo ello sabemos que el mundo del Triásico superior (el primer periodo de la era Mesozoica) fue un lugar árido. Ya dediqué un artículo a analizar el Keuper (Triásico superior) en Cortes de Pallás, así que hoy simplemente vamos a recordar cómo era aquel mundo árido y qué evidencias tenemos en las rocas de Cortes. Viajemos al Triásico superior.

En aquel entonces la zona se encontraba en la costa del mar de Thetys, en la orilla del supercontinente Pangea, que ya estaba en proceso de fragmentación. Durante la mayor parte del Keuper, lo que tenemos es una llanura costera en la que se desarrollaban extensas llanuras de inundación fangosas y gigantescas salinas y lagunas en las que a causa de la evaporación del agua de mar en un clima árido se acumulaban grandes espesores de sales disueltas como halita (sal común) y yesos. En ocasiones el paisaje era similar al que se encuentra en las costas del golfo Pérsico. De allí procede, de hecho, la palabra con la que denominamos a uno de estos tipos de ambientes deposicionales: Sabkha.


Todos los vecinos de Cortes atraviesan las rocas de esta época cuando circulan hacia el pueblo por la CV-425, entre el ecoparque y Cuatro Caminos. Son muy llamativas por sus colores abigarrados: rojo vinoso, amarillo, verde, gris, pardo…

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Aspecto típico del Keuper en Cortes de Pallás. Los colores pardos, verdes y grisáceos corresponden a la Fm Jarafuel (K1), la más antigua del Keuper.


Las rocas más características son los yesos y arcillas, en diversas variantes y combinaciones, que forman la mayor parte de las formaciones Arcillas y yesos de Jarafuel, Arcillas yesíferas de Quesa y Yesos de Ayora, miembros K1, K4 y K5 del Keuper. En un pequeño paseo encontramos estas rocas y sus estructuras sedimentarias más características. Va una pequeña colección fotográfica:

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Aspecto de campo de la Fm Jarafuel, que aparece verticalizada como resultado de la tectónica diapírica. Se trata de materiales depositados en lagunas costeras someras en el clima árido de Pangea durante el inicio del Carniense.


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Yesos laminados oscuros  del K1 extraordinariamente deformados

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Moldes de evaporitas (en particular, de cristales cúbicos de halita o sal común) creados tras la disolución del cristal que creció en el seno de la matriz carbonatada (este tipo de roca se denomina carniola). Muestra procedente del K1.

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Depósitos de sabkha del K4: yesos nodulares en matriz de arcillas rojizas.

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Cantera que explota los yesos del K5 en la Hoya. Estos yesos son los materiales más jóvenes del Keuper y se depositaron en lagunas costeras en un ambiente árido.



Los más atentos de vosotros quizá hayáis reparado en que la enumeración de formaciones del Keuper se ha saltado dos términos, el K2 y el K3. Pues aquí está la clave. Entre los periodos áridos del inicio (K1) y final del Keuper (K4 y K5) hay un intervalo de tiempo en el cual las condiciones fueron húmedas: Voilà. El Episodio Húmedo del Carniense (ver referencias [1] y [2]). Este evento ha recibido considerable atención en los últimos años y su impronta quedó registrada en los sedimentos depositados a escala global en el cinturón central de Pangea. Se trata de un periodo de clima húmedo, quizá debido al incremento de dióxido de carbono en la atmósfera producido por erupciones volcánicas en Wrangelia, fenómeno que coincidió en el tiempo. Temperaturas más altas significan mayor evaporación y mayores precipitaciones, lo que a su vez significa un mayor desarrollo de sistemas fluviales y de su capacidad de erosión y transporte. Las llanuras costeras fueron cubiertas por las llanura aluviales de los ríos que, en nuestro caso, desmantelaban las tierras emergidas del Macizo Ibérico, al Oeste, trayendo limos y arenas que se depositaron constituyendo lo que llamamos Formación Areniscas de Manuel (el K2 del Keuper). Este periodo tuvo una duración breve, quizá un millón de años (sí, ya sé que un millón de años es mucho tiempo, pero en geología no lo es tanto: a fin de cuentas, contamos el tiempo de millón en millón…). En ese tiempo, coincidiendo con una época de descenso del nivel relativo del mar, se depositaron del orden de algunas decenas de metros de espesor de arenas y limos de color rojizo. Fue en una de estas áreas costeras, en la interfase entre un río y el mar, donde nadaron los animales que dejaron las huellas del yacimiento de Los Gallegos.

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Reconstrucción paleogeográfica del supercontinente Pangea en el Triásico superior. Observad su posición marginal en la costa del Neothetys. Reproducido de [3]



Son estos materiales del K2 los que contienen las huellas. En el artículo anterior sobre el hallazgo de las huellas de las tortugas ya mostré detalles que evidenciaban un origen plenamente fluvial. Por contra, en el caso del yacimiento de los Gallegos, lo que observamos es un conjunto de rasgos que apuntan a un medio de transición. Aunque en el primer caso no se aporta información acerca de la posición en la columna estratigráfica de las capas con interés icnológico, tengo la impresión de que son posteriores en el tiempo al caso de Los Gallegos, donde estas capas están muy próximas al contacto con la Formación Jarafuel infrayacente (eso explicaría el carácter netamente continental de unos materiales frente a otros).

K2 sección
Vista de la sección del yacimiento. Obsérvese lo pronunciado del buzamiento de las capas y la naturaleza heterolítica de la sección. Las capas son más modernas hacia la izquierda.

¿Qué animales dejaron las huellas?

En paleoicnología es bastante difícil atribuir un autor a una huella determinada, salvo que se tenga la suerte de encontrar un fósil corporal junto o asociado a las capas que contienen los rastros. En ocasiones puede estimarse, a partir de la morfología de los pies o manos de los fósiles característicos de una época, cómo sería la impronta que estas dejarían en el terreno. Pero esto es más difícil de lo que parece, ya que una huella es el resultado de la interacción entre el animal y el sustrato, el comportamiento del primero y las condiciones físicas del segundo. Un mismo animal puede dejar multitud de tipos de huellas distintas (esta es la razón de que una pisada sea distinta a una huella de natación, o de que las huellas en terreno seco sean muy distintas a las dejadas en terreno demasiado blando).

Detalle proyecciones
Detalle de una característica típica de una huella de natación (proyecciones traseras o posterior overhangs, señaladas por flechas). Se producen al clavar el animal los dedos en el fango del fondo para impulsarse. El hueco generado es rellenado posteriormente por arena, que transformada en arenisca preserva la huella como un contramolde. Es un buen indicador del sentido del desplazamiento del animal, en este caso hacia la izquierda. Observad también las estrías y el relieve generado por el sedimento empujado hacia atrás por los dedos. La huella está invertida a causa de la inclinación de la capa.

En este caso, por lo inespecífico de la actividad en el que se produjeron las huellas, no nos ha sido posible realizar una identificación clara de los productores, si bien algunas de las características de las mismas y el contexto faunístico del Carniense sugieren como hipótesis más probable que se tratase de reptiles relacionados con el grupo quiroteroide (arcosauriformes o arcosaurios  crurotarsales). Durante el Triásico superior se produjo un relevo faunístico en el cuál este grupo de reptiles se extinguieron mientras que otros, como las tortugas o los propios dinosaurios ocuparon el espacio dejado por aquellos.

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Stagolepsis olenkae,un aetosaurio del Carniense. Fuente y licencia: Hiuppo [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY 3.0  (https://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], from Wikimedia Commons


¿Por qué es relevante el yacimiento?

El Triásico superior ibérico es muy pobre en fósiles y corporales y también en yacimientos de icnitas. De estos últimos el número es reducísimo: hasta el hallazgo del yacimiento de huellas de tortugas, tan sólo otros dos habían sido reportados previamente. Por ello, el descubrimiento y estudio de un yacimiento tan rico y con ejemplares tan bien conservadas constituye una notable aportación al conocimiento del clima y fauna existentes en la región durante este periodo.

Por otra parte, tenemos el hecho de que se trata de huellas producidas durante un régimen de natación o seminatación: en los últimos años hemos aprendido a distinguir las huellas de natación y a asignarlas a este tipo de locomoción, lo que nos ha permitido explicar un buen número de rastros hasta hace poco considerados como ‘problemáticos’. De hecho, el número de yacimientos de huellas de natación no para de incrementarse de año en año. En este sentido, la interpretación de un nuevo yacimiento de este tipo de huellas se suma a la creciente evidencia acerca de cuán común es este tipo de desplazamiento en vertebrados terrestres, algo que parece ser más común de lo que se había pensado.

Por último, cabe resaltar la relevancia que este hallazgo tiene para la geología y paleontología local de Cortes de Pallás, donde hemos pasado de no estar publicado ningún yacimiento de relevancia paleontológica a tener 2 en menos de un año. Y eso, amigos, es algo muy importante para uno de Cortes…

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Para aquellos que tengáis en leer el artículo original publicado en el Journal of Iberian Geology, en este enlace podéis consultarlo completo. Este artículo está dedicado a la memoria de mi madre, Agustina Carrasco, que nos dejó antes de poder ver el resultado de todo este trabajo.

Armand en el yacimiento
Armand Pascual en acción en el yacimiento. Colaboró conmigo tomando las fotografías de gran calidad de los ejemplares.
Agradecimientos:

Quiero mostrar mi agradecimiento a Ignacio Meléndez, que me animó a iniciar la campaña de trabajo de campo en la que, finalmente, se produjo el hallazgo del yacimiento. Sin ese impulso inicial, quizá nunca hubiésemos llegado a desvelar la historia escondida en el cauce de la Rambla.

Referencias:


[1] Arche, A., Gómez, J.L., Hidalgo, J.G. (2002). Control climático, tectónico y eustático en depósitos del Carniense (Triásico Superior) del SE de la Península Ibérica. Journal of Iberian Geology, 28, 1330.

[2] López-Gómez, J., Escudero-Mozo, M.J., Martín-Chivelet, J., Arche, A., Lago, M., Galé, C. (2017). Western Tethys continental-marine responses to the Carnian Humid Episode: palaeoclimatic and palaeogeographic implications. Glob. Planet. Chang., 148, 79-95.

[3] Ortí, F., Pérez-López, A., Salvany, J.M. (2017). Triassic evaporites of Iberia: Sedimentological and palaeogeographical implications for the western Neothetys evolution during the Middle Triassic-Earliest Jurassic. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 471, 157-180.

[4] Reolid, M., Márquez-Aliaga, A., Belinchón, M., García-Forner, A., Villena, J., Martínez-Pérez, C. (2017). Ichnological evidence of semi-aquatic locomotion in early turtles from eastern Iberia during the Carnian Humid Episode (Late Triassic). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 490, 450-461.

[5] Navarro, Ó. & Moratalla, J.J. J Iber Geol (2018). Swimming reptile prints from the Keuper facies (Carnian, Upper Triassic) of Los Gallegos new tracksite (Iberian Range, Valencia province, Spain). https://doi.org/10.1007/s41513-018-0068-0

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jueves, 28 de junio de 2018

Isla Negra: una breve visita al batolito costero central de Chile

Isla Negra.

Es curioso cuán diferente puede ser la percepción de un lugar en función de los intereses de la persona que lo visita. Recientemente tuve ocasión de viajar a Chile y aprovechamos para dejarnos caer por Isla Negra. Se trata de un pequeño municipio de la costa, al sur de Valparaíso, cuya principal actividad, aparentemente, es el turismo. En la carreterita que atraviesa el pueblo hay multitud de restaurantes y cafeterías con sus terrazas y, en un lugar estratégico, un buen número de casetas de recuerdos, en algunos casos consistentes en artesanía local basada en el motivo de atracción principal de este lugar. Y es que la mayor parte de la gente que viene aquí lo hace atraída por la casa de Pablo Neruda. Según parece, este poeta decidió asentarse aquí en cierto momento de su vida, de vuelta de Europa. Su vivienda ocupa un lugar prominente, sobre un pequeño escarpe que recae sobre el Pacífico (un mar que no me dado muestras de serlo en absoluto en ninguna de las dos ocasiones que he tenido de verlo). He de reconocer que no habíamos planificado en absoluto la visita y que nuestro interés inicial no iba más allá de visitar esta localidad costera, ver el océano y dejarnos llevar por lo que este paisaje ofreciese.

Tras aparcar seguimos el sendero que conduce a la costa, donde algunos vendedores ambulantes estaban colocando sus puestos aprovechando su estratégica ubicación en el camino a la casa de Neruda. Entonces llegamos al océano, al monumento a Neruda y… descubrimos que en realidad, hay mucho más que ver aquí de lo que la mayor parte de los visitantes de Isla Negra imaginan.

Monumento Neruda
La costa del Pacífico en Isla Negra. La escultura homenaje a Pablo Neruda preside las tonalitas del Complejo Ígneo de Isla Negra. 

Chile es un país muy alargado encajado entre la inabarcable cordillera de Los Andes y el océano Pacífico. Una y otro no se pueden entender por separado, ya que es precisamente el movimiento de convergencia entre la placa Pacífica y la placa Sudamericana la que ha levantado la cordillera, a la vez que la corteza oceánica se hunde hacia el manto bajo el continente. Pero la historia geológica del margen oeste de Sudamérica no se limita a las estructuras que vemos ahora. Como casi todas las placas que contienen amplias extensiones de corteza continental, la placa Sudamericana es el resultado de una sucesión de acontecimientos geológicos que pasan desde el rifting (la ruptura de la placa) a la acreción por colisión de fragmentos de corteza continental de menor entidad (llamados ‘terranes’ en inglés) pasando por la convergencia de placas a gran escala. Cada uno estos procesos deja una cicatriz que puede ser empleada para reconstruir la historia pasada de una región, y en el caso de Chile (o del margen continental de Sudamérica) esta historia empezó hace mucho tiempo. Podemos rastrear esta historia hasta la ruptura de Rodinia, un supercontinente que en el eón Proterozoico reunía a todas las masas continentales de la Tierra (en un anticipo del más conocido Pangea), un supercontinente que se fracturó (hace aproximadamente 900 Ma) dando lugar a océanos como el de Japeto y a cierto número de terranes (como el de la Pampa, o el de Arequipa-Antofalla) que, posteriormente, acabaron reuniéndose de nuevo y amalgamándose con los cratones de Amazonia y San Francisco (sí, la tectónica de placas es así, lo que hoy se separa puede acabar reunido mañana en una reversión del movimiento relativo de las placas). Todo esto significa que existieron ciclos tectónicos anteriores al que dio origen a los Andes, o visto de otra manera, una sucesión de Andes ancestrales erosionados y desaparecidos antes de la formación de la magnífica cordillera que vemos ahora. Este último ciclo orogénico se inició, según las mejores estimaciones disponibles, en el Jurásico Superior, cuando Sudamérica formaba parte del aún íntegro continente de Gondwana.

Como vemos, la costa de Chile ha sido un lugar movido desde hace mucho, mucho tiempo. Y en la zona central de Chile, al sur de Valaparaíso, podemos ver las raíces expuestas de algunas de aquellas montañas desaparecidas.

El batolito costero de la región central de Chile.

Isla Negra se encuentra en la Cordillera de la Costa, sobre una estructura conocida como el Batolito de la Costa. Esta estructura es el resultado del emplazamiento en la corteza de cuerpos de rocas ígneas intrusivas generadas durante la subducción bajo Gondwana de la placa Pacífica, concretamente entre finales del Paleozoico y el inicio del Mesozoico. Es decir, es anterior al inicio del actual ciclo orogénico andino. Aclaremos un par de ideas antes de continuar:

· Un batolito es un cuerpo de forma alargada y dimensiones de decenas de kilométros formado por la solidificación de magmas en la corteza terrestre. Normalmente el batolito es paralelo a alguna dirección tectónica regional (en este caso al límite entre las placas convergentes) y está, a su vez, formado por una sucesión de cuerpos menores, de forma subesferoidal, llamados plutones (con L, que os conozco).

· El emplazamiento de un batolito (o de los plutones que lo forman) no es un fenómeno sincrónico: es un proceso prolongado en el tiempo en el cual se pueden producir pulsos magmáticos sucesivos que a su vez intruyen a los anteriores.

Geológico Santo Domingo
Mapa geológico de la región central de Chile que contiene el área del Complejo Ígneo de Santo Domingo (reproducido de [2])

Más adelante hablaremos acerca del origen de estos magmas. Lo importante ahora es visualizar que en Isla Negra nos encontramos pisando una antigua cámara magmática de enorme extensión, que ha aflorado a la superficie como resultado de los mismos procesos que están levantando los Andes actuales, un cuerpo de roca exhumado y erosionado que nos permite ver el interior de la Tierra de hace más de 200 millones de años. Pero es más impresionante pensar que es como si nos hubiésemos metido en una máquina de excavar gigante (como en El Núcleo, esa pésima película) y hubiésemos descendido hasta unos 15 km bajo los volcanes de los Andes. Pero dejémonos de introducción y echemos un vistazo al Complejo Ígneo de Isla Negra, parte del complejo de Santo Domingo (que así se conoce esta parte del Batolito Costero).

Panorámica 2 Isla Negra
Vista panorámica de la costa de Isla Negra

Las rocas que vemos en Isla Negra son granitoides de composición calcoalcalina, fundamentalmente tonalitas y leucogranitos. Lejos de ser un cuerpo homogéneo, son resultado de un proceso de mezcla de magmas de composiciones ligeramente diferentes (una mezcla no completa, como veremos). Además, las condiciones en que se produjo esta mezcla no eran precisamente tranquilas, lo que ha dejado en la roca evidencias de la deformación resultado de los esfuerzos a que la corteza estaba sometida. Las evidencias de todo ello las podemos encontrar en la presencia de enclaves microgranulares, schlieren, diques (máficos y leucocráticos) y en las estructuras de deformación que muestran. Un auténtico espectáculo.

Los granitoides.

La mayor parte de las rocas que veremos en Isla Negra son, como ya hemos dicho, tonalitas y leucogranitos. Son rocas de composición calcoalcalina, típicas de márgenes destructivos (es decir, donde se está destruyendo corteza oceánica mediante un proceso de subducción) y están relacionadas con los arcos volcánicos que se forman a lo largo de estos límites convergentes. Las tonalitas están formadas por plagioclasa, cuarzo y biotita y hornblenda como principales minerales máficos. Alternan zonas con abundantes enclaves agrupados en enjambres y zonas donde su contenido es mucho menor. También presentan una clara foliación tanto por la alineación de minerales, la orientación de los enclaves de forma lenticular como por la presencia de bandeados composicionales.

Tonalitas y enjambre de enclaves
Aspecto de las tonalitas. En el centro de la imagen es bien visible un enjambre de enclaves microgranulíticos elongados según las lineaciones tectónicas dominantes

Los leucogranitos aparecen formando diques o bolsas de forma irregular y contacto neto con las tonalitas. Contienen biotita y feldespato potásico (microclina). En ocasiones se encuentran parches pegmatíticos con grandes fenocristales de cuarzo y microclina. Los leucogranitos no suelen presentar enclaves.

Leucogranito
Aspecto de los leucogranitos. Gonzalo Che hace de escala.

Detalle Leucogranito
Detalle de uno de los bolsones pegmatíticos contenidos en los leucogranitos, en los que se aprecian grandes fenocristales de microclina y de cuarzo intersticial.

Enclaves.

Un enclave es un cuerpo de composición distitinta, generalmente más máfica y de dimensiones generalmente centimétricas a decimétricas que aparece englobado en un cuerpo de roca de composición distinta, generalmente un granitoide. En Isla Negra los enclaves son abundantísimos y muestran toda una serie de características que aportan mucha información acerca del emplazamiento del Plutón y su historia de deformación. Poseen una textura microgranular y muestran plagioclasa cálcica, hornblenda y biotita (más algo de cuarzo). En cualquier caso, la composición y la textura son variables, presentando en ocasiones fenocristales de plagioclasa y una gradación hacia la tonalita de la matriz, que en ocasiones se refleja en contactos indentados entre una y otros, lo que a su vez es un indicativo de la interacción entre los dos magmas originales cuando ambos estaban todavía en un estado plástico similar. De la misma forma, a pesar de que el tamaño de grano en los enclaves en muy inferior al de la matriz tonalítica, encontrar en el interior de los mismos y en sus bordes grandes cristales de plagioclasa que constituyen una evidencia más, junto con otros indicios, de la interacción entre uno y otra antes de la completa cristalización.

Además de los procesos de mezcla incompleta de magmas (un proceso conocido como magma mingling) hay otros factores que añaden un componente dinámico a la escena. Por ejemplo, la deformación de los propios enclaves. Hay todo un muestrario que incluye:

  • Enclaves elongados.
  • Enclaves plegados.
  • Enclaves que muestran fracturas en echelon en zonas de cizalla.
  • Enclaves boudinados.


Enclave tension gash
Enclave elongado con un sistema de fracturas de tensión desarrolladas como resultado de los esfuerzos de cizalla subparalelos a la dirección de elongación del enclave. Se aprecia como las grietas están ocupadas por un leucosoma empobrecido en minerales melanocráticos (oscuros).

Enclave boudinado
Enclave boudinado en el que la extensión paralela a la alineación del enclave ha separado los tres fragmentos (boudines) en que se ha dividido.

Enclaves plegados
Enclave plegado visible en el centro de la imagen

Aunque hay una cierta variabilidad en el comportamiento mecánico de enclaves y matriz tonalítica, el tipo de deformación observada en los primeros parece sugerir una diferente viscosidad entre magmas en el momento de producirse esta.

Contacto indentado
Contacto imbricado entre la matriz tonalítica y un enclave. Se observan varios fenocristales de feldespato en el interior del enclave y un borde difuso como resultado de la mezcla parcial de dos magmas (mingling) con una viscosidad similar.

Además, también es muy vistosa la foliación magmática evidenciada por bandas de material máfico (schlieren, básicamente zonas especialmente ricas en biotita). Esta foliación coincide en general con la mostrada por los enjambres de enclaves y sus direcciones de elongación.


Diques

Son especialmente llamativas las familias de diques máficos que cortan tanto a través de la matriz tonalítica como de los enclaves, lo que demuestra que su emplazamiento es posterior a ambos. Estos diques muestran relativamente poca deformación y su contacto con el resto de estructuras es neto, lo que sugiere que para el momento en que se produjo su intrusión el cuerpo ígneo original estaba cristalizado en un alto grado. Pueden observarse detalles como:

  • Bloques angulosos de la matriz incorporados en el interior de los diques.
  • Zonas de indentación entre matriz y diques.
  • Bordes de enfriamiento en los márgenes de los diques, a lo largo de los contactos entre ambos, evidenciados por la distinta textura entre estos márgenes y la sección central de los diques.


La datación de esto diques apunta a una edad Jurásico superior para los mismos. En Punta de Tralca, al noreste de Isla Negra, pueden verse los puntos en los que se han tomado testigos para la realización de análisis en laboratorio. Se interpreta estos diques como el resultado de un régimen extensivo establecido entre finales del Jurásico y el inicio del Triásico.

Corte diques-enclaves
Dique melanocrático que corta de forma limpia a través de los enclaves y la matriz tonalítica, desplazando los fragmentos en que divide el enclave. El contacto entre el dique y la matriz y el enclave es neto, mostrando que cuando se emplazó existía un fuerte contraste de viscosidad con la matriz tonalítica.

Dique bloque anguloso matriz
Dique que presenta un bloque anguloso de matriz incorporado. Este bloque es un fragmento de tonalita arrancado mecánicamente durante el emplazamiento del dique.

Bordes enfriamiento
Contraste textural entre los márgenes del dique (en contacto con la matriz) y el eje central del mismo, posiblemente a consecuencia del enfriamiento más rápido de los bordes al contacto con la matriz, más fría en el momento del emplazamiento. Esa diferencia textural hace que ambas zonas se meteoricen de forma distinta, haciendo que sea más visible.

Diques plugs
Puntos en los que se ha tomado muestras del dique para la realización de estudios petrográficos.

Todo ello nos muestra que la historia del complejo ígneo de Isla Negra (y, por extensión, del de Santo Domingo) es el resultado de una compleja interacción de procesos tectónicos, magmáticos y metamórficos (este último punto no lo puedo mostrar en imágenes ya que no tuve ocasión de visitar el Complejo Metamórfico de Valparaíso que actúa como encajante de estos complejos ígneos).

Otros detalles.

Además de todo lo expuesto ya, pueden observarse otros detalles interesantes relacionados con la forma en que estas rocas son afectadas por los factores ambientales meteorizando y erosionando las rocas.

Por un lado, en Punta Tralca podemos ver la típica erosión de los granitoides a lo largo de familias de diaclasas para generar un paisaje de grandes bloques de rocas redondeadas.

Vista Punta Tralca
Vista general del paisaje típico resultado de la erosión de los granitoides en Punta Tralca

Por otra parte, también vemos como los enclaves micrograníticos son más sensibles al ataque por los factores ambientales, posiblemente como resultado de su menor tamaño de grano que aumenta la superficie específica disponible expuesta al ataque químico.

Meteorización enclave
Hueco dejado por la erosión completa de un enclave. Rnteresantemente, el hueco está relleno parcialmente por arena compuesta por minerales melanocráticos, seleccionados por el viento a causa de su mayor densidad.

Y una forma extrema de erosión es, naturalmente, un tsunami. No todos los días se está en lugares en los que hay que prestar atención a las rutas de evacuación de este fenómeno geológico. Es un buen recordatorio de la compleja historia geológica del margen activo del oeste de Sudamérica.

Ruta tsunami
El autor junto a uno de los carteles que señalizan la ruta de evacuación en caso de tsunami, un recordatorio de que nos encontramos en un margen continental muy activo

Finalmente os dejo un vídeo que os permitirá tener una idea más dinámica de cómo es el paisaje de Isla Negra, además de disfrutar de la siempre impresionante fuerza del Pacífico (que aquí, de Pacífico tiene poco).



Referencias:

[1] Siña, A., and Parada, M., 1985, Los granitoides de rocas de Santo Domingo: antecedentes de terreno, petrográficos y de química de elementos mayores para una mezcla de magmas, in Proceedings, 4th Congreso Geológico Chileno, v. 3, p. 512–530.

[2] Webber, J.R., 2012, Advances in rock fabric quantification and the reconstruction of progressive dike emplacement in the Coastal batholith of central Chile [M.S. thesis]: Burlington, University of Vermont, 268 p.

[3] Webber, J. R., Klepeis, K. A., Webb, L. E., Cembrano, J., Morata, D., Mora-Klepeis, G., & Arancibia, G. (2015). Deformation and magma transport in a crystallizing plutonic complex, Coastal Batholith, central Chile. Geosphere, 11(5), 1401-1426.


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domingo, 15 de abril de 2018

Deslizamientos rotacionales: un caso de libro en Cortes de Pallás… y una posible explicación

En el uso común del lenguaje suele haber cierta confusión en los términos empleados para referirse a los movimientos gravitacionales o de masas. Generalmente se habla de ‘desprendimientos’, lo que constituye naturalmente una simplificación que extiende el nombre de un suptipo al total de movimientos posibles en una ladera. En este artículo vamos a tratar de ofrecer algo más de información al respecto analizando un caso reciente en la localidad de Cortes de Pallás.

Ya comentamos que Cortes de Pallás se encuentra en una zona geológicamente muy activa, en la que los fenómenos destructivos, básicamente los procesos erosivos, se encuentran funcionando a un ritmo elevado (os animo a leer aquí el artículo publicado hace un tiempo para ofrecer el contexto geológico del gran deslizamiento de 2015).  Pues bien. En este momento hay otro deslizamiento en curso de menor entidad pero que también ha afectado a una infraestructura: el vial del PENVA (Plan de Emergencia Nuclear de Valencia) que une Cortes con Cofrentes por Chirel. Se trata de un caso muy ilustrativo, casi de libro, de deslizamiento rotacional. Y uno que nos ofrece una gran cantidad de detalles, que casi podríamos clasificar como ‘geoporno’. Comencemos esclareciendo la cuestión de los procesos gravitacionales. Aquí tenéis una clasificación muy visual de los mismos.

Movimientos gravitacionales según varnes
Clasificación para los tipos de movimientos gravitacionales según Varnes (1978) modificado por Corominas y Yagüe (1997); Highland y Bobrowsky (2008).

Podéis encontrar un tratamiento muy detallado del asunto en el blog Geobook, en este enlace. Nosotros vamos a centrarnos en nuestro caso.

Descubrí el deslizamiento cuando ya estaba en marcha, durante una jornada de trabajo de campo a principios de febrero con mi amigo Joaquín D. Al dirigirnos hacia la zona de estudio siguiendo el vial del PENVA en dirección a Cofrentes nos encontramos, justo antes del vado de la rambla del Ral, con que la plataforma estaba en obras tras haber sido afectada, de forma obvia, por un movimiento gravitacional. Situemos en primer lugar el punto donde se produjo este hecho.

Situación Cortes de Pallás
Situación general del deslizamiento en relación con la localidad de Cortes de Pallás (Valencia)
Y con un poco más de detalle, para poder estudiar el contexto:

Situación deslizamiento
Detalle de la zona del Ral de Abajo. La línea roja discontinua marca el tramo afectado por el deslizamiento
Y esto es lo que nos encontramos: se había retaluzado y se estaban llevando a cabo trabajos de reposición de la plataforma mediante el extendido y compactado de material de aporte. En las inmediaciones del área había acopios de material y estaba estacionada la apisonadora usada para la compactación. Aparentemente la labor estaba inconclusa ya que todavía quedaba un escalón entre la rasante del tramo en obras y la del vial no afectado, además de quedar pendiente la reposición del firme.

Resposición vial febrero
Vista del vial afectado durante los trabajos de reposición de la plataforma
Un análisis superficial ya mostraba a las claras que nos encontrábamos ante un deslizamiento rotacional. ¿Y qué es un deslizamiento rotacional? Pues es un movimiento en masa en el cual una sección del terreno se desplaza en relación a la ladera como un cuerpo rígido a favor de una superficie de rotura curva (ver clasificación anterior). Que la superficie de rotura es curva salta a la vista, del mismo modo que el hecho de que la porción de terreno movilizada lo ha hecho como un todo, árboles incluidos que mantienen ‘casi’ su posición relativa al suelo. Fijaos:

Primera superficie de rotura
Vista del escarpe y de la masa deslizada al norte del vial del PENVA
Aunque a veces es mejor tomar un poco de perspectiva. Así es como se ve desde el otro lado de la rambla del Ral. Disculpad la calidad de la foto, pero es que he perdido la original y la he tenido que rescatar de Twitter…

Deslizamiento rotacional el Ral 1
Vista del deslizamiento desde el margen sur de la rambla del Ral, mirando hacia el norte
Por si la superficie de rotura no fuese evidente, aquí está la imagen comentada:

Deslizamiento rotacional el Ral 1 comentada
La misma imagen, comentada. En rojo el escarpe que constituye la parte libre de la superficie de rotura
Dejemos en suspenso el tipo de materiales afectados y no aventuremos aún ninguna hipótesis respecto a los factores que pueden haber influido en la generación de este deslizamiento. Porque el caso es que un mes y medio después volvimos al lugar de los hechos, y he aquí lo que nos encontramos el 25 de marzo:

Deslizamiento marzo
Vista de la misma sección del vial tras la reactivación del deslizamiento
Donde dejamos una plataforma casi repuesta ahora había un vial cortado con un escalón de prácticamente 1 m. ¿Qué había ocurrido aquí? Alejémonos un poco para ganar perspectiva de nuevo.

segunda rotura
Vista del escarpe y del vial afectado por la reactivación del deslizamiento
Pues lo que parece evidente es que el deslizamiento no estaba completamente estabilizado. Ha habido movimiento adicional a lo largo de la primera superficie de rotura y, aparentemente, los trabajos de compactación del material de aporte para la formación de la nueva plataforma pueden haber contribuido a reactivar el deslizamiento. Se han acumulado casi 2 metros de deslizamiento medidos en la zona central del mismo. La nueva rasante ha sido cortada y desplazada hacia abajo generando los escarpes en el vial. Ahora tenemos la geometría típica de libro de un deslizamiento rotacional: una superficie de rotura principal, una secundaria (no muy clara) y un pie de talud donde se acumula el material ‘empujado’ sobre el bloque inferior de la falla, el no afectado por el movimiento. Aquí una vista lateral:

Segundo deslizamiento lateral
Vista lateral, hacia el NE, que permite visualizar la magnitud del movimiento a favor del plano de rotura
Espectacular el escarpe, ¿verdad? Pues eso no es todo. A una cota inferior, apenas unos metros sobre el la lámina de agua del embalse, se ha generado una segunda. Aquí podéis ver esa superficie y un detalle de los materiales acumulados al pie:

Pie del deslizamiento
Pie del deslizamiento, sobre el embalse de Cortes
Y aquí podéis ver un vídeo que grabé de la estructura para la ocasión:



Comparemos con la imagen de libro de un deslizamiento rotacional:

Deslizamiento rotacional Vallejo 2002
Arquitectura y partes de un deslizamiento rotacional (Vallejo, 2002)
Más allá de las cuestiones estructurales, este deslizamiento nos permite observar algunos detalles que sólo podemos calificar como porno geológico. Por ejemplo, las estrías de falla que nos muestran la dirección del movimiento sobre la primera superficie de deslizamiento. Estas estrías han sido generadas por el movimiento de arrastre de las partículas más duras de la masa deslizada sobre las arcillas limosas expuestas en la superficie de rotura, que además debían estar probablemente en un estado plástico para permitir este tipo de preservación. Es decir, que muy posiblemente estos materiales finos estaban saturados de humedad, lo que da una pista acerca de uno de los factores que han contribuido a la rotura del terreno. Las grietas de desecación también.

Superficie rotura
Superficie de rotura en la parte superior del deslizamiento
Y un detalle:

Estrías de falla
Detalle de las estrías de falla dejadas por el bloque deslizado sobre la superficie de rotura
También es interesante observar las familias de grietas que se forman en la superficie de las masas de terreno movilizado. En la parte superior el régimen de tensiones es extensivo, lo que hace que se generen familias de fallas paralelas que, cuando se superponen, entran en contacto mediante estructuras de relevo:

Familia de fallas
Familia de fracturas paralelas al talud en la plataforma 'repuesta'
Relevo de fallas
Relevo de fallas
Así es como se ve a día de hoy (15/4/2018). El avance respecto a la fotografía de febrero es más que evidente. Ya no hay materiales ni maquinaria de construcción en la zona, por lo que parece que ante la evidencia los responsables de la reparación se han dado por vencidos, a la espera de que el movimiento cese.

Segunda panorámica
Vista general de la zona afectada por el deslizamiento, mirando hacia el norte. Al fondo la Muela de Albéitar. En primer término la desembocadura de la rambla del Ral en el embalse de Cortes
¿Qué podemos decir de los materiales sobre los que se ha desarrollado el deslizamiento? El MAGNA no nos es de mucha ayuda, ya que los cartografía como Keuper. Es cierto que el Keuper anda cerca, pero no está implicado en este caso. En realidad se trata de limos, arenas, areniscas y conglomerados poco cementados con algunos niveles arcillosos en facies de abanico aluvial, depositados por uno de los barrancos de la muela de Albéitar (que podéis ver al fondo de la imagen anterior). Estos abanicos se relacionan lateralmente con una terraza perteneciente a la propia rambla del Ral y por el otro con los materiales detríticos miocenos asociados al diapiro. Al explorar el lugar en detalle me llamó la atención un detalle: varios árboles situados sobre el material deslizado presentaban los típicos cambios de dirección en el tronco que son característicos de los árboles que crecen sobre material inestable (ya hemos visto como en este tipo de deslizamientos el terreno se mueve como un todo, con cubierta vegetal y árboles incluidos. Cada contorsión es el recuerdo de un deslizamiento previo al que el árbol sobrevivió. Fijaos en este ejemplo (hay varios):

Árbol curvado
Tronco de pino que muestra la contorsión típica asociada al crecimiento sobre terrenos inestables. (Hoy ya no encontraréis estos árboles. Al parecer, alguien los ha dado por condenados y los ha convertido en leña para su chimenea, adiós al registro de paleodeslizamientos).
Reparé en este detalle en mi segunda visita, la de marzo. Eso me llevó a buscar en vistas satélite antiguas cicatrices de deslizamiento. La mejor forma es echar un vistazo al terreno eliminando la cubierta vegetal. Y esos superpoderes nos los concede… el LiDAR! Sí, esa tecnología de cartografía mediante láser que tenéis a vuestro alcance en la web del Instituto Nacional de Cartografía. Esto es lo vemos:

Modelo Lidar 1
Cartografía LiDAR de la zona del deslizamiento. La línea roja discontinua señala el tramo afectado por el deslizamiento. Observad la estructura en forma semicircular que rodea al tramo (más sobre esto en el texto)
El tramo afectado por el deslizamiento está marcado por las líneas rojas discontinuas. Fijaos con atención. Aparentemente hay un barranco que desemboca en la zona de la cicatriz más próxima a la rambla. Ese barranco tiene una curiosas estructura circular, que va de ninguna parte a ninguna parte. De hecho, si no fuese por los aportes de material a los terraplenes para la ejecución del vial del PENVA, tiene toda la pinta de tratarse de un antiguo escarpe de un deslizamiento aún mayor que el actual, al cual contendría. Observad la diferencia entre ese barranco sin cabecera y los dos verdaderos barrancos, a izquierda y derecha, que sí continúan hacia la muela de Albéitar. Un detalle comentado:

Modelo Lidar 2
Misma imagen anterior pero con el posible paleoescarpe señalado en granate. Fijaos que tan sólo el terraplén del vial rompe la continuidad de esta estructura, que parece ser la cicatriz de un deslizamiento previo hacia el sur, en la misma dirección que el actual
En busca de otras evidencias he recurrido a otra forma de ver el terreno eliminando los elementos que pudieran encubrir la realidad. Una de ellas es recurrir al Vuelo Americano: es decir, a ver el terreno tal y como era en el año 56 o 57, cuando todo el terreno apto para el cultivo estaba cultivado y lo que no… pelado para hacer leña. Y esto es lo que vemos (ojo que no hay vial ni embalse, pero sí el caserío y las terrazas cultivadas de la aldea del Ral de Abajo, que llegué a conocer antes de anegar el embalse):

Situación deslizamiento vuelo americano
Imagen del Vuelo Americano de la zona del Ral de Abajo. La línea de puntos marca el trazado futuro del vial del PENVA. La cicatriz del posible paleodeslizamiento es bien visible, al no no ser aprovechada como cultivo. Fijaos como se abre hacia el sur, coincidiendo con el movimiento del deslizamiento actual. Observad también el cambio de dirección hacia el oeste (a la derecha) de la rambla del Ral.
En el 57 era bien visible una estructura en forma de U invertida abierta hacia el sur que se corresponde con la posible cicatriz que hemos visualizado en la cartografía LiDAR. El terreno afectado no estaba cultivado, aunque sí lo estaba su contorno. La rambla del Ral, con un curso con fuerte control estructural, efectúa en la zona un pronunciado giro hacia el oeste (el trazado hacia el sur, tras el codo, ya no existe, al encontrarse bajo la lámina de agua del embalse). Este codo debía conferir una extraordinaria capacidad erosiva a la rambla, que se ‘comería’ por así decir, por los pies (nunca mejor dicho), el talud existente al norte, al pie de los bancales. El resultado sería el progresivo descalzamiento de los taludes y podría provocar, como consecuencia, deslizamientos como el que estamos viendo. De hecho, al sur del deslizamiento se observa el el vuelo americano una superficie acarcavada que bien podría ser el material acumulado al pie de un episodio anterior.

Como ya hemos comentado, el control de la rambla del Ral es claramente estructural (y el diapiro es la mano ejecutora que modela el paisaje en esta zona). Tras su captura por el Júcar (situado más al sur, no aparece en las fotografías) la erosión remontante progresó aguas arriba. En el momento de la construcción del embalse la situación era la siguiente: la rambla estaba en equilibrio en su desembocadura con el Júcar, y había llegado a construir todo un sistema de terrazas. El nickpoint originado por la captura había migrado justamente hasta este recodo, donde existían unos saltos de agua en los que la rambla estaba excavando en las dolomías cretácicas sobre las que se apoyan los abanicos aluviales y las terrazas ya mencionadas. En un nickpoint se concentra la capacidad erosiva de un cauce, y eso ocurría precisamente aquí (esto es un poco técnico así dicho, pero lo tenéis descrito con vídeo y todo en este artículo previo sobre migración de nickpoints). Recuerdo haberme bañado de pequeño en este encantador paraje ya desaparecido. En días como hoy, cuando el nivel del embalse está excepcionalmente bajo, es posible ver aflorar esas dolomías donde se encontraba el nickpoint. Por cierto, que cada cambio en las condiciones del nivel de base provoca una nueva migración (o la detiene, como ocurre ahora con el nickpoint del Ral, temporalmente desactivado por la construcción de la presa). Existe un nickpoint previo, que continúa su labor erosiva en la actualidad y que se encuentra en los charcos del Ral, aguas arriba de este punto.

Nickpoint
Nickpoint de la rambla del Ral en su desembocadura actual en el embalse de Cortes. El nivel excepcionalmente bajo de la lámina de agua permite observar las dolomías cretácicas sobre las que se desarrolla
Como un último detalle, he buscado en lo alto de la masa deslizada original (no afectada por este deslizamiento reciente) algún árbol que pudiera guardar el registro de algún movimiento previo. Bingo. Aquí tenéis uno:

Árbol curvado 2
Tronco de pino contorsionado en la zona no afectada por el deslizamiento actual, pero que sí lo hubiera sido por el deslizamiento previo comentado
Como vemos, no nos encontramos ante un caso inexplicable ni azaroso. Existen razones geológicas que justifican por qué aquí se ha producido este deslizamiento, que no es más que el último episodio en una zona geológicamente muy activa, como ya hemos comentado en más de una ocasión. La  calma que sugiere la quietud de las aguas del embalse es muy engañosa. El Júcar rugiendo por el fondo de su cauce que recuerdo de mi niñez era un reflejo más fiel de lo inestable de nuestro paisaje.

La geología, en el largo plazo, siempre gana.

PD: Si alguien posee fotografías antiguas de este punto, agradecería que me las hiciese llegar como evidencia adicional.

PD 2: Agradezco a Manel Gras, al que me encontré casualmente, el 'chivatazo' de que la cosa se estaba moviendo de nuevo.

PD 3: Entre mi primera visita al deslizamiento y la segunda mi madre, Agustina, nos dejó inconsolablemente solos. Siempre estaré en deuda con ella. No puedo estar más agradecido de haber podido coincidir con ella en este brevísimo intervalo del Tiempo geológico. Gracias por todo, mamá.

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